EL AFECTO ETERNO Y LA LUZ DE MUHAMMAD (s.a.s)

El texto que viene a continuación es un conocido hadiz qudsi:

“Fui el tesoro escondido y deseaba que me conociesen, por eso creé el Universo.”[1]

Podemos entonces entender fácilmente que el Universo y toda la creación contienen el amor Divino. Por esa razón miramos al mundo con un profundo respeto y admiración, percibimos su grandeza, nos asombramos de su belleza y lo aceptamos todo como la evidencia de la capacidad y perfección de Allah, su Creador. Mawlana Rumi explica la importancia del amor y afecto en la vida de los seres humanos de esta manera:

“Haz de saber que el que carece del amor y afecto Divino es miserable, incluso puede que sea inferior a un perro, porque el perro de los Compañeros de la Cueva buscó el amor y lo encontró. Alcanzó el placer espiritual, y aquellos hombres tan especiales se ganaron el cielo.”

Los temerosos saben que la razón de su creación está en el afecto eterno –en el Profeta Muhammad (s.a.s), de quien Allah Todopoderoso dijo: “¡Oh mi amado! Si no fuera por ti, no hubiese creado el Universo.”

El Universo le ha sido dedicado a él, y se le llama también “La luz de la creación”.

La primera y la última página del calendario de la Profecía

El Profeta Muhammad (s.a.s), cuya luz Divina apareció antes de Adam (a.s), se manifestó físicamente después de todos los demás Mensajeros, paz sobre todos ellos, siendo a la vez el primero y el último en la línea de los Profetas –en cuanto a su creación, fue el primero; y en cuanto al tiempo, fue el último. Dado que fue la razón misma de la creación, Allah Todopoderoso le llamó ‘Amado’. La vida excepcional del Profeta Muhammad (s.a.s) fue diseñada por Allah Todopoderoso de manera realmente bella, tanto desde el punto de vista espiritual como físico, y después fue enviado como la Misericordia para todos los hombres. Fue creado como el perfecto ejemplo a seguir. Fue enviado como un huérfano, pasando por todas las etapas y niveles de la sociedad y de la vida, llegando a ser Profeta y cabeza de un estado, alcanzando de este modo el rango más alto de autoridad y poder. Su excelente comportamiento, sus actos, su inteligencia, sus capacidades y poder son ejemplos para todos los hombres de rango y autoridad, pero fue enviado por Allah el Misericordioso como ejemplo para toda la humanidad desde el tiempo en el que recibió la Profecía hasta el Día del Juicio Final. Dice el Noble Qur’an: “Realmente en el Mensajero tenéis un hermoso ejemplo para quien tenga esperanza en Allah y en el Último Día y recuerde mucho a Allah.” (Al-Ahzab, 33:21)

Se desprende de allí que es nuestra obligación estudiar la vida y los actos del Profeta Muhammad (s.a.s) para poder imitar su excepcional carácter, fe e intuición espiritual. Todos debemos sumergirnos en su espiritualidad y su afecto para mejor poder utilizar su conocimiento a la hora de seguir su bendito ejemplo.

Antes de recibir la Profecía, Muhammad (s.a.s) vivía una vida de satisfacción y dignidad. Creía en la unicidad de Allah. Sobre todo en los años justo antes de la Profecía solía pasar mucho tiempo en adoración, en retiro en el monte Hira, absorto en profunda contemplación. La razón de esta reclusión fue la flagrante perversidad de su sociedad y la tristeza causada por la opresión que sufrían los más débiles. En realidad, fue la preparación por parte de Allah Todopoderoso a la revelación del Qur’an a la humanidad por medio del corazón del Profeta Muhammad (s.a.s). Dice el Noble Qur’an: “Di: Quien sea enemigo de Yibril… Ha sido él quien, con permiso de Allah, lo ha traído hasta tu corazón, con la autorización de Allah, como una confirmación de lo que ya existía y como guía y buena nueva para los creyentes.” (Al-Baqarah, 2:97)

Durante seis meses el Profeta Muhammad (s.a.s) recibía signos e inspiraciones continuas, hasta que a través de esa experiencia, su corazón fue alcanzando el estado de pureza y excelencia desde el cual pudo transmitir y explicar la Revelación. Una persona normal y corriente no puede soportar este peso –los seres humanos no están preparados para este tipo de responsabilidad. Pero en el caso de Muhammad (s.a.s), el misterioso velo de la espiritualidad se había levantado y llegó el momento idóneo para la manifestación del don y del poder del misterio.

El Honor del Universo había combinado las obligaciones y el poder de todos los Profetas en sus actos y en su carácter. Las más bellas cualidades –nobleza, dignidad, la manifestación de la perfección Divina, alcanzaron en el Profeta Muhammad (s.a.s) su cima. Por instrucción de Allah su corazón y su nafs habían sido purificados, y así pudo empezar su tarea de enseñar la adoración y la súplica que Le son debidos a Allah. Mostrándolo con su vida y comportamiento, Muhammad (s.a.s) se convirtió en el perfecto ejemplo para toda la humanidad.

La esencia del tasawwuf (misticismo)

La esencia del tasawwuf consiste en purificar y sanear el nafs, y dirigirlo hacia el amor por Allah. Los acontecimientos espirituales que habían tenido lugar anteriormente a la Profecía de Muhammad (s.a.s) –la purificación del corazón y la limpieza del nafs– forman parte de la base del tasawwuf.

Es cierto que tanto su corazón como su nafs tenían carácter excepcional ya antes de recibir la Profecía –el Profeta (s.a.s) siempre había vivido según las más estrictas normas de dignidad y buena conducta. No obstante, cuando volvió de Hira, la montaña de la luz, con el mandato Divino, se hizo claro que había llegado a una fase todavía más gloriosa y muy diferente de su vida anterior.

En comunicación espiritual con Allah, absorbiendo cada destello de luz que emanaba de la unificación y de la gloria de Allah, el Profeta Muhammad (s.a.s) llegó a la cima de la fe y de la sumisión. Adoraba hasta que sus pies se hinchaban, llorando de felicidad. Incluso cuando dormía, su corazón estaba siempre alerta –nunca, ni por un momento, se distanció del recuerdo y la contemplación. Fue el estado que alcanzó con la bendición de Allah.

Consciente de la confianza Divina que le había sido otorgada, y que le había elevado a la cima de las cimas, el Profeta Muhammad (s.a.s) transmitió sin descanso el Mensaje del Islam a toda la humanidad, rechazando siempre todo lo que podía entorpecer o dificultar su deber de adorar a Allah por encima de todo lo demás.

Es de suma importancia empezar nuestras súplicas con la alabanza del Señor del Universo, ya que ello purifica el corazón de todos los sentimientos, pensamientos y preocupaciones bajas. Solamente entonces puede el Qur’an, que ordena que toda la creación busque refugio solamente en Allah, ser una Guía para la humanidad hasta el Día del Juicio Final. El afecto por el Profeta (s.a.s), es el afecto por Allah; la obediencia a él, es la obediencia a Allah; la rebelión contra él, es la rebelión contra Allah. De esta manera la bendita existencia del Profeta Muhammad (s.a.s) es el refugio para el afecto de la humanidad.

Tasawwuf implica la unificación de aquello que es evidente y de lo que está oculto en la vida del Profeta Muhammad (s.a.s), ya que cada acto del Profeta (s.a.s) es un ejemplo de la esencia del tasawwuf en el sentido de que el objetivo de cada uno de estos actos es purificar el corazón, limpiar y sanear el nafs para que el individuo esté preparado para la unión Divina con su Creador de la manera adecuada.

En otro relato se dice que tasawwuf es el privilegio Divino, que empezó con ‘el soplo del ruh’ en Adam (a.s) y terminó con la visión de la perfección del Mensajero de Allah (s.a.s) en el Día del Juicio Final. Es un reflejo del rocío de la prosperidad en los corazones llenos de afecto.

[1]       Es un texto conocido pero no está en ninguna de las seis colecciones de ahadiz.