LA CONTEMPLACIÓN DEL UNIVERSO

Desde la partícula más pequeña hasta el planeta más grande, todo en el Universo es una Obra de Arte que contiene incontables manifestaciones de sabiduría para que el intelecto humano pueda apreciar la Majestad Divina. Para una mente pensante el Universo despliega una evocadora manifestación del orden creativo y de la armonía, tal como lo afirman numerosas ayaat del Noble Qur’an.Citemos algunas de ellas:

“¿Es que no ven sobre ellos el cielo, cómo lo hemos edificado y embellecido, sin que haya en él ninguna grieta? ¿Y la tierra, cómo la hemos extendido y cómo hemos puesto en ella cordilleras y hemos hecho crecer toda clase de espléndidas especies? Que son una evidencia y un recuerdo para todo siervo que sólo se mire en su Señor.” (Qaf, 50:6-8)

“¿Es que no has visto que Allah hace que caiga agua del cielo y que se filtre en los manantiales de la tierra y que gracias a ella salgan cereales de color variado que luego se marchitan y los ves amarillentos, convirtiéndolos después en desecho? Es cierto que en eso hay un recuerdo para los dotados de lo esencial.” (az-Zumar, 39:21)

El agua que permanece sobre la superficie de la tierra la utiliza el hombre –la consume, se limpia con ella, tiene para él muchos otros usos. Con el tiempo se quedaría contaminada, pero a través de un magnífico proceso de circulación, el Todopoderoso constantemente purifica este agua y se la ofrece al hombre para que la use de nuevo. Mawlana Rumi nos exhorta a la contemplación de este proceso, diciendo:

Cuando se queda sucia, embarrada y turbia, el agua se queda asombrada, como nosotros, por haberse ensuciado en la tierra. Eleva su voz desde lo más profundo e implora al Todopoderoso. Entonces Él la vaporiza y eleva hacia el cielo, la lleva por varios caminos en los que se purifica completamente. Después, la vierte de nuevo sobre la Tierra, a veces en forma de lluvia, a veces como nieve, y a veces como granizo.

Finalmente, la dirige hacia el vasto océano. Después de haber hablado de forma irresistible de estos fenómenos naturales que podemos apreciar en cada estación, Rumi añade:

Acércate al Todopoderoso y purifica tu corazón de toda la suciedad, igual que hace el agua. Transfórmate en lluvia. Derrama abundancia y misericordia.

El armonioso viaje del Universo desde el momento de su creación, su orden sublime tejido desde la profundidad de la sabiduría y el misterio son, en cualquier caso, elementos más que suficientes para reconocer que todo lo que contemplamos es la obra de una Fuerza Única y Eterna.

Contemplando los cielos

La prueba del Poder y de la Majestad del Todopoderoso se encuentra en la Divina Soberanía manifiesta en la tierra, en los cielos y en los astros. Cuando dejamos de contemplar estas maravillas, se empobrece nuestro entendimiento y la sabiduría que nos es propia. Comparada con los cielos, la Tierra es como una gota en un océano, incluso más pequeña. Prácticamente en todas las surah del Noble Qur’an se nos llama la atención sobre la grandeza de los cielos, e incluso Allah jura por ellos:

“¡Por el cielo de constelaciones!” (al-Buruy, 85:1)

“Y juro por el ocaso de los astros, lo cual, si supierais, es un gran juramento…” (al-Waqiah, 56:75-76)

La inmensidad del Universo, su independencia y a la vez la inter-relación de los movimientos de lo que contiene, se refleja en los exorbitantes números que sobrepasan cualquier imaginación y la comprensión más penetrante. Incluso los científicos se han visto obligados a admitir que:

El Universo es más aterrador, más sobrecogedor, y más imponente de lo que nos podamos siquiera imaginar, ya que los cuerpos celestes se alejan unos de otros a una velocidad vertiginosa.17 Según sus estimaciones, el radio del Universo es de 14 trillones de años de luz. Como es sabido, la luz viaja, aproximadamente, a 300.000 km./s (186.411 millas/s).

Las Galaxias:

Los telescopios más sofisticados han descubierto alrededor de cien billones de galaxias. Una galaxia es una gigantesca comunidad espacial que contiene incontables cuerpos celestiales, cada una de ellas alberga billones de estrellas, junto con sus materiales y residuos.

La Vía Láctea, a la que pertenece nuestro sistema solar, es simplemente una de ellas. Cientos o miles de galaxias pueden formar grupos que llamamos cluster, y a los grupos formados por varios cluster los llamamos super cluster.

Nuestra galaxia, la Vía Láctea, y cerca de 30 galaxias a su alrededor, forman un cluster local de galaxias. El cluster Virgo, bastante cercano ya que se encuentra a la distancia de aproximadamente 65 millones de años luz, contiene, según se estima, 2000 galaxias.

Un solo super cluster, podemos añadir, tiene una circunferencia de unos 100 millones de años de luz. Otra manifestación del Divino Esplendor en el espacio es el acercamiento de las galaxias, cosa que ocurre con bastante frecuencia. Sus orbitas se pueden cruzar, o bien puede aumentar su masa en el momento del acercamiento, y entonces la gravedad las atrae entre sí. Sin importar su tamaño, y debido a las enormes distancias que las separan, se cruzan durante este acercamiento sin entrar en colisión.

Sin embargo, el impacto del acercamiento origina gases y polvo que colisionan en ciertos puntos, dando lugar a la formación de las estrellas. Según las últimas estimaciones, un acercamiento de este tipo es inevitable entre la Vía Láctea y su vecina Andrómeda. Las dos galaxias se están acercando a la velocidad de casi 500.000 km./h. (310.685 millas/h.). Teniendo en cuenta que están a la distancia de 2.2 millones de años de luz, el encuentro se producirá dentro de más o menos 3 billones de años. En la Vía Láctea hay aproximadamente 200 billones de estrellas, una de las cuales es el Sol. La Vía Láctea tiene una circunferencia de 100.000 años luz. Su velocidad de orbita es de 630 km. por segundo (391 millas/seg.); se dirige hacia Vega a una velocidad de 900.000 km./h. (559234 millas/h.). El cluster Hércules contiene 100 pequeñas galaxias y está a 650 millones de años luz de la Tierra.

El sistema solar

Situado en el centro de la Vía Láctea, nuestro sistema solar tiene una circunferencia de 12 billones de kilómetros (7.566.454.306 millas). Se cree que el Sol, que se encuentra a una distancia de 30.000 años luz desde el centro de la Vía Láctea, tiene una edad de 4.5 – 5 billones de años.

Cada segundo, el Sol transforma 564 millones de toneladas de hidrógeno en 560 millones de toneladas de helio. Durante este proceso, irradia 4 millones de toneladas de gas en forma de energía. En cuanto a la masa, el Sol pierde 4 millones de toneladas de masa por segundo y 240 millones de toneladas por minuto. Teniendo en cuenta que lo hace constantemente y a esa velocidad desde hace 3 millones de años, habrá perdido en total una cantidad de masa equivalente a 400 billones de millones.

Aún así, esta cantidad equivale a solamente 1/5000 de su masa actual. La temperatura de la superficie solar es de 6000ºC (10.832ºF). La temperatura de su núcleo llega a los 20 millones de grados C. La temperatura y la circunferencia del Sol aumentan constantemente. Existe, por lo tanto, la posibilidad de que por esa razón el Sol llegará un día a explotar y destruir a los planetas más cercanos, es decir Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. Exactamente 324.529 veces más grande que la Tierra, el Sol tiene la masa de 2 x 10 toneladas a la vigésima séptima potencia, es decir un billón por un billón de veces por un billón de veces, multiplicado por dos, y un gigantesco radio de 700.000 km. (434.969 m.). El Noble Qur’an nos dice:

“Bendito sea Aquel que puso en el cielo constelaciones y puso una lámpara y una luna luminosa.” (al-Furqan, 25:61)

El firmamento en constante expansión Allah, alabado sea, afirma que Él expande constantemente los cielos con Su inmenso poder:

“Y el cielo lo hemos edificado con solidez, y es cierto que lo estamos expandiendo.” (ad-Dhariyat, 51:47) En 1929 los científicos descubrieron que las nebulosas se alejaban constantemente de nuestra galaxia. Este descubrimiento sirvió más tarde como base de la teoría de que el universo está en constante expansión. Según esta teoría, sin duda una de las más significativas en la historia de la astronomía, las galaxias se están alejando unas de otras en proporción directa a la distancia acumulada.

En 1950, los científicos calcularon la velocidad a la que esto ocurría. Una galaxia que se encuentra a 10 millones de años de luz de la nuestra se aleja a 250 km./seg., y la que está a 10 billones de años de luz a 250.000 km./seg.

Los alucinantes hechos de los que estamos hablando aquí nos muestran la imposibilidad de comprender en su exacta medida el esplendor del Todopoderoso. A continuación citamos las palabras que expresan el asombro ante las incontables manifestaciones de la Divina Majestad:

Grande eres Señor, grande, grande.La grandeza misma es Tu apariencia. (Ali Haidar Bey)

Allah, el que expande constantemente este Universo ilimitado, alabado sea, finalmente lo enrollará, igual que un escriba enrolla un pliego de papel. Y cuando llegue ese momento, trasformará la Tierra en una Tierra diferente, y los cielos en otros cielos diferentes. Esto supondrá la creación de otro Universo y el principio de una nueva vida.

Los siete cielos

En el Noble Qur’an el Todopoderoso menciona también a los siete cielos, o niveles del firmamento. Dado que las cifras colosales y los asombrosos fenómenos que acabamos de comentar se refieren al primero de ellos, ¿podemos esperar que la razón y la capacidad cognoscitiva del ser humano logren desvelar los misterios de los otros seis? Allah, glorificado sea, afirma:

“El que creó siete cielos, uno sobre otro. No verás en la creación del Misericordioso ninguna imperfección. Vuelve la vista: ¿Ves algún fallo? Vuelve a mirar una y otra vez, la vista regresará a ti derrotada y exhausta. Hemos adornado el cielo de este mundo con luceros, dispuestos para lapidar a los demonios. Y a ellos les hemos preparado el castigo del Sair.” (al-Mulk, 67:3-5)

Ahora, levanta la cabeza y vuelve tu mirada hacia los cielos. Reflexiona sobre los incontables objetos que hay en el espacio que no se desvían ni un milímetro de su ruta, y que son parte de este increíble orden, cada uno cargado del misterio y sabiduría de su movimiento. Si la Tierra no rotase sobre su eje, un lado suyo estaría siempre iluminado, mientras que el otro se encontraría en perpetua oscuridad. En tal caso no habría diferencia entre las horas de trabajo y las de descanso.

También en el hecho de que la rotación de la Tierra sobre su eje dure 24 horas contiene una sabiduría inherente. Si fuera de más duración, la Tierra se parecería a Mercurio, donde la diferencia entre la temperatura diurna y la nocturna excede los 1.000ºC (1.832ºF). Este calor excesivo abrasaría la superficie de la Tierra, y la noche la helaría.

Teniendo todo esto en mente, fijémonos en cómo el Todopoderoso ha fundido el día con la noche, dedicando aquel al trabajo y ésta al descanso. Piensa en las manifestaciones del Poder Divino y Su Misericordia, y cómo se unen ininterrumpidamente uno al otro.

Si la Tierra no rotase alrededor del Sol con una inclinación de 23 grados y 27 minutos, no habría cuatro estaciones tan vitales para la vida. Más aún, sin esta inclinación el agua que se evapora de los océanos se dirigiría hacia el norte y el sur, transformando los continentes en icebergs. Si la Luna estuviera 50.000 millas más alejada de su situación actual, las mareas serían tan grandes que los continentes se inundarían dos veces al día. Incluso las más altas montañas en muy poco tiempo quedarían aniquiladas por las inundaciones.

Por lo tanto, no limites tu asombro a la inmensidad del cielo y al número de estrellas que contiene. Da un paso más y reflexiona sobre su Creador y cómo ha formado y mantenido este gigantesco enjambre existencial en perfecto orden sin ninguna columna ni sustento visible. Piensa en el Sol y la Luna –¿se han derrumbado alguna vez? ¿Alguna vez se han deteriorado? ¿Ha habido alguna vez un cuerpo celeste que se haya salido de su orbita o que haya abandonado el recorrido y el comportamiento trazado para él por el Todopoderoso?

Abandonar la contemplación lleva al fracaso existencial

¡Cómo se queda el hombre impresionado al ver un lujoso palacio! Su imagen permanece gravada en su mente, mientras se lo describe a los demás, por el resto de su vida. Sin embargo, y a pesar de estar constantemente viendo la maestría y el arte que impregnan el Universo entero, no logra reflexionar sobre ellos en profundidad y apenas se sorprende ligeramente por alguna de sus maravillas.

Raramente dedica un poco de su tiempo a pensar en ello, y sigue su vida como si fuera algo absolutamente normal. No se le ocurre que el palacio que tanto admira no es más que una pequeña mota sobre la superficie de la tierra que ésta, a su vez, es simplemente una insignificante mancha en el Gran Universo. Alguien ajeno a la contemplación del Poder Divino se parece a la hormiga de la parábola que citamos a continuación:

Una hormiga construía su nido en el palacio real, rodeado de murallas, edificado sobre sólidos fundamentos, ricamente decorado, rebosante de sirvientes. Cuando la hormiga se encontraba con otras hormigas, no dejaba de hablarles de su nido, las migas que recogía y las provisiones que almacenaba para el mañana. Vivía totalmente ajena al palacio en el que había construido su morada; era inconsciente del poder, del esplendor y de la grandeza del rey.

Su ignorancia era aún mayor ya que la hormiga ni siquiera era consciente de los que allí vivían Un hombre ignorante actúa con la misma negligencia al ignorar la divina maestría del Todopoderoso, y de los ángeles y de los hombres rectamente guiados que viven en Sus dominios. No hay manera de conseguir que la hormiga reflexione sobre el palacio y las bellezas que contiene.

Pero nosotros, los seres humanos, podemos viajar a través de numerosos reinos por medio de la contemplación y la imaginación. Como modesto agradecimiento al Todopoderoso por Sus numerosas bendiciones, el hombre puede llegar a reconocer su pequeñez y vulnerabilidad, y postrarse. Lo puede hacer solamente un ser humano, o dicho sea de otra manera, solamente los que logran hacerlo pueden considerarse como tales.

Es un hecho innegable que el ser humano tiene una predisposición y una capacidad natural hacia la contemplación. Malgastar este potencial por desuso, es traicionar la confianza Divina y desprenderse de uno de los atributos más humanos. Así habla el gran Mawlana Rumi de los que dan la espalda a ese grande misterio de la eternidad y a la sabiduría que es la Tierra y deambulan despreocupados ante los radiantes mensajes Divinos que se encuentran en la Creación:

Un buey llegó un día a Bagdad y se paseó por toda la ciudad, pero entre las vistas maravillosas y obras de arte que encontró en su camino lo único que le llamó la atención fue un melón y las peladuras de sandía que vio al lado del camino por el que deambulaba. Después de todo, lo que más agrada a la vista de un buey o de un asno es la paja abandonada en medio del camino, o las hierbas que crecen en sus laderas. (Mathnawi, v. 4, estrofas 2377-2329)

Se dice que un hombre en los tiempos de Musa, la paz sobre él, había adorado tan intensamente durante treinta años que una nube llegó a protegerle a la hora de sus devociones. Pero llegó un día en el que la nube no apareció y el hombre tuvo que adorar en plena luz del Sol. Fue a hablar con su madre para ver si podía averiguar la causa de tal estado de cosas. Este es el diálogo que mantuvieron:

-Habrás cometido alguna falta.

El hijo le contestó:

No. No lo creo. ¿Has observado los cielos, las flores? ¿Acaso has dejado de contemplar el Esplendor de Allah a pesar de tenerlo delante?

El hombre confesó:

Sí, es verdad. Dejé de contemplarlo a pesar de tener todas estas maravillas a la vista.

¿Crees que existe una falta mayor que ésa? Debes arrepentirte inmediatamente.

Un creyente jamás puede fallar en su obligación de contemplar las maravillas que tiene a su alrededor. Cuanto más aprendamos de la grandeza de la Obra de Arte del Todopoderoso y más la contemplemos, más cerca estaremos de Su Gloria y Majestad, y más cerca también de la Verdad. Ali, qué Allah esté satisfecho con él, dijo en una ocasión:

Aumentar el conocimiento del Qur’an junto con el conocimiento de los cielos, aumenta nuestra fe y nuestra certeza. Después citó el siguiente texto del Qur’an:

“Verdaderamente en la sucesión de la noche y el día y en lo que Allah ha creado en el cielo y en la tierra hay signos para gente que temen (a Allah).” (Yunus, 10:6)

Cada criatura creada por Allah tiene un objetivo específico dentro del Orden Divino. Hasta ahora, el hombre ha podido averiguar solamente algunos de estos objetivos. Los ejemplos de la sabiduría todavía sin descubrir y comprender son más numerosos que los que han sido estudiados.

Sabemos lo que es sonido porque tenemos órganos que lo perciben, que son nuestros oídos. Sabemos lo que es el color gracias a los ojos de los que disponemos. Puede ser que no podamos conocer todas las incontables manifestaciones Divinas en este infinito reino existencial debido a que carecemos de los órganos adecuados de percepción.

¿Cómo puede el hombre comprender a Allah, glorificado sea, cuando, restringido por el limitado poder de la razón, no es capaz de abarcar a todas las criaturas y sus características específicas?

Los sabios Musulmanes, que han logrado percibir un pequeño destello del Esplendor de Allah y de la manifestación de Sus Atributos, han tenido que reconocer con asombro y humildad:

Comprenderle significa comprender que no puede ser comprendido.

Es así porque los seres creados no reflejan ni manifiestan la Realidad Esencial de Allah. Toda la Creación de Allah, glorificado sea, se caracteriza por la combinación de los Atributos Divinos. El hecho de que no exista un solo espacio que pueda soportar la Manifestación Esencial de Allah, alabado sea, se desprende de la respuesta Divina que recibió Musa, paz sobre él, cuando le pidió al Todopoderoso que le permitiera verle:  “nunca Me verás”.

No pudo ser y quedó fulminado, perdiendo el conocimiento, ya que el hombre está limitado por su insuficiencia en su comprensión de la realidad de los Atributos de Allah, y mucho más de Su Realidad Esencial. Lo comenta de la siguiente manera Necip Fâzıl:

Los átomos festivos, adornados,Rodeados de luz por todos los lados,Una arquitectura entrelazada sobre sí misma,Te identifico, Señor, el Famoso No-Identificado.

La atmósfera

El aire que rodea a la Tierra contiene numerosos secretos. En él subyace una profunda sabiduría. Las nubes que aparecen de repente en el cielo, la brisa que lo atraviesa, a veces suave, a veces más fuerte, los ruidosos relámpagos, el sonido de la lluvia, la nieve que cae silenciosamente –cada uno de ellos es una fabulosa manifestación que tiene lugar según una medida específica. El Noble Qur’an nos exhorta a que contemplemos las manifestaciones que tienen lugar entre la Tierra y los cielos como las pruebas que confirman el Poder de Allah:

“Ciertamente en la creación de los cielos y de la tierra, en la sucesión de la noche y el día, en la nave que navega en el mar y de la que los hombres se beneficien, en el agua que Allah hace descender del cielo con la que vivifica la tierra después de haber estado muerta, en cómo se han diseminado por ella toda clase ce criaturas y en el cambio de dirección de los vientos y de las nubes sometidas entre el cielo y la tierra, hay signos para una gente que entienda.” (al-Baqarah, 2:164)

La atmósfera que abraza amorosamente a la Tierra es una de las maravillas del Todopoderoso, fuente de incontables beneficios par la humanidad. El 77 % es nitrógeno, el 21 % es oxígeno y el 1 % una combinación de dióxido de carbono, argón y de otros gases. El oxígeno es muy inflamable. Se calcula que el aumento de una centésima por encima de ese 21 % real aumentaría la probabilidad de que se produjera un incendio causado por un relámpago en un 70 %. Por otro lado, si su cantidad excediese el 25 %, sería más que suficiente para que la mayoría de las verduras que consumimos quedasen abrasadas.

En otro orden de cosas –a pesar del uso constante del oxígeno y del dióxido de carbono, su proporción en el aire es siempre la misma. Los hombres y los animales que viven sobre la Tierra habrían acabado en muy poco tiempo con el oxígeno, transformándolo en dióxido de carbono.

Sin embargo, por Su Poder y Grandeza, Allah también ha creado la vegetación, dándole la capacidad de procesar el dióxido de carbono y de transformarlo en oxígeno, le ha dado al Universo un magnífico equilibrio y una vida que no cesa. La corteza de la Tierra ha sido creada en base a una medida tan exacta que si fuera un poco más gruesa habría absorbido todo el dióxido de carbono y el oxígeno, acabando con la vegetación. El oxígeno tiene una importancia vital para las funciones bioquímicas que realiza nuestro cuerpo en todo momento. Constantemente inhalamos el aire por medio de los pulmones para luego exhalar ese mismo aire.

El hecho de que haga falta una adecuada cantidad de oxígeno en la atmósfera para que se mantenga correctamente el ciclo de inhalación-exhalación, muestra que no se puede hablar de coincidencia. Allah, alabado sea, al hacer que nuestros cuerpos dependan del oxígeno, nos ha provisto, a la vez, de abundantes reservas de este elemento de primera necesidad.

Y no solamente eso, también ha hecho que exista en el aire en la proporción idónea. Cada respiro nuestro es, por lo tanto, un complejo y significativo ejercicio, al tiempo que un excepcional don Divino. Cuando viajamos en los modernos aviones de hoy, justo antes de despegar se nos advierte de que en caso de una caída de presión en la cabina nos pongamos las mascarillas de oxígeno que se desplegarán automáticamente.

Y sin embargo, en la vida cotidiana, nunca nos paramos a pensar que haría falta ir corriendo a conseguir unas mascarillas en caso de que la cantidad del oxígeno en el aire aumentase hasta, por ejemplo, un 25% o cayese hasta el 18%. Creyente o no, todo el mundo depende plenamente del Orden Divino. La vida sería insoportable si tuviéramos que pensar en todos los posibles factores de peligro.

El aire es como un espejo que ilumina nuestro entorno. La luz no puede viajar sin entrar en contacto con la materia. La que choca con una partícula se desparrama, como un fuego artificial, en forma de luz y calor. Dado que en el espacio, fuera de la atmósfera, no existen partículas tales como las moléculas o los átomos, no existe allí luz a pesar de que llega constantemente la del Sol. La Luna, por ejemplo, que carece de atmósfera, no tiene una capa de gas que pueda dispersar la luz solar que llega hasta ella, iluminando el entorno.

Por esa razón, mientras la superficie de la Luna está iluminada, la parte superior permanece siempre oscura, y eso a pesar de recibir una luz abundante. Estas maravillosas manifestaciones constituyen pruebas claras de que la Tierra ha sido creada con un claro propósito –preparar la llegada de la vida, siendo este delicado equilibrio una excepcional bendición que el Todopoderoso ha otorgado a Sus siervos a la vez que prueba Su existencia y Poder sin límite. El hecho de que cada elemento del Universo se mueva según el premeditado Programa Divino, y de que todo a nuestro alrededor manifieste este Programa, su medida y orden, indica que debe existir necesariamente un Poder planificador que ordene, mida y planifique este asombroso equilibrio.

Por ello, las afirmaciones de los ateos de que la vida y el Universo son el producto de la casualidad, constituyen un ridículo sinsentido. İsmail Fennî Ertuğrul (1855-1946) lo comenta de la siguiente manera:

Al apreciar la razón, en cualquier circunstancia, medida y orden, debe inferir necesariamente la existencia de un poder que los ejecuta y ordena.

Imagínate que tienes un jardín en el que tu jardinero ha plantado varias especies vegetales. Un día, ves que algunos brotes han sido arrancados desordenadamente, aquí y allá.

Le preguntas al jardinero y éste te informa que la causa de tal suceso fue una tormenta. Aceptas su explicación. Un tiempo después vuelves a inspeccionar tu jardín y ves los brotes; esta vez, han sido arrancados según un patrón preciso.

Ves, por ejemplo, que cada cinco brotes en cada hilera yace uno en el suelo, mientras que los otros cuatro permanecen intactos. Este patrón lo puedes apreciar en todo el jardín. De nuevo le preguntas al jardinero, y él de nuevo te informa que ha sido una tormenta. ¿Le creerás? Por supuesto que no. Más bien pensarás en la acción maliciosa de alguien. Aunque el primer caso se podría explicar por la casualidad, el segundo no, ya que han obrado en él el cálculo y la medida. Nadie en sus trece puede disputar el hecho de que el Universo mantiene su existencia debido a un meticuloso cálculo y al más sofisticado equilibrio. Mencionemos algunos de los elementos de este equilibrio.

La presión atmosférica

Los gases de los que se compone la atmósfera ejercen una presión de aproximadamente 1 kg. por cada cm cuadrado (14,22 libras por una pulgada cuadrada). Es decir, el cuerpo humano está en todo momento bajo la presión de 15 toneladas de peso. Allah, glorificado sea, también en este caso planificó un exquisito equilibrio. Sin importar la presión exterior, nuestros cuerpos tan sólo soportan la presión aplicable a ellos. La diferencia drástica en la presión atmosférica se manifiesta, por ejemplo, en el sangrar de la nariz, cuando la persona ha ascendido a considerables alturas. Por su parte, los astronautas que se encuentran fuera de la atmósfera solamente pueden funcionar llevando uniformes con la presión incorporada.

La armonía entre el frío y el calor

La capacidad de retención del calor de las moléculas de dióxido de carbono y las de vapor dispersas en el aire, ayuda a mantener una perfecta armonía. Al absorber parte de los rayos de la luz solar durante el día, estas moléculas evitan un exceso de calor. Cuando llega la noche y la luz del Sol desaparece, estas moléculas siguen reteniendo el calor como si fueran invernaderos. La Luna, que carece de este tipo de protección, queda abrasada por el excesivo calor durante el día, y helada durante la noche.

Los vientos

En cuanto al propósito relacionado con el calor, presión, nivel de humedad y otros fenómenos, podemos dividir a la atmósfera en diferentes estratos. La troposfera, el primero de ellos, hace posible la lluvia, la nieve y el viento. Este estrato tiene una altura de casi 16 km. (10 millas), desde la superficie de la tierra, y su temperatura gradualmente baja hasta -56ºC (-74ºF). Este estrato alberga un ciclo natural infalible.

Dado que el eje de la Tierra tiene una ligera inclinación, no es solamente la región ecuatorial la que recibe los rayos del Sol en trayectoria directa. Este hecho facilita la distribución del calor hacia la región tropical. Dadas las temperaturas de estas regiones, que son más altas, se acumula allí el calor, lo cual hace posible el mantenimiento de la fuerza y energía necesarias para la generación de los vientos.

Millones de toneladas de agua evaporadas de los mares y océanos se elevan tranquilamente en el aire. Desde allí, los vientos las llevan hacia las tierras que necesitan el agua. Como consecuencia de este proceso cíclico ejecutado a la perfección, todas las tierras, no solamente las húmedas, reciben su parte de lluvia. El perfecto movimiento de la atmósfera facilita el traslado del calor. Con la ayuda de los sistemas de presión baja y alta desde el norte hacia el sur y de las corrientes, el aire frío del norte se traslada al sur, mientras que el del sur se eleva hacia el norte. El hecho de que el Sol suministre a la Tierra diferentes intensidades de calor ayuda a las masas atmosféricas a calentarse a diferentes niveles.

El aire caliente, siguiendo el mandato Divino, se eleva inmediatamente. De esta manera se forman fuentes activas de aire, conocidas como centros de baja presión en climas calurosos, y de alta en climas fríos. En consecuencia, las pequeñas partículas de aire se ponen en movimiento en forma de viento, y por medio de ellas se esparcen a sus lugares de destino la humedad, el calor, la presión y la energía que se encuentran en el aire, a la vez que el polen necesario para la reproducción de las plantas. El Noble Qur’an afirma:

“Y enviamos los vientos fecundadores, hacemos que caiga agua del cielo y con ella os damos de beber pero vosotros no tenéis sus depósitos.” (al-Hiyr, 15:22)

Los vientos, igual que los otros elementos de la Creación, están sometidos plenamente al dominio del Todopoderoso. Es una bendición de nuestro Señor, pero también puede llegar a ser una manifestación de su ira destructiva cuando así lo decrete. Una ilustración de este hecho la encontramos en la descripción de cómo fueron destruidos los Ad:

“Y enviamos contra ellos un viento helado en un día nefasto y sin fin. Se llevaba a los hombres como palmeras arrancadas de cuajo.” (al-Qamar, 54:19-20)

Otros beneficios del aire

Aparte de transportar en sus beneficiosas espaldas millones de toneladas de agua, el aire también lleva aviones cargados de cientos de pasajeros. Distribuye la luz y el calor. Trae, hacia nuestros oídos, los sonidos y frecuencias de cientos de ondas, de las cuales los teléfonos móviles pueden ser, quizás, el ejemplo más notable.

También nos trae todo tipo de olores y fragancias, sin mezclarlas. Si no fuera por la atmósfera, no podríamos comunicarnos con alguien que tuviéramos en frente ni tampoco producir luz para ver lo que tenemos a nuestro alrededor en el momento de apretar el interruptor. Al circular por nuestros pulmones, el aire realiza una tarea vital para nosotros. Solamente lo que acabamos de comentar sería suficiente para que los creyentes pudieran vislumbrar la infinita Gloria, Poder y Misericordia de Allah, glorificado sea.

Un filtro Divino

El estrato por encima de la troposfera, que alcanza una altura de 50 km. (31 millas) desde la superficie de la tierra, se llama estratosfera. La estratosfera protege a la Tierra del exceso de energía. Encontramos allí la capa de ozono que funciona como el filtro de los aspectos dañinos de los rayos solares. Los rayos ultravioleta emitidos por el Sol retrasan el crecimiento de las plantas, son la causa del cáncer de piel en los seres humanos, dañan los ojos y favorecen la transmisión de enfermedades contagiosas.

Lo que hace la estratosfera es, en el proceso de una impecable reacción química, captar los rayos ultravioleta que llegan desde el Sol, reflejarlos e inmediatamente transformarlos en oxígeno. De hecho, el ozono es tan peligroso que solamente el 1/200 de un gramo sería suficiente para matar a una persona. Es un magnífico ejemplo de la misericordia del Todopoderoso, Quien hizo del estrato de ese veneno un filtro que funciona como un elemento que mantiene el equilibrio climático, aparte de prevenir el efecto de los rayos ultravioleta que sería mortal para los seres humanos.

Un techo protector

El estrato que se extiende hasta los 80 km. (49,7 millas) desde la superficie de la Tierra es conocido como la capa media de la atmósfera y se llama mesosfera. Su función es la de proteger la Tierra de los impactos de los meteoritos. Una vez pasados los obstáculos de Júpiter, Saturno y la Luna, los meteoros son captados por la fuerza gravitatoria de la Tierra, entrando en la atmósfera a una velocidad inimaginable.

Lo que comúnmente llamamos ‘estrella fugaz’ es de hecho un meteorito que ha entrado en contacto con la atmósfera y se ha convertido en polvo en la mesosfera. Si esa capa protectora no envolviese la Tierra, o si fuese una fracción más fina, millones de meteoritos habrían alcanzado la Tierra, sembrando la destrucción, y llenando su superficie de impactos, de la misma forma que ha ocurrido en la Luna. Por la misericordia de Allah, alabado sea, estos gigantescos proyectiles se convierten en polvo antes de llegar a la superficie terrestre. Poco después, cada partícula de este polvo se convierte en el núcleo de una pequeña gota de lluvia.

La formación de las nubes depende de la combinación de diminutas partículas de polvo terrestre y espacial. Más aún, hace falta que estas partículas lleguen a los niveles más altos de la atmósfera. Los vientos húmedos que soplan allí dan la intensidad a los núcleos, formando una partícula de la nube. Según un plan físico y matemático, estas partículas, a su vez, se convierten en pequeñas gotas de agua que caen sobre la Tierra en forma de lluvia.

Mucho antes de que supiésemos algo sobre la atmósfera, el Todopoderoso, el Dueño de la Tierra y de los Cielos, ha dicho:

“E hicimos del cielo un techo protegido. Sin embargo ellos se apartan de Sus signos.” (al-Anbiya, 21:32)

Las ondas de radio

La capa de la atmósfera que empieza a los 500 km. (310 millas) desde la superficie de la Tierra y llega hasta los 1.000 km. se llama ionosfera. Allí, los átomos y las moléculas no se descargan sino que se ionizan, es decir se cargan de electricidad al capturar o perder electrones. Como consecuencia de su ionización por medio de la absorción de los rayos solares de gran energía, el calor en esta capa puede llegar a los 2.000ºC. Para la atmósfera, la ionosfera es como un espejo construido de iones.

Las ondas electromagnéticas literalmente bombardean este espejo y se elevan en el espacio de modo que algunas de ellas vuelven a reflejarse en la Tierra. Estas ondas reflejadas llegan a todos los rincones de nuestro planeta, haciendo posible, y relativamente fácil, la transmisión por radio. Como podemos ver, Allah, glorificado sea, ha hecho de la Tierra, que es un cuerpo gigantesco que navega en el oscuro espacio exterior a una velocidad inimaginable, un agradable hogar lleno de vida y provisto de la temperatura ideal.

Ni una gota de lluvia cae innecesariamente o sin razón, ni un soplo de brisa se mueve sin que sea necesario. Cada elemento de la Creación, pequeño o grande, es un ejemplo de la Divina Maestría, y una muestra de la inmensa sabiduría que contiene. El Todopoderoso ha dicho:

“¿Es que no veis que Allah os ha subordinado todo lo que hay en los cielos y en la tierra y os ha colmado de Su favor tanto externa como internamente? Hay hombres que discuten sobre Allah sin ningún conocimiento ni guía ni Libro luminoso.” (Luqman, 31:20)

Qué gran bendición es poder leer las páginas del Libro del Universo, llenas de sabiduría y verdad, y entenderlas para luego sumergirnos en su profunda contemplación.

Nubes, lluvia y nieve

Piensa por un momento en las nubes, esos buques gigantes que surcan los cielos. Una de sus funciones es proteger la Tierra del exceso de calor. Cuando aumenta la temperatura, el agua se evapora más rápidamente, generando más nubes. Los rayos del Sol rebotan entonces en la misma dirección en la que vinieron, ayudando de esta manera a preservar el equilibrio calórico de la Tierra. Allah, el Más Compasivo, envía a las nubes como los heraldos de las lluvias.

Los vientos, según el Mandato Divino, mueven las montañas de nubes y las dirigen hacia sus lugares de destino. El Todopoderoso, que distribuye las nubes en el cielo según Su Plan, y las apiña unas alrededor de otras, extrae entonces las gotas de su interior en forma de lluvia, haciendo que crezcan con su ayuda en la Tierra frutos de todo tipo. Nos avisa que de esa misma manera serán resucitados los muertos, y espera que tomemos nota de tan trascendental noticia.

El Todopoderoso otorga Su Misericordia a quien quiere. Los que más se regocijan por la lluvia son los que sufren la sequía. Su desesperación se convierte, en un instante, en regocijo. Es así porque el Todopoderoso es

“Quien hace que caiga la lluvia cuando ellos ya han perdido la esperanza y hace que Su Misericordia se manifieste. Y Él es el Amigo, el Digno de Alabanza.” (al-Shura, 42:28)

El Todopoderoso a veces hace que la sequía y otras veces la lluvia o el granizo sean formas de castigo para Sus siervos rebeldes, golpeando a quien quiere y protegiendo a quien ha perdonado. En otras palabras, adhiere la relación entre los cielos y la Tierra al comportamiento humano y el mundo interior del hombre. La lluvia la envía el Todopoderoso en forma de gotas. Cada una de ellas tiene su propio curso, y no se mezcla con las demás. Cada una de ellas cae en su lugar preciso, sin desviarse lo más mínimo. No se retrasa ni tampoco se da prisa para adelantar a la gota anterior a ella.

Incluso si todos los hombres y todos los yinn uniesen sus fuerzas para hacer una gota de agua, o intentasen simplemente contar las gotas que caen en un determinado lugar en un momento determinado, no podrían hacerlo. Solamente su Creador conoce el número exacto. Tenemos otro ejemplo de la sabiduría inconmensurable del Creador en las gotas heladas del granizo y en los copos de nieve que caen como si fueran trocitos de algodón; y en ambos casos se trata de diferentes formas de agua.

¿Quién eleva las gotas de la lluvia y de la nieve que caen al suelo y se desparraman por las ramas más elevadas de los árboles? El agua está distribuida por toda la superficie de cada hoja, y sin embargo es invisible. A través de las venas capilares cada milímetro de una hoja, y de todo el árbol después, recibe su parte de agua. ¿Cómo es posible que el agua, que se supone que fluye hacia abajo, encuentre el medio de subir hasta la cima del árbol?

Si las gotas de agua cayesen siguiendo las leyes de la gravedad, cada una de ellas sería atraída hacia la superficie de la Tierra a la velocidad de una bala, lo cual significaría que los seres humanos quedarían eliminados por estas “balas de agua”.

Sin embargo, cada gota de lluvia cae en la tierra a una velocidad determinada, despacio, sin causar a nadie el más mínimo daño. Formada pues según una medida específica, el agua adquiere la forma de pequeñas gotas de lluvia, y por medio de la fuerza transportadora del aire y de la fluidez de las gotas, queda equilibrada la fuerza de gravedad, lo cual permite que las gotas caigan sobre el suelo a una velocidad constante. Esto mismo debería bastar a los que miran con sabiduría y aprecian lo magnifico que es el Orden Divino en el que vivimos, y que podemos apreciar en todos los aspectos de la Creación.

Y de la misma forma, debería bastarles para que pudieran apreciar el infinito Conocimiento, Poder y Sabiduría del Todopoderoso, por medio de la observación.

Contemplando el suelo

Los siervos rectamente guiados contemplan profundamente los signos que les rodean. Se familiarizan con el lenguaje de las flores, de los pájaros y de los árboles frutales, consiguiendo que su vida espiritual refleje la elegancia y belleza que ven. Adquieren un espíritu fragante como el de las flores, y generoso como el de los árboles cargados de frutos. Son los agraciados a los que Allah, glorificado sea, alaba en el Noble Qur’an.

El Todopoderoso ha adornado la superficie de la Tierra de la mejor manera y ha hecho que sea acogedora para las necesidades del hombre. Al poner en ella caminos y pasos montañosos ha hecho que sea posible y llevadero viajar por ella. El Noble Qur’an afirma:

“Él ha hecho para vosotros de la Tierra un lecho y del cielo un techo, y hace caer agua del cielo y que gracias a ella broten frutos, que son para vosotros provisión. Así pues, no atribuyáis iguales a Allah una vez que sabéis.” (al-Baqarah, 2:22)

“¿Acaso no hemos hecho de la tierra un lecho, hemos puesto las montañas como estacas?” (an-Naba,78:6-7)

“El es Quien ha hecho la tierra dócil para vosotros, caminad pues por sus confines y comed de Su provisión. A Él es el retorno.” (al-Mulk, 67:15)

Allah, glorificado sea, ha hablado en su Sagrado Libro del suelo terrestre para que los hombres puedan reflexionar sobre la sabiduría que contiene. Lo que está por encima de él es para los vivos, y lo que hay por debajo de él –para los muertos. El Todopoderoso dice: “¿Acaso no hemos hecho de la Tierra un lugar común para vivos y muertos?” (al-Mursalat, 77:25-26)

Mira cuidadosamente la tierra cuando está reseca. Parece que está muerta y, sin embargo, cuando recibe el agua del cielo, vuelve a la vida y recobra su verdor; produce plantas multi-colores; desde su interior surgen incontables formas de vida. Ahora toma nota de cómo el Todopoderoso reforzó el suelo con las poderosas montañas. Piensa en cómo ha almacenado debajo de ellas reservas de agua; cómo hace surgir de ellas fuentes que luego forman grandes ríos; cómo produce agua dulce y pura de una roca seca y barro enturbiado; cómo hace que esta agua de vida a todo cuanto toca.

Por medio de esta agua hace crecer el trigo, los viñedos, los olivos, las palmeras, los árboles frutales e incontables especies más. Cada una tiene una forma, un color, un sabor y un aroma diferentes; cada una de ellas es portadora de una belleza específica, que produce en quienes las observan un placer determinado. Algunas superan a otras en cuanto a su valor nutritivo, pero todas han sido regadas por la misma agua que ha surgido del mismo suelo.

Las plantas

Una vez que la semilla cae al suelo y entra en contacto con la humedad que éste alberga, empieza a desarrollar tanto su parte superior como la inferior. De su parte superior surge un árbol, y de la inferior la raíz que comenzará rápidamente a extenderse por la tierra. Es un espectáculo asombroso pues aunque la semilla tiene una única naturaleza, es una sola unidad, da origen a dos partes diferentes, una que se desarrolla hacia arriba, y otra que lo hace hacia abajo.

Este hecho se debe claramente a la Voluntad y el Decreto del Creador Único, Quien da muestras de Su sabiduría en todos Sus actos. Una parte del árbol que emergió de esta semilla se convierte en madera y la otra en hojas. Más adelante, algunas partes formarán flores que luego se convertirán en frutos tan beneficiosos para el cuerpo humano. De nuevo podemos decir que una simple fruta contiene numerosas características. Mientras que las semillas que encontramos en la uva son frescas y secas, su parte carnosa es caliente y jugosa.

El hecho que la fruta, que proviene de una única semilla, contenga características tan diferentes es, sin duda alguna, la obra de un Creador infinitamente poderoso y sabio. Allah, glorificado sea, ha hecho que la vegetación sea una farmacia con numerosas medicinas para todo tipo de enfermedades. Algunas plantas curan, otras nutren, y aún otras vigorizan el cuerpo.

De la misma forma, ciertos tipos de estas plantas contienen poderosísimos venenos que pueden matar si se ingieren inadecuadamente. Una vez consumida, la planta se transforma en un elemento muy diferente. Muchas tienen la capacidad de purificar la sangre. Otras son energéticas. Otras calman, e incluso tienen un efecto somnífero. ¿No es acaso asombroso que por medio de las plantas el agua y el ácido de carbono se transformen en azúcar y madera, emitiendo oxígeno que utilizamos para respirar? No existe ni una hoja, ni una brizna de hierba que no tenga beneficios para el hombre, muchos de ellos todavía desconocidos para él. Por otra parte, la variedad de colores, olores, sabores y hojas de formas tan diversas que caracterizan a estas modestas plantas es tan asombrosa que ningún químico se atrevería a imitarlas.

La armonía y el orden que prevalecen durante el crecimiento de las plantas es otra de las manifestaciones de la Majestad Divina. Un simple árbol, por ejemplo, produce millones de semillas cada año. Para que puedan esparcirse por su entorno, estas semillas están provistas de medios de locomoción; por ejemplo, transparentes paracaídas que hacen posible que el viento las lleve a lugares muy remotos. Si todas las semillas lograsen prosperar hasta convertirse en un árbol, no habría en el mundo sitio para nada más.

La Tierra entera no bastaría para albergar a una sola especie de árbol. Lo mismo podemos decir de cualquier otro ser viviente. Hace años, en Australia, se empezó a utilizar para los setos una especie de planta llamada kakito. Debido al hecho de que en Australia no había insectos u otro tipo de animales que la comiesen, la planta empezó a proliferar hasta el punto que llegó a cubrir áreas del tamaño de Inglaterra, destruyendo el resto de la vegetación.

Finalmente, los habitantes de aquellas regiones se desplazaron a otros lugares, dejando tras de sí pueblos fantasmas. Después de muchos esfuerzos y de una exhaustiva búsqueda, los científicos descubrieron un insecto que solamente se alimentaba de kakito y además no tenía enemigos ni entre la fauna ni entre la flora australiana. Como era de esperar, el insecto acabó con kakito en un corto periodo de tiempo.

Hoy, los kakitos solamente sobreviven en una parte determinada del país, y están lejos de suponer un peligro. En cuanto a los insectos que fueron importados para luchar contra estas plantas, solamente han sobrevivido los suficientes para mantener a raya a los kakitos que aún quedan.

Este caso nos muestra claramente que existe en todo el Universo un desconcertante, y a la vez armonioso, equilibrio ecológico. Ninguna mente sana podría, por lo tanto, desafiar la existencia de un Poder capaz de prevenir que especies de plantas y animales crezcan en exceso, convirtiéndose en una plaga. Otra maravilla que contemplamos diariamente la constituye el hecho de cómo surgen del suelo millones de plantas y frutos diferentes.

Nuestro Señor, el Razzak, el Proveedor Absoluto, ha preparado diferentes provisiones para diferentes especies. Un ser humano, por ejemplo, no puede comer lo mismo que come una oveja, y viceversa. Las provisiones, como vemos, se distribuyen entre la Creación según un equilibrio muy delicado. La cita del Qur’an que viene a continuación, y que nos habla del Poder que provee y distribuye, es muy significativa:

“¿Y a cuántos animales que no llevan consigo provisión, Allah los provee, al igual que hace con vosotros? Él es Quien oye y Quien sabe.” (al-Ankabut, 29:60)

Pensemos en las grandes manifestaciones de la Misericordia Divina, según la cual unos seres vivos aseguran la supervivencia de otros, hasta el punto que un pájaro alimenta a otro que está herido llevándole al pico pedacitos de comida. El hecho de que incontables provisiones Divinas hayan existido sin interrupción desde el principio del mundo y sin descuidar ni a un solo ser vivo, fenómeno éste que continúa manifestándose mientras estamos hablando de ello, es otra de las pruebas irrefutables de la existencia de un Creador-Planificador, de poder y sabiduría inconmensurables.

Tres cuartas partes de la superficie terrestre están cubiertas por el agua. La mayor parte de la superficie restante son desiertos y terrenos rocosos carentes de vegetación. Solamente una parte de lo que queda es tierra fértil, pero por el Poder de Allah, glorificado sea, y por medio de constantes metamorfosis, esta tierra es la fuente de alimentación para todos los seres vivos.

Los vastos mares

El agua cubre tres cuartas partes de la superficie de la Tierra. Debido a ello, ni las heladas de los Polos Norte y Sur, ni el abrasador calor tropical, logran afectar a la Tierra. Su superficie, calentada durante el día por los rayos solares, irradia este calor igual que lo haría un radiador. En cuanto a los mares, estos, a pesar de estar recibiendo millones de calorías de la luz solar, solamente se calientan hasta un cierto grado, y una vez calentados, no pierden fácilmente el calor.

De esta manera, funcionan como reguladores térmicos, actuando como termóstatos para el exceso del calor o del frío. Esta es la razón de que su superficie sea mucho mayor que la de la tierra firme. De la misma manera, su vaporización contribuye al suministro de agua para todas las tierras firmes. Si fuera su superficie más pequeña, habría mucha menos vaporización y esto podría causar una continuada sequía que, a la larga, llevaría a la desertización de toda la tierra.

La flora y la fauna marítima tienen la misma importancia para el hombre que la terrestre. Por otra parte, los mares le suministran al hombre muchos tipos de adornos, como perlas y corales, que tanto valor tienen par él.

El agua

La supervivencia de la humanidad en la Tierra depende del agua. Una persona que estuviera desesperadamente sedienta, no duraría ni un segundo en cambiar todos los tesoros de la Tierra por un vaso de agua fresca; y los mismos tesoros daría para poder evacuar este agua de su cuerpo. El hombre no deja de ser causa de asombro. ¿Cómo puede dar tanta importancia al oro y a la plata y olvidarse por completo de las enormes bendiciones que el Todopoderoso ha puesto en un simple vaso de agua?

No hace falte mucho tiempo para que alguien que contempla de forma adecuada toda esta sabiduría se de cuenta del hecho de que la supervivencia de todos los seres vivos de la Tierra depende de la protección, conocimiento y poder de su Creador, ya que su hábitat es realmente algo perfecto, maravilloso, algo que ellos mismos de ninguna manera podrían mantener. Por ello, ni la razón ni la consciencia deberían rebelarse contra Allah, glorificado sea, el Creador y el Regulador del Universo.

La sabiduría en el reino animal

Mirando atentamente, y viendo las increíbles particularidades de los pájaros que surcan los cielos, de los animales –tanto los domésticos como los salvajes, de los diminutos, y casi invisibles, insectos, nos quedamos atónitos ante el Esplendor, Poder y Sabiduría del Todopoderoso. De hecho, queda fuera de nuestro poder de comprensión su capacidad y la perfección con la que desarrollan sus funciones.

Los animales, de tan diversas formas y naturalezas, nos proveen de pieles, carne y leche. Allah, glorificado sea, le ha dado a cada especie una piel específica que les protege del frío, unas uñas especiales que protegen sus patas, y muchas otras características que les ayudan a vivir y a adaptarse a su medio. Por ejemplo, las mariposas, otra de las maravillas Divinas, que aletean ante nosotros y despliegan su increíble colorido, nos muestran con el lenguaje de sus cuerpos, y a pesar de que sus vidas no duran más de dos semanas, numerosos misterios de la Creación.

El Noble Qur’an llama nuestra atención para que observemos atentamente al camello, invitándonos a que pensemos en cómo ha sido creado:

“¿Es que no se han fijado en los camellos y cómo han sido creados? ¿Y en el cielo y cómo ha sido elevado? ¿Y en las montañas y cómo han sido eregidas? ¿Y en la tierra y cómo ha sido extendida? Así pues, llama al Recuerdo, pues sólo eres alguien que despierta el recuerdo.” (al-Ghashiya, 88:17-21)

Así, las manifestaciones del Esplendor Divino estimulan la observación de la estructura de los animales y de otros organismos. El Todopoderoso ha provisto a todos los seres vivos con las características que hacen posible que produzcan cosas diferentes, a pesar de que ingieren la misma comida.

Por ejemplo, el ganado o las ovejas que comen hojas de una morera producirán carne, leche y lana. Sin embargo, el peque- ño gusano de seda produce de las mismas hojas, hilos de seda. La capacidad con la que la abeja produce la miel del polen es absolutamente asombrosa. Mientras un animal es capaz de transformar la hierba en carne y leche, el hombre, lo más elevado de la Creación, jamás produciría una gota de leche, aunque utilizase toneladas de esa misma hierba, e incluso si se lo propusiese utilizando los laboratorios más sofisticados. El Todopoderoso nos dice:

“Y por cierto que en los animales de rebaño tenéis un ejemplo. Os damos de beber de lo que hay en sus vientres, entre quimo y sangre: una leche pura, fácil de ingerir para quien la bebe.” (an-Nahl, 16:66)

La abeja

Allah, glorificado sea, ha dicho:

“Y tu Señor le inspiró a la abeja: Toma en las montañas morada y en los árboles y en lo que construyen. Luego, come de todo tipo de frutos y ve por los senderos de tu Señor dócilmente. De su vientre sale un jarabe de color diverso que contiene una cura para los hombres.” (an-Nahl, 16:68-69)

El Profeta, qué Allah le bendiga y le de la paz, ha dicho:

Un creyente es como una abeja. Come lo que es puro, produce lo que es puro, está en lugares puros y allí donde reside no rompe nada ni daña. (Ahmad, II, 199; Hakim, I, 147)

Mencionando las características del creyente, el Profeta, qué Allah le bendiga y le de la paz, alaba a la vez a la abeja y la Sabiduría que la ha creado. Husein Kashifi comenta:

Los creyentes que contemplan saben que Allah, el Omnipotente y Omnisciente, ha creado a la frágil abeja según un conocimiento sin par

La abeja obedece y nunca se desvía de su camino. Come tanto lo dulce como lo amargo de los frutos, y luego produce una miel dulce.

Es tan obediente que no come más que lo puro y nunca deja de obedecer el mandato del Todopoderoso.

Es leal –viaja a lugares muy remotos pero siempre vuelve a su casa. Es tan hábil que ni siquiera los arquitectos e ingenieros podrían imitar sus construcciones.

En la miel que produce hay propiedades medicinales para el cuerpo, y su contemplación es una cura para la ignorancia, que es una enfermedad del corazón.

La maravilla del instinto En la siguiente cita, İsmail Fennî Ertugrul recalca cómo los animales viven siguiendo el Programa Divino, llamado subconsciencia o instinto:

Los animales saben, sin que nadie les haya ense- ñado nunca, todo lo necesario para sobrevivir, cuidar de su descendencia y reconocer la comida que les es beneficiosa. Las aves migratorias se reúnen en un día determinado antes de empezar la migración. Las abejas tienen la habilidad de determinar el sexo de las larvas por medio del cambio de comida. De esta manera pueden hacer que una larva se convierta en la reina en caso de necesidad.

El avispón inutiliza a los saltamontes para alimentar a sus crías. Primero cava un agujero en la tierra y luego le clava el aguijón al saltamontes de tal manera que éste pierde el conocimiento pero no muere. A continuación, el avispón pone los huevos al lado del agujero en el que se encuentra el saltamontes. Cuando los pequeños salen de los huevos se alimentan de su carne fresca.

En cuanto al avispón, vuela hacia algún lugar remoto, lejos de los recién nacidos, y muere. Este comportamiento no tiene explicación en términos de adaptación o entrenamiento. Proviene del conocimiento transmitido por el Todopoderoso. Después de haber pasado años en el mar, el salmón vuelve a sus aguas nativas –el río.

Más aún, vuelve al lugar exacto de su nacimiento, la parte donde el riachuelo entra en el río. ¿Quién se lo enseñó? Si le pusiéramos en algún otro riachuelo que desembocase en el mismo mar, inmediatamente se daría cuenta de ello y volvería, contra corriente, a su origen. Aún más misteriosa es la anguila. Cuando se acerca la temporada de incubar, estas asombrosas criaturas abandonan los ríos y lagos del mundo y se dirigen, desde distancias a veces increíbles, hacia loshoyos que se encuentran cerca de las Islas Bermudas, donde ponen los huevos y mueren.

Las anguilas recién nacidas, y que por lo tanto podríamos suponer que no saben nada de nada, abandonan los hoyos en los que han nacido y se dirigen sin demora y sin pausa hacia los lugares exactos de los que habían venido sus padres, por muy lejanos que sean. No se ha observado la presencia de una anguila de origen americano en las aguas europeas, y viceversa. Más aún, debido a que las europeas son las que más tienen que viajar, Allah, glorificado sea, hizo que su vida fuese un año más larga que la de las demás especies de anguilas. ¿Podemos explicar esa increíble orientación suya sin hacer mención a un Creador Omnisciente?

Las asombrosas características de estos animales muestran que ni su vida ni su comportamiento están basados en una coincidencia o casualidad, sino que siguen un plan y un programa diseñado por el Poder que los ha creado. Una de las pruebas más claras de la Existencia, del Poder y Esplendor de nuestro Señor es el hecho de que incluso los animales son guiados por una consciencia superior. Mostrándonos estas pruebas, el Señor expone la Verdad ante los que están dispuestos a aceptarla, en contra de aquellas personas que tozudamente pretenden que lo que ven no tiene nada de especial. El Noble Qur’an afirma:

“Allah no se avergüenza de utilizar un ejemplo cualquiera, ya sea un mosquito o algo de más importancia. Los que creen, reconocerán la verdad procedente de su Señor, pero los que se niegan a creer, dirán: ¿Qué pretende Allah con este ejemplo? Extraviar con él a muchos y guiar a muchos, pero solo los que se aparten de la obediencia se extraviarán.” (al-Baqarah, 2:26)

La creación en parejas

Allah, glorificado sea, que tiene el Atributo de la Unicidad, ha creado a los seres en parejas. El Noble Qur’an nos dice: “Y de todo hemos creado parejas para que tal vez reflexionarais.” (ad-Dhariyat, 51:49)

“Creó los cielos sin pilares que pudierais ver y puso en la tierra cordilleras para que no se moviera con vosotros y repartió por ella todo tipo de seres vivos. Y hacemos que caiga agua del cielo con la que hacemos crecer todo tipo de especies nobles.” (Luqman, 31:10)

La creación por parejas, algo que la ciencia ha descubierto muy recientemente, se menciona en el Qur’an hace 14 siglos como un don para la humanidad.

Nuestro Universo ha sido diseñado para nosotros según un conocimiento más allá de nuestra imaginación, como una exquisita cámara nupcial, y está sujeto a una ley específica que tiene en cuenta las características de todos sus elementos, desde las células de las plantas y animales hasta los misteriosos protones y neutrones que habitan armoniosamente en la materia. Todo ello nos abre unos magníficos horizontes contemplativos.

La contemplación de las bendiciones del Todopoderoso El favor más grande que Allah, alabado sea, nos ha concedido es que dentro de todas las posibilidades de la Creación hemos sido creados como hombres, y dentro de esta posibilidad hemos llegado a este mundo en el entorno musulmán.

Un favor todavía más grande es el de haber sido sometidos al Noble Qur’an como seguidores del Profeta, qué Allah le bendiga y le de la paz. Para nosotros, el Profeta Bendito es el Noble Qur’an personificado. Nos enseña el Libro y la sabiduría y hace que nuestro mundo interior sea limpio como un cristal. La comprensión total de esta verdad nos haría postrarnos de inmediato, agradecidos profundamente, y no levantar las cabezas nunca más. Es evidente que los favores de Allah, glorificado sea, van más allá de eso.

En cada momento sederraman, incontables, sobre nosotros, Sus siervos. El Profeta, qué Allah le bendiga y le de la paz, nos ha transmitido:

Allah ha dicho: ‘Proveed, y Yo os proveeré.’ Los tesoros de Allah son vastos. La provisión que concede a Su entera Creación no los disminuye en absoluto. Provee ininterrumpidamente, día y noche. ¡Pensad en lo que nos ha concedido desde que fueron creados los cielos y la Tierra! Todo eso no ha reducido en nada su Soberanía. (Bujari, Tafsir, 11/2, Tawhid, 22)

Todas estas extraordinarias bendiciones merecen ser contempladas; de su contemplación deberíamos inferir la existencia de su Creador para, finalmente, caer postrados en agradecimiento por Su Poder y Generosidad. Umar ibn Abdulaziz, qué Allah le tenga en Su Misericordia, dijo en una ocasión:

En el recuerdo de Allah durante una conversación hay una belleza excepcional. Pero la contemplación de Sus bendiciones es un acto más virtuoso. (Abu Nuaym, Hilya, V, 314; Imam Ghazzali, Ihya, VI, 45)

La ingratitud o falta de apreciación por estas bendiciones es algo que dicta el ego, algo que nos aleja de su fuente –el Todopoderoso. El agradecimiento debe ser de tres tipos:

1. El agradecimiento del corazón: pensar en las bendiciones.

2. El agradecimiento de la lengua: pronunciar las alabanzas a Allah, glorificado sea, por estas bendiciones.

3. El agradecimiento del cuerpo: responder a las bendiciones disfrutando de ellas. Se ha dicho, por otro lado, que “a cada bendición, su propio agradecimiento”.

Es decir, sea lo que fuere que hayamos recibido del Todopoderoso debemos extenderlo a los necesitados. Así lo afirma el Noble Qur’an:

“Busca en lo que Allah te ha dado la morada de la Última Vida sin olvidar tu parte en ésta, y haz el bien igual que Allah hace contigo y no busques corromper la tierra, es cierto que Allah no ama a los corruptores.” (al-Qasas, 28:77)

Cualquier oportunidad es buena para contemplar

Ziya Pasha ha escrito:

La sabiduría de mil lecciones en cada página Del Universo, oh Señor,

¡qué escenario tan bello!

En lo que podemos considerar como una elaboración de los versos que acabamos de citar, el gran sabio Musulmán, Sufian ibn Uiaina, qué Allah le tenga en su Misericordia, solía decir:

Si un hombre es contemplativo, aprenderá de todo.

Ésta debe de ser la lógica detrás del proverbio árabe “hay tantas cosas de las que aprender, y tan pocos que lo hacen”.

Cada partícula habla del Todopoderoso

Una vez que sepamos cómo leer el Libro que es el Universo por medio de la contemplación, cada partí- cula a nuestro alrededor nos imbuirá de la Majestad de Allah, alabado sea, y aumentará nuestro conocimiento de Él. Fazuli habla de ello de manera muy bella:

Para un hombre que ha comprendido la Revelación Divina,

Cada partícula se convierte en la personificación de Yibril.

Allah, glorificado sea, ha dicho en Su Libro:

“Y juro por lo que veis y por lo que no veis que es de verdad la palabra de un noble Mensajero.” (al-Haqqa, 69:38-40)

Una parte de la sabiduría de los juramentos que encontramos en el Noble Qur’an es llamar nuestra atención sobre una enseñanza espiritual, beneficio para los sentimientos y penetración en el objeto sobre el que Allah jura.

Así pues, todos los seres, tanto los visibles como los invisibles, constituyen la evidencia del Poder y Señoría de Allah, alabado sea, mereciéndose una reflexión y una contemplación constantes. La sabiduría y entendimiento de los misterios que adquirimos como resultado del reforzamiento de nuestra sensibilidad y habilidad contemplativa con el empuje del Qur’an son tan magníficos como lo es un gigantesco árbol comparado con la semilla de la que surgió.

El Todopoderoso ha dicho:

“En los cielos y en la Tierra hay signos para los creyentes. Y en vuestra propia creación y en la de las criaturas que ha repartido, hay signos para gente que tenga certeza. Y en la sucesión de la noche y el día, en la provisión que Allah hace bajar del cielo con la que le da vida a la tierra después de muerta y en el cambio de los vientos, hay signos para gente que razona.” (alYaziya, 45:3-5)

Centrar el corazón y la mente en este tipo de contemplación nos lleva a tener taqwah. Igual que la existencia de las flores depende del agua, del aire, de la tierra y de la luz, el alcanzar el nivel deseado de contemplación depende de la conexión que tengamos con la piedad. El Todopoderoso desea que Sus siervos tengan pensamientos elevados, rebosantes de comprensión.

Cada Musulmán debe, por lo tanto, aprovechar cualquier oportunidad para la contemplación, acompañándola de un ardiente sentimiento de adoración. Las palabras de Rabi’a, qué Allah la tenga en Su Misericordia, la esposa de Ahmad ibn Hawari, son un espléndido ejemplo de lo que acabamos de decir: Siempre cuando oigo el adhan, me acuerdo de la llamada del Día del Juicio Final…

La nieve que cae tiene el aspecto de los Registros de nuestros actos que vuelan al cielo… Un enjambre de saltamontes me hace recordar la Resurrección… Se ha transmitido que un día, en los baños públicos, un sirviente le echó por error al Califa Harun arRashid un jarro de agua hirviendo. Inmediatamente el Califa, con graves quemaduras que le producían un intenso dolor, salió a la calle y empezó a distribuir grandes cantidades de dinero como sadaqah, diciendo:

Hoy no he soportado el calor del agua hirviendo… ¿qué será de mí si en el Más Allá merezco el Fuego?

El Profeta, qué Allah le bendiga y le de la paz, tomaba nota de todo lo que veía, volviéndose hacia su Señor y agradeciéndole. También nosotros debemos intentar percibir el Esplendor Divino en todo lo que nos rodea, buscando el alimento espiritual que sostenga nuestro mundo interior, nuestro corazón y nuestra mente. Dondequiera que un Musulmán dirija su mirada, sea al Sol, a la Luna, a la atmósfera, a él mismo, a sus ancestros o hijos, debe leer el mensaje Divino que se encuentra allí gravado y que le es reconocible por medio del ojo del corazón.

Reflexionando sobre su origen y destino, sobre cómo vive y la duración de su vida, sobre Quién le dio la forma, debe reconocer que nada ha sido creado en vano y que en ningún momento el hombre se encuentra solo ni desprovisto de medios, y que todo eso es la Obra del Poder y Majestad Divinos. ¿Por qué el Todopoderoso ha creado el Universo? Allah, glorificado sea, dice:

“Y no hemos creado los cielos y la Tierra y lo que entre ambos hay para jugar. No los creamos sino con la verdad, sin embargo la mayoría de ellos no sabe.” (ad-Dukhan, 44:38-39)

La contemplación del Universo le lleva al hombre a la apreciación de la Voluntad del Todopoderoso y al hecho de que todo ha sido creado para el disfrute y uso del hombre. Esto conlleva responsabilidades y obligaciones que el hombre tiene con su Creador. La insensibilidad e ingratitud constituyen una flagrante ignorancia, impropia de un ser humano. No debemos olvidar que tendremos que dar cuentas de todas las bendiciones recibidas. Así lo anuncia el Todopoderoso:

“Y ese día, se os preguntará por los momentos de dicha que hayáis tenido.” (at-Takazur, 102:8)

Estamos, pues, eternamente en deuda con nuestro Señor por las bendiciones que ha derramado sobre nosotros, tanto por aquellas de las que somos conscientes como por las que no lo somos. ¡Qué maravillosos los corazones sabios que, plenamente conscientes de esta deuda, se esfuerzan por ser agradecidos!