Mantenerse firme en el camino de Allah

Istiqāmah (mantenerse firme) literalmente significa “continuo progreso sin temor hacia un objetivo.” En la terminología sufi se corresponde con “la habilidad de preservar nuestra inocencia y pureza naturales (el estado en el que fuimos creados) sin daño ni destrucción.” Como resultado de la protección de la vida espiritual del corazón, el nafs (ego inferior) alcanza adab (buen carácter) ya que el corazón se acerca a la espiritualidad hasta conseguir akhlāq Muhammadiyyah (el carácter de Muhammad, que Allah le bendiga y le de la paz).

Los secretos empiezan a resultar algo evidente. Allah Todopoderoso se convierte en el objetivo de todos los objetivos; m ā siwā o todo aquello diferente de Allah pierde su significado, entrando el creyente en un estado en el que el ó ella pueden alcanzar la divina presencia. Para enfatizar lo difícil que resulta alcanzar este estado, el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) –a pesar de que él es el sine qua non de la creación, una misericordia para todos los mundos, así como el mejor ejemplo de perfección moral- fue advertido por Allah con las siguientes palabras: “Así, pues, mantente firme (en el camino recto) como se te ha ordenado.” (Hūd, 11:112) En verdad que el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) sintiendo el enorme peso que había recaído sobre él al tener que anunciar el divino mensaje, dijo: “La surah de Hūd me hizo más viejo.” Los Compañeros le preguntaron:

“¡Oh Mensajero de Allah! ¿Es la historia de los profetas lo que te ha hecho envejecer?” El Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) respondió: “Fue la ayah que dice, “Así, pues, mantente firme (en el camino recto) como se te ha ordenado” (Hūd, 11:112). Después de que fuese revelada esta ayah aparecieron algunas canas en el cabello del Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) que hasta entonces se había mantenido como un chorro negro de pelo sin ningún trazo blanquecino. Algunos comentadores explican esta ayah de la siguiente manera:

¡Oh Profeta! Debes ser un modelo de corrección actuando siempre en acuerdo con la moral y los principios coránicos de forma que no haya ninguna duda con respecto a ti. Que no te importen las palabras que pronuncian los hipócritas y los paganos; déjaselos a Allah. Actúa con corrección tanto en tus asuntos privados como en los públicos como se te ha ordenado, y no te desvíes del camino recto. No importa lo difícil que pueda resultarte el mantenerte en el camino recto, que no te abrumen los obstáculos a la hora de poner en práctica esta orden. Tu Señor es tu Soporte.

A este respecto, Abd Allāh b. ‘Abbās dijo: “Ninguna otra orden pesó más sobre los hombros del Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) que esta ayah del Qur’an. Por otra parte, esta ayah se dirige a todos los musulmanes en la persona de Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz). Así, pues, lo que hizo envejecer al Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) fue su preocupación por su comunidad (ummah), ya que esta orden va dirigida a todos. Su correcta posición fue confirmada en la siguiente ayah: En verdad que eres uno de los mensajeros, en un camino recto. (Yasin, 36:3-4)

Por lo tanto, no hay otro camino para aproximarse a Allah que mantenerse en el camino recto. Y no hay una orden más difícil de cumplir que la de mantenerse en el camino recto. La más alta estación para un musulmán es la de asegurarse de que está siguiendo el camino recto en todas las acciones. Es debido a su enorme dificultad por lo que esta orden ha sido inscrita en la Surah al-Fātihah en forma de oración. La repetición en cada salah de la frase “guíanos al camino recto” (Fātihah, 1:6) por todos los Musulmanes docenas de veces al día, ilustra claramente la dificultad que encierra el mantenerse siempre en el camino recto.

El camino recto al que se refiere el Qur’an es el camino de Allah, el camino adecuado, el libro de Allah, la creencia y lo relacionado con la creencia, Islam y Sharī’ah, el camino del Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) y sus Compañeros, el camino de los nobles y de los mártires, el camino de la felicidad en este mundo y en el otro, el camino al Paraíso. Así, pues, el camino recto es el camino de los elegidos que han sido bendecidos por Allah.

En primer lugar están los Profetas, después los más sinceros, los mártires y los nobles. También los que les siguieron son gente del camino recto. El camino recto es el camino que lleva al creyente a Allah. Allah Todopoderoso ha dicho: “El camino de Allah, a quien pertenece todo lo que hay en los cielos y en la tierra. ¿Acaso no vuelven todos los asuntos a Allah?” (Shūrā, 42:53) Mantenerse en el camino recto sólo es posible adorando y sirviendo a Allah: “Es Allah mi Señor y tu Señor: así pues adoradle. Este es un camino recto.” (Âl ‘Imrān, 3:51) “A todo aquel que se mantenga firme en Allah se le mostrará un camino recto.” (Âl ‘Imrān, 3:101). El camino recto esta definido en la Surah An’ām de la siguiente manera:

Di: Venid que os declare lo que vuestro Señor os ha prohibido: Que no asociéis nada con Él, que hagáis el bien a vuestros padres y no matéis a vuestros hijos por temor a la miseria. Nosotros os proveemos a vosotros y a ellos, no os acerquéis a las faltas graves ni externa ni internamente y no matéis a quien Allah ha hecho inviolable excepto por derecho. Esto es lo que se os encomienda para que tal vez razonéis.

No os acerquéis a la riqueza del huérfano, si no es con lo que más le beneficie, hasta que no alcance la madurez. Y cumplid la medida y el peso con equidad. A nadie le obligamos sino en la medida de su capacidad. Y cuando habléis, sed justos, aunque se trate de un pariente próximo. Y cumplid el compromiso con Allah. Eso es lo que se os encomienda para que tal vez recordéis. Este es mi camino recto ¡Seguidlo! Y no sigáis los caminos diversos, pues ello os separaría y os apartaría de Su camino. (An’ām, 6:151-153)

El hombre no puede alcanzar el camino recto debidamente a no ser que él o ella prefieran el amor a Allah (mahabbat Allāh) por encima del amor a cualquier otra cosa. Para alcanzar esta estación, el hombre necesita conocer a Allah como Allah se merece ser conocido. Así, pues, se puede decir que el camino recto es ma’rifat Allāh (conocimiento de Allah). Ya que todo aquel que alcanza este conocimiento y organiza su vida acorde con él, escapa de los malos hábitos de su naturaleza y de las artimañas de shaitan.

El corazón de la persona en este estadio es recompensado con bendiciones espirituales. El o ella abren una ventana a los mundos del espíritu; y el universo entero se convierte en un gran libro lleno de sabiduría. Abu Sa’id al-Kharrāz, uno de los hombres de ma’rifah, vio a shaitan en un sueño y trató de golpearle con su bastón. Iblis le dijo: “¡Oh Abu Sa’id! No me da miedo tu bastón, pues tu bastón es visible. A lo que temo es a la radiante luz del sol del conocimiento espiritual que se eleva por encima de los cielos de los corazones de los ‘ārifs (conocedores) y abrasan y destruyen todos los mā siwā.”

En el camino sufi, los esfuerzos que hace un murid (discípulo) son en vano si no se inscriben dentro de un comportamiento correcto (es decir, sigue el camino recto). Cualquier práctica que realice no le reportará ningún provecho. Esa es la razón por la cual mantenerse firme en el camino de Allah es reconocido como el mayor de los milagros. Según otra definición del término, el “camino recto” significa actuar siempre con moderación en cualquier circunstancia, alejándose de los extremos (como gastar demasiado o demasiado poco), y perseverar en el camino recto, obedeciendo las órdenes divinas tal y como nos han sido ordenadas.

El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) ordenó a los creyentes que actuasen con moderación. Debemos saber que el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) vivió toda su vida siguiendo esta norma, dentro de los límites del ser humano, para mostrarse como referencia a los demás. Su vida es el mejor ejemplo de adoración a Allah, de respeto a los derechos de los miembros de su familia, y del resto de los aspectos resultantes de la relación social y su interacción.

El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) dio a todos estos actos su lugar preciso y los presentó debidamente, ordenados y regidos, a su ummah. Comenzar el camino siguiendo las enseñanzas del Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) realizando algunas obligaciones y descuidando otras de forma extrema, es comenzar el camino de una forma inaceptable. Debemos organizar nuestra vidas siguiendo las directrices marcadas por el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz), no siguiendo nuestros deseos subjetivos.

El gran maestro sufi ‘Abd al-Khāliq Ghuyduwānī explica este punto de forma clara. Una vez le preguntaron, “¿Deberíamos hacer lo que nuestro nafs desea o deberíamos hacer aquello que le disgusta?” El Sheij contestó: “Es difícil distinguir entre estas dos opciones. El nafs normalmente engaña al hombre con sus deseos, ya sean divinos o satánicos. Por ello, es suficiente con cumplir las órdenes de Allah y alejarnos de realizar aquello que nos prohíbe. Esta es la verdadera sumisión.” Allah ha dicho:

 Di: Este es mi camino. Llamo a (la adoración) de Allah basado en un cierto conocimiento, tanto yo como los que me siguen. Y ¡Gloria a Allah! Yo no soy de los que asocian. (Yusuf, 12:108)

En las diferentes épocas de ignorancia, que la humanidad ha atravesado, en las que la gente era esclava del poder material y de los deseos del nafs, unos pocos hombres excepcionalmente piadosos fueron encargados de llevar la profecía al resto de sus semejantes. Estos hombres singulares, que fueron modelos para sus comunidades, tenían encargadas tres tareas:

1) Recitar las ayaah de Allah y anunciarlas,

2) Enseñar el libro y la sabiduría,

3) Purificar su naturaleza, es decir, guiar a la gente de forma apropiada (istiqāmah).

Comenzando con Adam (que la paz sea sobre él), esta sagrada cadena de la profecía alcanzó la máxima madurez con el Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz). El camino recto o istiqāmah es una colección de ‘amal sālih o buenas obras. Para que una acción sea considerada ‘amal sālih tiene que cumplir dos condiciones: 1. Ta’zīm li-amr Allāh -obedecer las órdenes de Allah de forma correcta y con humildad. 2. Shafaqat li-khalaq Allā -amar, mostrar afecto y ser generoso con todas las criaturas por amor a su Creador.

En otras palabras, la posición correcta es amar al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) e imitar, en la medida de lo posible, sus cualidades morales y su comportamiento; vivir en acuerdo con la guía espiritual del Qur’an y la Sunnah; alejarse de los placeres mundanos, y desvelar los secretos de la adoración, la sumisión y el conocimiento. Todo ello resulta necesario para todo aquel que quiera mantener su mundo interior bajo control y reconocer, así, lo verdadero y lo correcto en cada circunstancia que se le presente en la vida. Realizar actos por otro motivo que por el de satisfacer a Allah significa hipocresía y por ello mismo quedan invalidados ante Él. Vemos cuan peligrosa es esta actitud.

Por ello debemos esforzarnos en vivir para Allah. Incluso ‘Umar b. al-Khattāb (que Allah esté satisfecho de él) estuvo siempre preocupado por preservar la sinceridad y corrección en todas sus acciones. Cuando llegó al poder, dijo: “¡Oh gente! Si me desviase del camino de Allah y cayese en las acciones erróneas, ¿qué haríais?” Un beduino se levantó y dijo:

“¡Oh Califa! No te preocupes, si te inclinas al mal, te enderezaremos con nuestras espadas.” Satisfecho con la respuesta, el Califa ‘Umar dio gracias a Allah: “¡Todas las alabanzas son para Ti, oh mi Señor! Me has bendecido con una comunidad que me devolvería al camino recto si me desviase de él.” El Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) informó sólo a Hudhayfa de los que tenían el sello de la hipocresía en sus corazones para proteger a la ummah musulmana. ‘Umar se enteró de ello y un día le preguntó a Hudhayfa: “¡Oh Hudhayfa! Por el amor de Allah, dime, ¿está en mí el signo de la hipocresía?” Hudhayfa le respondió: “¡Oh Califa! Te puedo garantizar que tu corazón no tiene el menor signo de hipocresía, pero no me preguntes por otros.” Al-Hasan al-Basrī dijo una vez a su discípulo Tāwūs, profesor de la ciencia del hadiz: “¡Oh Tāwūs! Si te sientes orgulloso de ser profesor de hadiz, abandona este trabajo.” Al-Ghazāī, cuando enseñaba a más de trescientos estudiantes, sintió este mismo peligro: “¿Busco la complacencia de Allah al enseñar a estos mis discípulos, o corro el peligro de caer en las garras del deseo de fama?” Después de esto, Al-Ghazāī repartió su riqueza, abandonó la enseñanza y pasó mucho tiempo dedicado a la adoración y la reflexión espiritual. Esto le llevó a una profunda purificación de su nafs, alcanzando conformidad en su corazón. Sólo entonces se decidió a volver a la enseñanza.

El Sultán Yavuz Selim, a la vuelta de su campaña en Egipto, se enteró de que la gente en Estambul le estaba esperando con gran ansia. Debido a ello, decidió acampar a las afueras de Estambul en la colina de Çamlica. Temió que los halagos de la gente por sus victorias corrompiesen su nafs y le llenaran el corazón de arrogancia y soberbia. Se acercó a uno de sus sirvientes, Hasan Can, y le dijo: “Esperemos aquí hasta que oscurezca y se hayan ido todos a sus casas; entonces entraremos en Estambul. No dejemos que los aplausos de la gente y sus cumplidos nos derriben.” Finalmente, entró secretamente en la ciudad, evitando así las alabanzas de la gente.

Todos estos ejemplos nos indican que debemos mantenernos firmes en el camino recto en cualquiera circunstancia en la que nos encontremos, y limpiar nuestros corazones de toda impureza. El corazón es el locus en el que se manifiesta lo divino. El valor de nuestra adoración depende de la claridad de nuestros corazones. Allah Todopoderoso ha dicho en el Qur’an:

“El día en el que ni la riqueza ni los hijos servirán de nada. Sólo quien venga a Allah con un corazón sano.” (Shu’arā’, 26:88-89).

De la misma forma, el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo: “En verdad que Allah no mira a vuestra apariencia ni a vuestras posesiones. Mira a vuestros corazones y a vuestras obras.” (Sahih Muslim) Le pido a Allah que nos de la fuerza y la voluntad de mantenernos firmes en el camino recto.
¡Amin!