La realidad del ser humano

Allah Todopoderoso “os ha subordinado lo que hay en los cielos y en la tierra, todo gracias a Él. Realmente en eso hay signos para la gente que reflexiona;” (Yāthiya, 45:13) sin embargo, también ha declarado “¿cree acaso el hombre que se le dejará olvidado?” (Qiyāma, 75:36).

Es decir, que se le pedirán responsabilidades. Allah ha equilibrado el flujo general de la existencia con la libertad y la responsabilidad a través de leyes universales que también atañen al hombre. En la siguiente ayah, Allah Todopoderoso ordena al hombre unirse en armonía con el universo:

“Ha elevado el cielo y ha puesto la balanza para que no abusarais al pesar.” (Rahmān, 55:7-8)

Por ello, quienes no son conscientes del secreto de nuestra existencia en este mundo, no pueden vivir en armonía con el orden divino que Allah Todopoderoso ha creado, ya que están demasiado apegados a los placeres terrenales y efímeros. Desgraciadamente, esta gente malgasta sus vidas cayendo en la más abyecta despreocupación e ignorancia. Este secreto está escondido en la realidad del ser humano, que está creado con dos tendencias opuestas, una hacia el bien y otra hacia el mal.

Estas tendencias le fueron dadas al ser humano como una prueba divina para separar y diferencias los caracteres, unos inclinados en mayor o menor grado hacia el mal, y otros hacia el bien. Para que el ser humano pueda hacer que sus tendencias positivas dominen su carácter, no son suficientes sus facultades místicas e intelectuales. Si lo fueran, Allah Todopoderoso no hubiera hecho de Adam el primer profeta de la humanidad, ni le hubiera otorgado las verdades divinas que le guiaron, confortaron y apaciguaron en este mundo y en el otro.

En verdad que todas las facultades místicas e  del hombre pueden ser fácilmente manipuladas dirigiéndolas hacia el bien o hacia el mal. Una de estas facultades, por ejemplo, es la razón. Es como una espada de doble filo que puede realizar actos tanto indecentes como virtuosos. No podemos alcanzar la mejor forma (ahsanu taqwīm) sin utilizar la razón. Sin embargo, esta misma razón puede rebajar al hombre al estadio de las bestias. Por ello, es necesario disciplinar la mente y sus facultades.

Esto sólo puede lograrse con la guía de la revelación divina, es decir, siguiendo las enseñanzas de los Profetas. Si una persona permite que le guíe la revelación divina, su mente alcanzará verdadera paz. De lo contrario, se desviará del camino y no conocerá otro sentimiento que la ansiedad. Por ello, la mente necesita ser guiada por la voluntad divina. A través de la historia, mucha gente soberbia ha utilizado brillantemente la razón para explotar a otros. Justifican sus fechorías diciendo que era, en ese momento preciso, la acción más lógica y conveniente (lo que Maquiavelo llamaría: razón de estado).

Por ejemplo, cuando Hulagu Jan invadió Bagdad y ahogó en el Tigris a cuatrocientas mil personas, no tuvo el menor remordimiento de conciencia. Antes de la llegada del Islam, la gente de Mekkah solía enterrar vivas a sus hijas, silenciando sus lastimados corazones. A pesar de ser un acto terrible, siguieron haciéndolo hasta la llegada del Islam. Y sin embargo, toda esa gente tenía mentes y sentimientos, pero se movían en la mala dirección, como una rueda que gira al contrario de las agujas del reloj.

Estos ejemplos nos muestran que el ser humano necesita guía, dado que está provisto con elementos negativos y positivos en su carácter. Si el hombre no sigue la guía de los Profetas, se desvía del camino recto y se convierte en un asesino que piensa que sus acciones son correctas. Una mente sin guía es como una nube negra que vela la consciencia y bloquea los sentimientos de misericordia y compasión. Allah Todopoderoso envió a los Profetas para mostrar el camino recto y hacernos ver la imperante necesidad que tiene el hombre de guía, consejo y de grandes personalidades que los represente.

En verdad que la bendición del Islam y la guía del Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) transformaron la crueldad de la gente de yāhiliyya (el tiempo de la ignorancia antes del Islam) que enterraba a sus hijas vivas, en misericordia hasta el punto de irrumpir en lágrimas ante la menor injusticia. Allah Todopoderoso ha creado a algunas personas con nobles cualidades, como es el ejemplo de los califas rectamente guiados. Como hemos mencionado anteriormente, Allah ha provisto al hombre con tendencias positivas y negativas en continua lucha entre ellas. Este hecho es en sí una prueba.

Y así, la más virtuosa de las criaturas, el ser humano, encuentra su lugar entre el estadio más bajo, ocupado por los animales, y el más elevado, ocupado por los ángeles. Encuentra su lugar preciso según su esfuerzo para que sea lo positivo lo que venza a lo negativo en su interior. Por ello, de todas las criaturas, el hombre es el que más necesita la purificación (tazkiyah) y el recto actuar (tarbiyah). Allah Todopoderoso ha dicho en el Qur’an que una vida alejada de tazkiyah y tarbiyah es como la de un animal, incluso puede que más baja:

“Hemos creado para Yahannam muchos genios y hombres. Tienen corazones con los que no comprenden, ojos con los que no ven y oídos con los que no oyen. Son como animales de rebaño o peor aún en su extravío. Esos son los indiferentes.” (A’rāf, 7:179)

La fuerza y la debilidad del hombre son el resultado de la profunda contradicción que anida en su vida interior y exterior. El hombre ha aceptado la responsabilidad (amānah) que las montañas rechazaron por temor a no poder sobrellevarla. Estas son contradicciones que no son fácilmente superables. Ello se debe al hecho de que el hombre posee virtudes que le permiten acercarse a Allah y, al mismo tiempo, vicios mortales que le alejan de Él.

La gente que no tiene tarbiyah o paz en sus corazones, almacena características animales en su mundo interior. Algunos son astutos como zorros, otros depredadores como hienas, otros son tan trabajadores como hormigas, otros tan venenosos como serpientes de cascabel. Hay gente que te muerde amorosamente, y otra que te chupa la sangre como las sanguijuelas. Los hay que sonríen mientras le están clavando un puñal a su amigo. Todo esto son características de los animales.

Toda persona que no es capaz de liberarse de sus aspectos negativos y establecer finalmente un buen carácter, quedará destruida por los rasgos negativos que tenga. Algunos pueden tener solamente una característica animal mientras que otros pueden tener muchas. No es difícil para la gente de conocimiento reconocerlas; el rostro refleja el interior de la persona. La gente con rasgos positivos en su carácter y la gente con rasgos negativos viven juntos en este mundo. Por analogía podemos comparar esta situación a la de una gacela que es guardada en un establo donde hay animales salvajes, y con los que tiene que convivir.

A veces el mezquino vive cerca del generoso; otras veces el imbécil vive junto al sabio y el compasivo con el duro de corazón. Los mezquinos no tienen misericordia, son cobardes que se apartan de cualquier tarea que signifique servir a los demás. Los imbéciles no pueden entender al sabio; los crueles asumen que siempre actúan correctamente, pero no cesan, en realidad, de abusar de su poder. Las personas angelicales viven a menudo junto a los malvados.

Los primeros tratan de reconocer la verdad (haqq) y ser buenos siervos de Allah, mientras que los otros viven según sus instintos, pensando que la felicidad consiste en comer, divertirse y alcanzar una alta posición social. Vivir en un mundo lleno de caracteres opuestos es una difícil prueba para el ser humano. Y sin embargo, se nos pide que pasemos esa prueba, no hay más remedio, ya que ese, de hecho, es el verdadero objetivo de esta existencia. Para lograr pasar este examen, debemos desarrollar un buen comportamiento y eliminar los aspectos negativos que tintan nuestra personalidad.

Debemos, en una palabra, alcanzar la virtud. El cuerpo humano proviene de la tierra y a ella ha de volver. Dado que compartimos algunas cualidades con otras criaturas, debemos controlarnos con el tazkiyah y tarbiyah; de otra manera, no podremos escapar del mal del nafs en nuestro interior, ni de que éste debilite nuestro corazón. En el Qur’an, Allah ha dicho:

“¡Por un alma y Quien la modeló! Y le insufló su rebeldía y su obediencia. Que habrá triunfado el que la purifique y habrá perdido quien la lleve al extravío.” (Shams, 91:7-10)

Rūmī explica el concepto de correcto y erróneo en la siguiente exhortación:

“¡Oh viajero de la verdad! ¿Quieres conocer algo sorprendente? Ni Musa ni el Faraón están muertos. Viven en ti. Están escondidos en tu interior. No dejan de luchar uno contra otro. Así, pues, búscalos en tu interior.”

Y de nuevo Rūmī dice:

No alimentes a tu cuerpo en exceso, pues es una ofrenda que será devuelta a la tierra. Mejor alimenta tu espíritu. Él es el que irá a los cielos donde será honrado.

Da a tu cuerpo pequeños trozos de sabrosa comida, pues quien le da demasiado se vuelve esclavo de su nafs, y le espera al final un desafortunado futuro.

Da a tu espíritu, comida espiritual; dale pensamientos maduros, clara comprensión y una consciencia despierta, de forma que vaya a donde se supone que tiene que ir, preparado de la mejor forma posible.

El nafs sin entrenamiento espiritual (tarbiyah) se parece a un árbol con las raíces podridas. Los signos de su decadencia pueden observarse en las ramas, en las hojas y en los frutos. De la misma forma, si el corazón padece una enfermedad, se refleja en el cuerpo en forma de rasgos negativos tales como el odio, la envidia y la arrogancia. Esos rasgos negativos están atados al nafs. La cura para esta enfermedad es morar en la obediencia a Allah.

Sin embargo, aquellos que se encuentran en diferentes niveles de comprensión y tienen caracteres diferentes, necesitan la guía de las personalidades modélicas. No olvidemos que la esencia fundamental de todo carácter es la imitación y la simulación.