¡Puedes herir a Layla!

                             No existe en mi cuerpo más que Tú

                            ¡Oh mi Amado!

                            Por eso desapareceré en Ti,

                            Igual que el vinagre desaparece en un mar de miel.

                                                                                                                                                Rumi

Debido al dolor causado por la larga separación de Layla, Maynun cayó enfermo. Vino el médico para tratarle y dijo a los que cuidaban de él:

– No hay otro remedio que sangrarle.

Llamaron a un cirujano. Éste vendó su brazo y sacó el bisturí. En ese momento el amante apasionado exclamó:

– Qué te paguen tus honorarios. No quiero que lo hagas. Si me muero, que mi cuerpo se vaya a la tumba.

El asombrado cirujano le dijo:

– ¿Por qué? ¿Por qué temes a una cosa así cuando no temes a un león?

Le respondió Maynun:

– “No temo al bisturí. Todo el mundo sabe que mi paciencia y perseverancia son más grandes que la de una montaña rocosa. Soy un hombre que no teme a nada y que no tiene ni un henal en este mundo. Soy un vagabundo y mi cuerpo no está bien sin golpes. Soy un amante y las heridas son como un ungüento para mi amor. No tengo ningún inconveniente en que me hieran. Lo que pasa es que mi ser entero está lleno de Layla, mi cuerpo es una cáscara llena de las cualidades de esta Perla. Temo doctor que si me sacas la sangre pueda herir a Layla. En verdad, los siervos de Allah puros cuyos corazones se han iluminado saben que no hay diferencia entre mi y Layla.”

EL MATHNAWI:

Si no existiese el amor, ¿cómo podría existir este mundo? ¿Cómo el pan dejaría que lo comieses, cómo se asimilaría en tu cuerpo y se convertiría en ti?

El amor concede la vida incluso al pan inanimado; añade vida a las cosas transitorias de tu vida y te hace eterno.

Qué miserable aquél cuyo corazón está vacío del amor y de la compasión Divinas –puede que esté más bajo que la consciencia de los animales. Incluso el perro de los Siete Dormidos buscaba a la gente con amor; la encontró, alcanzó la alegría espiritual y finalmente ganó el Paraíso por medio de la compañía de aquellos siervos veraces.

El gran poeta Yunus Emre, quien deseaba participar del ardiente amor de Maynun, dijo:

“Soy el Maynun de Layla, soy el loco amante del Rahman (el Más Misericordioso –referencia a Allah).

Para ver el rostro de Layla, me he convertido en Maynun.”

Fuzuli, otro gran poeta, expresó su deseo de alcanzar un nivel aún más alto que el de Maynun:

“Tengo un potencial de amar que excede al de Maynun,

soy amante de verdad; Maynun es solamente un nombre.”

Los que ven con el ojo del corazón perciben a todas las criaturas como una manifestación del amor y ven que todas ellas son el resultado del amor. Si no existiese el amor eterno, el universo no se habría hecho realidad. Los gnósticos saben que este mundo es el resultado de este amor eterno y por eso le fue dedicado al Profeta Muhammad (s.a.s). En un hadiz al – qudsi, un tipo de hadiz muy especial, encontramos lo siguiente:

“Era un tesoro escondido. Deseaba ser conocido, por eso creé el universo.”

Entendemos pues que el universo entero, incluyendo todas sus criaturas, llegó a existir debido al amor Divino. Todo fue creado por Allah como evidencia de Su sabiduría y de su poder. Desde este punto de vista, un ser humano, una maravilla de la Creación Divina, es una perfecta manifestación del amor Divino.

Miremos el siguiente verso de Yunus Emre:

“Para nosotros el amor es la guía y el corazón es la comunidad.

El rostro del Amado es la Quibla, la salah no cesa.”

Es así porque los cuerpos de los amantes de Allah están repletos de amor por Allah. Por ejemplo, la sangre de Hallay Mansur formó en el suelo las palabras ‘Allah, Allah’ cuando fue martirizado. También Fuzuli alcanzó el estado en el que el nafs ya no domina nuestra vida, fana. Este hecho es evidente por la manera en la que se expresa tomando la voz de Maynun:

“Eres Él que se manifiesta en mí,
yo ya no existo, lo que existe eres tú.
Si yo soy yo, entonces ¿quién eres Tú ¡oh Amado!
Si yo soy Tú, entonces ¿quién es mi nafs lloroso?”

Y Yunus Emre expresó esta sofisticada incógnita de la siguiente manera:

“Me he vestido con huesos y carne.
Aparecí bajo el nombre de Yunus.”

En verdad, los amantes de Allah saben que no existe distancia alguna que les separe del Amado. Desde el punto de vista de la realidad, los cuerpos de los amantes de Allah son meramente transitorios ya que su existencia material desaparece en el fuego y el ardor de sus corazones. Qué sirva aquí como ejemplo la relación entre el Profeta Yaqub (a.s) y su hijo Yusuf (a.s). El gran Profeta Yaqub (a.s) tenía gran predilección por Yusuf (a.s), dado que discernía en él muchas de sus propias cualidades. Estaban tan unidos que cuando la camisa de Yusuf (a.s) comenzó su viaje desde Misr, el Profeta Yaqub (a.s), y solamente él, percibía su fragancia en la tierra de Canaan, en Palestina. Todos los demás atribuía a su falta de juicio, debida a su avanzada edad, su reiterada aseveración: “Percibo la fragancia de Yusuf.”

La camisa de Yusuf (a.s) estaba en las manos de su hermano quien tenía la obligación de llevársela a su padre. No obstante, su valor excedía en mucho a su aparente naturaleza. Se puede comparar esta situación con la de una persona muy especial capturada por un traficante de esclavos. A pesar de esta circunstancia, y debido a su valor, la persona excede las expectativas del traficante y debe ser puesta en manos de alguien adecuado para su nivel.

Allah Todopoderoso tomó la Unicidad exclusivamente para Sí Mismo y a todo lo demás lo creó en parejas. Este aspecto de la creación, descubierto por la ciencia moderna no hace mucho, lo encontramos en muchas ayah del Qur’an reveladas hace catorce siglos. Nuestro mundo, de una belleza exquisita, sigue una asombrosa e inapelable ley binaria a la que todo está sometido, incluyendo átomos, células, plantas, animales, los seres humanos, e incluso los electrones y neutrones.

Leemos en la surah Yasin, ayah 36:

“¡Gloria a Aquél que creó todas las especies: las de la tierra, ellos mismos y otras que no conocen!”

La ley binaria alcanzó su máxima importancia en la vida de los seres humanos. Allah el Más Elevado explica que en la institución matrimonial hay muchas enseñanzas que debemos aprender:

“Y parte de Sus signos es que os creó esposas sacadas de vosotros mismos para que encontrarais sosiego en ellas y puso entre vosotros amor y misericordia; realmente en eso hay signos para gente que reflexiona.” (Rum, 30:21)

La unión de dos seres extraños y el posterior desarrollo del amor y compasión entre ellos es un acto del Plan Divino y una manifestación del poder de Allah –realidades que merecen una seria reflexión. La atracción que existe en toda la creación entre formas animadas e inanimadas es la manifestación de la unidad. Dicho de otra manera, la unidad es el resultado de la atracción y afinidad. En toda la naturaleza existe la inclinación hacia la unidad.

El ser humano es el cenit de la creación. El fuego del amor es proporcional a la perfección del objeto. Las parejas tienen el sabor de la misericordia Divina en el plano físico y espiritual. Esto les dirige en su viaje hacia Allah por medio de la atracción y el amor Divinos. De esta manera la sabiduría que se encuentra detrás de la creación prevalece en sus mentes.

Layla se encontró con Maynun después de muchos años. Éste no mostró ningún interés por ella. Layla dijo:

– ¿No eres aquél que vivió en el desierto por mi?

Maynun contestó:

– Esa Layla, que no era más que una sombra, se ha derretido y ha sido retirada.

Layla, otrora el único objetivo en la vida de Maynun, era meramente una ventana hacia el interminable amor Divino. Cuando Maynun se encontró a sí mismo en el mundo del amor Divino, alcanzando el secreto que estaba buscando, el papel de Layla se culminó. En las historias del Mathnawi de Rumi (K.s) Layla es el símbolo del amor que se vuelve hacia el amor Divino y unifica al amante con Allah. En otras palabras, Layla es el horizonte del amor Divino que abre los corazones hacia el desinterés absoluto y borra toda voluntad física. Desde esta perspectiva, la aventura del amor que empieza con Layla se cumple en el Mawla –Allah.

Layla es un ser humano típico. Ha hecho de su amante una leyenda en la que incluso su verdadero nombre, Qais, ha sido cambiado por el de Maynun, que significa loco.

Pero, ¿qué pasa con el amante si la amada no es Layla sino aquél al que Allah se ha referido como “mi amado”? (es decir el Profeta, s.a.s)

Podemos explicarlo con varios ejemplos. El primero lo tomamos de la vida de Rumi (K.s).

Ghuryu Khatun era discípula de Rumi (K.s). Su marido era un general. Un día recibió la orden de marchar a Kayseri, una ciudad en Anatolia. Ghuryu quería llevar consigo un retrato de Rumi, su maestro. Con este propósito le pidió al famoso pintor y decorador del palacio Salyuqi retratar secretamente a Rumi (K.s). El pintor fue a hablar con Rumi (K.s) y le pidió permiso para retratarlo. Rumi sonrió y se lo concedió. Dijo “Hazlo como quieras.”

El pintor empozó a trabajar. Cuando hubo terminado el retrato se dio cuenta de que la persona que tenía delante había cambiado totalmente y no se parecía en absoluto al retrato que había pintado. Así que empezó de nuevo. Repitió el mismo proceso veinte veces. Al final, el pintor se dio cuenta que no tenía nada que hacer y se rindió. Su arte no era suficiente para este cometido. Le besó las manos a Rumi y se fue.[1]

Aquel acontecimiento y el consiguiente asombro del pintor fue su despertar y causa de una profunda reflexión. Más tarde comentó lo siguiente:

– Si un hombre recto puede alcanzar esta estación, ¿cómo habrá sido la del Profeta Muhammad (s.a.s)?

Imam Malik, que Allah esté satisfecho con él, vivía en continuo recuerdo del Profeta Muhammad (s.a.s). Nunca montaba en la ciudad de Medina, y tenía cuidado de hacer sus necesidades fuera del recinto. Siempre hablaba en voz muy baja en la mezquita del Profeta (s.a.s). Una vez el Califa levantó allí la voz. Le dijo lo siguiente:

-¡Oh Califa! Baja la voz en este lugar. Se lo ordenó Allah a una gente mucho más virtuosa que tú.

Luego citó lo siguiente del Qur’an:

“¡Vosotros que creéis! No subáis la voz por encima de la del Profeta ni le habléis a voces como hacéis entre vosotros, no vaya a ser que vuestras obras se malogren sin daros cuenta.” (Huyurat, 49:2)

El gobernador de Medina le perdonó al Imam Malik su maltrato y le dijo:

“En el Día del Juicio Final me sentiría avergonzado de tener discrepancias con un nieto del Profeta (s.a.s).”

El gran maestro As’ad Arbili expresó de manera muy bella su amor por el Profeta (s.a.s):

“Con todo este fuego, es imposible lavar el cuerpo del mártir del amor.
El cuerpo es fuego, la mortaja es fuego, incluso el dulce agua es fuego.”

El poeta Fuzuli explicó de la siguiente manera el amor en su famosa “Oda al agua”:

“No derrames lágrimas ojo mío sobre las llamas de mi corazón,
pues el agua no puede extinguir un fuego tan ardiente.”

El sultán otomano Ahmad Khan se propuso obtener la bendición espiritual haciendo un pequeño modelo de la sandalia del Profeta (s.a.s) y llevándola encima de su turbante. Escribió:

“Desearía llevar siempre en mi cabeza como una corona
el pie puro del rey de los Profetas.”

El gran emperador de su tiempo, Yavuz Sultán Selim Khan, creía que el valor de un siervo sincero de Allah, aquel cuya compañía puede dirigirnos hacia el Profeta Muhammad (s.a.s), estaba por encima de todo lo demás y expresó su sentimiento de la siguiente manera:

“Ser el rey en este mundo es una lucha vana.
Ser un siervo del hombre recto es superior a todo lo demás.”

Esta es la expresión de la importancia de acercarse espiritualmente al Profeta Muhammad (s.a.s) y a los que le aman.

Rumi (K.s) dijo: “El amor aclara las aguas turbias. El amor verdadero da vida a los corazones muertos, e incluso hace que los sultanes se conviertan en esclavos.”

Said Ahmad Yasawi, quien cavó una tumba para sí mismo cuando llegó a los sesenta y tres años de edad para dormir en ella, dijo: “Más allá de los sesenta y tres años no sería apropiado que viva en la superficie de la tierra.” Ya que el Profeta Muhammad (s.a.s) falleció a la edad de los sesenta y tres años, este héroe del amor, completamente unido a su amado, prefirió dejar este mundo a la misma edad y seguir viviendo en una tumba.

Cuando Uwais al – Qarani se enteró de que en la batalla de Uhud un golpe de espada había roto una de las muelas del Profeta (s.a.s), se sintió incómodo por tener él todas ellas. Ya que no sabía cuál de las muelas del Profeta (s.a.s) había sido dañada, se las quitó todas para mantener esa unidad con el amado.

En la batalla de Uhud murieron martirizados el marido, el padre y el hermano de una mujer de la tribu de los Hijos de Dinar. Cuando se enteró la noticia, dijo:

“Llevadme a ver al Profeta. Quiero verle.”

Cuando le hubo visto, dijo:

“¡Oh Mensajero de Allah! Mientras tú vivas no me importan las aflicciones.”

Cuando Hansa Jatun, quien abrazó el Islam después de una vida llena de dificultades, se enteró de que sus cuatro hijos habían sido martirizados en la batalla de Qadisiye, reaccionó de esta manera:

“Qué mis hijos sean sacrificados por la victoria del Islam.”

Y le dio gracias a Allah por el honor de ser madre de cuatro mártires.

El Sultán Bezm Alem escribió:

“El origen de Muhammad es el amor (muhabbah).
¿Quién podría emerger del amor sin Muhammad?”

Lo que nutre nuestra existencia es el amor por el Profeta Muhammad (s.a.s). Cunado mi ya fallecido maestro, Yaman Dede, enseñaba el Mathnawi, lloraba con lágrimas que parecían perlas. En esos momentos expresaba sus sentimientos de la siguiente manera:

“Mis entrañas están sangrando, oh Mensajero de Allah, de amor por ti,
¡Oh Mensajero de Allah! ¿Cómo he aguantado esta separación?
La separación llora; la reunión llora de alegría cuando piensa en retornar al Origen.
Consuélame con tu belleza, oh Mensajero de Allah, porque estoy ardiendo.”

Cuando leía este poema, su cara brillaba como la luna llena en una noche oscura.

A lo largo de la historia, los profetas y los veraces has sido las antorchas que han guiado en el camino de la perfección las vidas espirituales, y ayudaban a elevar la corriente de la fe hasta su más alta cima. Los individuos pueden alcanzar esta perfección por medio de la compañía e identificación con los siervos veraces de Allah y, pueden finalmente, merecer un diploma escrito con la pluma de la eternidad.

A través de la imitación de la vida y conducta del Profeta Muhammad (s.a.s), se puede lograr establecer con él una verdadera asociación. En la práctica este objetivo se consigue siguiendo minuciosamente el ejemplo de los siervos veraces de Allah, como un puente hacia el mundo interior que lleva a la morada del Profeta (s.a.s). El que viaja por este camino disfruta de la unión con el maestro y recibe parte de su corazón y de su mundo interior.

Abu Bakr (r.a) fue uno de los Compañeros que se elevó hacia el estado de unidad con el Profeta Muhammad (s.a.s). Por ello, fue bendecido con un conocimiento más elevado y amplio que cualquier otra persona. Imam Bujari explica:

“Abu Bakr as – Siddiq comentó que el Mensajero de Allah (s.a.s) estaba con él al nivel espiritual incluso cuando se encontraba en el baño. Dicho de otra manera, y tal y como se lo explicó al Profeta (s.a.s), Abu Bakr, este creyente extraordinario, mantenía el estado de unidad espiritual incluso en los momentos de limpieza personal.”

Lo que el Profeta Muhammad (s.a.s) dijo en su lecho de muerte concuerda grandemente con estos relatos. Como lo ha transmitido el hadiz, sus palabras reflejan el amor que fluía entre ambos:

“¡Cerrad todas las puertas! Qué permanezca abierta solamente la de Abu Bakr.”

Un día Jaya Ubaidullah Ahrar sintió de repente frío y le entraron unos terribles escalofríos. Encendieron fuego para que se calentase. En ese momento entró en la habitación uno de sus discípulos, quien por accidente se había caído en un foso lleno de agua helada. Estaba temblando de frío. Cuando se desvistió, secaron sus ropas y entró en calor, Ubaidullah Ahrar dejó de sentir frío.

Bayazid Bastami llegó a ser extremadamente sensible y refinado a través del amor que, por amor al mandato Divino, sentía por todas las criaturas. Simpatizaba con su destino de manera que a menudo se sentía triste. Un día ante sus ojos pegaron a una mula de manera que le hicieron sangrar. Al instante sus gemelos empezaron a sangrar.

Cuando canta un ruiseñor no nos paramos para escuchar las voces que llegan desde la montaña que tenemos delante. Contra más grande es el amor, más cerca llegamos al objeto de ese amor.

Una vez le dijeron al gran Califa Ali que alguien le quería mucho. En respuesta dijo:

“Sí, me quiere tanto como yo le quiero a él.”

En otras palabras, esta condición de la unidad espiritual se puede comparar con el líquido que se encuentra en los vasos comunicantes. El flujo del líquido entre los compartimientos es el producto del lazo del amor espiritual, es decir rabita.

Este lazo espiritual nace de la práctica de un amor fresco y cotidiano. Puede ir dirigido adecuadamente hacia Allah, Su Mensajero (s.a.s) y Sus siervos veraces. Imam Ghazzali puso como ejemplo de este lazo la recitación del “tahiyyat” en las cinco salah diarias. Después de aclarar la importancia de mantener sereno el corazón durante las salah, añadió:

“En la primera y última sentada, cuando se dice as – salam alaika ayyuha an – Nabiy (¡Oh Profeta! ¡Paz sobre ti!), uno debería imaginar al Profeta (s.a.s) con los ojos de su corazón.”

La súplica del “tahiyyat” es una magnifica expresión de amor. Un creyente puede obtener una gran recompensa espiritual de ella. La primera frase de la súplica dice:

“Gloria a Allah, y la súplica y la alabanza.”

De esta manera el Profeta Muhammad (s.a.s) saludó a Allah en su Viaje Nocturno hacia los cielos, Miray. Eran las palabras que Allah reveló en su corazón después de haberle exhortado: “Háblame, oh Mi Mensajero.”

La siguiente frase dice:

“¡Oh Profeta! Qué la paz, la misericordia y la bendición de Allah sean sobre ti.”

Es un regalo de enorme magnitud espiritual y una bendición especial del Creador para con Su Mensajero.

La tercera frase dice:

“Paz sobre nosotros y sobre todos los siervos justos.”

De esta manera responde el Profeta (s.a.s) al saludo con el que su Señor le había recibido. Vemos aquí la evidencia de la gran compasión y misericordia del Profeta (s.a.s), quien menciona en su súplica a todos los siervos justos.

El ángel Yibril (a.s), presente durante este diálogo entre Allah y Su Mensajero (s.a.s) la noche del Miray, dijo:

“Doy testimonio de que no hay otro dios que Allah y de que Muhammad es Su siervo y Mensajero.”

Este testimonio adicional de Yibril (a.s) resalta la importancia del testimonio de fe en la Unicidad de Allah y confirma la necesidad de incluir el saludo –sallalahu alaihi wa sallam– al Profeta (s.a.s). Una súplica que contiene palabras articuladas por Allah, por el Profeta Muhammad (s.a.s) y por Yibril (a.s) es una bendición de gran envergadura y un excepcional regalo Divino para la comunidad de Muhammad (s.a.s). Al pronunciarla recibimos un beneficio que corresponde al grado de nuestra perfección espiritual. El siervo debe pronunciarlo en estado de máxima atención, como si estuviera en la presencia del Creador. Al hacerlo, se estará esforzando espiritualmente para realizar la salah que concuerda plenamente con las palabras del hadiz: “La salah es el miray, ascensión, del creyente hacia Allah.”

Hay que decir que mantener la consciencia de estar en la presencia de Allah desde el principio de la salah hasta su final es un gran logro, difícil incluso para los más grandes siervos de Allah. No obstante, tampoco debemos olvidar que contra más grande sea nuestra consciencia y más concentrado esté nuestro corazón durante la salah, más grande será la posibilidad de que sea aceptada y recompensada por Allah. Por ello, es nuestra obligación esforzarnos al máximo para lograrlo. Si ocurre lo contrario, la advertencia de Allah es estremecedora:

“Pero ¡ay de aquellos que rezan, siendo negligentes con su salah!” (Ma’un, 107:4-5)

La verdadera salah es la que se realiza con el corazón atento. Lo afirma la siguiente ayah:

“Habrán triunfado los creyentes. Aquellos que en su salah están presentes y se humillan.” (Mu’minun, 23:1-2)

El estado de concentración y plena atención abarca todos los aspectos de la vida del creyente. Por esa razón, Rumi (K.s) interpretó el significado de la ayah 23 de la surah Mariam “Aquéllos que son constantes en su salah de la siguiente manera: Significa que el estado de su corazón después de la salah debe ser el mismo que durante la salah.

Alcanzar este nivel es posible solamente a través de una sincera y profunda conexión entre el corazón del creyente y el Mensajero de Allah (s.a.s). Este lazo, rabita, cuando se expande, se abre hacia la unidad espiritual con él. Uno está en el camino de la unión con el Profeta (s.a.s) en la medida en la que se siente continuamente en su presencia y purifica su corazón de los asuntos mundanos. Ese es el camino hacia la integridad espiritual, hacia la fuerza y la madurez.

Ninguno de los compañeros se daba completamente cuenta de la importancia del Profeta (s.a.s). Ninguno pudo abarcar el ámbito de su creación. Incluso Yibril (a.s) durante el Miray le dijo en sidra al-muntaha, es decir la última frontera:

– Sigue. Yo no puede traspasarla.

La experiencia de cada Compañero o Compañera con el Profeta (s.a.s) correspondía al nivel de su evolución personal. Cada paso adelante estaba en función de su nivel de entendimiento. Aisha (r.ha) dijo:

“El rostro del Profeta (s.a.s) irradiaba tanta luz que era más luminoso que la luna llena. Con la ayuda de esa luz solía enhebrar el hilo.”

Rumi (K.s) dijo:

“Los dos mundos fueron creados por un corazón (es decir el del Profeta (s.a.s). ‘Si no hubieses existido, oh Muhammad, no habría creado el universo.’ Son las palabras del hadiz qudsi que debemos contemplar muy profundamente.”

¡Oh Señor! Inclúyenos entre Tus amantes verdaderos, cuyos corazones están llenos de la sabiduría Divina. Inclúyenos entre Tus siervos leales en ambos mundos.

Amin.

[1]       Estos dibujos se pueden ver todavía en el Museo de Mawlana en Konia.