SU CONDUCTA EJEMPLAR CON LA GENTE

El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, era el perfecto ejemplo para seguir no solamente por sus palabras sino fundamentalmente, por sus acciones, y lo fue en todos los aspectos de la vida. Trataba a todos con respeto. Su misericordia para todas las criaturas no tenía límites. Su ternura y comportamiento generosos se extendían a los no-Musulmanes.

Jabir ibn Abdullah (r.a) transmitió: “Un día algunas personas llevaban a un muerto. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda la paz, se levantó. Nosotros también lo hicimos.

Más tarde dijimos: ‘¡Oh Mensajero de Allah! El muerto era un Judío.’

Respondió: ‘¿No es acaso un ser humano?’”

El Profeta (s.a.w), fue la misericordia Divina, una manifestación del nombre Divino  al-Rahman, que envuelve a todo lo creado. Era la personificación del principio “ama a las criaturas por el Creador”.

Un día, los Compañeros, agobiados por la persecución de los no-Musulmanes, le pidieron al Profeta, (s.a.w), suplicar a Allah el castigo para los enemigos del Islam. Respondió: “No vine para el castigo, vine para la misericordia.”

La súplica que hizo para sus enemigos más acérrimos fue: “¡Mi Señor! No saben. Concédeles guía.”

Abdullah ibn Ubayy era el jefe secreto de los hipócritas de Medina. Traicionó al Profeta, (s.a.w), en el momento más crítico al abandonar, él y sus seguidores, el ejército Musulmán que se dirigía a la batalla de Uhud. De hecho, traicionó al Profeta, (s.a.w), y la comunidad de los creyentes en muchas otras ocasiones.

Por la gracia Divina, el hijo de Abdullah, al contrario que su padre, era un sincero creyente. Cuando Abdullah murió, su hijo vino al Profeta, (s.a.w), y le pidió una camisa para envolver el cuerpo de su padre con la esperanza de que pudiera recibir alguna bendición por ello. Rasulullah, (s.a.w), para no romper el corazón de un compañero, se la dio para que cubriese a un hipócrita, que también había sido protagonista en el incidente de Ifk, donde la bendita esposa del Profeta, (s.a.w), Aishah (r.ha), fue calumniada.

¿Es posible encontrar un ejemplo de humanidad y cortesía como éste en toda la historia?

Muhammad, (s.a.w), fue el ejemplo más excelente de misericordia. Una vez, durante el salat, oyó que un beduino suplicaba:

“¡Oh Señor! Bendice a Muhammad y a mí, pero no a los demás.”

Después del salat, el Profeta, (s.a.w), le dijo:

“Estás haciendo estrecho lo que es muy amplio.”

Rasulullah, (s.a.w), era un ser humano que pertenecía no solamente a su tiempo y a la gente entre la que vivía. Estaba en una posición en la que podía unificar a la humanidad bajo el estandarte del amor, de la misericordia y de la felicidad, fundiéndolos con la luz del Islam y transformando los corazones endurecidos, la intolerancia y el racismo. El éxito que obtuvo en esta tarea conforma las páginas más luminosas de la historia de los hombres.

Desde esta perspectiva, se convirtió en el mejor maestro de toda la humanidad por la gracia de la iluminación Divina que recibió. Los opresores que enterraban a sus hijas vivas y trataban a sus esclavos con crueldad, encontraron la guía bajo la cúpula de su misericordia. Su enseñanza era tan efectiva que algunos de ellos llegaron a adquirir tal integridad y virtud, que se convirtieron en unas de las más distinguidas personalidades de todos los tiempos.

Nuestro Profeta Muhammad, (s.a.w), ayudaba a todos según sus necesidades sin ninguna discriminación. El siguiente suceso lo refleja muy bien.

Un día un beduino llegó para pedirle ayuda. El Profeta, (s.a.w), le dio todo lo que tenía y preguntó:

“¿Es suficiente?”

El beduino, sin cuidar los modales en lo más mínimo, dijo:

“¡No! No me has dado suficiente.”

Algunos de los Compañeros se enfadaron con él a causa de su rudeza y quisieron reprenderle. Sin embargo Rasulullah, (s.a.w), les contuvo y llevo al beduino a su casa. Le dio algo más y preguntó:

“¿Podría esto satisfacerte?”

Esta vez el beduino se había quedado satisfecho. Dijo: “Si. Que Allah te de abundante bendición por lo que has hecho por mi, mi familia y mis parientes.”

Cuando el beduino se hubo ido, el Profeta, (s.a.w), volvió con sus Compañeros y dijo: “Este incidente que acaba de ocurrir recuerda a lo que le ocurrió a alguien que dejó escapar a su camello. Una muchedumbre de gente corría detrás del camello que estaba cada vez más asustado.

Entonces el dueño del camello gritó: “¡Por favor! Dejadnos solos. Yo conozco mejor al camello y sé cómo tratarlo.”

Cogió algunos dátiles del suelo y se los ofreció al camello. Éste se acercó al hombre y le siguió. El hombre le puso encima la silla y se alejo montado en su camello. Del mismo modo, si os hubiese seguido cuando el beduino dijo lo que dijo, el pobre habría ido al Fuego.”

He aquí una magistral lección de cómo educar a la gente: es necesario tener en cuenta la sicología de un ser humano para así poder encontrar el camino que lleva al corazón del hombre. Siguiendo este camino, uno alcanza su objetivo. De otro modo, el intento de enseñarle puede ser contraproducente, y aumentar la palpable adversidad de la persona.

Otra lección que podemos aprender de esto es que los seres humanos se dejan vencer por la cortesía y la generosidad por que han sido creados débiles. Un enemigo tratado así llega a ser menos enemigo; si lo es a medias, se convierte en un amigo; si es un amigo, llega a convertirse en un amigo íntimo.

Nuestros antepasados decían: “Una taza de café ofrecida con hospitalidad no se olvida ni en cuarenta años.”