NI OFENDIENDO, NI OFENDIDO (II)

Abdullah Ibn Umm Maktum (r.a), un ciego de nacimiento, fue uno de los primeros muecines del Profeta Muhammad (s.a.s). Solía visitar al Mensajero de Allah (s.a.s) y pedirle:

“¡Oh Mensajero de Allah! Enséñame lo que Allah te ha enseñado.”

El Profeta (s.a.s) nunca se negó a complacer a aquél hombre de corazón puro, y siempre contestaba a todas sus preguntas.

Un día estaban con el Mensajero de Allah (s.a.s) unos cuantos hombres de los Quraish. El Profeta (s.a.s.) tenía esperanza de que aquellos miembros importantes de esa poderosa tribu aceptasen Islam, facilitando el camino para los demás. Mientras tanto llegó Abdullah Ibn Umm Maktum. Debido a su condición no se dio cuenta de quién estaba con el Profeta (s.a.s) y, como de costumbre, empezó a hacerle preguntas. El Profeta (s.a.s) estaba incómodo por esa interrupción. Volvió la cabeza y le ignoró. El ciego se sintió herido. Este incidente fue la causa de la revelación de las ayaat de la surah Abasa, que empieza con: “Frunció el ceño y se apartó porque vino a él el ciego.” (Abasa, 80:1-2)

Más tarde, siempre cuando el Profeta Muhammad (s.a.s) se encontraba con Abdullah Ibn Maktub le decía:

“Saludos a aquél por quien mi Señor me ha reprendido.”

Este suceso sin duda alguna es el ejemplo de cómo Allah había refinado el Divino carácter del Profeta Muhammad (s.a.s). No había en él ningún rencor por el hecho de que Allah le recordara continuamente cuál era su posición y su influencia sobre los corazones que tenía a su alrededor. También es un eterno ejemplo para los creyentes en cuanto a su comportamiento en circunstancias parecidas, protegiendo los sentimientos de los demás, hasta el punto de no fruncir del ceño ante alguien que no puede ver.

Los amigos de Allah, en consecuencia, tienen sumo cuidado con los sentimientos de los demás. Consideran que sus corazones son como la Ka’bah espiritual de Allah. Saben que el que hiere un corazón, hiere a su propio corazón. Por esa razón dicen:

“Allah está con los que tienen los corazones rotos.”

De hecho Musa (a.s), quien buscaba refugio en Allah, preguntó:

“¡Oh Allah! ¿Dónde debo buscarte?”

Allah Todopoderoso le dijo:

“Búscame cerca de los que tienen los corazones rotos.”

Esta realidad se explica bellamente en la siguiente historia relatada por Mawlana:

“Un derviche viajaba en un barco. No llevaba equipaje ni bienes. Con tranquilidad y humildad apoyó su cabeza en un cojín y se durmió. Durante el viaje, se perdió una cartera con oro. Los viajeros y la tripulación buscaron por todas partes pero no lograron encontrarlo. Entonces uno de los hombres indicó al derviche y dijo:

‘Cachead a ese maleante dormido.’

El descompuesto dueño del oro despertó al derviche, mirándole de manera acusadora. Le dijo lo que había pasado, y añadió:

‘Quítate la capa. Tenemos que buscarlo. Eres el único que queda.’

El derviche buscó inmediatamente refugio en Allah:

‘¡Oh Allah! Acusan a Tu siervo inocente. Me someto a Ti.’

A Allah Le disgustó la manera de actuar de aquellas personas porque habían herido un corazón inocente. En ese momento ordenó que los peces del mar subieran a la superficie. Cada uno de ellos llevaba en la boca una perla preciosa. Cada una de ellas fue una bendición de Allah –no pertenecía a nadie. El derviche cogió unas cuantas perlas y las colocó en medio del barco. Luego cruzó las piernas y se quedó flotando en el aire. A los del barco les dijo:

‘Seguid el viaje. Yo me quedo con Allah. Él ni acusa falsamente ni abandona a los que están falsamente acusados.’

La gente en el barco le preguntó:

‘¡Oh siervo noble! ¿De dónde te viene este poder extraordinario?’

‘Me ha sido dado porque respeto a los amigos de Allah y nunca pienso mal de los pobres. La surah Abasa descendió para alabarlos por su pobreza. No tienen en el mundo más que a Allah.’”

Un poeta lo expresó de esta manera: “El que hiere el corazón del pobre, será herido por la flecha de Allah.”

Basándose en esa historia, Mawlana Rumi escribió las siguientes líneas:

“El que ofende a alguien no se da cuenta de que ofende a Allah y de que el agua en esa jarra que es el corazón está mezclada con el agua de Allah.

Debido a nuestra ignorancia y ceguera despreciamos e intentamos herir a los amigos de Allah. Es una enfermedad; una llamada a que venga la aflicción. Los amigos de Allah muestran simpatía por los que lo hacen, pero nuestra insensatez hiere y aflige a los demás.

Si sabes quién habita en la casa del corazón, ¿por qué te muestras tan grosero en la puerta de su dueño?

Si el corazón de un amigo de Allah, de un mensajero, de un piadoso no hubiese sido ofendido, Allah nunca hubiese destruido o humillado a una nación.”

Tasawwuf pone gran énfasis en no ofender a la gente. Sami Efendi fue alguien que lo comprendió muy bien. Acababa de graduarse del Dar al-Canun –Facultad de Leyes. Un amigo de Allah que le conocía bien, y quien apreciaba su conducta y su actitud, le dijo:

“Hijo mío, esta educación tiene ventajas, pero intenta completarla con un verdadero entrenamiento. Enrólate en la escuela de la sabiduría y aprende el conocimiento del corazón y de los misterios del Más Allá. Hijo mío, no sé cómo educan ni cómo enseñan, pero sé que la primera lección que hay que aprender es la de no ofender, y la última la de no estar ofendido.”

Evitar ofender es relativamente fácil. En cuanto a no estar ofendido es más difícil ya que éste es el trabajo del corazón. No estar ofendido solamente es posible cuando las flechas venenosas se detienen antes de llegar al corazón. Y esto depende a su vez del nivel de purificación y perfeccionamiento del nafs. Cuando los ángeles vieron que los habitantes de Taif estaban apedreando al Profeta (s.a.s), le dijeron:

“¡Oh Mensajero de Allah! Si así lo deseas, aplastaremos a esa gente cruel entre esas dos montañas que ves allí.”

Pero aquél que había sido enviado como una misericordia a la humanidad, el Profeta Muhammad (s.a.s), no aceptó su propuesta. Volvió la cara hacia la ciudad y suplicó para que esa comunidad encontrase el camino del Islam. Por la misma razón Hallay Ibn Mansur, quien amaba profundamente al Profeta Muhammad (s.a.s), decía cuando le estaban apedreando:

“¡Oh Allah! No saben… perdónales antes de que me perdones a mí.”

Tal perfección del corazón solamente se puede alcanzar por medio de la verdadera educación y una fuerte disciplina espiritual. Cuando le preguntaron a Abu Qasim al-Hakim sobre el atributo de la perfección, dijo:

“La perfección del corazón tiene tres características: la primera es el corazón que no ofende a nadie; la segunda es el corazón que no se siente ofendido; y la tercera es el corazón que lo hace todo por Allah, sin esperar nada a cambio. Un creyente que reúne en sí estas tres características, nunca ofenderá, porque tiene la fe verdadera; cuando se vuelve hacia el Creador, sin haber sido ofendido por nadie, es leal, y cuando mantiene en secreto sus buenas acciones, queda purificado.”

Un poeta lo ha explicado de la manera siguiente:

“¡Oh tú, hombre sabio! Si quieres ser querido tanto por los seres humanos como por los yin, no te sientas nunca ofendido y no ofendas a los demás.”

Uno de los aspectos más importantes de no ofender o de estar ofendido es el hecho de cubrir las faltas de los demás. Hadrat Harem, de los ancianos de Balj, alcanzó este nivel hasta tal punto que, aunque oía perfectamente, le llamaban esamm, es decir ‘el sordo’. La razón de tal apodo la encontramos en la siguiente historia:

“Un día vino a verle una mujer muy afligida para buscar su consejo. Justo cuando empezó a explicárselo tuvo un calambre y ventoseó sin querer. Estaba tan avergonzada que no sabía qué hacer. Harem hizo como que no había oído nada, y, poniendo la mano detrás de su oreja, dijo: ‘Hermana, no te oigo bien. ¿Puedes hablar un poco más alto?’ La mujer se relajó y pudo explicarlo todo desde el principio.”

No es posible imitar este comportamiento simplemente leyendo tales historias. La reacción de Harem y su afán por no ofender era una reacción que venía del sentimiento de la compasión y la misericordia de Allah. Tales actos se conocen, sobre todo en el tasawwuf, por el nombre de “imbuirse del comportamiento de Allah”.

Los siguientes ahadiz son altamente significativos al respecto:

Abu Huraira (r.a) ha transmitido que el Profeta (s.a.s) dijo:

“Es muy grave que un Musulmán desprecie a otro hermano Musulmán.” (Muslim, 1167)

En cuanto a no sentirse ofendido, el Mensajero de Allah (s.a.s) dijo:

“La virtud no consiste en hacer el bien a los que nos han hecho el bien; ni el mal a los que nos han hecho el mal. Hacer el bien a los que te han hecho el mal –esa es la verdadera virtud.” (Tirmidi, Birr, 63)

En verdad Allah Todopoderoso dice:

“Los siervos de Allah el Más Misericordioso son aquéllos que caminan por la tierra con humildad, y cuando los ignorantes se dirigen a ellos, contestan: ‘Paz.’” (Furqan, 25: 63)

Para alcanzar este estado hace falta consciencia –firasah; la gente ofende a menudo sin darse cuenta. ¿Qué es esa consciencia? Es uno de los atributos de los Profetas. Implica ser sensible y actuar según el nivel intelectual y psicológico de cada uno. De esta manera uno es amable al haber tenido en cuenta el estado mental de la otra persona, adelantándose un paso o dos a los acontecimientos.

La consciencia de la que estamos hablando empieza cuando se ha hecho todo el esfuerzo posible por entender la muerte. Ser conscientes de los misterios y de las verdades del mundo es solamente posible cuando entendemos el significado de ‘muere antes de morir’. Para lograrlo es imprescindible abandonar los deseos del nafs y de este mundo. Los amigos de Allah surgieren el siguiente código:

No olvides dos cosas:

1- Allah,

2- la muerte.

Olvida dos cosas:

1- el mal que te ha tocado,

2- la sadaqah que has dado y el bien que has hecho.

Olvidar el mal del que hemos sido objeto se puede alcanzar con el perdón –ésta es la mayor virtud porque al perdonar continuamente el hombre, se gana el perdón de Allah. Dice el Qur’an al respecto:

“¡Adopta la indulgencia como conducta, ordena lo reconocido y apártate de los ignorantes!” (Al-A’raf, 7:199)

“Pero una buena acción, tanto si la ponéis de manifiesto como si la ocultáis, o un mal que perdonéis… Allah es Indulgente y Poderoso.” (Al-Nisa’, 4:149)

“… sino que perdonen y lo pasen por alto. ¿No os gusta que Allah os perdone a vosotros?” (Al-Nur, 24:22)

Ibn ‘Umar (r.a) nos ha transmitido lo siguiente:

“Vino un hombre a ver al Profeta (s.a.s) y le preguntó:

‘¿Cuántas veces debo perdonar a mi sirviente?’

El Profeta (s.a.s) no le contestó. Entonces el hombre volvió a preguntar lo mismo. Esta vez el Mensajero de Allah (s.a.s) contestó:

‘Perdónale setenta veces al día.’” (Abu Daud, 2451)

En los últimos momentos de su vida el Profeta (s.a.s) dijo:

“¡La salah! ¡La salah! Y temed a Allah en cuanto a vuestros esclavos.” (Abu Daud)

El Mensajero de Allah (s.a.s) también dijo:

“Había un hombre generoso que prestaba dinero a muchos de su comunidad. Le dijo a su sirviente: ‘Si vas a recoger el dinero que me debe un pobre, y si ves que no tiene medios de pagármelo, entonces perdónaselo. ¡Qué Allah nos perdone!’ Allah le perdonó cuando murió.” (Bujari, Anbiya, 54; Muslim, Musaqat, 31)

Estas explicaciones se refieren a la consciencia. Actuar según ella es el don Divino, puesto por Allah en nuestro corazón. Los que tienen ese don se convierten en los Amigos de Allah –awliya. Por eso ningún Amigo de Allah es insensato, ya que un insensato no se puede elevar al nivel de un Amigo de Allah.

Siempre cuando el Mensajero de Allah (s.a.s) alababa a alguien, decía:

“¿Y cómo es su comprensión (inteligencia)?”

En muchas ayaat del Qur’an Allah Todopoderoso dice:

“¿Es que no recapacitan?” “¿Es que no entienden?”

Allah el Misericordioso insiste en que el hombre utilice su mente y su corazón. La consciencia es la llave que desvela el misterio del futuro. El que lo vea no podrá estar ofendido por ningún ser humano, ni tampoco podrá él ofender a nadie, ya que en cada instante tendrá la consciencia del misterio, del propósito Divino en la pre-eternidad y la post-eternidad, y por lo tanto actuará siempre para ganarse la complacencia de Allah.

Jalid de Bagdad transmite:

“Sed amables con Allah en cada momento. Nunca olvidéis que todo pasa con el permiso de Allah y según Su Plan. Las causas son meramente los vehículos momentáneos de la Voluntad Divina. Los sufis dicen: ‘Los que se conocen a sí mismos tienen estas tres cualidades: una, que no hacen daño ni al viento; dos, no hablan de sus propias cualidades; y tres, se acercan a todo lo creado por Allah con amor y compasión.”

Nuestro nivel de no ofender y de no estar ofendido debería ser:

“El que viene para matarte, debería ser revivido por ti.”

No obstante el nafs debe estar a una cierta altura para realizarlo. ¡Qué Allah Todopoderoso nos conceda a todos un corazón refinado con atributos sublimes!

Amin.