LOS RASGOS DEL CARÁCTER DEL PROFETA DE LA MISERICORDIA

El Profeta Muhammad Mustafa, que Allah le bendiga y le conceda la paz, es el único profeta y la única persona de toda la historia cuya vida nos ha sido transmitida hasta en sus más mínimos detalles. Sus palabras, acciones y sentimientos han sido rigurosamente registrados y constituyen así un hecho histórico de primer orden.

Su vida seguirá siendo ejemplo para las generaciones venideras, hasta el final de los tiempos. En la surah al-Qalam, el Corán dice de él: “Y estás hecho de un carácter magnánimo.” (Corán, Qalam, 68:4) No solamente fue un maestro que enseñaba el Corán, sino al mismo tiempo alguien que lo establecía en su vida. Jabir nos transmite que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo:

“Allah el Altísimo me ha enviado para perfeccionar el buen comportamiento.”[1]

Un erudita Judío, Abdullah ibn Salam, quien se convirtió al Islam, estaba sobrecogido por la luz y el profundo significado que se reflejaban en el rostro del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz. Dijo:

“Alguien que tiene un rostro así no puede ser un mentiroso.”[2]

Al tomar conciencia de ello, aceptó Islam.

La Pureza del alma del Profeta de la Misericordia

Como ya hemos dicho, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, fue un regalo Divino y un perfecto ejemplo para toda la humanidad. Cualquiera que busque la felicidad no tiene más que seguirle, e imitarle. Todas y cada una de las acciones del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, forman una indicación práctica para aquellos que realmente quieren vivir el Islam. Hay también algunos elementos respeto a los beneficios de la Esencia de Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, que deben ser considerados:

  1. Algunas acciones solamente se pueden ejecutar por el poder que tienen únicamente los profetas, la paz sobre todos ellos. De hecho, incluso el Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, advirtió de esto a los que le escuchaban. Por ejemplo: dedicaba, a menudo, a la oración noches enteras hasta el punto de que sus pies se hinchaban dolorosamente; o ayunaba durante días sin romper el ayuno.
  2. Algunas de sus acciones le fueron permitidas solamente a él; por ejemplo, el hecho de tener más de cuatro esposas, o de prohibir aceptar caridad para sí mismo y sus descendientes hasta el final de los tiempos.

Hay una gran enseñanza en la inmediata distribución de su parte del botín, algo que cuidó durante toda su vida, hasta el último día. Estaba ya muy enfermo y se acercaba el momento de la vuelta a su Señor. Se dirigió a su mujer Aishah, que Allah este satisfecho con ella, y pidió que distribuyese entre los necesitados los seis o siete dinares que tenía. Cuando se enteró de que a Aishah se le había olvidado hacerlo debido a su enfermedad, pidió que le trajesen el dinero, lo tomó en la mano y dijo: “Muhammad, el Mensajero de Allah, no espera reunirse con su Señor antes de distribuirlo entre los necesitados.” Después lo repartió entre las familias más necesitadas de entre los Ansar de Medina. Dijo: “Ahora estoy tranquilo.”[3] Después se durmió un rato.

Ubaydullah ibn Abbas transmitió lo siguiente:

“Un día, Abu Dharr me dijo: ‘¡Sobrino! Te voy a contar algo.’ Y me contó la siguiente historia: ‘Una vez estaba con el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz. Tomó mi mano y dijo: ‘¡Oh Abu Dharr! Si la montaña de Uhud se convirtiese en oro para mí, lo gastaría todo en el camino de Allah y me disgustaría dejar incluso un qirat[4] en el momento de morir.’ Yo dije: ‘¡Oh Mensajero de Allah! ¿Te disgustaría dejar un qirat o un qantar?’[5] El dijo: ‘¡Oh Abu Dharr! Yo disminuyo, y tu aumentas. Yo quiero el Más Allá, y tu quieres este mundo. No me gustaría dejar ni un qirat, ni un qirat, ni un qirat.’ Repitió esta palabra tres veces en su respuesta.”[6]

Es difícil para el hombre, si no imposible, entender este comportamiento y esta estación del Profeta de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz. Representa el criterio más elevado al que puede aspirar un ser humano. Aquellos que quieren seguirle, no están obligados a llegar a esta altura. Sería problemático si la Comunidad Musulmana intentase imitar cada ejemplo de su vida de manera exacta y estricta. La sabiduría que hay detrás, sólo le concierne al Profeta.

Hay muchos más casos de este tipo. Otro ejemplo son las normas sobre distribución de la herencia material. También fueron exclusivas para él y no son ejemplo para seguir por los demás. Dijo: “Nosotros los profetas no dejamos en herencia nada material”[7] y distribuyó todo lo que tenía. Este caso no establece jurisprudencia.

También es bien sabido que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo: “En este mundo, la pobreza es un regalo para un creyente.”[8] Estaba orgulloso de su pobreza. Esta actitud se refiere exclusivamente a su persona y no debemos asumir que estaba animando a la gente a que fuese pobre. Al contrario, también dijo: “La mano que da es mejor que la mano que recibe.”[9] Se pude decir que estaba animando a obtener riqueza por medios legales con el propósito de poder repartirla después. Por lo tanto, los comentarios sobre la pobreza, lejos de incitar a ella, se referían al hecho de sentirnos contentos con el Plan Divino y confiar en Allah, y someternos a Él.

  1. El hecho de vivir en armonía con los principios de Zuhd, desapego del corazón hacia las cosas de este mundo, y de Taqwa, apartarse de los asuntos dudosos, es signo de un carácter superior que nos acerca a Allah. Sin embargo, no todos los miembros de una comunidad pueden llevar una vida así; dependerá de las capacidades de cada uno. Dado que todos los sistemas sociales promueven, implícita o explícitamente, el progreso cultural, no tiene por qué haber, necesariamente, conflicto entre dinamismo cultural e integridad espiritual. En consecuencia, aunque Zuhd y Taqwa rechazan los placeres de este mundo, la adherencia a estos principios no debería llevarnos a un deterioro de la dinámica social, donde sociedades ricas espiritualmente quedarían suplantadas por sus enemigos más mundanos. Es una regla general medir nuestro progreso en la vida cotidiana, como lo expresa un hadiz que dice: “El que viva dos días iguales no es uno de nosotros.”[10] Tenemos aquí la prueba de que esta regla no contradice los principios de Zuhd y Taqwa, basados en el desinterés por los placeres mundanos. La falta de interés por la vida mundana no se sitúa en el nivel de la existencia práctica, sino más bien en el nivel espiritual y mental.

Como Jalalddin Rumi, que Allah de pureza a su alma, dijo: “El significado de lo mundano, dunya, es inconsciencia de la Presencia Divina. No tiene nada que ver con el dinero, las mujeres, o la indumentaria. Comprendedlo bien.”[11]

Desde esta perspectiva, el hecho de tener propiedades y ser pudiente no contradice a Zuhd y Taqwa en tanto en cuanto uno no se convierta en un derrochador y permita que dominen su corazón, ya que en este último caso la riqueza se puede convertir en un ídolo. Tenemos excelentes ejemplos de equilibrio entre estas dos cosas tanto en los profetas, la paz sobre todos ellos, por ejemplo la vida de Suleyman, la paz sobre él, como entre los Compañeros, por ejemplo Abu Bakr, Uthman, Talha y Abd ar-Rahman ibn Awf, que Allah este satisfecho con todos ellos.

A veces, algunos de los aspectos de Taqwa y Zuhd tienen que ver no tanto con un profundo desapego hacia este mundo, sino más bien con una necesidad material. En tal caso, Taqwa significaría aceptar con alegría lo que ha sido predestinado por Allah. No obstante, si alguien, en vez de aceptarlo como tal, simplemente niega la existencia de tales circunstancias, estaría malinterpretando Taqwa. El ejemplo de Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, quien a veces ataba un piedra al estómago para aliviar el hambre, revela que la mejor manera de dar las gracias es compartir abundantemente con los demás. Es una manera más propia de sobriedad (Taqwa) y de abstención (Zuhd). Esconder la riqueza y disfrazar la tacañería de piedad es una forma de engaño y nunca es veraz.

Examinándolo desde esta perspectiva, se puede decir que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, era el más piadoso de los seres humanos. Vivía en pobreza a causa de su Taqwa. Aishah, que Allah este satisfecho con ella, dijo: “El Profeta Muhammad murió sin haber llenado el estomago de pan dos días seguidos.”[12]

Anas, que Allah esté satisfecho con él, dijo: “En muchas ocasiones Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, aceptó invitaciones a comidas que consistían en pan de centeno y grasa a punto de estropearse. Con humildad, gustosamente asistía a tales reuniones. Más aún, empeñó su coraza a un Judío, y debido a las numerosas donaciones y regalos no pudo recuperarla nunca.”[13]

No obstante, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, prohibió auto-privarse de la comida y bebida halal, autorizada-permitida, como signo de piedad. Comía y bebía todo lo que era halal. Al mismo tiempo, se abstenía de hacerlo hasta la saciedad. Le dijo a un hombre que eructó en su presencia: “¡No eructes! Los que llenan los estómagos demasiado en este mundo padecerán hambre por más tiempo.”[14]

Otro hadiz dice:

“Nunca nadie ha llenado un recipiente más peligroso que el estómago. En verdad, unos cuantos bocados son suficientes para mantenerse en pie. Si uno tiene que comer más, debería reservar un tercio para la comida, un tercio para la bebida y un tercio para poder respirar.”[15] Este es el camino medio que prescribe las medidas cuyo propósito es el control de la avidez humana. Desde esta perspectiva, la escuela del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, educaba a pobres y a ricos por igual, incluyendo a los hombres de estado. Lo hacía de la mejor manera, y los corazones de los que le escuchaban alcanzaron la felicidad según la medida en la que eran capaces de obedecerle. En esta escuela profética había mucha gente rica que vivía como los pobres, y mucha gente pobre que vivía agradecida a Allah como si fuera rica. Muchos ricos y poderosos que no paraban de trabajar para poder después dar, se educó en aquella escuela. La historia del Islam conoce muy bien los casos de califas que llevaban la comida a los pobres en sus propios hombros, y la cocían para ellos.[16] El juicio contra Fatih Sultan Muhammad, resultado de una queja presentada por un arquitecto griego y su respeto por la decisión del juez a favor de los dhimmis (ciudadanos no-Musulmanes) es solamente una manifestación de la bendición y misericordia para la humanidad que emanó de la escuela de Taqwa del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz.

El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, definió perfectamente el concepto de Zuhd:

“Zuhd con respeto a este mundo no consiste en prohibir lo que está permitido, ni tampoco en el abandono de la riqueza. Es más bien el hecho de confiar en lo que está en la mano de Allah más que en lo que está en la tuya, y durante el periodo de aflicción seguir con la esperanza de recompensa por haber resistido.”[17] El Zuhd y  el contento del Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, son por toda la eternidad el mejor ejemplo para la humanidad. Zuhd hace que la vida sea espléndida. Trae la felicidad al corazón y al cuerpo porque ejerce control sobre el deseo excesivo por los placeres mundanos, no permite dejarse engañar por las transitorias alegrías del mundo, no permite que el corazón se llene de este mundo, disminuye el amor por las cosas y estimula el amor por Allah y Su Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, ayuda a abandonar todo lo que distrae de la oración y es inútil en el Más Allá. A la inversa, el amor por este mundo supone un desastre lleno de dolor y ansiedad que extinguen la energía del corazón y del cuerpo. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo: “Zuhd con respeto al mundo trae el consuelo para el corazón y el cuerpo. El amor por el mundo aumenta la tristeza y el dolor.”[18]

Otro hadiz nos da el siguiente consejo: “Muestra desinterés por este mundo y agradarás a Allah; muestra desinterés por lo que está en las manos de la gente y agradarás a la gente.”[19]

Zuhd es la más importante recomendación para la lucha contra los peligros de este mundo. Un hadiz nos ha transmitido lo siguiente: “El blanco no es superior al negro. Ninguna raza es superior a otra. La superioridad se mide solamente por Taqwa.”[20] También dijo el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz: “La revelación no me ordena acumular riquezas o ser comerciante. Me ha sido revelado: ‘Esparce la gloria de tu Señor, y permanece entre los que se postran ante Allah y Le sirven.’”[21]

Otro hadiz nos ha transmitido el siguiente consejo:

“Cuando estéis haciendo el salat, hacedlo como si fuera el último. No digáis nada de lo que os vayáis a arrepentir al día siguiente. No deseáis nada de lo que la gente sin conciencia desea.”[22]

Una vez le preguntaron: “¿Quién es el ser humano más perfecto?”

Respondió: “La gente más pura es la que se abstiene de las acciones incorrectas, de la duda, del engaño, de la mentira y de la envidia.”[23]

El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, tenía mucho cuidado con lo halal y haram y se apartaba de lo dudoso. Una vez su nieto Hasan, quien entonces era un niño de corta edad, estaba con él en el masyid sentado en sus rodillas, viendo como se repartían los dátiles destinados al zakat. De repente cogió uno y se lo puso en la boca. Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, inmediatamente le advirtió: ‘¡Tíralo! ¡Tíralo! ¡Tira el dátil! ¿No sabes que no comemos de caridad?’ Le hizo sacárselo de la boca y tirarlo al suelo.”[24]

Mawlana Jalaluddin Rumi, que Allah le dé pureza a su alma, dijo acerca de la comida halal: “Los bocados son como las semillas. Los pensamientos, ideas e intenciones son su fruto.”

“La comida que os hace desear adoración y sumisión, que os motiva a ello y os lo hace saborear, es halal; la comida que os hace vagos con respeto a la oración y sumisión a Allah, que endurece vuestros corazones, es haram.”

“Aumentad la cantidad de bocados halal en vuestras vidas. Alejaos de los bocados que son haram y dudosos para que podáis probar el sabor de la adoración y de la obediencia a Allah y alcanzar alegría y concentración del corazón.”[25]

Allah el Altísimo dice en el Corán:

Habrán triunfado los creyentes. Aquellos que en su salat están presentes y se humillan.” (Corán, Mu’minun, 23:1-2)

La opinión común que se tiene de la religión en nuestra sociedad mantiene que es un sistema de creencias cuyo único fin es conseguir la felicidad en el Más Allá. Sin embargo no es así. La religión ordena la vida social y de este modo trae la tranquilidad y la seguridad a los seres humanos.

Una noche, Umar, que Allah este satisfecho con él, estaba como de costumbre inspeccionando las calles de Medina. Se detuvo de repente al oír una conversación entre una madre y su hija.

“Echa un poco de agua en la leche que vamos a llevar mañana al mercado.”

La hija contesto:

“¡Madre! ¿No has oído que el Califa ha prohibido hacerlo?”

La madre se enfadó y subió de tono:

“¡Hija! ¿Cómo se va a enterar el Califa, a estas horas de la noche, de que echamos agua en la leche?”

La hija, con el corazón lleno de respeto por Allah, no podía aceptar fácilmente el engaño que proponía su madre. Siguió protestando:

“¡Madre! Supongamos que el Califa no se entera, pero ¿y Allah? ¿Piensas que Él tampoco lo ve? Es fácil engañar a la gente, pero es imposible esconder nuestras acciones de Allah, quien ve y oye todo.”

Las respuestas de la joven, en cuyo corazón había el conocimiento Divino, y un tremendo temor de Allah, conmovieron a Umar, que Allah esté satisfecho con él. Amir al-Mu’minin, el Líder de los Creyentes, se dio cuenta de que aunque era una mujer común, poseía una excepcional conciencia. Quiso tenerla por nuera y casó a su hijo con ella. De esta cadena tan pura procede Umar ibn Abdulaziz, considerado el quinto Califa guiado rectamente.

Este incidente muestra el hecho de que respetar los límites de lo halal es suficiente para alcanzar la felicidad y elevar a los seres humanos al nivel de la perfección. Por el contrario, el conflicto con estos límites, que son amplios, y el mezclarse con lo que es haram y dudoso, son actos dañinos para el siervo de Allah. El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo de lo dudoso, que a veces puede ser difícilmente separado de lo haram:

“Abandonad lo que trae la duda a vuestros corazones, adoptad lo que es inequívoco.”[26]

No obstante, sería un grave error caer en el otro extremo de no aceptar nada, incluso lo halal, creando confusión al respecto.

Islam insiste en mantener el equilibrio y seguir el camino medio en toda circunstancia. El objetivo del Islam no es imponer límites a los seres humanos. Al contrario, su objetivo es hacer que vivan sin ansiedad, felices y en paz. Este sosiego se alcanza devolviendo al corazón su lugar, de donde brota toda belleza. Para lograrlo, basta con oír, sentir y aplicar los profundos y refinados atributos del corazón del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz.

El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, no tenía faltas. Aún así, seguía haciendo el salat durante la noche hasta que sus pies se hinchaban, y recitaba el Corán hasta el agotamiento. Amaba, agradecía, recordaba y temía a Allah más que nadie.

Salat es la base de la unión del siervo con su Señor. Es una ascensión hacia la Presencia Divina. Es una fuente inagotable de placer para los que aman a Allah. Llevan a cabo actos de adoración por el placer que procura la adoración. Para ver que Islam es la religión verdadera y el salat la forma más elevada de adoración, basta con decir que salat implica sumisión y por ello disgusta al ego. Los que están dominados por el ego no se acercan al salat. Los hay que no pueden superar este obstáculo y realizan un tipo de salat. El salat verdadero es una bendición concedida a unos pocos. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, lo expresó de esta manera: “Dos personas pueden ofrecer el salat en el mismo lugar, pero la diferencia entre ambas es como la que hay entre el cielo y la tierra.”[27]

El ayuno del que es la Luz de la Existencia constituye también un excelente ejemplo para su comunidad, la Ummah. A veces ayunaba días consecutivos sin romper el ayuno por la noche. Cuando sus Compañeros quisieron hacer lo mismo, les dijo: “No tenéis el poder necesario.”[28]

Ibn Abbas, que Allah este satisfecho con él, transmitió que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, pasaba a menudo varias noches seguidas sin comer, y también su familia. Incluso cuando podían comer, su comida consistía en pan de centeno.[29]

Anas ibn Malik, que Allah este satisfecho con él, nos transmitió que un día nuestra Madre Fátima trajo a la casa del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, un poco de pan que había hecho. Éste preguntó:

“¿Qué es eso que traes?”

“Pan muy bueno que he hecho, no podía comerlo sin ofrecerte un poco”, respondió Fátima. El Orgullo del Mundo dijo entonces: “Es el primer bocado que tu padre va a comer en los últimos tres días.”

Según Abu Huraira, que Allah este satisfecho con él, el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, solía atar una piedra al estómago para suprimir la sensación de hambre.[30] El valor del ayuno está en su propósito, que es la lucha contra el nafs (ego), a través del constante sentimiento de adoración.

La peregrinación, por otro lado, es una lección de tawakkul, es decir de confianza en el Dios de Ibrahim e Ismail, la paz sobre ellos. El contenido de esta lección incluye el apedreamiento del enemigo externo llamado “nafs”, el dejar atrás todas las diferencias sociales en el instante de ponerse una pieza de tela que de hecho es la mortaja, el buscar refugio en el Creador, el estremecerse ante la representación de la temible escena del Día de la Resurrección. La peregrinación es una ocasión de encuentro para lejanas comunidades Musulmanas que vienen de todas partes del mundo a establecer la hermandad de la fe. ¡Que mejor ejemplo que la Peregrinación de Despedida del Profeta! que Allah le bendiga y le conceda la paz. En su Último Sermón, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, llevo a cabo una “distribución del amor”. Los principales fundamentos de las relaciones entre los Musulmanes se asentaron sobre “los cimientos del amor”. Los rituales de la peregrinación le devuelven a uno a la vida espiritual, a través de una refinada adoración que manifiesta el amor misericordioso, que prohíbe actos como la caza, o dañar a cualquier criatura de Allah o a Su Creación.

Umar, que Allah este satisfecho con él, abandonó la costumbre de besar la Piedra Negra, al-Hajar al-Aswad, por temor a molestar a los demás Musulmanes. Los actos y estados de la mente durante la peregrinación, cuyo único objetivo es acercarse a Allah, inducen a la auto-crítica y se reflejan después en las vidas de quienes los practican.

Los lugares sagrados donde se realizan estos actos forman los asilos espirituales de un mundo sublime. Arafat – lugar del perdón y del refugio. Muzdalifa – lugar de la manifestación de la misericordia, nombrado en el Qur’an como al-Mash’ar al-Haram.[31] Mina – el lugar de sumisión y confianza en Allah, donde Ibrahim, Ismail, y nuestra madre Hagar triunfaron sobre el Sheytan. La Ka’bah – establece la dirección del salat, mandamiento de Allah el Altísimo: “Póstrate y busca proximidad (con Allah).” (Qur’an, Alaq, 96:19) Al mismo tiempo, es el punto hacía el cual se vuelven todos los Musulmanes en todo el mundo a la hora del salat y donde se siente el pulso del mundo Musulmán.

La Ciudad del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, que se visita después de Meca, es un lugar donde el corazón se eleva al haber sido modelado con el amor por Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, el único al quien Allah se dirigió como: “Mi amado”.

Según Imam Malik, el lugar que alberga la tumba del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, es uno de los lugares más sagrados del mundo después de la Ka’bah por el hecho de haber sido el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, el guía de la humanidad. Esta tierra bendita está alimentada con la espiritualidad y la fidelidad de sus seguidores, y regada con sus lágrimas desde los tiempos de Adam. Estos lugares, fuente de inspiración para los profetas, están llenos de sus preciosos recuerdos.

Resumiendo, la peregrinación, hayy, es un inmenso acto de adoración, una obligación que ayuda a perfeccionar la religión porque devuelve al alma la tranquilidad, el clima original, su color y su identidad. Está lleno de manifestaciones espirituales que purifican el corazón con una lluvia de bendiciones y le ayudan a alcanzar la verdad.

Zakat es un impuesto que pagan aquellos que poseen suficientes bienes como para que sea obligatorio para ellos dar a los más necesitados. Es necesario para que el resto de la riqueza sea halal para su propietario. De este modo la riqueza es transferida a la Comunidad, y repartida entre sus miembros más desposeídos, lo que permite establecer un equilibrio social, y una atmósfera de justicia y armonía. Lo que se tiene en cuenta no es el ingreso anual de cada uno sino la riqueza acumulada. En consecuencia, la riqueza que no se invierte, poco a poco desaparece. Se penaliza, pues, el ahorro, el dinero que solamente se acumula sin darle ningún uso; la riqueza que no revierte en la sociedad. Islam anima a que todo el potencial económico de una comunidad se mueva y la dinamice. La sabiduría detrás del zakat, ofrece una solución efectiva para el incontrolado crecimiento de la riqueza personal, que al final puede llegar a ser un tumor crónico. Es un medio que estimula la relación de sinceridad y amor entre el que da el zakat y el que lo recibe. Dicho de otro modo, el zakat constituye el derecho de los pobres sobre los ricos que refuerza el amor mutuo. El Corán lo describe así: “Y de sus bienes había una parte que era derecho del mendigo y del indigente.” (Corán, Zariyat, 51:19)

Adab – el “Comportamiento” Islámico – tiene aquí mucha importancia. El que da debe sentir agradecimiento del que recibe ya que esto le permite cumplir con un acto de adoración y ganarse la recompensa de Allah. La caridad ofrecida por Allah protege a la vez de la enfermedad y otros males. El Corán llama nuestra atención a la importancia del zakat y de la caridad: “Allah toma en cuenta lo que se da con generosidad.” (Tawba, 9:104) Un hadiz declara así mismo: “la caridad primero llega a la mano de Allah, luego a la del pobre.”[32]

Cuando se ofrece caridad, es de suma importancia evitar la arrogancia, la altivez, el desdén y la presunción. Si no es así, lo que uno da no llega a la mano de Allah sino que se malgasta y no tiene provecho en el Otro Mundo. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, llevaba una vida alejada de las cosas de este mundo y fue un perfecto ejemplo en lo que se refiere a la caridad. Nuestra Madre Aishah dijo: “Nunca entraron en el estómago del Mensajero de Allah dos platos a la vez. Cuando comía carne, no comía nada más. Cuando comía dátiles o pan, no comía otra cosa.”[33]

Abu Nadr transmite lo siguiente: “He oído que Nuestra Madre Aishah dijo: ‘Un día estábamos con el Mensajero de Allah. Mi padre, Abu Bakr, nos ha ofrecido una pierna de cordero. En la oscuridad de la noche, intentamos cortarla. Alguien dijo: ‘¿No tenéis una vela o alguna luz?’ Dije: ‘Si tuviéramos aceite, lo habríamos comido.’”[34]

El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, consideraba el dar caridad como un placer. Una vez le dijo a Bilal: “¡Oh Bilal! ¡Da limosna! No temas que el Dueño del Trono vaya a disminuir tu riqueza por el hecho de dar limosna.”[35]

Así pues, al Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, nunca le interesó la riqueza. Su intención era vivir como un “profeta al servicio de todos”, como lo explica el siguiente hadiz:

“Se me ha dado a elegir entre ser un profeta que sirve o un profeta rey. El arcángel me insinuó ser humilde. Por eso, elegí ser un profeta que sirve y expresé mi deseo de ‘estar un día saciado y al otro día hambriento.’”[36]

El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, rehusó entrar en casa de su hija Fátima, que Allah este satisfecho con ella, porque había decorado su casa. Dijo: “No es apropiado que entremos en casas decoradas.”[37] Sin embargo, nunca se jactó de haber llevado una vida piadosa. Solía contar las bendiciones que Allah le había otorgado con extrema humildad diciendo: “la fakhr” – “sin orgullo”.[38]

La humildad del Profeta de la Misericordia

Ser alabado y apreciado sobremanera, normalmente lleva a la arrogancia que corrompe y estropea a la mayoría de la gente. Aunque Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz,  ha sido el mejor amigo, y el muy alabado por Allah, les rogó a sus Compañeros: “Llamadme ‘el siervo y mensajero de Allah.’”[39]

Abu Usamah, que Allah este satisfecho con él, transmitió:

“El discurso del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, derivaba del Corán. Hacía dhikr constantemente, y sus discursos eran cortos, mientras que sus oraciones eran largas. Nunca dudó en acompañar a un pobre o necesitado para procurarle ayuda. Al contrario, era para él un placer.”[40]

Anas, que Allah este satisfecho con él, transmitió:

“Hacía dhikr muy a menudo. Bromeaba poco. Montaba un asno, llevaba ropa de lana ruda, aceptaba invitaciones de esclavos, visitaba a los enfermos y atendía a los funerales. Teníais que haberle visto el día en que el castillo de Khaibar fue conquistado, montado sobre un asno con el ronzal hecho de hojas de palmera. Contra más le bendecía Allah con triunfos, más humilde y agradecido estaba.[41]

Jarir, que Allah este satisfecho con él, narró lo siguiente:

“Un hombre vino al Profeta, , que Allah le bendiga y le conceda la paz, el día de la conquista de Meca. Estaba temblando al ver la grandeza espiritual y física del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz. Cuando el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se dio cuenta de ello, le dijo con voz suave: ‘Relájate. No te agobies. No soy un rey. Soy hijo de una mujer de la tribu de los Quraysh que solía comer carne secada al sol.’”[42]

Amir ibn Rabi’a, que Allah este satisfecho con él, transmitió:

“Un día me dirigía con el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, a la mezquita. Por el camino se le rompió el cordón de la sandalia. Quise cogerla para repararla. El Mensajero de Allah se negó. Dijo: ’Esto es privilegio (es decir, estar por encima de los demás). A mí no me gustan los privilegios.’ ”[43]

El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dio las pistas para que la humanidad entera pudiera alcanzar la felicidad. Fue su regalo, porque no pidió nada a cambio de este gran servició que ofreció a los demás.

El propósito de la religión es educar al ser humano en la bondad y el refinamiento, profundizar en sus sentimientos y hacerle tomar conciencia de sí mismo y de lo que le rodea a través de la adoración a Allah.. La madurez llega con la emoción que siente el corazón, tal como lo describe el siguiente verso del Corán:

Los creyentes son aquellos que cuando se recuerda a Allah, se les estremece el corazón y que cuando se les recitan Sus signos les aumenta la creencia y en Su Señor se confían.” (Corán, Anfal, 8:2)

La palabra árabe para un ser humano es “insan”, relacionada con “nisyan”, olvido, y “uns”, amistad. Lo opuesto de “nisyan” es “dhikr”, recuerdo, la palabra que se repite en el Corán más de 250 veces. Cuando la esencia del dhikr se establece en lo profundo del corazón, éste empieza a conocer y a adorar a Allah. Los amantes nunca olvidan al objeto de su amor, lo mantienen en su corazón y en su lengua. El corazón desea llevar una vida fiel y mantenerse en constante dhikr. Se dedican a reflexionar sobre la creación de Allah de la tierra y de los cielos mientras caminan, están sentados o tumbados como lo describe el siguiente verso:

Los que recuerdan a Allah de pie, sentados y acostados y reflexionan sobre la creación de los cielos y la tierra. ¡Señor nuestro! No creaste todo esto en vano. ¡Gloria a Ti! Presérvanos del castigo del Fuego.” (Corán, Ali Miran, 3:191)

El corazón que no tiene esta profundidad y refinamiento no desea a Allah el Altísimo:

¡Perdición para aquellos cuyos corazones están endurecidos para el recuerdo de Allah, ésos están en un claro extravió!” (Corán, Zumar, 39:22)

Este verso indica que los hombres que se apartan del dhikr pierden el honor de ser humanos. Los seres humanos tienen la característica de adorar; adoran las cosas materiales o adoran a su Señor. Éste último tipo de adoración los protege de convertirse en esclavos de intereses personales y materiales. Allah el Altísimo advierte de esto en el siguiente verso:

¿Has visto a quien toma por dios a su pasión?” (Corán, Jathiya, 4:23)

El concebir en la mente deseos y planes a largo plazo que abarcan exclusivamente aspectos de este mundo, no del Otro, lleva a un amargo final. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo: “¡Sed conscientes! No permitáis que vuestros deseos y planes para el futuro aumenten hasta el punto de haceros olvidar la muerte. Si es así, vuestros corazones se endurecerán. ¡Abrid los ojos! Lo que va a ocurrir está muy cerca.”[44]

Salman al-Farisi, que tanto se benefició de los consejos del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo: “Tres cosas me hacen reír y tres cosas me hacen llorar.” Explicó que lo que le sorprendía y hacía reír era alguien que hacía planes a largo plazo, sin caer en la cuenta de que le esperaba la muerte.

El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo también: “Aunque todas las fuerzas de una persona mayor se debilitan, su avaricia y deseos para el futuro lejano (tul al-amal) son siempre jóvenes.”[45]

Este hadiz indica que la avaricia y deseo del futuro lejano son dos obstáculos que conocen todos los corazones. Incluso cuando los cuerpos se vuelven débiles, los hombres desean permanecer jóvenes porque sus almas son inmortales. En consecuencia, el ser humano quiere ser joven para siempre y le angustia el hecho de perder la juventud, lo cual le lleva a convertirse en esclavo de una codicia sin límite.

Igual que la tierra seca que se empapa del agua de la lluvia cuando cae sobre ella, el ego de un ser humano intenta empaparse de todos los placeres mundanos. Sin embargo, los hombres no devuelven, como lo hace la tierra al producir frutos, el favor de la lluvia. A causa de su incapacidad de producir el fruto de la caridad, la falta de integridad y apego al mundo endurecen sus corazones.

El propósito de las características negativas de la creación es poner a prueba a los seres humanos. Por esta razón el verso del Corán dice:

“¡Por el alma y Quien la modeló! Y le insufló su rebeldía y su obediencia. Que habrá triunfado el que se purifique y habrá perdido quien la lleve al extravío.” (Corán, Shams, 91:7-10)

El alto rango de los seres humanos, criaturas de incomprensible complejidad y profundidad, se alcanza solamente obedeciendo a Allah y protegiendo el corazón del mal.

La expedición a Tabuk estaba llena de desafíos. Los Compañeros se habían desplazado cientos de kilómetros y volvían a casa. Al acercarse a Medina, su aspecto se había trasmutado por el hambre; su piel pegada a los huesos, su pelo y barba revueltos. El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo: “Ahora volvemos de la pequeña guerra a la gran guerra.” Los Compañeros preguntaron sorprendidos: “¡Oh Mensajero de Allah! ¿Hay una guerra más grande que la que acabamos de hacer?” El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, respondió: “Vamos a la Gran Guerra (la guerra contra el ego, nafs).[46] La guerra contra el ego se lleva a través de la educación y el entrenamiento del corazón. Su propósito es elevar la moralidad y ayudar a los seres humanos a alcanzar el nivel de perfección, al-insan al-kamil.

Este secreto sólo puede ser desvelado a través de la verdad que emana de Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz. Si el ser humano no logra descubrir la razón de la creación de este mundo, esto le consumirá. El que es inconsciente de la razón por la que ha venido a este mundo vive sin conocer la sagrada estructura de lo humano, sin comprender el Divino propósito de la creación y de lo que es ser un virrey de Allah en la Tierra. Pero aquellos que se esfuerzan por llegar a ser un virrey de Allah en la Tierra serán el ojo del Señor y Su oído.[47]

En este mundo algunas cosas no pueden explicarse de manera absoluta a través del intelecto humano. Incluso las palabras que utilizamos para explicarlas necesitan a su vez ser explicadas con otras palabras. Tratando de explicar lo inexplicable por medio de vaguedades, ¿acaso no olvidamos que la más inexplicable realidad que transciende el intelecto es de hecho Allah? Allah es la única y absoluta explicación de este mundo. Le podemos conocer solamente a través de la experiencia del amor y del conocimiento, en la medida en la que nos sometamos a Él.

El intelecto tiene límites. Solamente a través del corazón podemos alcanzar lo que está más allá de estos límites – los secretos del mundo. Ibrahim, la paz sobre él, lo expresó así: “Me he sometido al Señor de los Mundos.” (Qurán, Baqara, 2:131)

Imam Ghazzali comentó su experiencia de la siguiente manera: “Tensé mi intelecto de tal manera que estaba a punto de romperse. Me di cuenta de que estaba limitado. Yo solo no puedo llegar al punto final. Experimenté una especie de locura y casi perdí la cabeza. Al final, busqué refugio en la bendición espiritual del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, y todo se aclaró. Descubrí el secreto y estuve salvado.”[48] También Ibrahim, la paz sobre él, dijo: “Me voy hacía mi Señor. Él me guiará.” (Qur’an, Saffat, 37:99)

Mawlana Jalaluddin Rumi también explicó los límites de la razón: “La razón lleva al enfermo al médico. Después, uno necesita someterse al médico.”[49]

En pocas palabras – los secretos de los Profetas, la paz sobre todos ellos, están más allá de la razón.

Cortesía, compasión y altruismo en la vida del Profeta de la Misericordia

Según las transmisiones de numerosos Compañeros, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, fue el mejor de todos los seres humanos en cuanto a moralidad y cortesía. Siempre estaba sonriendo. Su rostro estaba lleno de luz. Su corazón era tan puro que un día, cuando vio que un hombre escupía al suelo, se paró con la cara enrojecida. Los Compañeros se apresuraron a echar tierra sobre el escupitajo. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, continuó andando.

El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo que una ropa limpia es indicio del alto rango de un Musulmán ante Allah. Aconsejaba ropa y mortaja blancas. Dio la razón de ello en el hecho de que el blanco es más puro, más hermoso y más bendito. También insistía en cuidar de ellas, así como de los pelos y de las barbas. Una vez vino a la Mezquita del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, un hombre con el pelo y la barba muy descuidados. Con un gesto de la mano le indicó que debería cuidarlos más. El hombre siguió su indicación, y el Profeta comentó: “¿No es mejor tener este aspecto que el de un diablo con el pelo y la barba revueltos?”[50] Otro día el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, vio a un hombre con aspecto descuidado. Preguntó sorprendido: “¿Por qué no se lava el pelo y lo peina?”[51]

Umar ibn al-Hattab, que Allah este satisfecho con él, relató: “Un rudo beduino llamó al Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, tres veces. Cada vez, a pesar de su falta de educación, le respondió: a tu servicio.”[52] Le molestaba en extremo el aspecto desordenado debido a la sensibilidad y profundidad de su alma. En otra ocasión le dijo a un hombre vestido de manera inapropiada: “¿Tienes dinero? ¿Cuál es tu situación económica?” Cuando el hombre contestó que era buena, le dijo: “Si Allah te dio la riqueza, deja que sus signos se vean en ti.”[53] Otro hadiz transmite: “Allah está complacido al ver los signos de la riqueza que ha dado a Su siervo.”[54] Estos casos ofrecen una perfecta ilustración de cómo la pureza del corazón y la estética externa se complementan en Islam.

Para protegerse de la arrogancia y de la presunción, el Musulmán que se pone una ropa nueva debe ser consciente de que es un regalo de Allah y suplicar igual que lo hacía el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz: “Doy las gracias a Allah que me viste con estas ropas, porque yo no tengo el poder de hacerlo. Pido muchas bendiciones por medio de esta ropa y del trabajo que voy a hacer llevándola. Busco en Ti el refugio del mal de esta ropa y del mal que pueda hacer llevándola.”[55] Con esta súplica el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, expresaba el deseo de utilizar todo en el camino de Allah. Advertía del peligro del fuego del infierno explicando que aquellos que se visten con el propósito de exhibir su arrogancia o amor propio y de presumir, llevarán el vestido de la vergüenza el último día.

Abdullah ibn Amr, que Allah este satisfecho con él, transmitió que el Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, nunca utilizaba un lenguaje vulgar comúnmente utilizado en la conversación diaria. Dijo: “Los pequeños actos de cortesía que os parecen fáciles y que tomáis con ligereza, tendrán gran importancia el Día del Juicio Final.”[56]

Una vez Abu Dharr al-Ghifari llamó a Bilal “el hijo de una mujer negra”. Cuando el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se enteró, le dijo: “¡Oh Abu Dharr! En verdad que llevas aún las huellas de jahliyya (el tiempo de la ignorancia).”[57]

El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, servía a sus invitados personalmente. Nunca fue descortés ni siquiera de niño. Era conocido por su compasión hacia los necesitados, los huérfanos, las viudas y la gente que tenía parientes a su cargo.[58]

Anas, que Allah este satisfecho con él, dijo: “Fui sirviente del Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, durante diez años. Nunca me reprendió diciendo, ‘¿por qué lo has hecho?’, cuando cometía un error.”[59] Su misericordia se extendía a los prisioneros de guerra, a los que ordenó tratar bien.

La misericordia del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se extendía a todas las criaturas. Cuando veía a un niño en su rostro se reflejaba la felicidad. Solía coger en brazos a los hijos de sus Compañeros, darles palmaditas… Siempre los saludaba, mostraba su afecto y bromeaba con ellos. Una vez vio que un grupo de niños estaba haciendo carreras, se unió a ellos y echo a correr con ellos.

Él, que fue la misericordia para todos los mundos, llevaba a los niños en su camello cuando los encontraba por el camino y les prestaba toda su atención. Anas, que Allah este satisfecho con  él, describió su comportamiento así: “Nunca he conocido a nadie que haya respetado los derechos de la familia y de los hijos más que el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz.[60]

Aishah, que Allah este satisfecho con ella, transmitió que una vez el Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, estaba jugando con sus nietos. Llego un beduino y, al ver la escena, se sorprendió sobremanera. Preguntó: ‘¡Oh Mensajero de Allah! ¿Les das besos a los niños? Nosotros nunca besamos a nuestros hijos. Ni tampoco jugamos con ellos.’ Nuestro Guia, que Allah le bendiga y le conceda la paz, le dijo: ‘Si Allah ha retirado la compasión y la misericordia de vuestros corazones, ¿qué puedo hacer yo?’”[61] Esta contestación es la mejor ilustración de la posición del Islam en cuanto a los niños.

Una vez, Usamah, el hijo de Zaid, y Hasan, el nieto del Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, estaban sentados en sus rodillas y mientras los estaba acariciando, dijo: “¡Oh mi Señor! Concédeles misericordia y felicidad porque yo les deseo misericordia y felicidad.”[62] Si un bebé lloraba mientras su madre o su padre estaba haciendo el salat, permitió acortarlo para atender al niño.[63] Prohibió también maldecir a los niños. Son estos algunos de los signos de su misericordia con ellos.

Pasaba noches enteras haciendo súplicas por su Ummah y lloraba por ella.[64] Su vida entera la dedicó a salvar a la humanidad del Fuego.[65] Cada uno de sus actos fue manifestación de su profunda misericordia.

Su conducta ejemplar con la gente

El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, era el perfecto ejemplo para seguir no solamente por sus palabras sino fundamentalmente, por sus acciones, y lo fue en todos los aspectos de la vida. Trataba a todos con respeto. Su misericordia para todas las criaturas no tenía límites. Su ternura y comportamiento generosos se extendían a los no-Musulmanes.

Jabir ibn Abdullah transmitió: “Un día algunas personas llevaban a un muerto. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se levantó. Nosotros también lo hicimos. Más tarde dijimos: ‘¡Oh Mensajero de Allah! El muerto era un Judío.’ Respondió: ‘¿No es acaso un ser humano?’”[66]

El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, fue la misericordia Divina, una manifestación del nombre Divino al-Rahman, que envuelve a todo lo creado. Era la personificación del principio “ama a las criaturas por el Creador”.

Un día, los Compañeros, agobiados por la persecución de los no-Musulmanes, le pidieron al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, suplicar a Allah el castigo para los enemigos del Islam. Respondió: “No vine para el castigo, vine para la misericordia.”[67] La súplica que hizo para sus enemigos más acérrimos fue: “¡Mi Señor! No saben. Concédeles guía.”[68]

Abdullah ibn Ubayy era el jefe secreto de los hipócritas de Medina. Traicionó al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, en el momento más crítico al abandonar, él y sus seguidores, el ejército Musulmán que se dirigía a la batalla de Uhud. De hecho, traicionó al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, y la comunidad de los creyentes en muchas otras ocasiones. Por la gracia Divina, el hijo de Abdullah, al contrario que su padre, era un sincero creyente. Cuando Abdullah murió, su hijo vino al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, y le pidió una camisa para envolver el cuerpo de su padre con la esperanza de que pudiera recibir alguna bendición por ello. Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, para no romper el corazón de un compañero, se la dio para que cubriese a un hipócrita,[69] que también había sido protagonista en el incidente de Ifk, donde la bendita esposa del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, Aishah, fue calumniada.

¿Es posible encontrar un ejemplo de humanidad y cortesía como éste en toda la historia?

Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, fue el ejemplo más excelente de misericordia. Una vez, durante el salat, oyó que un beduino suplicaba: “¡Oh Señor! Bendice a Muhammad y a mí, pero no a los demás.” Después del salat, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, le dijo: “Estás haciendo estrecho lo que es muy amplio.”[70]

Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, era un ser humano que pertenecía no solamente a su tiempo y a la gente entre la que vivía. Estaba en una posición en la que podía unificar a la humanidad bajo el estandarte del amor, de la misericordia y de la felicidad, fundiéndolos con la luz del Islam y transformando los corazones endurecidos, la intolerancia y el racismo. El éxito que obtuvo en esta tarea conforma las páginas más luminosas de la historia de los hombres.

Desde esta perspectiva, se convirtió en el mejor maestro de toda la humanidad por la gracia de la iluminación Divina que recibió. Los opresores que enterraban a sus hijas vivas y trataban a sus esclavos con crueldad, encontraron la guía bajo la cúpula de su misericordia. Su enseñanza era tan efectiva que algunos de ellos llegaron a adquirir tal integridad y virtud, que se convirtieron en unas de las más distinguidas personalidades de todos los tiempos.

Nuestro Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, ayudaba a todos según sus necesidades sin ninguna discriminación. El siguiente suceso lo refleja muy bien.

Un día un beduino llegó para pedirle ayuda. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, le dio todo lo que tenía y preguntó: “¿Es suficiente?” El beduino, sin cuidar los modales en lo más mínimo, dijo: “¡No! No me has dado suficiente.” Algunos de los Compañeros se enfadaron con él a causa de su rudeza y quisieron reprenderle. Sin embargo Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, les contuvo y llevo al beduino a su casa. Le dio algo más y preguntó: “¿Podría esto satisfacerte?” Esta vez el beduino se había quedado satisfecho. Dijo: “Si. Que Allah te de abundante bendición por lo que has hecho por mi, mi familia y mis parientes.” Cuando el beduino se hubo ido, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, volvió con sus Compañeros y dijo: “Este incidente que acaba de ocurrir recuerda a lo que le ocurrió a alguien que dejó escapar a su camello. Una muchedumbre de gente corría detrás del camello que estaba cada vez más asustado. Entonces el dueño del camello gritó: “¡Por favor! Dejadnos solos. Yo conozco mejor al camello y sé cómo tratarlo.” Cogió algunos dátiles del suelo y se los ofreció al camello. Éste se acercó al hombre y le siguió. El hombre le puso encima la silla y se alejo montado en su camello. Del mismo modo, si os hubiese seguido cuando el beduino dijo lo que dijo, el pobre habría ido al Fuego.”[71]

He aquí una magistral lección de cómo educar a la gente: es necesario tener en cuenta la sicología de un ser humano para así poder encontrar el camino que lleva al corazón del hombre. Siguiendo este camino, uno alcanza su objetivo. De otro modo, el intento de enseñarle puede ser contraproducente, y aumentar la palpable adversidad de la persona.

Otra lección que podemos aprender de esto es que los seres humanos se dejan vencer por la cortesía y la generosidad por que han sido creados débiles. Un enemigo tratado así llega a ser menos enemigo; si lo es a medias, se convierte en un amigo; si es un amigo, llega a convertirse en un amigo íntimo. Nuestros antepasados decían: “Una taza de café ofrecida con hospitalidad no se olvida ni en cuarenta años.”

La cortesía del Profeta de la Misericordia hacía los necesitados

El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, tenía mucha compasión con los necesitados para así compensar su escasez de medios. Abdullah ibn Amr transmitió la siguiente historia:

“Un día el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, vino a la mezquita. Los pobres estaban sentados en un lado. Fue hacía allí y se sentó entre ellos para así honrarlos. Habló con ellos y dijo: ‘Buenas nuevas para los Emigrantes pobres. Entrarán en los jardines del Paraíso cuarenta años antes que los ricos. El juicio de los pobres en el Día del Juicio Final será más rápido que el de los ricos porque no tienen propiedades ni riqueza.”[72]

Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, solía hacer a menudo la siguiente súplica a causa de la dura responsabilidad de rendir cuentas en el Más Allá: “¡Oh Señor! Haz que viva como un pobre. Permítame morir como un pobre. Resucítame entre los pobres.”[73]

Todos los profetas irán al Paraíso. Aún así, a todos se les pedirá cuentas de las numerosas bendiciones que recibieron y el mensaje que se les encomendó transmitir a sus comunidades. El siguiente verso del Corán explica que todos, incluyendo a los profetas, la paz sobre todos ellos, serán preguntados:

Preguntaremos a aquellos a los que se les mandaron enviados y preguntaremos a los enviados.” (Corán, Araf, 7:6)

Por ejemplo, el profeta Suleyman, la paz sobre él, entrará en el Paraíso después de todos los demás profetas, la paz sobre todos ellos, porque tenía gran poder y riquezas que harán que tarde más tiempo en rendir cuentas.

Entre los Compañeros del Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, también había ricos. Ganaron el aprecio del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, por el hecho de gastar su riqueza y sus vidas en el camino de Allah. En el siguiente verso Allah les da las buenas nuevas:

Es cierto que Allah les ha comprado a los creyentes sus personas y bienes, y a cambio de tener el Jardín, combaten en el camino de Allah, matan y mueren. Es una promesa verdadera que El asumió en la Tora, en el Inyil y en el Corán. ¿Y quién cumple su pacto mejor que Allah? Así pues regocijaos por el pacto que habéis estipulado. Este es el gran triunfo.” (Corán, Tawba, 9:111)

Uno de estos ricos fue el amigo más íntimo del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, Abu Bakr, un destacado comerciante entre los Quraysh, que Allah este satisfecho con él, quien a pesar de la riqueza llevaba una vida humilde. Allah le describe en el Corán como “el segundo de los dos.” Según Aishah, que Allah este satisfecho con ella, igual que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, no dejó ni un dirham ni un dinar cuando murió. Dejó solamente un camello y un esclavo que sabía fabricar espadas. En su última voluntad, la cual transmitió a su hija, pidió explícitamente que el esclavo fuera regalado a Umar, el siguiente califa. Su riqueza la gastó de manera más provechosa – poniéndola al servicio del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, y gastándola en la Causa de la Verdad, sobre todo en los primeros años del Islam, los más difíciles, cuando compraba y liberaba los esclavos Musulmanes a los que torturaban sus dueños por haber aceptado Islam.

Su riqueza nunca le impidió abstenerse, zuhd, de los placeres del mundo. Al contrario, utilizándola adecuadamente llegó a ser el ejemplo personificado de cómo vivir austeramente a pesar de la riqueza. Por esa razón, el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, mostraba respeto por su riqueza y dijo de él: “Hemos devuelto todos los favores que hemos recibido de la gente, excepto los de Abu Bakr, cuyo favor ha sido tan grande que Allah le recompensará el Día del Juicio Final. Ningunas riquezas me han traído tanto beneficio como las de Abu Bakr. Si tuviera que elegir a un amigo íntimo, elegiría a Abu Bakr.”[74]

El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo: “Los seres humanos son iguales entre sí como los dientes de un peine, a excepción de la piedad que es donde difieren.”[75]

Los Compañeros, que Allah esté satisfecho con todos ellos, estaban anteriormente divididos por las diferencias tribales, las razas, su condición de amos y esclavos, ricos y pobres. Pertenecían a diferentes clases y estaban dispuestos a derramar la sangre del otro. Después de haber sido honrados con el Islam, vivieron en una legendaria hermandad, bajo las abundantes bendiciones del sublime principio establecido en este hadiz. Para puntualizarlo más, es preciso recordar el siguiente suceso.

Después de la conquista de Meca, el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz,  decidió atacar Bizancio por segunda vez. Nombró a Usama, el hijo de Zaid, como el comandante del ejercito. Usama tan sólo tenía veinte años y era hijo de un esclavo liberado. La salida del ejercito se aplazó a causa de la muerte del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz. No obstante el nuevo Califa, Abu Bakr, ordenó la salida del ejercito tal y como lo había planificado el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, antes de su muerte. Detrás del joven comandante iban algunos de los más ilustres Compañeros del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, y los más destacados miembros de la nobleza Quraysh. Abu Bakr, que Allah esté satisfecho con él, a pesar de su rango acompañó a Usama y a su ejército hasta las puertas de Medina, sorprendentemente, a pie. Usama bajó de su caballo e invitó a Abu Bakr a montarlo, pero éste respondó: “¡Oh Usamah! Te nombró el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz. Deja que me cubra un poco del polvo del camino de Allah.”[76]

Como vemos, los que tuvieron el honor de ser educados por el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, nunca discriminaron a nadie utilizando nombres como esclavo, pobre, rico, amo, joven, viejo, etc. Terminología de este tipo no estaba aceptada; cualquier creyente podía ascender a lo más alto dependiendo únicamente de su sinceridad y mérito espiritual.

Ma’rur, el hijo de Suwayd, contó la siguiente historia: “Vi a Abu Dharr cubierto con un trozo de tela. Su esclavo iba vestido de la misma manera. Le pregunté al respecto y me dijo que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo: ‘Los esclavos son tus hermanos encomendados a tu servicio por Allah. Si alguien tiene a su hermano a su servicio, que dé al esclavo la comida que come y lo vista con la ropa que lleva. Que no les ordene hacer lo que está más allá de sus posibilidades. Si lo hace, que les ayude.”[77]

Un día el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se acordó de un esclavo negro y pregunto por él: “¿Qué hace? No le he visto últimamente.” Respondieron: “Ha muerto, ¡oh Mensajero de Allah! El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, les amonestó: “¿Por qué no me habéis avisado?” Los Compañeros le contaron lo que le aconteció al esclavo. No le dieron demasiada importancia, considerando que era un hecho común. El Mensajero de Allah dijo: “Mostradme su tumba.” Fue allí e hizo la oración fúnebre.[78]

El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se sentía feliz al liberar esclavos, elevándolos al nivel de los demás. El mejor ejemplo de esto era su relación con Zaid ibn Haritha, quien le fue regalado por nuestra bendita madre, Jadijah. Liberó a Zaid y le dejó elegir entre estar con él o ir a casa de sus padres. Zaid eligió al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, aunque los tiempos eran difíciles para él; los Quraysh perseguían y torturaban a los creyentes. Más tarde, este Compañero alcanzó tal rango que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, le nombró comandante del ejército durante la campaña de Tabuk contra los bizantinos. Fue allí martirizado y legó a las siguientes generaciones su ejemplo como una luz que no se extingue,[79] como la luz del profeta Yusuf, la paz sobre él, elevado desde la esclavitud hasta el poder.

El Mensajero de Allah, , que Allah le bendiga y le conceda la paz, nunca toleró el abuso contra los esclavos. Dijo: “Los que abusan de los esclavos no podrán entrar en el Paraíso.”[80] Su misericordia con los esclavos era tal, que se negaba a llamarlos “esclavos” o “sirvientes.” Aconsejaba y pedía a los Musulmanes que les llamasen “mi hijo” o “mi hija”.[81] Él mismo solía visitarlos a menudo, hablar con ellos, ver a sus enfermos, aceptar sus invitaciones, y asistir a los funerales. Abu Dawud transmitió que las últimas palabras del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, fueron: “Poned mucha atención en el salat. Temed a Allah por los esclavos que poseéis.” (Abu Dawud, Adab, 124)

Todos los Compañeros intentaban interiorizar completamente los perfectos modales del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz. El siguiente incidente refleja el sentimiento de lealtad y generosidad de Umar, que Allah esté satisfecho con él. Aslam, uno de los Compañeros, que Allah este satisfecho con todos ellos, transmitió: “Un día fui al mercado con Umar ibn al-Khattab, que Allah esté satisfecho con él. Una mujer joven se le acercó por detrás y le dijo: ‘¡Oh Amir de los Creyentes! Mi marido murió y dejó varios hijos. ¡Por Allah! No se pueden valer por sí mismos ni cuidarse. No tienen tierras que cultivar ni un animal para ordeñar. Temo que la pobreza y el hambre terminarán con sus vidas como si fueran animales salvajes. Soy hija de Huffaf ibn Ayma al-Ghifari. Mi padre estuvo presente en el Pacto de Hudaybiyya.” Cuando Umar, que Allah esté satisfecho con él, escuchó eso, dijo: ‘¡Que honor tan grande!” Luego fue al lugar donde estaban los animales donados como zakat. Cargó dos grandes sacos de comida sobre un robusto camello. Entre estos dos sacos puso más comida y algo de ropa. Puso las riendas del camello entre las manos de la mujer y dijo: ‘Llévatelo. Antes de utilizarlo, Allah te abrirá la puerta de las bendiciones.” Suplicó por ella. Uno de los hombres que lo presenciaron dijo: ‘¡Oh Amir de los Creyentes! Le has dado demasiado a aquella mujer.’ Umar respondió: “Su padre estuvo en Hudaybiyya junto al Profeta,  que Allah le bendiga y le conceda la paz. ¡Por Allah! Vi con mis propios ojos como su padre y su hermano sitiaban una fortificación y la conquistaban. Después nosotros recibimos nuestra parte del botín.”[82] Se refleja aquí como un rayo de luz la naturaleza del corazón de Umar, que Allah este satisfecho con él.

Aslam, un Compañero, transmitió: “Una noche íbamos a inspeccionar la colina de Waqim en Medina. En una de las casas vimos a una mujer con sus hijos. Estaban llorando. En el fuego había una cazuela llena de agua. Umar, que Allah esté satisfecho con él, preguntó por qué estaban llorando los niños. Ella dijo: ‘Tienen hambre.’ Los ojos de Umar se llenaron de lágrimas cuando constató que en la cazuela estaban hirviendo pequeñas piedras. De este modo la mujer intentaba engañar a los niños para que se durmieran. Inmediatamente fue al almacén donde se guardaban las donaciones. Personalmente llenó de harina un gran saco y lo llevó en sus hombros a la familia. Quería ayudarle pero se negó diciendo: “¡Oh Aslam! Lo llevaré yo. Seré preguntado por estos niños en el Más Allá.” Cuando volvimos a la casa de la mujer, se puso a cocinar. Con una mano atizaba el fuego, con la otra daba vueltas a la sopa. Vi que el humo le llagaba hasta la barba. Terminó de cocinar y sirvió la comida a los niños. Después de que la hubieron comido, se sentó con ellos. Daba miedo, era como un león. Me daba miedo hablar. Se quedó hasta que los niños comenzaron a reír y a jugar. Entonces se levantó y dijo: ‘¡Oh Aslam! ¿Sabes por qué me he sentado con ellos? Vi como estaban llorando. No quise irme antes de verlos reír. Cuando vi que se estaban riendo, me sentí reconfortado.”

Debemos saber que Allah honra a los ricos agradecidos, humildes y generosos que responden según las necesidades de la humanidad en la misma medida que a los pobres que se comportan con dignidad. La generosidad y la misericordia llevan a la gente a la felicidad en el Más Allá, protegiéndoles de las dificultades de este mundo. Las buenas nuevas esperan a aquellos que llevan su carga con paciencia.

El siguiente hadiz ilustra muy bien cómo practicar el agradecimiento y la paciencia que se deben aplicar en varios aspectos de la vida con el propósito de perfeccionar el corazón. “Admiro al creyente que centra toda su energía en comportarse bien. Tal calidad solamente se da en un Creyente–muestra agradecimiento cuando recibe la bendición de Allah, lo cual es bueno para él. Del mismo modo, cuando experimenta la dificultad, muestra paciencia, lo cual también es bueno para él.”[83]

Un día, cuando el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, estaba sentado en Medina, vinieron algunos miembros de una tribu pobre. No tenían zapatos. Su piel estaba pegada a los huesos a cause del hambre. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se entristeció viendo su condición. Cambió el color de su cara. Hizo que Bilal, que Allah esté satisfecho con el, diese el adhan y reunió a sus compañeros, quienes generosamente ofrecieron su ayuda a la tribu.[84]

En una sociedad siempre nos encontraremos con pobres, ricos y una clase media. Tanto en los versos del Corán como en la enseñanza del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, podemos hallar los principios Islámicos referentes a las relaciones entre estos grupos. Los pobres que muestran paciencia y los ricos que son agradecidos, son dos grupos alabados por Allah y el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz. El objetivo de los ricos es ofrecer de lo que Allah les ha dado. Los pobres, a su vez, deben mostrar de la mejor manera que puedan paciencia cara a las privaciones que Allah les haya impuesto. Abdurrahman ibn Awf, Abu Bakr y otros como ellos son los mejores ejemplos de ricos que agradecen a Allah la riqueza que les ha dado. Por otro lado, Abu Dharr al-Ghifar, Abu al-Darda son ejemplos de pobres que aceptan su condición con dignidad y paciencia. El estilo de vida de ambos grupos era más o menos igual porque su concepto de la vida estaba definido por el principio de que “toda propiedad pertenece a Allah.” Por esta razón, Islam no critica a los ricos, ni a los pobres que son honrados, sino que les trae las buenas nuevas de ganarse el Paraíso por estar siempre agradecidos a Allah. A causa de los desamparados, Allah provee el sustento y derrama Sus bendiciones sobre Su comunidad. Por el bien de los pobres, Allah ayuda abundantemente a toda la comunidad. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo a este respecto: “Allah ayuda a esta comunidad por las súplicas de los débiles, su salat y su sinceridad.”[85] Basándose en esta verdad, el Mensajero de Allah solía empezar las batallas suplicando en el nombre de los Musulmanes pobres, con la esperanza del triunfo a causa de su sinceridad. Ante la situación de necesidad en la que se encontraba la Gente de Suffa, dijo: “Si supierais lo que os espera en la presencia de Allah, desearíais que aumentasen vuestras privaciones.”[86] Bendecía su situación y les enseñaba la importancia que tenía la pobreza. Refiriéndose a las necesidades económicas de los Musulmanes dijo: “El ser humano no tiene derecho más que a una casa para cobijarse, pan para alimentarse, un trozo de tela para cubrir sus partes privadas y un poco de agua para beber.”[87] También dijo que los primeros en beber del río Kawthar en al Más Allá serán los pobres[88] y que Allah ama a aquellos que a pesar de su pobreza se encomiendan la paciencia y confianza en Allah.

El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo también: “Muchos de entre vosotros tienen el pelo y la barba desordenados y el aspecto de pobres. Sin embargo, cuando suplican, Allah acepta sus súplicas y no las rechaza. Bara ibn Malik es uno de ellos.”[89] Bara, el hermano de Anas, no tenía casa ni tampoco tenía para comer. Tenía lo suficiente para mantenerse vivo. Allah acepta la oración de la gente que acepta la pobreza. Los Compañeros, sabiendo lo que dijo el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, de Bara, le pidieron que suplicara por ellos durante la guerra que temían perdida en la época del califato de Umar. Bara suplicó: “¡Por Allah! Mañana triunfaréis y yo seré martirizado.” En efecto, al día siguiente los Musulmanes triunfaron y Bara recibió la ansiada misericordia de Allah, el Más Misericordioso, al-Rahman, y murió como mártir. Vemos aquí un milagro más del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz.[90]

La vida del Profeta Muhammad está llena de milagros, honestidad, veracidad, lealtad, ternura, compasión y cortesía. Le dijo a su mujer Aishah: “¡Oh Aishah! Se compasiva con los pobres. Tenlos cerca de ti para que Allah te tenga cerca de Él el Día del Juicio Final.” Le aconsejó así: “¡Oh Aishah! Nunca permitas que un mendigo se aleje de tu puerta con las manos vacías. Protégete del Fuego aunque sea con medio dátil.”[91]

El Profeta educa a la gente

Islam es un sistema evolutivo. Por lo tanto, no rechaza lo que es bueno venga de donde venga, sino más bien desarrolla sus aspectos positivos y reforma sus aspectos negativos. No considera dañino mantener aspectos positivos del pasado en cuanto que éstos estén basados en criterios claros. En función de estos criterios intenta restablecer una institución en vez de abolirla.

Solamente los que tienen confianza en sí mismos y en su causa no temen ir introduciendo, gradualmente, cambios que se integren rápidamente y transformen el orden social. Esta integración gradual no supone una carga inmediata para una sociedad. De este modo se pueden evitar las reacciones negativas. El mejor ejemplo de este tipo de actuación es la manera en la que Islam reformó la esclavitud hasta transformarla en algo meramente nominal. Se le exigió a dicha institución tales principios morales, que termino por desaparecer. Por lo tanto, decir que Islam defiende la esclavitud es signo de ignorancia e intolerancia. En la ley Islámica, era imprescindible liberar a un esclavo en expiación por una acción incorrecta. Al haber establecido este principio, Islam liberó al esclavo de ser solamente una herramienta en las manos de su dueño. Cada vez había menos diferencia entre un hombre libre y un esclavo. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, fue el primero en aplicar el principio de compartir la misma comida y la misma ropa con los esclavos. La institución de la esclavitud, opresiva en el pasado, perdió esta cualidad porque Islam hacía hincapié en los derechos de todas las personas. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, ordenó a los que tenían esclavos educarles y ayudarles a casarse después de haberles concedido la libertad. Avisó que los que maltratasen a los esclavos no entrarían en el Paraíso. Animaba a liberarlos y dijo que este acto constituía un acto de adoración a Allah. Un día estaba presente cuando Abu Dharr trató a un esclavo con severidad, sin darse cuenta. Se puso muy triste y dijo: “¡Oh Abu Dharr! ¿Todavía tienes comportamientos de los tiempos de la ignorancia? ¡No trates a las criaturas de Allah con dureza! Si no se adaptan a tu temperamento, libéralos. No les sobrecargues. Si tienes que hacerlo, ayúdales.”[92]

Un hombre casó a su esclavo con su esclava. Más tarde quiso que se divorciasen. El esclavo expresó su queja ante el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz,  quien le dijo al dueño: “Los derechos de matrimonio y divorcio no te pertenecen a ti, ¡no interfieras!”[93]

El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, pidió a sus Compañeros en numerosas ocasiones que perdonasen los errores de sus esclavos. Una vez una joven esclava perdió el dinero que su dueño le había dado para comprar harina. No se atrevía a volver a casa por miedo del castigo y estaba llorando en la calle. Cuando el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, oyó su historia, le dio la misma cantidad de dinero que había perdido y la llevo a casa para tener la seguridad de que fuese bien tratada. Les aconsejó ser compasivos. A raíz de esta enseñanza los Compañeros perdonaron a la chica.

Un punto que merece especial atención es el hecho de que Islam aceptó la legitimidad de la esclavitud a causa de las guerras que no dejaban de estallar. Uno de los resultados de estas guerras eran los prisioneros y los esclavos. Islam, que se caracteriza por la misericordia y la compasión, anima a que los esclavos sean tratados igual que los hombres libres. Zaid, a pesar de haber sido liberado por el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, prefirió quedarse con él hasta su muerte y se negó a volver a su casa.

El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo: “Dale a la persona que cocina para ti su parte. Siéntala a tu lado. Come con ella. Si no puedes hacerlo, coge un trozo de pan, unta con él el plato y ponlo en su boca; ofrécele la comida que Allah el Altísimo le asignó como tu sirviente y esclavo. Si así lo hubiese querido os habría hecho sus esclavos.”[94]

Por temor a violar sus derechos, la mayoría de los Compañeros liberó a sus esclavos. Que estos ejemplos sirvan como ilustración de cómo Islam se basa de manera inigualable en los principios humanitarios.

La conducta del Profeta de la Misericordia con las mujeres

En la época pre-Islámica se trataba a las mujeres de manera que ofendía su orgullo femenino. Se consideraba a las concubinas como un instrumento de diversión. Por temor a que pudieran llegar a prostituirse se enterraba a menudo vivas a las niñas recién nacidas. A causa de la ignorancia, la gente de corazón endurecido cometía incluso peores crímenes para protegerlas de las calamidades. Allah describe su comportamiento de esta manera:

Y cuando a uno de ellos se le anuncia el nacimiento de una hembra su rostro se ensombrece y tiene que contener la ira. Se esconde de la gente a causa del mal de lo que se le anunció pensando si se quedará con ello a pesar de la vergüenza o lo enterrará. ¿Acaso no es malo lo que juzgan?” (Corán, Nahl, 16:58-59)

Con la orden del Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se establecieron los derechos de la mujer, quien llegó a ser ejemplo de modestia y virtud en la sociedad. La maternidad adquirió el rango de honor. El hadiz “El Paraíso está debajo de los pies de las madres”,[95] éstas alcanzaron el rango que se merecían gracias a la cortesía del Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz.

El siguiente relato, es un bello ejemplo de la cortesía que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, tenía con las mujeres. “Durante un viaje, un esclavo llamado Anjasha hacía correr a los camellos con canciones.[96] El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, temiendo que las mujeres que montaban los camellos se pudieran hacer daño, dijo: ‘¡Oh Anjasha! ¡Cuidado con los cristales! ¡Cuidado con los cristales!”[97]

En otro hadiz el Profeta dijo: “En este mundo hay tres cosas que se me ha hecho amar: las mujeres y el perfume, mientras el salat me fue dado como la luz de mis ojos.”[98] Las mujeres y el perfume son grandes bendiciones de Allah en este mundo. Una fragancia agradable refresca el alma con su delicadeza. Es un placer del que incluso los ángeles disfrutan. El salat es la unión Divina entre el siervo y su Señor. Es la ascensión, miray, para el alma.

La importancia de una mujer recta en una familia feliz y piadosa está clara. Aunque hoy en día las cosas han cambiado, tradicionalmente era ella quien administraba la riqueza de la familia, organizaba la casa, protegía a los hijos y el honor de la familia. Era básicamente la madre quien llenaba la casa de alegría y la atmósfera dependía de su sonrisa que terminaba con los problemas de los niños. ¿Existe algo más lleno de compasión que el corazón de una madre? Las madres son las criaturas a las que el Creador otorgó la mayor parte de la misericordia Divina. La soberanía de las mujeres empieza cuando se convierten en madres virtuosas. El hadiz “El Paraíso esta debajo de los pies de las madres” es el signo de la más alta estima del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, para las madres.

En otro hadiz Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo: “El mejor entre vosotros es él que mejor trata a su familia.”[99] También dijo: “Lo que alguien gasta para sí, su mujer y sus hijos tiene recompensa de caridad.”[100] Según esta enseñanza del Profeta una familia sana puede solamente encontrar su fundamento en el amor.

La conducta del Profeta con los animales

En la época pre-Islámica los animales fueron tratados sin piedad ni misericordia. Se les solía cortar trozos de carne o sus colas en vivo. Se organizaban luchas brutales entre ellos. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, terminó con estas prácticas. Las tradicionales peleas de gallos, camellos o la corrida tienen su origen en la época pre-Islámica.

Un día, Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, vio un asno cuya cara estaba cauterizada. Se entristeció y dijo: “¡Que Allah castigue al que lo ha hecho!”[101] Recomendó que los animales fueran marcados en un lugar donde no les causara daño.

Una vez vio un caballo en los huesos. Le dijo a su dueño: “Teme a Allah por los animales que no pueden hablar. No permitas que estén hambrientos.”[102]

Abudllah ibn Ja’far, que Allah esté satisfecho con él, transmitió: “Un día el Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, llegó al jardín de un compañero. El camello que estaba en el jardín gemía y de los ojos del Profeta empezaron a caer lágrimas. Se acercó al camello y acarició su cabeza. El camello dejó de gemir. Más tarde el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se encontró con el dueño del jardín y le dijo: ¿No tienes temor de Allah quien te encomendó este camello? Se me quejó de que le pegas y maltratas.’”

Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, explicó la diferencia entre el estado de misericordia y el que carece de ella: “Una mujer de mala vida vio un perro en el desierto que estaba lamiendo la arena a causa de la sed. Se apiadó de él, sacó con su zapato un poco de agua de un pozo que había en las cercanías y le dio de beber al perro. Allah le perdonó sus faltas por esta acción. Otra mujer no se preocupaba de su gato y no le daba de comer. Ni siquiera le dejaba recoger los insectos del suelo. Al final, el gato se murió de hambre. Esta mujer se convirtió en gente del Fuego por su crueldad.”[103]

El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, transformó una sociedad ignorante en una sociedad que llegó a ser parte de la Edad de la Felicidad, asr al-sa’adah. La gente que solía tratar a otros seres humano con máxima dureza y que enterraba a sus hijas, se volvió misericordiosa, también con los animales. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, respetaba incluso los derechos de los pequeños gorriones.

Aburrahman, el hijo de Abdullah nos ha transmitido: “Durante un viaje con Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, vimos a un urogallo del desierto con sus dos pequeñuelos. Cogimos a las crías y la madre comenzó a revolotear alrededor de nuestras cabezas. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se acercó inmediatamente y dijo: ‘¿Quién le ha hecho daño cogiendo a sus pequeños? ¡Devolvedlos a su nido!”[104]

La caza está permitida en la ley Islámica. Sin embargo, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, avisó a los cazadores del deber de respetar las épocas de reproducción y crianza con el propósito de mantener la balanza ecológica. La caza por la caza, entristecer a los pequeños arrebatándoles a sus madres o a las madres arrebatándoles a sus pequeños, disturba el corazón compasivo y misericordioso.

Estos hadizes sacan a la luz el hecho de que la misericordia de un perfecto creyente debe ser lo suficientemente amplia como para albergar incluso a los animales salvajes. Por esta razón, Islam ordena que incluso los animales dañinos, tales como los escorpiones y culebras, deben matarse de forma que se les evite cualquier sufrimiento. ¿Acaso este mandamiento no constituye un ejemplo de misericordia sin par?

Aparte de ordenar ser misericordioso con los animales, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, no permitía que se les maldijera. Camino a Batnubuwat en una expedición militar, un hombre de los Ansar maldijo al camello que le llevaba a él y a su compañero por andar muy despacio. Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, le mandó bajar del camello y le dijo: “No nos acompañes con el camello que acabas de maldecir. No os maldigáis unos a otros, ni a vuestros hijos, ni a vuestra propiedad.”[105] Este hadiz es un ejemplo de su ilimitada misericordia.[106] Bayazid Vistan, conocido como el “Sultán de los Santos”, llegó a tener tanta sensibilidad y refinamiento con respecto a todas las criaturas de Allah, que sentía su dolor en el corazón. La siguiente historia es una buena ilustración de sus sentimientos.

Durante un viaje, se sentó a descansar debajo de un árbol; luego se levantó y siguió el camino. Después de haberse alejado se dio cuenta de que en su bolsa había algunas hormigas del lugar en el que había estado sentado. Volvió allí y las depositó en el mismo sitio porque le disgustaba la idea de llevarlas lejos de su casa, lo cual es un ejemplo de la interiorización de la enseñanza del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz.

La enseñanza del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, contiene advertencias que constituyen una guía a ese respecto. Dijo: “El que carece de misericordia, carece de todo tipo de bondad.”[107]

La cualidad más distintiva de un Musulmán es la misericordia. A través de la “basmalah” – Bismillahi’r-Rahmani’r-Rahim – En el nombre de Allah, el Más Misericordioso, el Más Compasivo, las palabras que repetimos antes de cualquier acción, Allah nos recuerda que Él es el Más Misericordioso. La misericordia es el rasgo más profundo de un verdadero Musulmán.

En el incidente que sigue, Fudayl ibn Iyad, uno de los Amigos de Allah, estableció un ejemplo de cómo un Musulmán debería sentir en su corazón. Le vieron llorar y le preguntaron: “¿Por qué lloras?” Respondió: “Lloro porque siento pena por un Musulmán que me ha hecho daño. Estoy triste de pensar que pueda ir al Fuego por mi causa.” Este refinamiento es una manifestación de los comportamientos internos del corazón al seguir el ejemplo del Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, quien dijo: “ten misericordia con los que están en la tierra para que los que están en los cielos la tengan contigo.”[108]

La conducta del Profeta de la Misericordia con los huérfanos

Hay un hadiz que dice: “El mejor hogar es aquel donde un huérfano es tratado bien y el peor hogar es aquel donde un huérfano es maltratado.”[109] El Corán contiene muchos versos sobre el comportamiento con los huérfanos. Allah el Altísimo nos ordena ser muy sensibles con los huérfanos.

Por eso, no abuses del huérfano.” (Corán, Duha, 93:9)

“Quien acaricie la cabeza de un huérfano será recompensado por cada pelo que toque su mano.”[110] El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, repetidamente subrayó la importancia de cumplir con este tipo de responsabilidades sociales.

En otro hadiz: “Yo y aquellos que tratan bien a los hijos e hijas que tienen bajo su tutela estaremos juntos en el Paraíso.”[111] Al decir esto, juntó dos dedos.

Al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, le llegó una queja sobre la rudeza de alguien. Le recomendó a esta persona, como una cura, que hiciera lo siguiente: “Que acaricie la cabeza de los huérfanos y dé de comer a los pobres.”[112]

El hecho de que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se criase como un huérfano le concedió un estatus y un honor en este mundo y en el Otro. El poeta Mehmed Aslan describe de manera conmovedora los sentimientos de un huérfano:

Allah es el dueño de los huérfanos,
Así que es una falta herirlos,
No pienses que un huérfano es débil;
¡Sus lágrimas son su arma!
[113]

El consejo del Profeta sobre los derechos de los vecinos

El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, insistía en sus enseñanzas en el respeto a los derechos de los vecinos. En un hadiz dice: “En varias ocasiones Jibril me avisó sobre los derechos de los vecinos con tal insistencia que llegué a creer que tendrían parte de mi legado cuando muriera.”[114] Otro hadiz transmite: “Los vecinos no-Musulmanes tienen un derecho. Los Musulmanes dos. El vecino que a la vez es un pariente tiene tres derechos.”[115] Estos derechos incluyen no observarles por las ventanas, no incordiarles con los olores de cocina, no hacer nada de lo que les pueda disgustar.

Abu Dharr al-Ghifari, uno de los Compañeros pobres, dijo: “El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz,  me ordenó poner un poco más de agua en mi comida para así poderla compartir con mis vecinos.”[116]Abu Dharr era uno de los necesitados y la única manera en la que podía aumentar la cantidad de comida era añadiendo agua. Esto muestra que ni siquiera la pobreza puede ser una excusa para no respetar los derechos de los vecinos.

Un ejemplo más de cómo los Compañeros cuidaban el ser respetuosos con los vecinos. Ibn Umar, que Allah esté satisfecho con él, transmitió lo siguiente: “Había siete hogares, todos pobres. Uno envió al otro una cabeza de cordero para comer. El padre de familia consideró que había otro vecino que la necesitaba más y la envió allí. El siguiente padre de familia pensó lo mismo y la envió a la tercera familia. Los otros vecinos hicieron lo mismo, hasta que al final la cabeza de cordero volvió a la primera casa.”[117]

La misericordia del Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se extendía incluso sobre aquellos que ya habían muerto. Lo más importante en este caso era el derecho de sus acreedores a los que no pudieron pagar la deuda antes de la muerte. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, siempre preguntaba antes de las oraciones fúnebres si el difunto había pagado las deudas. Si él o ella tenía deudas aplazaba la oración hasta que éstas fueran pagadas[118] porque por su compasión y misericordia quería evitar que el difunto fuera a la tumba sin haber cumplido con este deber.

La conducta del Profeta con los criminales y cautivos de guerra

En Islam se busca primero la causa del crimen y se hace un gran esfuerzo por reformar la personalidad del culpable. El castigo en la ley Islámica es como el que los padres imponen a sus hijos. El propósito del castigo no es aislar al criminal sino ayudarle a volver a la sociedad.

Un hombre pobre llamado Abad ibn Shurhbil robó algunos dátiles de un jardín y los puso en el bolsillo. Un poco más tarde el dueño del jardín lo alcanzó y le propinó una paliza. Abad, muy dolido por lo ocurrido, fue a quejarse al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, quien llamó al dueño del jardín y le dijo: “Sabes que no tiene conocimiento; que no sabe lo que hace. ¿Le has dado un consejo? Más aún, tiene hambre, tenías que haberle alimentado.”[119] El dueño del jardín estaba tan preocupado por lo que había hecho que le dio a Abad los dátiles junto con dos sacos de trigo. Estos casos no intentan proteger a los ladrones, sino curar los problemas sociales que pueden fomentar el robo. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo claramente que cortaría la mano de su propia hija si hubiese cometido un robo.

Con respeto a los prisioneros de guerra el Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo a sus Compañeros: “Son vuestros hermanos. Ofrecedles lo que vosotros mismos coméis y bebéis.”[120]

Su conducta con los enemigos y no-Musulmanes

Abu Basra al-Ghifari, hablando de su vida antes del Islam, comentó que “llegó a Medina y fue huésped del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz. Aquella noche bebí la leche de siete cabras. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz,  no dijo nada de mi falta de educación. Fue a la cama hambriento, sin mostrar una señal de disgusto o enfado. Al ver tal comportamiento, actué más sabiamente y acepté Islam.”

Dado que el Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, fue enviado como la misericordia para el mundo, su compasión y entrega abarcaban a todas las criaturas. Un día, le pidieron que maldijera a algunos enemigos. En respuesta, dijo: “No he sido enviado a este mundo para condenar; he sido enviado como el Profeta de la Misericordia.”[121]

Cuando fue a Taif, los ignorantes politeístas y la gente arrogante de la ciudad le apedrearon. El Arcángel Jibril vino y le preguntó: “¿Quieres que junte esas dos montañas y destruya a la gente de Taif que vive entre ellas?” No le agradó esta sugerencia e hizo una súplica especial por aquella comunidad: “¡Oh Señor! Por favor, concédeles guía a esta gente. Te pido que tengan descendencia Musulmana.”[122] Como resultado de esta súplica, la gente de Taif acabó aceptando Islam.

La indulgencia del Profeta

A Allah Le gusta perdonar. Ha prometido perdonar las malas acciones de los seres humanos si se arrepienten sinceramente. En el Corán pide a sus siervos que sean indulgentes como lo es Él. La condición para obtener el perdón de Allah es sentir remordimiento, obedecer Sus órdenes y alejarse de lo que prohíbe. Los mejores ejemplos de perdón los encontramos en la vida del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz. Perdonó a Hind, quien mordió el hígado de su tío Hamza martirizado en la batalla de Uhud. Durante la conquista de Meca, cinco años después de Uhud, cuando ya era Musulmana, Hind se le acercó al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, por detrás y preguntó: “¡Oh Mensajero de Allah! ¿Me reconoces?” El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, indicó que aún se acordaba de su grito de felicidad después de la muerte de Hamza. “¿Cómo puedo olvidar aquel grito?” Aún así, la perdonó por el Kalima-i Tawhid que pronunció al entrar en el Islam. A la gente de Meca, que le esperaban temerosos, les dijo: “¡Oh comunidad de los Quraish! ¿Qué esperáis que haga con vosotros?” Los Quraish dijeron: “Esperamos que nos perdones. Eres un hermano lleno de bondad y misericordia, hijo de un hermano lleno de bondad y misericordia.” Entonces el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo: “Os digo lo que el Profeta Yusuf les dijo a sus hermanos: ‘Hoy, no se os va hacer ningún reproche. Que Allah os perdone. Podéis ir, sois libres.”[123] En otro discurso dijo: “Hoy es el día de la misericordia. Hoy Allah ha aumentado el poder del Islam con los Quraish.”

Uno de los peores enemigos de Islam en Meca era Abu Jahl, litelarmente “el padre de la ignorancia”. Su hijo Ikrima también era un gran enemigo de Islam. Ikrima se escapó a Yemen cuando Meca fue conquistada. Su mujer aceptó Islam y más tarde le trajo a él ante el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, quien le saludó con agrado y le dijo: “¡Oh caballería veloz! ¡Bienvenido!” Le perdonó sin ni siquiera mencionar su maldad con los Muslmanes.[124]

Habir ibn Aswad fue otro enemigo de Islam. Durante la emigración de Zainab, la hija del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, de Meca a Medina, intencionadamente le dio una patada cuando montaba el camello y provocó su caída al suelo. Zainab estaba embarazada y al hacerse daño, perdió el bebé. Habir ibn Asad cometió muchos crímenes de este tipo. Después de la conquista de Meca quiso escapar pero no pudo. Aceptó Islam y se presentó ante el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, quien le perdonó.[125] En muchas ocasiones el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, decía: “¡Oh mi Señor! Perdona a mi gente porque no saben.”[126]

Un hombre llamado Hamamah aceptó Islam y cortó sus relaciones con los politeístas en Meca. Los habitantes de Meca estaban asombrados y solicitaron al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, que le pidiese seguir comerciando con ellos. El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, le mandó una carta a Hamamah, pidiéndole que continuase el comercio con los Quraysh. Los politeístas sitiaron a los Musulmanes durante tres años y los torturaron con el hambre, y aún así el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, les perdonó. Se convirtieron al Islam a causa de su misericordia. Un día, un grupo de ochenta hombres intentó matar al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz. Todos fueron apresados, y el Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, los perdonó a todos.

Después de la conquista de Khaybar, una mujer ofreció una comida envenenada al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, quien se percató del veneno al primer mordisco. La Judía confesó su culpa, pero el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, la perdonó.[127] El Corán dice:

“¡Adopta la indulgencia como conducta, ordena lo reconocido y apártate de los ignorantes!” (Corán, Araf, 7:199)

Con su sincero y humilde comportamiento con la gente, el Profeta representa el perfecto ejemplo a seguir. Esta conducta no se manifestaba de manera superficial o casual, sino que emanaba desde lo más profundo de su alma.

Adiyy ibn Khatim contó la siguiente historia: “Ocurrió antes de que yo aceptase Islam. Fui a ver al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, que me había invitado a su casa. Por el camino, una anciana le paró. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, estuvo mucho tiempo escuchando lo que le quería decir. Me dije: ‘¡Por Allah! No es un rey.’ Luego fuimos a su casa. Me dio una estera hecha de piel, rellena de hojas secas de palmera y dijo: ‘Siéntate aquí.’ Yo insistía: ‘Por favor. Siéntate tu.’ Pero él repitió: ‘Siéntate.’ Me senté porque no quería rechazar su ofrecimiento. El se sentó en el suelo. Esta vez me dije a mí mismo: ‘¡Por Allah! No es algo que pueda hacer un rey.’ Empezamos a conversar. Me dijo que yo pertenecía a la secta Rakusi[128] y que aunque estaba prohibido recogía una cuarta parte de los ingresos de la gente como impuesto. Estaba asombrado. Me di cuenta de que era un profeta porque conocía los secretos.’”[129] Hechos así muestran con extrema claridad la grandeza del carácter del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz.

El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, era un ejemplo personificado de los principios morales expresados en el Corán. Perdonó todo el mal que se le había hecho. Sin embargo, en cuanto a los crímenes cometidos contra los miembros de la sociedad actuaba con máxima objetividad y cuidado en el cumplimiento de los mandamientos de Allah. Usamah, un Compañero destacado, intercedió por una mujer que había cometido un robo, y que era miembro de una familia noble, pidiendo que se le perdonase. La cara del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, cambió de color a causa de la tristeza y respondió con voz grave: “Cortaría la mano incluso de mi propia hija como castigo en el caso de que estuviera involucrada en un robo.”[130]

La generosidad del Profeta

Ibn Abbas, que Allah esté satisfecho con él, transmitió lo siguiente sobre la generosidad del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz,: “El Mensajero de Allah era el más generoso de todos. Su generosidad aumentaba en Ramadán. Nunca dijo ‘No’ a alguien que le pedía algo.”[131] Fue éste uno de los rasgos más hermosos del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz. En caso de que no tuviera nada que ofrecer, sonreía para hacer feliz a la persona. Lo siguiente es un excelente ejemplo de lo que acabamos de decir: El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se describía a sí mismo como un distribuidor y recalcaba que todo viene de Allah. Un día vino un hombre y al ver las cabras del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, le pidió una. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, le dio todas las cabras. De vuelta a su tribu, el hombre les dijo a los suyos: “Muhammad es tan generoso que no tiene miedo a la pobreza.”[132] Otra persona vino a ver al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, y le pidió algo pero el Profeta no tenía nada para darle. Sugirió que pidiese un préstamo y prometió pagarlo por él.

Igual que su ancestro Ibrahim, la paz sobre él, nunca comía sin invitados. Solía pagar las deudas de los difuntos o le pedía a alguien que lo hiciese en su lugar. No hacía la oración fúnebre antes de saldar las cuentas. Dijo: “Quien es generoso está cerca de Allah, del Paraíso y de la gente, y se encuentra lejos del Fuego. Por el contrario, un tacaño está separado de Allah, del Paraíso y de la gente, y cerca del Fuego.”[133] En otro hadiz se transmite que dijo: “Un verdadero Creyente no tiene ninguno de estos dos rasgos – tacañería e inmoralidad.”[134]

La generosidad de los Compañeros

Los Compañeros competían entre ellos para emular el ejemplo del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz. La siguiente historia es un ejemplo de esta carrera de virtud.

Umar, que Allah esté satisfecho con él, transmitió: “Un día, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, nos mandó distribuir caridad. En estos momentos tenía algo de dinero y pensé que sería una ocasión para superar a Abu Bakr en las buenas acciones. Así que ofrecí mitad del dinero. El Mensajero de Allah preguntó: ‘¿Qué has dejado para tu familia?’ Contesté: ‘La misma cantidad.’ Entonces vino Abu Bakr y trajo todo su dinero. Rasulullah le preguntó: ‘¿Oh Abu Bakr, que dejaste para tu familia?’ Éste respondió: ‘Les dejé el amor por Allah y su Profeta.’ Después de haber oído esta respuesta me dije: ‘Nunca podré superar en nada a Abu Bakr, que Allah esté satisfecho con él.’”[135] Abu Bakr y Umar, que Allah esté satisfecho con ellos, fueron perfectos herederos del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, en cuanto que rechazaron el lujo y el esplendor de este mundo. Su estilo de vida asombró a los emperadores de Irán y Bizancio. Sin duda alguna, su buena conducta se reflejaba también en la vida de los otros Compañeros.

Un día llegó a casa de Ali, que Allah esté satisfecho con él, un mendigo pidiendo limosna. Ali dijo a sus hijos Hasan y Husein: “Id a vuestra madre y pedidle los seis dirhams que tenemos.” Los niños trajeron los seis dirhams, y se los dieron a su padre, y éste a su vez se los dio al mendigo. En esos momentos la familia necesitaba dinero. Fátima quería comprar harina con este dinero. Ali, que Allah esté satisfecho con él, volvió a casa. Inmediatamente después llegó un hombre que quería vender su camello. Dijo que estaba dispuesto a venderlo por cuarenta dirhams y que aceptaría esperar con el pago. Ató el camello en el jardín y se fue. Un tiempo más tarde, llegó otro hombre y dijo que compraría el camello por doscientos dirhams. Pagó al instante y se llevó al camello. Ali dio cuarenta dirhams al dueño del camello y el resto a Fatima. Le dijo: “Es la promesa de Allah hecha a través de Su Profeta: ‘El que haga una buena acción, recibirá una recompensa diez veces mayor.’ Dimos diez dirhams y Allah nos devolvió diez veces más.”

El incidente transmitido por Huzaifa es muy significativo porque refleja el altruismo de los Compañeros:

“Durante la batalla de Yarmuk, cuando la lucha se hizo menos intensa y los Musulmanes heridos yacían moribundos en el campo, saqué fuerzas de flaqueza y comencé a buscar a Harith, el hijo de mi tío. Andando entre los heridos que expiraban sus últimos alientos, le encontré. Por desgracia, Harith estaba en un charco de sangre y apenas pudo comunicarse con el movimiento de los ojos. Le enseñé el botijo con agua que llevaba conmigo y le pregunté: “¿Quieres un poco?” Sus labios estaban secos del calor que hacía y probablemente quería beber. Parecía como si intentase decirme algo moviendo los ojos. Abrí el botijo, dispuesto a darle de beber. De repente oí la voz de Ikrima. “Agua… agua… por favor, una gota de agua.” Cuando el hijo de mi tío oyó esta voz, me indicó con el movimiento de los ojos que le llevase a él el agua. Corrí hacía Ikrima, pasando entre los mártires que yacían sobre la árida tierra. Por fin llegué hasta donde estaba Ikrima y quise darle el agua. De repente, escuchamos los gemidos de Iyash. “Por favor, dadme un poco de agua… una gota de agua.” Cuando Ikrima oyó sus gemidos me indicó con su mano que le llevase el agua a Iyash. Como Harith, se negó a beber. Cuando encontré a Iyash entre los heridos, escuché sus últimas palabras. Dijo: ‘¡Oh Allah! No hemos perdido nuestras vidas por causa de la fe. No nos prives del rango del martirio. Perdona nuestros faltas.’ Estaba a punto de convertirse en un mártir. Vio la botella que había traído pero no tuvo tiempo de beber, apenas pudo terminar las palabras de Kalima-i Shahadah. Corrí hacía Ikrima y mientras intentaba ofrecerle el agua, me di cuenta de que había muerto. Pensé en Harith, el hijo de mi tío y corrí hacía él. Estaba tendido sobre la arena que parecía arder. Su alma ya había partido hacía Allah. Con dolor me di cuenta de que estaba entre tres mártires con un botijo lleno de agua.”

Huzaifa, que Allah esté satisfecho con él, describió así su estado en esos momentos: “Vi muchas cosas durante mi vida, pero ninguna me afectó tanto como esa. Este comportamiento tan extremadamente altruista, compasivo y cariñoso, sin ser parientes entre ellos, me dejó admirado para siempre.”[136]

La sinceridad, honestidad e integridad del Profeta

El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, sentía profunda pena por la gente que no sabía distinguir lo bueno de lo malo, ni lo ordenado por Allah y lo prohibido por Allah. Cuando iba puerta por puerta enseñando la religión de Allah, a veces las puertas se cerraban ante él. No obstante, no sentía resentimiento a causa de este comportamiento hostil sino más bien tristeza por la ignorancia de la gente. Así les decía:

Nos os pido ninguna recompensa por ello ni soy un impostor.” (Corán, Sad, 38:86)

Nadie ha alcanzado el nivel de honestidad e integridad del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz. Era un huérfano, introducido en el comercio por su tío Abu Talib. Su honestidad e integridad eran reconocidas por todos, como demuestra el nombre que le dieron – al-Amin, el Digno de Confianza. Jadiya, una mujer noble de Meca, le admiraba mucho y pidió casarse con él. Nuestra madre Jadiya fue después su más firme apoyo moral cuando llegó la primera revelación. Siempre estaba a su lado y le confortaba en los tiempos difíciles.

Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, siempre había llevado una vida pura. Incluso los que por ignorancia rechazaron su mensaje, lo reconocían. Desde que Islam surgió hace catorce siglos, no ha habido nadie que no haya reconocido su integridad y su gran corazón. Incluso aquellos de la comunidad Judía que eran sus enemigos, venían a él cuando estaban en desacuerdo entre ellos y Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, solucionaba sus conflictos. Era justo tanto con los Judíos como con los Cristianos. Le dio el siguiente consejo a Ali sobre la justicia: “Nunca juzgues antes de oír a las dos partes. Solamente entonces podrás emitir un juicio justo.”[137] Cuando el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, decidió emigrar de Meca a Medina, hizo a Ali el encargado de devolver las joyas que le habían sido entregadas en depósito.[138]

La timidez del Profeta

Según la descripción de sus Compañeros, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, era más tímido que una chica joven que se cubre para que no la vean los ojos curiosos. Cuando se cruzaba con alguien, solía hacerlo muy lentamente, con una sonrisa en los labios. Cuando oía una conversación desagradable, nunca decía nada delante de la gente. Sin embargo, su cara reflejaba sus sentimientos y pensamientos. Por eso, la gente que le acompañaba se comportaba con mucho cuidado. Nunca se reía sonoramente a causa de su modestia, sino que tan sólo sonreía. Un hadiz dice: “La timidez viene de la fe. La gente tímida estará en el Paraíso. La falta de modestia viene de la dureza del corazón. Los que tienen el corazón duro irán al Fuego.”[139] Y en otro se dice: “Fe y modestia van juntas. Cuando una se aleja, la otra se va también.”[140] “Mala lengua no trae más que vergüenza. Modestia y decencia son una decoración para todos.”[141]

La verdadera modestia se alcanza al “recordar la muerte” que ayuda a desplazar del corazón el amor por este mundo. El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, aconsejaba repetidamente a los Compañeros mostrarle a Allah el profundo respeto que Le es debido. Explicó que la verdadera modestia consiste en la purificación de todos los miembros del cuerpo relacionados con las acciones prohibidas, y en el recuerdo de la muerte. También dijo que solamente aquellos que verdaderamente desean el Otro Mundo abandonan su amor por éste. Y solamente éstos muestran verdadera modestia en su comportamiento con Allah.[142]

El altruismo del Profeta

El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, no solamente sentía compasión por los sufrimientos de los demás, sino que también trabajaba incansablemente por mejorar sus condiciones. Esta cualidad se menciona en el Corán:

En verdad que os ha llegado un Mensajero salido de vosotros mismos; es penoso para él que sufráis algún mal, está empeñado en vosotros y con los creyentes es benévolo y compasivo.” (Corán, Tawba, 9:128)

Allah el Altísimo honra en este verso a Su Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda la paz, asignándole dos de Sus atributos – Rauf y Rahim, el más benévolo y el más compasivo respectivamente. El profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, siempre se esforzaba por el bienestar de su gente y se sentía feliz y tranquilo cuando veía que mejoraba su carácter y su integridad. No se parecía a ningún otro líder. Era un guía que apoyaba a su comunidad con todos los medios a su disposición. Una vez un Compañero quería saber si su condición era buena o mala. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, le dijo lo siguiente: “El que desea obtener el beneficio mundano a través de la adoración, la cual se hace para obtener el beneficio del Paraíso, no conseguirá nada en el Más Allá.”[143]

Era la Misericordia que abarcaba a toda la humanidad con sus acciones, discursos y moralidad. Era su guía. Tuvo que afrontar los más grandes desafíos y pruebas en el camino de la verdadera religión. Cumplió con la Divina tarea que le había sido encomendada a la perfección. Estaba tan ansioso y paciente a la hora de hacerlo, que a veces venía la revelación para tranquilizarle y que no se extenuase en el camino. El siguiente verso del Corán expresa la gran virtud del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, en su lucha por la felicidad de la humanidad:

Tal vez te esté matando el hecho de que no sean creyentes.” (Corán, Shu’ara, 26:3)

Este verso demuestra que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, quería, por su misericordia y compasión, que toda la humanidad creyese en Allah para así poder salvarse del Fuego.

Cuando Hamza se enteró de que Abu Jahl había atacado al Profeta, él atacó a Abu Jahl. Le dijo al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz: “¡Oh Muhammad! ¡Alégrate! Me he vengado de Abu Jahl.” Rasulullah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, contestó: “No tengo nada que ver con la venganza. Me harías feliz si entrases en el Islam.” Hamza se dio cuenta de la sabiduría de la respuesta y aceptó Islam.[144]

Su noble comportamiento y su moralidad sublime no tenían nada que ver con el beneficio personal, con motivos materialistas o sentimientos de venganza. Examinándolo, veremos que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, nunca se vengó de nadie durante su vida.[145]

El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, nunca corregía abiertamente el error de un Compañero. En vez de hacerlo, solía decir: “¡Que me ocurre que te veo hacer algo así!”[146] Se atribuía a sí mismo errores en la visión para no atribuirlos a la persona con la que estaba hablando. Tenía mucho cuidado en no romper el corazón de sus Compañeros. Era un monumento de misericordia. Estas cualidades se reflejaban tanto en sus acciones como en sus discursos. Qué sirva como ejemplo el que sigue:

“¡Oh Creyentes! Que Allah os mantenga a salvo. Que os cuide. Que os proteja. Que os ayude. Que os eleve. Que os guíe. Que os mantenga bajo Su cautela. Que os aleje de todo contratiempo. Y que proteja vuestra religión.”[147]

El Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, fue enviado como misericordia para todos los mundos. Era la manifestación de los Nombres Divinos, al-Gafur y al-Rahman, – el Más Perdonador y el Más Compasivo. Sentía pena por la gente que rechazaba su mensaje y suplicaba que se salvasen del Fuego. Como resultado, llegó el aviso Divino:

Y tal vez te vayas a consumir de pena en pos de ellos si no creen en este relato.” (Corán, Kahf, 18:6)

Sus Compañeros llevaron con amor y alegría hasta los rincones más remotos el conocimiento, las bendiciones, las virtudes y cualidades espirituales que habían adquirido en su compañía. Fue un ejemplo de “amar a la criatura por el Creador.” Todos recibieron una parte de su elevado carácter y generosidad. Su bondad y misericordia fueron como un gran río que fluyó por todas partes e irrigó todas las tierras sin discriminación. Nadie estaba hambriento, sediento o solo, mientras él estuviese cerca.

Su lealtad

Mantener una promesa ayuda a salvarse del Fuego; es una cualidad de los Profetas, la paz sobre todos ellos, y de la gente virtuosa. Con esta cualidad, la vida adquiere dirección y orden. Es una medida de humanidad y un criterio para juzgar individuos y naciones. La gente alcanza felicidad en la medida en la que respeta sus promesas.

Siendo la cumbre de la lealtad, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, fue el ejemplo perfecto de ella para la humanidad. A ese respeto, Aishah, que Allah esté satisfecho con ella, transmitió la siguiente historia.

“Una vez vino a verle una anciana. Hablaron amistosamente y, cuando se fue, pregunté: ‘¡Oh Rasulullah! Has mostrado tanto interés por esta anciana. Me gustaría saber quién es.’ Me contestó: ‘Solía visitarnos a manudo cuando vivía Jadiya. Has de saber que “la lealtad viene de la fe”.[148]

Un grupo de gente vino al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, después del incidente de Hunain. Pedían libertad para los cautivos de guerra. Uno de ellos dijo: “¡Oh Muhammad! En nuestra tribu viven las que fueran tus nodrizas y hermanas de leche.” El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, respondió con gran lealtad: “Libero a todos los cautivos que me pertenecen a mí y a los hijos de Abudlmuttalib.” Al ver un comportamiento tan refinado, los Emigrantes y los Ansari imitaron su acción, diciendo: “Nosotros liberamos nuestros cautivos por el Profeta.”

En consecuencia, miles de cautivos fueron liberados aquel día sin ningún rescate.[149] Fue un gesto de gratitud y lealtad hacía la leche que había recibido de niño, una excelente lección para un opresor. Por desgracia, los favores recibidos se desvanecen rápidamente en la memoria humana y “lealtad” existe solamente como una palabra en el diccionario.

En el estado terminal de su enfermedad, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, vino a la mezquita, fue hacía el púlpito, y dijo: “¡Oh Muhayirin! Tratad a Los Ansari con amor porque la población crece pero su número sigue igual. Fueron ellos quienes me dieron refugio. Tratad a los buenos de entre ellos con bondad y perdonad las faltas de los que actúen con maldad.” La lealtad del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, por el favor que había recibido, mostrada a los Ansari, es un excelente ejemplo para todos nosotros. Su vida está llena de otros muchos ejemplos de este tipo. Antes de la Héjira, mientras sus enemigos estaban planeando como matarlo, él estaba pensando como devolver las joyas que tenía en depósito. El día de Uhud, mandó que dos buenos amigos fuesen enterrados en la misma tumba y luego dijo: “Fueron amigos sinceros en esta vida.”[150]

Su moralidad sin par se reflejaba en la vida y las relaciones de sus Compañeros, basadas en el amor recíproco que sentían. Uthman, que Allah esté satisfecho con él, fue enviado a Meca el día de Hudaybiya. Les dijo a lo politeístas de Meca que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, venía solamente para cumplir con la peregrinación a la Ka’ba. Esta alegación fue rechazada, pero a Uthman se le permitió hacer la peregrinación. Sin embargo, se negó a hacerla y dijo: “No puedo peregrinar si al Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se le niega la entrada. No puedo quedarme donde el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, no es aceptado.”

Precisamente en esos momentos, el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, recibía el bay’ah, compromiso, de los Compañeros. Dado que Uthman, que Allah esté satisfecho con él, no estaba allí, el Profeta puso una de sus manos sobre otra y dijo: “¡Oh mi Señor! Este bay’ah es por Uthman. Verdaderamente, es un siervo de Tu Mensajero.”[151]

Uno llega a ser un verdadero creyente en función del grado en el que es capaz de emular el ejemplo del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz.

El Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, fue el vehículo de muchos milagros. También ayudaba a la gente a cultivar su personalidad. De este modo la comunidad adquiría nuevas cualidades que fortalecían el honor y la belleza de la cultura y de la civilización que se estaban fraguando. Este cambio revolucionario del carácter de las personas, bajo la guía del Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, es un inmenso milagro. Buenas palabras, comportamiento refinado y acciones ejemplares constituyeron las causas del enriquecimiento de la civilización. En el origen de todo está el ejemplo de las acciones, discursos y prácticas del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz. No cabían defectos en la balanza de los opuestos de la vida que estableció. Por ejemplo, estableció el equilibrio entre el trabajo para este mundo y el del Más Allá. Del mismo modo, equilibró las tendencias ascéticas con los deseos mundanos. Es imposible encontrar otra personalidad, en toda la historia de la humanidad, que se pueda comparar a la suya, que Allah le bendiga y le conceda la paz.

En la historia social, se pueden encontrar grandes figuras con excepcionales habilidades en diferentes campos de la vida. Sin embargo, la personalidad del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, contenía excepcionales cualidades en todos los aspectos. Los principios morales que siguen, transmitidos por el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, expresan la grandeza y altura que se manifestaron en su vida.

“Mi Señor me ordena nueve cosas:

  1. Temer a Allah cuando esté solo o entre la multitud.
  2. Ser justo y honrado, esté contento o enfadado.
  3. Vivir moderadamente, sea rico o pobre.
  4. Mantener buenas relaciones con los parientes, incluso aunque ellos no lo hagan.
  5. Dar al que nada te da.
  6. Perdonar al que te hace daño.
  7. Contemplar mientras permaneces en silencio.
  8. Mencionar el nombre de Allah cuando hablas.
  9. Aprender cuando miras.”[152]

En su espada estaba escrito: “Perdona al que te haya hecho daño; ayuda a tus parientes incluso si ellos no se preocupan de ti; responde con bondad al que te ha herido; di la verdad incluso si va en contra de tus intereses.”[153]

Huzaifa, que Allah esté satisfecho con él, transmitió que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo: “Ninguno de vosotros debería ser un parásito. Hay quien dice: ‘Mis acciones dependen de los que están a mí alrededor. Si me tratan bien, yo los trato bien. Si me maltratan, yo también los maltrato.’ Vosotros debéis seguir el siguiente principio: ‘Cuando os traten bien, vosotros tratadlos bien. Si os maltratan, no hagáis lo mismo.’”[154]

También dijo: “A Allah le disgusta cuando hacéis estas tres cosas:

  1. Cotillear.
  2. Derrochar.
  3. Preguntar innecesariamente.”[155]

Otro consejo del Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, es: “No te alegres del problema de tu hermano porque Allah el Altísimo puede liberarle de él y dártelo a ti en su lugar.”[156]

Los que estudian la vida del Profeta Muhammad, que Allah le bendiga y le conceda la paz, constatan que siempre fue el Profeta de la Misericordia y de la Compasión. Nunca había condenado a nadie y convirtió a una sociedad opresiva en gente excelente. Lo único que hizo, por ejemplo, cuando fue apedreado en Taif, era pedir a Allah el perdón y la guía para aquella gente.[157] Cuando entró en la Ka’ba, después de diez años de hostilidades con Meca, mostró humildad y tolerancia. Ni siquiera tomó la llave de Uthman ibn Talha, quien la guardaba desde hacía mucho tiempo. Dijo: “Hoy es un día de bondad y lealtad.”[158]

Es el único sultán que no dejó a un descendiente en su lugar. Dijo: “Nosotros, los Profetas, no legamos; lo que dejamos es caridad para todos los Musulmanes.”[159] La verdadera herencia que dejó para su Ummah fue su vida como un ejemplo perfecto a seguir.

[1]       Muwatta, Husn al-khuluq 8; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, X, 191; al-Qudai, Musnad al-Shihab, II, 192; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, VII, 74.

[2]       Tirmidhi, Qtyamah 42; Ibn Majah, Iqamah 174; Darimi, Salat 156; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, V, 451.

[3]       Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, VI, 49, 86, 182; Ibn Hibban, al-Sahih, II, 491; al-Humaydi, al-Musnad, I, 135.

[4]       La medida más pequeña de peso, como un gramo hoy en día. Un qirat equivalía al peso de cinco granos de cebada.

[5]       Otra medida de peso. Si tomamos un qirat como equivalente del gramo, podemos considerar un qintar como equivalente a un kilo.

[6]       Bukhari, Buyu 100; Muslim, Zakat 31; Abu Dawud, Vitr 23; Darimi, Riqaq 53; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 467.

[7]       Bukhari, Khumus 1; Muslim, Jihad 54; Abu Dawud, Imarah 19; Tirmidhi, Siyar 44; Nasai, Fay’ 9; Muwatta, Kalam 27; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, I, 4.

[8]       Al-Daylami, al-Firdaws, II, 70.

[9]       Bukhari, Vasaya 9; Muslim, Zakat 94; Abu Dawud, Zakat 28; Tirmidhi, Zuhd 32; Nasai, Zakat 50; Muwatta, Sadakah 8; Darimi, Zakat 22; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 67.

[10]      Al-Bayhaqi, Kitab al-Zuhd al-kabir, II, 367; al-Daylami, al-Firdaws, III, 611; Abu Nu’aym al-Isbahani, Hilayah al-Awliya, VIII, 35.

[11]      Can Sefik, Mesnevi Tercemesi, Istanbul, 1997, V. II, p. 55.

[12]      Bukhari, Ayman, 22; Muslim, Zuhd, 20-25; Nasai, Dahaya 37; Ibn Majah, At’imah 48; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 98.

[13]      Bukhari, Jihad 89; Tirmidhi, Buyu 7; Nasai, Buyu 58; Ibn Majah, Ruhun 1, Darimi, Buyu 44; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, I, 236.

[14]      Tirmidhi, Sifatu’l-qiyamah 37; Ibn Majah, At’imah 50; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, IV, 249; al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, V, 27.

[15]      Tirmidhi, Zuhd 47; Ibn Majah, At’imah 50, Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, IV, 132; al-Hakim, al-Mustadrak, IV, 135; Ibn Hibban, al-Sahih, II, 449.

[16]      Suyuti, Tarikh al-khulefa, p. 91-92.

[17]      Tirmidhi, Zuhd 29; Ibn Majah, Zuhd 1; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, VIII, 57; al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, VII, 218.

[18]      Ahmad ibn Hanbal, Kitab al-Zuhd, p. 47; al-Qudai, Musnad al-Shihab, I, 188, al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, VII, 368. También transmitido por Umar como hadiz mawkuf.

[19]      Ibn Majah, Zuhd 1; al-Hakim, al-Mustadrak, IV, 348; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Kabir, VI, 193; al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, VII, 344.

[20]      Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, V, 158; al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, IV, 289.

[21]      Ibn Abi ‘Asim, Kitab al-Zuhd, I, 391; al-Daylami, al-Firdaws, IV, 95; Abu Nu’aym al-Isbahani, Hilyah al-Awliya, II, 131; Ibn ‘Adiyy, al-Kamil fi al-du’afa, III, 68.

[22]      Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, V, 412; Ibn Majah, Zuhd 15; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Kabir, IV, 154.

[23]      Ibn Hibban, al-Sahih, II, 76; Ibn Abi Shaybah, al-Musannaf, VI, 167; Ma’mar ibn Rashid, al-Jami, XI, 191.

[24]      Bukhari, Zakat 60; Muslim, Zakat 161; Nasai, Taharah, 105; Muwatta, Sadakah 13; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, I, 200.

[25]      Rumi, Jalaladdin, Mathnawi Ma’nawi, Teheran, 1378, V.I, 1645-48; Can Sefik, Mesnevi Tercemesi, Istanbul, 1997, V.II, p. 120.

[26]      Bukhari, Buyu 3; Tirmidhi, Qtyamah 60; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, III, 153.

[27]      Abu Sa’id al-Shashi (m. 335 H), Musnad al-Shashi, I, 86.

[28]      Bukhari, Sawm 20, Muslim, Sryam 55; Muwatta, Sryam 37; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 128.

[29]      Ibn Sa’d, al-Tabaqat al-Kubra, I, 400.

[30]      Ibn Sa’d, al-Tabaqat al-Kubra, I, 400.

[31]      Qur’an, Baqara, 2:198

[32]      al-Tabarani, al-Mu’jam al-Kabir, IX, 109; al-Harawi, al-Arba’in fi dalalil al-Tawhid, I, 74; al-Daylami, al-Firdaws, II, 52.

[33]      Ibn Sa’d, al-Tabaqat al-Kubra, I, 405.

[34]      Ibn Sa’d, al-Tabaqat al-Kubra, I, 405.

[35]      Ma’mar ibn Rashid, al-Jani, XI, 108; al-Bazzar, al-Musnad, IV, 204; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, III, 86; al-Bayhaqi, Shabul-Iman, II, 118.

[36]      Ibn Hibban, al-Sahih, XIV, 280; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, VII, 48, 49.

[37]      Abu Dawud, At’imah 8; Ibn Majah, At’imah, 56; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, V, 220-222.

[38]      Tirmidhi, Manaqib 1; Ibn Majah, Zuhd 37; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, I, 5, 281.

[39]      Bukhari, Anbiya 48; Darimi, Riqaq 68; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, I, 23.

[40]      Nasai, Jum’a 31; Darimi, Muqaddimah 13; Ibn Hibban, al-Sahih, XIV, 333; al-Hakim, al-Mustadrak, II, 671.

[41]      Tirmidhi, Janaiz 32; Ibn Majah, Zuhd 16; al-Hakim, al-Mustadrak, II, 506.

[42]      Ibn Majah, At’imah 30; al-Hakim, al-Mustadrak, II, 506; al-Tabarani, al-Mujamu al-Awsat, II, 64.

[43]      Al-Bazzar, al-Musnad, IX, 263; Abu Dawud al-Tayalisi, al-Musnad, I, 156; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, III, 174; al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, III, 275.

[44]      Ibn Majah, Muqaddimah 7; Ma’mar ibn Rashid, al-Jami, XI, 116; al-Qudai, Musand al-Sahihab, II, 263; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, VIII, 31.

[45]      Bukhari, Riqaq 5; Muslim, Zakat, 114.

[46]      Al-Bagdadi, Tarikhu Bagdad, XIII, 523. Otras versiones de este hadiz fueron transmitidas de Ibrahim ibn Abi ‘Abla como hadiz maktu. Ver al-Mizzi, Tahdhib al-Kamal, II, 144; al-Zahabi, Siyar a’lam al-nubala, VI, 325.

[47]      Bukhari, Riqaq 38; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, VI, 256; Ibn Hibban, al-Sahih, II, 58; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, III, 346.

[48]      Ghazali, Abu Hamid, al-Munqiz min al-Dalal, Beirut, 1988, p.60.

[49]      Rumi, Jalaladdin, Mathnawi Ma’nawi, Teheran, 1378, V. IV, 3323.

[50]      Muwatta, Shar 7; al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, V, 225.

[51]      Abu Dawud, Libas 13; Nasai, Zinah 60; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, III, 357.

[52]      Tirmidhi, Zuhd 50; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, IV 239; Nasai, al-Sunan al-Kubra, VI, 344; al-San’ani, al-Musannaf, I, 206.

[53]      Nasai, Zinah 54; Tirmidhi, Birr 63; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, IV, 137; Ibn Hibban, al-Sahih, XII, 234.

[54]      Tirmidhi, Adab 54; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 311, al-Hakim, al-Mustadrak, IV, 150.

[55]      Abu Dawud, Libas 1; Tirmidhi, Da’avat 55; Ibn Majah, At’imah 16.

[56]      Tirmidhi, Birr 61; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, X, 193; Ma’mar ibn Rashid, al-Jani, XI, 146; al-Qudai, Musnad al-Shihab, I, 274.

[57]      Bukhari, Iman 22; Muslim, Ayman 38; Abu Dawud, Adab 124; Tirmidhi, Tafsir Surah 22, Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, V, 161.

[58]      Bukhari, Nafaqat 1; Muslim, Zuhd, 41-41.

[59]      Muslim, Fadail 51; Abu Dawud, Adab 1; Darimi, Muqaddimah 10.

[60]      Muslim, Fadail 63; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, III, 112; Ibn Hibban, al-Sahin, XV, 400; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, II, 263.

[61]      Bukhari, Adab 18; Muslim, Fadail 64; Ibn Majah, Adab 3; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, VI, 56, 70.

[62]      Bukhari, Adab 18; Muslim, Fadail 64.

[63]      Bukhari, Azan 63; Muslim, Salat 191; Abu Dawud, Salat 123; Tirmidhi, Salat 159; Nasai, Imamah, 35; Ibn Majah, Iqamah 49; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, III, 109.

[64]      Muslim, Iman 346; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, V, 127; Ibn Hibban, al-Sahih, XVI, 217.

[65]      Bukhari, Riqaq 26; Muslim, Fadail 17.

[66]      Bukhari, Janaiz 50; Muslim Janaiz 81.

[67]      Muslim, Jihad 104; Abu Ya’la, al-Musnad, XI, 35; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, III, 352; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, III, 223.

[68]      Bukhari, Anbiya 54; Muslim, Jihad 104; Ibn Majah, Fitan 33; Ibn Hibban, al-Sahih, III, 254.

[69]      Bukhari, Janaiz 23; Muslim, Munafiqun 4; Abu Dawud, Janaiz 1; Nasai, Janaiz 40; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 18.

[70]      Bukhari, Adab 27; Ibn Majah, Taharah 78; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 239.

[71]      Al-Marwazi (m. 294 H), Ta’zim qadr al-salat, II, 931; al-Haythami, Majma’ al-Zawdid, IX, 160.

[72]      Tirmidhi, Zuhd 37; Darimi, Riqaq 118; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, III, 63; Nasai, al-Sunan al-Kubra, III, 443; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra; VII, 12

[73]      Tirmidhi, Zuhd 37; Ibn Majah, Zuhd 7; al-Hakim, al-Mustadrak, IV, 358; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, VII, 12.

[74]      Tirmidhi, Manaqib 15; Ibn Majah, Muqqadimah 11; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 253, 366; Ibn Hibban, al-Sahih, XV, 273.

[75]      Al-Qudai, Musnad al-Shihab, I, 145; al-Hatib al-Bagdadi, Tarikhu Bagdad, VII, 57; Ibn ‘Adiyy, al-Kamil fi al-du’afa, III, 248; Ibn Hibban, al-Majruhin, I, 198; Ibn Hagar al-‘Asqalani, Lisin al-mizan, II, 42.

[76]      Ibn Kathir, al-Bidayah van-Nihayah, III, 309.

[77]      Bukhari, Iman 22; Muslim, Ayman 40; Abu Dawud, Adab 124; Tirmidhi, Birr 29; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, V, 58, 161.

[78]      Bukhari, Salat 72; Muslim, Janaiz 71; Abu Dawud, Janaiz, 57; Ibn Majah, Janaiz 32; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 353, 388.

[79]      Ibn Hagar al-‘Asqalani, al-Ishah fi tamyiz al-sahibah, II, 598-601; Ibn Abdilbarr, al-Isti’ab fir ma’rifatil-ashab, II, 542-546.

[80]      Tirmidhi, Birr 29; Ibn Majah, Adab 10; Ahmad bin Hanbal, al-Musnad, I, 7; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, IX, 124; Abu Ya’la, al-Musnad, I, 94.

[81]      Bukhari, Itk 17, Muslim Alfaz 13, 15; Abu Dawud, Adab 75; Ahmad bin Hanbal, al-Musnad, II, 315; 423.

[82]      Bukhari, Magazi 35.

[83]      Muslim, Zuhd 64; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, VI, 16; Ibn Hibban, al-Sahih, VII, 155.

[84]      Muslim, Zakat 69, 70; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, IV, 358, 361.

[85]      Bukhari, Jihad 76; Abu Dawud, Jihad 70; Tirmidhi, Jihad 24; Nasai, Jihad 43; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, I, 173.

[86]      Tirmidhi, Zuhd 39; Ibn Hibban, al-Sahih, II, 502; al-Bazzar, al-Musnad, IX, 205; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Kabir, XVIII, 310.

[87]      Tirmidhi, Zuhd 30; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, I, 62; al-Kissi, Musnad ‘Abd ibn Humayd, I, 46; al-Hakim, al-Mustadrak, IV, 347; al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, V, 157.

[88]      Tirmidhi, Qtyamah 15.

[89]      Tirmidhi, Manaqib 54; Ma’mar ibn Rashid, al-Jani, XI, 306; al-Bazzar, al-Musnad, V, 404; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, I, 264

[90]      Ibn Abdilbarr, al-Isti’ab, I, 154; Ibn Hagar al-‘Asqalani, al-Isabah, I, 281.

[91]      Tirmidhi, Zuhd 37; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, VII, 12.

[92]      Bukhari, Iman 22; Muslim, Ayman 38; Abu Dawud, Adab 124; Tirmidhi, Birr 29; Ibn Majah, Adab 10; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, IV, 36.

[93]      Ibn Majah, Talak 31; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, VII, 360, 370; al-Daraqutni, al-Sunan, IV 37; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Kabir, XI, 300.

[94]      Otros hadizes – ver Bukhari, Iman 22; Muslim, Ayman 38; Abu Dawud, Adab 124; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, VIII, 36.

[95]      Nasai, Jihad 6; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, III, 429; Ibn Majah, Jihad 12; al-Qudai, Musnad al-Shihab, I, 102; al-Daylami, al-Firdaws, II, 116.

[96]      A los camellos les gustan las canciones y voces bonitas. Los pastores de camellos cantan para hacerles correr.

[97]      Bukhari, Adab 95; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, III, 117.

[98]      Nasai, ‘Ishratu’n-nisa 10; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, III, 128, 199.

[99]      Tirmidhi, Rada 11; Ibn Majah, Nikah 50; Darimi, Nikah 55; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 472.

[100]     Ibn Majah, Ticarat 1; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, V, 279; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, X, 242; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Kabir, VIII, 239.

[101]     Bukhari, Zabaih 25.

[102]     Abu Dawud, Jihad 47; Ibn Khuzaymah, al-Sahih, IV, 143.

[103]     Bukhari, Anbiya 54; Muslim, Salam 151; Birr 133; Nasai, Kusuf 14.

[104]     Abu Dawud, Jihad 122; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, I, 404; Hakim, al-Mustadrak, IV, 267; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, IV, 261.

[105]     Muslim, Zuhd 74; Ibn Hibban, al-Sahih, XIII, 52.

[106]     Claude Farer escribía así sobre las implicaciones de la misericordia y compasión en la moralidad Islamica: “Puede ver si el barrio por el que pasas es Musulman o Cristiano por la actitud que tienen alló los perros y los gatos. Si se acercan y muestran ganas de jugar, puedes estar seguro que el barrio es Musulma; si se mantienen a la defensiva – el barrio deber ser Cristiano.” Este comentario de un turista Cristiano es una obvia reflexión sobre el “amor, misericordia y compasión para todas la criaturas por el Creador.

[107]     Muslim, Birr 75; Abu Dawud, Adab 11; Ibn Majah, Adab 9; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, IV, 362; Ibn Hibban, al-Sahih, II, 308.

[108]     Tirmidhi, Birr 16; al-Hakim, al-Mustadrak, IV, 277; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, IX, 41.

[109]     Ibn Majah, Adab 6; al-Kissi, Musnad Abd ibn Humayd, I, 427; Bukhari, al-Ababul-murfad, I, 61.

[110]     Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, V, 250, 265; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, III, 285, al-Mu’jam al-Kabir, VIII, 202; Ibn Abi ‘Asim, Kitab al-Zuhd, I, 21; Ibn al-Mubarak, Kitab al-Zuhd, I, 229, 230.

[111]     Bukhari, Adab 24; Tirmidhi, Birr 15; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, V, 265.

[112]     Ahmad ibn Hanbal, II, 263, 387; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, IV, 60.

[113]     Mehmet Aslan.

[114]     Bukhari, Adab 28; Muslim, Birr 140; Abu Dawud, Adab 123; Ibn Majah, Adab 4; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 85, 160, 259.

[115]     Abu Bakr al-Qurashi, Makarim al-Akhlaq, I, 105; Hannad al-Kufi, al-Zuhd, II, 504; al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, VII, 84.

[116]     Ibn Majah, At’imah 58; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, IV, 54.

[117]     Al-Hakim, al-Mustadrak, II, 526; Ibn Abi Shaybah, al-Musannaf, VII, 214; al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, III, 259. Ver también la interpretación del verso 59:9, Surah al-Hashr.

[118]     Ibn Hibban, al-Sahih, XI, 192; al-Hakim, al-Mustadrak, II, 29.

[119]     Nasai, Adab al-Qada 21; Abu Dawud, Jihad 85.

[120]     Muslim, Ayman 36-38.

[121]     Muslim, Fadail 126; Tirmidhi, Da’wat 118.

[122]     Bukhari, Badul-khalaq 7; Muslim, Jihad 111; Nasai, al-Sunan al-Kubra, IV, 405; Ibn Hibban, al-Sahih, XIV, 516.

[123]     Nasai, al-Sunan al-Kubra, VI, 382; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, IX, 118; al-Rabi’ ibn  Habib, Musnad al-Rabi’, I, 170; Tahawi, Sharh Ma’ani al-Athar, III, 325.

[124]     Ibn Hagar al-‘Asqalani, al-Isabah, IV, 538.

[125]     Ibn Hagar al-‘Asqalani, al-Isabah, VI, 524-527; Ibn Abdil-Barr, al-Isli’ab, IV, 1536.

[126]     Ibn Majah, Manasik 56; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, IV, 14.

[127]     Bukhari, Tibb 55; Muslim, Selam 43; Abu Dawud, Diyat 6; Ibn Majah, Tibb 45; Darimi, Muqaddimah 11; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 451

[128]     La secta de los Cristianos y Sabianos.

[129]     Ibn Hisham, al-Sirah al-Nabawiyyah, II, 580; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, IV, 379; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, VI, 360; Ibn Abi Shaybah, al-Musanwaf, VII, 342.

[130]     Bukhari, Hudud 12; Muslim, Hudud 9; Nasai, Kat’us-sariq 12; Abu Dawud, Hudud 4; Ibn Majah, Hudud 6; Darimi, Hudud 5; Ahmad ibn Hanbal, al-Masnad, VI, 162.

[131]     Bukhari, Bad’ al-Wahy 5-6; Nasai, Siyam 2; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, I, 288, 363; Ibn Hibban, al-Sahih, VIII, 225.

[132]     Muslim, Fadail 57; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, III, 107, 259; Ibn Hibban, al-Sahih, X, 354; Ibn Khuzaymah, al-Sahih, IV, 70.

[133]     Tirmidhi, Birr 40; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, III, 27; al-Ismaili, Mu’jam, III, 733; al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, VII, 428, 429.

[134]     Tirmidhi, Birr 41; al-Tayalisi, al-Musnad, I, 293; al-Qudai, Musnad al-Shihab, I, 211.

[135]     Tirmidhi, Manaqib 16; Abu Dawud, Zakat 40; Darimi, Zakat 26; al-Hakim, al-Mustadrak, I, 574; al-Bayhaqi, al-Sunan, IV, 180; al-Bazzar, al-Musnad, I, 263, 394.

[136]     Al-Hakim, al-Mustadrak, III, 270; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Kabir, III, 259; al-Mizzi, Tahthib al-Kamal, V, 301; Ibn al-Mubarak, al-Zuhd, I, 185; al-Qurtubi, Tafsir, XVIII, 28.

[137]     Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, I, 90.

[138]     Ibn Hisham, al-Sirah al-Nabawiyyahh, I, 482; Ibn al-Kathir, al-Biddayah wan-Nihayah, II, 176.

[139]     Bukhari, Iman 16; Muslim, Iman 57-59; Abu Dawud, Sunnah 14; Tirmidhi, Iman 7; Nasai, Iman 16; Ibn Majah, Zuhd 17; Muwatta, Husn al-Khuluq 10; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 56, 147.

[140]     al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, VIII, 174. Idem IV, 374; al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, VI, 140.

[141]     Muslim, Birr 78; Abu Dawud, Jihad 1.

[142]     Tirmidhi, Sifatu’l-Qiyamah 24; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, I, 387; al-Hakim, al-Mustadrak, IV, 359; Ibn Abi Shaybah, al-Musannaf, VII, 77; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, VII, 226.

[143]     Ahmad bin Hanbal, al-Musnad, V, 134; Ibn Hibban, al-Sahih, II, 32; al-Hakim, al-Mustadrak, IV, 346; al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, V, 334.

[144]     Ibn Hisham, al-Sirah al-Nabawiyyahh, I, 292; al-Hakim, al-Mustadrak, III, 213; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Kabir; III, 139; Ibn al-Kathir, al-Bidayah wan-Nihayah, II, 32.

[145]     Al-Bukhari, Manaqib 23; Muslim, Fadail 77; Abu Dawud, Adab 4; Muwatta, Husnul-Khuluq 2; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, V, 130, 223.

[146]     Bukhari, Ayman 3; Ibn Hibban, al-Sahih, IV, 534; al-Hakim, al-Mustadrak, II, 515.

[147]     Al-Bazzar, al-Musnad, V, 395; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, IV, 208; Abu Nu’aym al-Ishbahani, Hilyah al-Awliya, IV, 168; al-Bagdadi, Muwaddih, II, 147.

[148]     Al-Hakim, al-Mustadrak, I, 62; al-Qudai, Musnad al-Shihab, II, 102; al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, VI, 517.

[149]     Bukhari, al-Tarikh al-Sagir, I, 5; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Kabir, V, 271; Abu Bakr al-Qurashi, Makarim al-Akhlaq, I, 116.

[150]     Ibn Abi Shaybah, al-Musannaf, VII, 367; Ahmad bin Hanbal, al-Musnad, V, 299; Ibn Hisham, al-Sirah al-Nabawiyyahh, II, 98.

[151]     Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, IV, 324; Ibn Abdilbarr, al-Tamhid, XII, 148; Ibn Hisham, al-Sirah al-Nabawiyyah, II, 315; Ibnul-Kathir, al-Bidayah wan-Nihayah, II, 169.

[152]     Nasai, Sahw 62; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, IV, 148; Ibn Abi Shaybah, al-Musannaf, VI, 45; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, V, 328.

[153]     Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, IV, 148; al-Hakim, al-Mustadrak, II, 563; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Kabir, XVII, 269; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, X, 235.

[154]     Tirmidhi, Birr 62. Algunas versions de este hadiz han sido transmitidas de ‘Abdullah ibn Mas’ud como mawkuf hadiz, por ejemplo: al-Tabarani, al-Mu’jam al-Kabir, IX, 152; Abu Nu’yam al-Ssbahani, Hilyah al-Awliya, I, 137; Ibn al-Jawzi, Safuatus-safvah, I, 421.

[155]     Bukhari, Zakat 53; Muslim, Akdiyah 12, 13; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 327, 360; Ibn Khuzaymah, al-Sahih, I, 104.

[156]     Tirmidhi, Qtyamah 54; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, IV, 111; al-Qudai, Musnad al-Shihab, II, 77; al-Bayhaqi, Shu’ab al-Iman, V, 315.

[157]     Bukhari, Bad al-Khalaq 7; Muslim, Jihad 111; Nasai, al-Sunan al-Kubra, IV, 405; Ibn Hibban, al-Sahih, XIV, 516.

[158]     Ibn Hisham, al-Sirah al-Nabawiyyahh, II, 412; Ibn Kathir, al-Bidayah wan-Nihayah, II, 300.

[159]     Bukhari, Khumus 1; Muslim, Jihad 54; Abu Dawud, Imrah 19; Tirmidhi, Siyar 44; Nasai, Fay’ 9; Muwatta, Kalam 27; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, I, 4.