Rizq (la provisión)

Abu Hāzim dijo: “En encontrado al mundo entero en dos cosas: la primera es mi provisión, y la segunda es la provisión de otra persona. Mi provisión me alcanzará incluso si monto en el viento y vuelo con él. Y si intento coger la provisión de otro, incluso montado en el viento, nunca la alcanzaré.” La miseria, la pobreza, y no ser capaz de conseguir un medio de vida, son algunos de los miedos que todo ser humano carga sobre sus espaldas, provocándole una gran ansiedad. La provisión (rizq) constituye el aspecto central en el destino de todo individuo. Comienza cuando todavía se es un feto en formación dentro de la placenta materna y continúa hasta el momento de la muerte.

Ese momento llega, de alguna forma, debido a que nuestra provisión se ha terminado. La provisión de todas las criaturas está predeterminada; no aumenta ni disminuye en lo más mínimo sobre aquello que ha sido decretado. Aferrarse a los medios necesarios para conseguir la provisión (tawassul bil-asbāb) solamente producirá sus efectos si han sido ordenados de antemano por Allah. La siguiente ayah aclara este punto:

“No hay una sola criatura moviéndose por la superficie de la tierra cuya provisión no dependa de Allah.” (Hūd, 11:6)

Allah garantiza a cada criatura su parte de provisión. Por ello, los amigos de Allah escuchan manifestaciones de gratitud por las bendiciones que Allah otorga a toda Su creación incluso en los trinos de los ruiseñores posados en lo alto de los palisandros. La siguiente ayah explica cómo Allah Todopoderoso provee incluso a los heridos y discapacitados, y a aquellos que no son capaces de obtenerla por sí mismos: َُِْ

“¿Cuántas son las criaturas que no pueden proveerse a sí mismas? Es Allah quien os provee (a ambos) a ellas y a vosotros, Él es el que Oye y Conoce todas las cosas.” (‘Ankabūt, 29:60)

De la misma manera, es importante ser conscientes de la diversidad de medios utilizados para proveer a toda la creación. Esta diversidad origina orden y armonía en la sociedad, evitando las divisiones y los conflictos. El Qur’an nos demuestra que todas las propiedades terrenales pertenecen en última instancia a Allah, y que son repartidas según la sabiduría divina que llamamos destino predeterminado. (qada’ y qadar)

Los creyentes deben asumir el hecho de que toda diversidad en la distribución de la provisión es en su favor. Si la organización existencial fuera dejada en las débiles manos del ser humano, cuya percepción está envuelta en sus deseos, ambiciones y limitaciones, se produciría una tremenda anarquía en el universo. Allah nos dice en el Qur’an:

 “¿Acaso son ellos los que reparten la misericordia de Allah? Nosotros repartimos entre ellos sus medios de vida en este mundo, y hemos elevado en grados a unos sobre otros, para que unos tomaran a su servicio a otros, pero la misericordia de tu Señor es mejor que lo que reúnen.” (Zukhruf, 43:32)

La distribución de la provisión entre las criaturas en este universo es uno de los signos de la soberanía y del poder de Allah. A cualquier hora del día, hay mesas preparadas para las criaturas que vuelan en el aire, caminan por la tierra, o nadan en el mar. Más aún, en muchas ocasiones, unos seres se alimentan de lo que otros seres han fabricado. En otras palabras, la provisión está organizada según las características y las necesidades de cada uno. Esta distribución de la provisión –tan abundante como el número de criaturas en el universo, cada una alimentada de diferente manera- es la manifestación última del poder, la sabiduría y la soberanía de Allah. De la misma manera, encontramos en otra ayah del Qur’an lo siguiente:

“Acaso no saben que Allah aumenta o disminuye la provisión de quien quiere? ¡En verdad que en esto hay signos para los que creen!” (Zumar, 39:52)

El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo a este respecto:

“Siempre que uno de vosotros mire a otro de estación más elevada, que mire también a otro de estación más baja. Esto os es necesario para que nadie mire con desagrado a los favores de Allah.” (Bukhārī, Muslim, Tirmidhī)

Así, pues, la felicidad y el deleite en nuestra vidas viene de la creencia de que la provisión que nos ha tocado es la mejor para nosotros. ¡Cuántos acontecimientos hay – como la pobreza que nos lleva al Paraíso- que a primera vista parecen desgracias y que un tiempo después resultan ser de lo más afortunados! De la misma forma, hay cientos de acontecimientos que a primera vista parecen ser afortunados, y un tiempo después resultan ser sumamente desgraciados, como la riqueza que no se gasta en repartirla entre los necesitados, sino en deseos mundanos. Allah ha dicho:

“¡Comed de las cosas buenas que os damos como provisión y no abuséis de ello, pues entonces se desataría Mi ira sobre vosotros, y aquel sobre quien se desata Mi ira, perece!” (Ta-Ha, 20:81)

A la luz de todas estas verdades, la sumisión del creyente y de la creyente a la distribución que Allah hace de la provisión, será una continua fuente de felicidad y de paz. Dado que la provisión de todas las criaturas fue repartida antes de la creación, el hombre debería vivir en absoluta resignación y contento con Allah, de forma que pueda disfrutar de la provisión que se le ha predestinado y guste el sabor de creer en el destino. Así lo establece este hadiz qudsī:
Allah Todopoderoso ha ordenado a Sus ángeles a cargo del reparto de la provisión que:

“Si encontráis a un siervo Mío que se haya concentrado completamente en el más allá, garantizarle los favores del cielo y de la tierra. Cuando encontréis a un siervo Mío buscando desesperadamente su provisión (sin abandonar el camino recto), tratadle bien y facilitarle el camino.” (Nawadir al-Usul)

Este hadiz explícitamente demuestra que cuando un siervo concentra sus deseos e intenciones sólo en Allah, obedece Sus órdenes, Le adora sin asociarle nada ni nadie, y se convierte en un sincero creyente, se le aseguran las bendiciones del cielo y de la tierra. Allah Todopoderoso generosamente creará las condiciones por las cuales obtenga su provisión. Este hecho está confirmado en la siguiente ayah:

“Y para los que temen a Allah, les ha preparado una salida, y les provee de (fuentes) lo que nunca habrían esperado.” (Talāq, 65:2-3)

A su vez, el Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) añade lo siguiente:

“Si ponéis vuestra confianza en Allah, Él os proveerá como provee a los pájaros. Salen por la mañana con el estómago vacío, y vuelven por la tarde con el estómago lleno.” (Tirmidhī, Ibn Māyah)

Especies como las hormigas, que almacenan el alimento en verano para comerlo en invierno, son raras. Es un hecho conocido que otros animales, aunque no se hayan preparado para el invierno como las hormigas, pueden sobrevivir bajo condiciones muy duras y llegar a la primavera sanos y salvos. ¡Cómo podría el Creador olvidar la provisión de sus criaturas en este perfecto orden establecido por Su Sabiduría y Su Soberanía!

Sin embargo, tendencias como la vagancia, la tacañería, la envidia, el no querer tener hijos, etc., originan comportamientos erróneos y muy censurables con respecto a la forma de entender la provisión en este mundo. Como se ha comentado más arriba, Islam nos enseña que la provisión de cada criatura está predeterminada, y no puede aumentar ni disminuir en un ápice. Allah, Quien ha creado todo lo que existe, ha determinado para cada criatura un término fijado, así como la provisión necesaria para ese periodo de tiempo.

La vida de un ser humano –cada respiración y cada bocado de comida que ingiere- está de antemano fijado dentro del esquema general del destino y codificado en los descendientes (dhurriyyah) de Adam (sobre él la paz). Pero trabajar para obtener la parte de provisión que se nos ha adjudicado, también es algo que se ha ordenado a los creyentes. Por ello, obedecer las órdenes divinas y trabajar para obtener la provisión, son parte de nuestras obligaciones. En otras palabras, la distribución de la provisión está unida a la precondición de nuestro trabajo.

“Toma las medidas necesarias y acusa después al destino de tus males,” dice un famoso proverbio turco. Allah nos ha equipado con divinas facultades tales como la voluntad de poder, el emprendimiento, la responsabilidad, la resignación y el discernimiento. Ignorar estas leyes es, de hecho, una forma de rebelarse contra Allah. Protegernos del peligro es una reacción natural en nuestra naturaleza, tal como tomar una medicina después de haber consultado a un médico sobre nuestra enfermedad; o huir de un lugar donde se espera haya un terremoto o un incendio.

Esforzarnos por obtener nuestra provisión es una orden de Allah para protegernos de posibles peligros. Esto que acabamos de decir no es algo incongruente con la predestinación. Si lo fuera, bajo ningún concepto se le pediría al siervo que buscase la provisión. No tener en cuenta la dialéctica de causas y efectos, es una forma de rebeldía contra Allah, y esto es una falta grave. En el Qur’an, Allah el Altísimo a dicho: ََ

“El hombre sólo obtiene aquello por lo que se ha esforzado.” (Naym, 53:39)

El Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo:

“Es mejor para el creyente coger una cuerda, ir al bosque y recoger leña, que mendigar a la gente, a pesar de que la gente le de lo que necesita.” (Bujārī)

Según lo que nos ha trasmitido Ibn al-Firāsī, un día su padre le preguntó al Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz):

“¡Mensajero de Allah! ¿Debería pedirle a la gente lo que necesito?”

El Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) le contestó:

“¡No pidas a nadie! Sin embargo, si lo necesitas, pide a la gente de bien!” (Nasa’i, Abu Daud, Ibn Mayah)

Aparte de lo que hemos mencionado hasta aquí, Allah Todopoderoso ha hecho que unas criaturas sean los medios de la provisión de otras. Ocuparse de los pobres, proveerlos de lo que necesiten y darles de lo que Allah nos ha dado, forma parte del camino de la virtud y la gentileza. Se ha trasmitido que Yibril (sobre él la paz) dijo:

“Si hubiera pertenecido a esta comunidad terrenal, habría amado estas tres cosas: Guiar a los que han perdido el camino; amar a los que adoran en la pobreza; y ayudar a los pobres que tienen que ocuparse de muchos hijos.”

Comida lícita Otro punto importante aquí es la comida halāl (lícita) obtenida por medios lícitos –uno de los factores fundamentales que llevan a la perfección del creyente. Una vez, Sahl b. Tustarī vendio una oveja a un hombre. Un tiempo después, el hombre trajo la oveja y se la devolvió a Sahl b. Tustarī diciéndole:

“Quiero que cojas esta oveja porque no come hierba.”

Tustarī replicó:

“¿Cómo lo sabes?”

“La llevé a un prado para que pastase, y no comió ni una brizna.”

Tustarī le dijo:

“¡Mi querido amigo! Seguro que has hecho algo mal. No está en los hábitos de nuestra familia el comer lo que pertenece a otro. Llévala a tu prado, y déjala que como de tu hierba.”

El hombre hizo lo que se le dijo que hiciera, y la oveja comenzó a comer. La preocupación de los musulmanes por comer de lo que es lícito, a veces afectó incluso a sus animales. Elegir siempre la comida que es halāl es la luz de la vida, el gozo del corazón y la esencia de la adoración. Es uno de los factores más importantes a la hora de lograr un corazón sólido y profundo. La provisión harām (ilícita), por el contrario, es un veneno que destruye nuestras vidas, un fuego que arruina nuestros corazones.

Es humillación en este mundo, y en el otro, infamia y calamidad; todas estas terribles consecuencias ocurren cuando ingerimos comida que se ha obtenido por medios ilícitos. Todo lo que poseemos halāl y todo lo que comemos halāl son medios para alcanzar la aprobación de Allah, mientras que lo que poseemos harām y lo que comemos harām son medios para alcanzar lamentación y pesar. Cuando las propiedades y los hijos nos obsesionan y ocupan todo nuestro corazón en vez de reservarlo para Allah, lo único que podemos esperar de tal comportamiento es tristeza y desesperación. Rūmī lo explica con el siguiente ejemplo:

“El agua dentro del barco, lo hunde. Sin embargo, el agua debajo del barco, lo sostiene. Después de que Suleyman arrojase de su corazón todo deseo por las riquezas terrenales, dijo: ‘¡Soy pobre, y le incumbe al pobre estar con el pobre!’ Y de esta forma alcanzó una elevada posición.”

Allah ha dicho en el Qur’an: ُّ

“¡Oh hombre! Eres tú quien tiene necesidad de Allah, pero Allah es Uno, libre de toda necesidad, digno de ser alabado.” (Fātir, 35:15)

Por eso el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo de las posesiones que se tienen para bien del Din y por Allah:

“¡Qué buena propiedad la que se gasta en hacer el bien!”

‘Umar b. Jattāb (que Allah esté satisfecho de él) hizo la siguiente plegaria:

“¡Oh Allah! Concede abundante riqueza a nuestra gente! Es de esperar que ayuden a los que de entre nosotros necesitan ayuda.”

Por otra parte, ni el zakāh ni la sadaqah (obligatoria y voluntaria donación) se pueden originar de forma ilícita. Las ganancias ilícitas representan una calamidad tanto en esta vida como en la otra. Un trozo de alimento lícito inyecta sabiduría, comprensión y ma’rifah (conocimiento) en el cuerpo, y hace surgir amor por Allah en un corazón ardiente.

De la misma forma que es imposible cosechar avena en una tierra donde se ha plantado trigo, así también es imposible alcanzar la perfección espiritual con un cuerpo alimentado con comida ilícita. Si el cuerpo no está alimentado con comida halāl, que es lo que da al ser humano el poder de conocer a Allah, la perfección espiritual y la humildad en la adoración no se pueden alcanzar. Veamos el siguiente hadiz qudsi:

“Me avergüenzo de pedir cuentas a aquellos que se han prohibido la comida harām.”

Así, pues, es prioritario obtener comida lícita en este mundo. Sólo la comida halāl contiene el poder que hace que los creyentes se mantengan en el camino recto, les provee de la sabiduría divina y les guía de la prisión de este mundo a la luz de Allah. También deberíamos notar que hay un área gris entre lo lícito y lo ilícito. Hay que mantenerse alejado de esa zona de la misma manera que nos mantenemos alejados de lo ilícito.

Los asuntos sospechosos son como prados privados de Allah, y todo aquel que se meta en esos prados, perecerá. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo:
“Tanto las cosas lícitas como las ilícitas están claras, pero entre ambas hay asuntos dudosos de los que la mayoría de la gente no tiene conocimiento. Quién se ponga a salvo de esos asuntos dudosos, habrá puesto a salvo su din y su honor. Y quien se entretenga en esos asuntos dudosos, caerá en lo ilícito. Esta persona es como el pastor que lleva a pacer a su rebaño a un prado que está cerca de un prado que pertenece a otra persona; pronto el rebaño comenzará a comer de ese prado ajeno. ¡Tened mucho cuidado!”

Todo rey tiene sus prados privados, y el prado privado de Allah en este mundo es lo que ha declarado ilícito. Rūmī nos llama la atención sobre el hecho de que la comida lícita llena a la gente de espiritualidad (rūhaniyyah) y luz divina (nūraniyyah):
“No hay más comida para el ser humano que la luz divina. El espíritu no puede alimentarse con otra cosa. Poco a poco, evita la comida y la bebida de este mundo.”

En realidad no son los verdaderos alimentos del ser humano. ¡Elévate obteniendo los alimentos del cielo! ¡Prepárate para los bocados de luz divina! ¡Toma en cuenta la orden que encontramos en el Qur’an:

“¡Busca el favor de Allah!” (Yum’a, 62:10)!

¡Estate alerta para que el cuerpo se incline y se someta, en vez de permanecer obstinado en contra del Haqq (verdad), cuando esté hambriento. Tratar de someterlo cuando está lleno es como intentar forjar el hierro cuando está frío. El nafs (el ser inferior) se parece al Faraón, quien suplicó a Musa (sobre él la paz) en los años de hambruna. Si os apartáis de esas migajas, alcanzaréis un sublime y delicioso alimento. Incluso si comierais toneladas de este alimento espiritual, caminaríais ligeros como si fuerais una pluma.

Incluso si comierais del alimento espiritual tanto como lo que cabe en el océano, flotaríais ligeros como flota una barca. El apetito del estómago guía al ser humano al henal, mientras que el apetito del corazón guía al ser humano a los campos de la dulce albahaca.

Un animal alimentado con paja y avena, es finalmente sacrificado; pero aquellos que son alimentados con la luz del Haqq (verdad) son como Qur’anes vivos. ¡Deja a un lado a tu estómago y camina hacia el corazón para que la paz de Allah te envuelva! ¡Sabe que el hambre es la base de todos los remedios! ¡Asimila el hambre con determinación!

¡No lo desprecies! Los gastos en este mundo son para mantenernos y mantener a nuestras familias. Sin embargo, debemos evitar las extravagancias y los derroches. La salud y los dones están limitados en este mundo. Se nos han confiado por la gracia de Allah, y se nos pedirá cuenta en la otra vida de lo que hayamos hecho con ellos.

Gastar nuestro dinero sin pensarlo y caprichosamente como en las sociedades capitalistas de hoy, pone en peligro la vida de las generaciones futuras. De entre todos los animales, sólo el hombre no logra satisfacerse fácilmente. Todo le parece poco, insuficiente. Un animal salvaje que ataca a un rebaño, sólo toma una presa, la que necesita en ese momento para saciar su hambre. No continúa matando al resto de las ovejas pensando “me las comeré mañana”.

En verdad que se siente hermano del resto del rebaño. Por el contrario, el ser humano no tiene límites en cuanto a sus deseos. La primera condición para salvar a una persona de su inextinguible ambición es protegerla de los caprichos, inculcándole la creencia de que la provisión no aumenta ni disminuye. Dice el Qur’an: ٍ

“No hay nada cuyas despensas no estén junto a Nos. Y lo hacemos descender en una cantidad precisa.” (Hiyr, 15:21)

En esta ayah se explica que el reparto de la provisión se realiza según la voluntad divina, y que por lo tanto, la ambición y la gula pierden todo sentido en la mente de una persona inteligente. La ayah también establece que la provisión es distribuida por Allah. Si vamos añadiendo nuestros nuevos deseos y nuestras crecientes aspiraciones una tras otra, esta cadena de deseos es lo que llamamos ambiciones terrenales (tūl-i amal). Esto sólo podrá durar hasta lleguemos a la tumba.

Sus consecuencias son rechazo y profundo remordimiento. Las ambiciones terrenales consisten en un ilimitado número de deseos, y son como la sombra que desaparece con la puesta del sol. Las faltas oscurecen el corazón y lo vuelven sordo a la realidad; lo insensibilizan a las verdades divinas. A este respecto, una de las causas de las enfermedades del corazón es la consumición de alimentos ilícitos. Se ha dicho que las súplicas de una persona que ha ingerido comida ilícita no serán atendidas hasta pasados cuarenta días.

La razón para ello reside en el hecho de que la asimilación completa de los alimentos dura cuarenta días. Este hecho nos confirma los efectos malignos que tiene la ingestión de alimentos ilícitos para el sano desarrollo de la vida espiritual.

Por ello, alimentarse a través de medios ilícitos es un veneno espiritual para el cuerpo. No es posible sentir el dulce aroma de la adoración en ese estado de impureza. Debemos estar alertas y cuidar mucho dónde gastamos el capital de nuestras vidas. Deberíamos preferir una sólida inversión de nuestro limitado número de respiraciones, a los bienes de este mundo.

Debemos ser como viajeros de la virtud y la verdad, que abandonan lo finito para abrazar lo infinito, prefiriendo el camino recto al camino que lleva a nuestra destrucción. ¡Oh Allah! ¡Provéenos con una provisión pura y lícita, y danos el éxito a través de las buenas obras!
¡Amín!