LA BENDICIÓN DE UN CORAZÓN PURO IJLAS Y TAQWAH – IV

Si vivimos dentro de los límites del taqwah cada día que pase nos descubrirá nuevos secretos del Qur’an. Entenderlo bien es nuestra responsabilidad, ya que en todos los lugares del mundo esperan nuestra guía aquéllos que nos han sido encomendados –los pobres, los solitarios, los desolados, los necesitados, los huérfanos… Dice el Qur’an: “Y os ha subordinado lo que hay en los cielos y en la tierra, todo gracias a Él. Realmente en eso hay signos para la gente que reflexiona.” (Al-Yaziya, 45:13)

TAQWAH EN SINCERIDAD (IJLAS)

Ijlas es el requisito sine qua non para que los actos sean aceptados por Allah, e implica que se lleven a cabo únicamente para obtener Su complacencia, sin que haya motivos egoístas de por medio. Conlleva proteger el corazón de cualquier tipo de interés mundano para acercarse a Allah, y es una bendición tan grande que sin ijlas la salvación es imposible, ya que en tal caso las acciones quedan vacías, totalmente privadas del bien. Ijlas es un secreto de Allah y recibir ese secreto por medio del taqwah debe ser el objetivo de cada creyente porque es la base de la compasión. Si el creyente es sincero en su taqwah, es decir si su taqwah tiene ijlas, entonces alcanza la piedad en cada asunto. Pero, ¿qué es el taqwah en el ijlas?

Hadrat Ali (r.a), hablándole al gobernador al que ya hemos mencionado anteriormente, le aconsejó:

“No te alabes a ti mismo. No respetes a nadie que te alabe en tu cara. No recuerdes a los demás lo qué has hecho por ellos. No exageres tus éxitos. No rompas promesas. El reproche destruye el bien, la exageración mata la verdad, y el que rompas una promesa traerá al enojo de Allah y de la comunidad.”

Como es bien sabido, el Profeta (s.a.w) prohibió vanagloriarse porque sabía que todo viene de Allah. En Jandaq, la Batalla del Foso, en el momento en el que los Compañeros empezaron a perder la esperanza en medio de terribles privaciones, y a preguntarse cuándo llegaría la ayuda de Allah, el Profeta (s.a.w) les dijo: ‘La verdadera vida es la del Paraíso.’ Repitió las mismas palabras el día de la conquista de Meca, el día de la victoria, mostrando así que se sometía plenamente a Allah y confiaba solamente en Él. Sabía, pues, que la victoria, los éxitos, la riqueza, la vida y los hijos –es decir, todo– viene de Allah. El taqwah, por lo tanto, es la base para ambos mundos, ya que la esencia de vivir en paz consiste en tener:

TAQWAH EN LA RIQUEZA, LA VIDA Y LOS HIJOS

Son las cosas más importantes para el hombre, las que más le afectan. Es importante que las dirijamos hacia el camino de Allah, gastando nuestra vida y nuestra riqueza con generosidad, educando a nuestros hijos en la creencia para beneficio del Islam y de la comunidad, dejando tras nosotros un digno patrimonio espiritual para las futuras generaciones. Allah habla de la medida de nuestro afecto en una de las ayaat del Qur’an: “No alcanzaréis la virtud hasta que no deis de lo que amáis. Y cualquier cosa que deis, Allah la conoce.” (Ali Imran, 3:91)

Así pues, la mejor riqueza es aquélla que llega al Más Allá antes de que llegue su dueño, y la mejor forma de vida es la que está dedicada a buscar la complacencia de Allah y Su aceptación. Los que hacen buen uso de su vida y de su riqueza son como luces resplandecientes –su bondad y buenas acciones son capaces de iluminar los sitios más oscuros, y la luz de su generosidad y prosperidad se expande constantemente hacia los necesitados y marginados.

La obligación de un hijo es hacer todo lo posible para merecer la aprobación de sus padres, y la de los padres es la de merecer la aprobación de Allah.

La pura verdad del asunto es que todo lo que poseemos y de lo que disfrutamos en esta vida no viene de nuestros padres ni de nosotros mismos, aunque nosotros pensemos que sea así, sino que es un depósito de Allah. Por lo tanto, es nuestro deber tener:

TAQWAH EN LO QUE SE NOS
HA DEJADO EN CUSTODIA

Todo lo que existe entre los cielos y la tierra le ha sido dejado como depósito al ser humano por Allah, el Misericordioso, toda la Creación, ya que todo ha sido creado para nosotros. Por lo tanto debemos mostrar hacia ello el afecto que se merece. Por esa razón el Profeta (s.a.w) dijo: ‘Si tenéis que matar a una serpiente por temor a que os ataque, hacedlo de un golpe, para que no sufra.’

De todos los depósitos que hemos recibido el más importante es el Qur’an y la sunnah, así que recordemos las palabras del Profeta en su último discurso: “¡Oh creyentes! Dejo detrás de mi dos cosas preciosas –el Qur’an y mi sunnah. Si os aferráis a ellas, nunca os extraviareis.”

Al seguirlos representaremos al Islam dignamente en nuestros actos, en nuestra creencia, en nuestros estados y en nuestro comportamiento; en cada situación que se nos presente debemos mostrar amabilidad, dignidad y un corazón maduro para que los demás puedan decir: “¡Qué buena persona es este Musulmán!” No hemos recibido el Qur’an para ponerlo en un estante o recitarlo de vez en cuando en funerales u otras ocasiones. Allah el Misericordioso ha ordenado que lo leamos –iqra’, y para desentrañar sus secretos y su sabiduría se nos ha ordenado estudiar la sunnah del Profeta (s.a.w). Dice el Qur’an: “Y temed a Allah, y Allah os enseñará.” (Al-Baqarah, 2:282)

Si vivimos dentro de los límites del taqwah cada día que pase nos descubrirá nuevos secretos del Qur’an. Entenderlo bien es nuestra responsabilidad, ya que en todos los lugares del mundo esperan nuestra guía aquéllos que nos han sido encomendados –los pobres, los solitarios, los desolados, los necesitados, los huérfanos… Dice el Qur’an: “Y os ha subordinado lo que hay en los cielos y en la tierra, todo gracias a Él. Realmente en eso hay signos para la gente que reflexiona.” (Al-Yaziya, 45:13)

Devolver los depósitos a sus verdaderos dueños es una forma de compasión. Por lo tanto, los que han alcanzado un alto rango –sea espiritual, material, intelectual o al servicio de la sociedad– deben saber que este rango les ha sido asignado temporalmente, y que por lo tanto deben evitar aferrarse a él porque no van a disfrutar eternamente de ese privilegio. Aquí debemos recordar, que de la misma manera que Islam prohíbe malgastar los bienes materiales, también prohíbe malgastar otro tipo de depósitos –la capacidad de creer, de adorar, de conocer, así como el tiempo, la inteligencia y la salud. De hecho, este segundo tipo de derroche se considera incluso más peligroso. Lo imprescindible es proteger todos nuestros depósitos con taqwah, cosa que requiere un sentido de responsabilidad. Así, pues, otro aspecto a mencionar será el:

TAQWAH EN LA RESPONSABILIDAD

Todos los actos y obligaciones florecen con el sentido de la responsabilidad. Sin duda alguna, Allah ha bendecido al ser humano con numerosas capacidades y cada individuo es responsable de aquéllas que ha recibido. Todos sabemos lo que debemos pagar como zakat, ya que lo podemos calcular fácilmente, pero no resulta tan sencillo calcular cuanto tenemos que pagar por las habilidades que nos ha concedido Allah. Por eso, Allah nos advierte contra el hecho de malgastar nuestras fuerzas: “¡Competid en buenas acciones!” (Al-Baqarah, 2:148) “Temed a Allah como debe ser temido y no muráis sin estar sometidos (sin ser Musulmanes).” (Ali Imran, 3:102)

El creyente debe tener la seguridad de cómo debe vivir y en qué condición debe estar cuando se le presente la muerte. También debe saber cómo educarse a sí mismo para obtener el beneficio de la fe. Cada exhalación que respiramos sigue a la anterior y constituye nuestra preparación para el Más Allá, pues todas esas respiraciones las debemos utilizar para mejorar nuestros actos. Para asegurarse la eterna dicha debemos adornar esta vida con buenas obras y vivir en paz y prosperidad en el camino de Allah. Vivir de manera inaceptable para Allah es como confiar en un espejismo en el desierto. Para los actos de adoración se han fijado unos tiempos concretos, pero la creencia y el servicio deben estar presentes en nuestras vidas constantemente, mientras dure el periodo que nos ha sido dado para preparar el Más Allá.

La senda hacia la unión Divina es estrecha, llena de peligros y pruebas, y las responsabilidades son numerosas. Es posible que uno se pierda, pero:

LA SALIDA ESTÁ EN EL TAQWAH

Según la transmisión de Abu Dharr (r.a) (Ibn Mayah, Zuhd, 24) el Profeta (s.a.w) dijo en una ocasión: “Conozco una ayah, que si la gente viviese según lo que dice, sería suficiente (para su salvación).” Los Compañeros le preguntaron qué ayah era y entonces contestó:  “Y quien teme a Allah, Él le da una salida.” (At-Talaq, 65:2)”

‘La salida’ puede significar ‘de las penurias hacia la satisfacción’, ‘de la tierra hacia el cielo’, ‘de la futilidad al valor y la superioridad’. De ahí que la base del valor y de la virtud en el Islam sea:

LA SUPERIORIDAD EN EL TAQWAH

El Profeta de Allah (s.a.w) dirigiéndose a Abu Dharr (r.a) dijo que el único estándar de valor y aceptación ante Allah es el taqwah. “Un hombre blanco no tiene superioridad sobre uno negro, excepto en el taqwah.” (Ahmad, V, 158)

Estas son sus palabras pronunciadas en su último discurso, al final de su último hayy en este mundo. En otra ocasión dijo: “Soy el que más taqwah tiene de vosotros.(Bujari, Iman, 13; Muslim, Siyam, 74) El Profeta (s.a.w) actuó dentro de los límites del taqwah en todas las circunstancias de su vida. Por eso, es sumamente importante que seamos creyentes sinceros y que sigamos la sunnah del Profeta Muhammad (s.a.w) ya que la conformidad con ella es:

LA INDICACIÓN DEL TAQWAH

El Profeta Isha (a.s) dio una hermosa descripción del taqwah. Un día, vino alguien y le preguntó: ‘Maestro de la bondad, ¿cómo se puede tener taqwah ante Allah?’ El Profeta Isha (a.s) contestó: ‘Es fácil. Ama a Allah con todo tu corazón y haz buenas obras según tus posibilidades. Muestra compasión y amabilidad hacia todos los hijos de Adam, como si lo hicieras a ti mismo.’ Luego añadió: ‘Trata a los demás como quieres que te traten a ti. Entonces tendrás taqwah ante Allah.’ (Ahmad, Zuhd, p. 59)

La esencia de nuestras acciones y de nuestra adoración debería ser tal que los ángeles dijesen:

¡ESO ES TAQWAH!

Un día ‘Umar (r.a) le preguntó a Ubayy bin Ka’b (r.a) qué era taqwah. Ubayy dijo: ‘Oh ‘Umar, ¿has andado alguna vez por un camino espinoso?’ Dijo ‘Umar: ‘Sí.’ Le preguntó entonces Ubayy: ‘¿Y cómo lo hiciste?’ ‘Umar contestó: ‘Apreté bien mis ropas y anduve con mucho cuidado para evitar las espinas.’ Ubayy bin Ka’b entonces dijo: ‘Eso es taqwah.’ (Ibn Kazir, Tafsir Al-Qur’an Al-Karim, I:42)

El sol que se levantará sobre nosotros si vivimos este grado de taqwah será:

EL SOL DEL TAQWAH

‘Abdulqadir Gaylani dio el siguiente consejo al respecto: “¡Oh hijo! El taqwah es esencial. Haz un gran esfuerzo para alcanzarlo de manera que tu nafs se libre de la hostilidad interna y de sus malas tendencias, y se vuelva hacia el bien. ¡Oh hijo! Cuando recojas bienes mundanos, no seas como el que recoge leña por la noche, sin ver lo que coge. Tómate la molestia de averiguar si esos bienes son lícitos o ilícitos, legítimos o ilegales, y sigue el tawhid y el taqwah en cada circunstancia.”

“¡QUÉ ALLAH TE CONCEDA TAQWAH!”

Un día vino un Compañero a ver al Profeta (s.a.w) y le dijo: “¡Oh Mensajero de Allah! Me voy de viaje. Te ruego que hagas du’as por mi.” El Profeta (s.a.w) dijo: “Qué Allah te de taqwah.” El hombre pidió más, y el Profeta (s.a.w) continuó: “Que Allah te perdone tus malas acciones.” El Compañero dijo: “Que mi madre y mi padre sean tu rescate. ¡Oh Mensajero de Allah! Pide de nuevo por mí.” El Profeta (s.a.w) respondió a esa petición: “Qué Allah te facilite las cosas siempre que hagas el bien.” (Tirmidhi, Da’awat, 44:3444)

La intención de esta súplica es la de transmitir la importancia del taqwah. Primero el Profeta (s.a.w) pide taqwah para aquél que solicitó la súplica, luego pide el perdón por sus faltas y facilidad en sus obras. La razón por la que lo hizo de esta manera fue porque estas cosas pueden ocurrir solamente a la persona con taqwah, sin ella las faltas no pueden ser perdonadas ni se pueden llevar a cabo buenas acciones. Allah desea que seamos temerosos, por ello pone nuestro taqwah a prueba en cuanto a nuestra devoción, afecto y respeto hacia el Profeta (s.a.w).

LA PRUEBA DEL TAQWAH

Dice el Qur’an[1]: “Los que bajan la voz en presencia del Mensajero de Allah, son ésos a los que Allah les ha abierto el corazón a Su temor. Tendrán perdón y una enorme recompensa. Esos que te llaman desde la parte de atrás de las habitaciones privadas en su mayoría no razonan.” (Huyurat, 49:3-4)

El verso muestra que la cortesía hacia el Profeta Muhammad (s.a.w), el hecho de que sigamos y seamos conscientes de sus actos y de su modo de vida, es decir de su sunnah, es una prueba de taqwah para nuestro nafs, es una oportunidad para vivir nuestro amor por él mientras nos estamos acercando a Allah.

EL VESTIDO DEL TAQWAH

“¡Hijos de Adam! Hice descender para vosotros vestidos que cubrieran vuestras vergüenzas y os sirvieran de adorno, pero el vestido del taqwah es el mejor.” (Al-Araf, 7:26) La vestimenta del taqwah fue lo que realmente adornaba a los Profetas y a los amigos de Allah. Citemos aquí esta conocida transmisión: Un día Imam Abu Hanifa estaba limpiando una pequeña mancha en su ropa. Algunos de sus compañeros, pensando que no había necesidad de ello, le dijeron: ‘¡Oh Imam! Según tu interpretación de la Ley Islámica, esta mancha no impide que hagas salah con estas ropas. ¿Por qué entonces te tomas tanta molestia?’ A lo que Imam Abu Hanifa contestó: ‘Esa es la ley, y esto es taqwah.’

Vivir la vida dedicada a Allah es vivir cada uno de sus aspectos según esta ayah del Qur’an: “Así pues, sé recto tal y como te he mandado…” (Hud, 11:112)

Allah Todopoderoso no solamente espera que hagamos el bien, sino que también observa y tiene en cuenta nuestro grado de taqwah. Se puede decir que la compasión y la protección de Allah se manifiestan en los creyentes que se esfuerzan por ganarse Su complacencia con un verdadero temor. A ellos va dirigida toda la bondad Divina en este mundo y en el Otro, y es a través del taqwah como conseguimos la purificación del corazón del error y del mal. De hecho, nuestra única provisión espiritual es:

LA PROVISIÓN DEL TAQWAH

Contra más aumente el amor por Allah y el conocimiento de Él en una persona, más aumentará su taqwah. Es lo que se espera de nosotros ya que es el taqwah del corazón en todas nuestras acciones lo que llega a Allah. Se nos ha revelado en el Qur’an: “Ni su sangre ni su carne ascienden a Allah, lo que llega a Allah es vuestro temor de Él.” (Al-Hayy, 22:23)

Rumi nos advierte de esta realidad, diciendo: ‘No intentes sacrificar la sombra de la cabra.’  Un taqwah de este tipo no se alcanza con el intelecto, sino que se practica y se siente con el corazón. A este respecto Allah reveló: “¿Acaso quien se entrega a la adoración en las horas de la noche, postrado y en pie, ocupándose de la Ultima Vida y esperando la misericordia de su Señor…? Di: ¡Son iguales los que no actúan y los que sí actúan? Sólo siguen el recuerdo los que saben reconocer lo esencial.” (Az-Zumar, 39:9)

Así pues, debemos:

  1. Postrarnos ante Allah por la noche;
  2. Adorarle de pie;
  3. Protegernos del castigo del Más Allá;
  4. Pedirle misericordia.

Solamente serán respetados los que saben y tienen estas cualidades. La virtud de esta realidad está reflejada también en el siguiente dicho del Profeta (s.a.w): “Los que aumentan su conocimiento pero no su taqwah se distancian de Allah.”

Por ello Allah no nos pide que acumulemos provisiones materiales para el Más Allá. La única provisión que pide es la del taqwah. El conocimiento seco no nos servirá en el viaje hacia la eternidad. Viajar sin taqwah sería como comprar un coche nuevo y olvidarse de echarle gasolina. De nuevo leemos en el Qur’an: “Y llevad provisiones, aunque la mejor provisión es el temor (de Allah). Así pues, guardaos, vosotros que entendéis la esencia de las cosas.” (Al-Baqara, 2:197)

¡Qué privilegiados los que viajen hacia la eternidad con la provisión del taqwah!

¡Oh Allah! Concédenos la provisión del taqwah –el taqwah de los Profetas– en cada uno de nuestros alientos! ¡Dánoslo como un vestido eterno para el alma! ¡Haz que terminemos nuestras vidas satisfechos, dignos de Tu aceptación y bondad! ¡Danos salud y haz de nuestro taqwah una verdadera provisión para la eternidad!

Amin.

[1]       NT – La ayah descendió sobre una delegación de los Banu Tamim que vinieron a ver al Profeta (s.a.w) y entrando en la mezquita se pararon cerca de las habitaciones privadas de sus esposas y le llamaron a voces.