LA MANERA DE CONTEMPLAR

Abu Bakr, que Allah esté satisfecho de él, meditaba profundamente en una ocasión acerca del Día del Juicio Final, el Gran Tribunal, el Paraíso y el Infierno, la Asamblea de los ángeles en filas, el enrollamiento del Sol, el desvanecimiento y caída de las estrellas, y la pulverización de las montañas. Sobrecogido por el temor, se dijo a sí mismo:

¡Ojala fuera hierba, como la que crece allí, esa que perece cuando la comen los animales que pasan. (Suyuti, Lubab’un-Nuqul, II, 146; Alusi, XXVII, 117) Entonces le fue revelado al Profeta, que Allah le bendiga y le de la paz:

“Y quien haya temido la comparecencia ante su Señor, tendrá dos jardines.” (ar-Rahman, 55:46)

En una ocasión en la que Abu Bakr, que Allah esté satisfecho de él, había salido de casa en un día claro y soleado, y admiraba el cielo despejado, el verdor de los alrededores, la Obra de Allah, glorificado sea, todo ello creado para Sus siervos y de una belleza indescriptible, vio de repente un pájaro posado en una rama que emitía trinos de una belleza extraordinaria. Entristecido súbitamente, suspiró, y mirando al pájaro fijamente dijo:

¡Qué suerte tienes! Juro que me gustaría estar en tu lugar. Te posas donde quieres en ese árbol, comes de sus frutos y luego te vas volando. No te espera un tribunal ni tampoco tienes que temer ningún castigo. Por Allah, que en vez de un ser humano, llamado a dar cuentas, hubiese preferido se una rana al lado de un camino, para que me agarrase y me comiese un camello. (Ibn Abi Shaybah, Musannaf, VIII, 144)

Ali, que Allah esté satisfecho de él, ha dicho:

No hay beneficio en la adoración sin comprensión, ni comprensión sin temor, ni tampoco en la lectura del Qur’an sin contemplación. (Abu Nuaym, Hilya, I, 77)

Y las siguientes palabras de sabiduría vienen de Ali, que Allah esté satisfecho con él:

No hay beneficio en el salah sin concentración, en el ayuno acompañado de palabras vanas y de un vano comportamiento, en el conocimiento sin temor, en el saludo sin generosidad, en la hermandad sin protección, en la bendición que no es duradera, y en la súplica que no es sincera. (Ibn Hayar, Munabbihat, p. 31)

Ali, que Allah esté satisfecho con él, solía percibirlo todo con el ojo de la contemplación, y reflexionaba largamente sobre lo que veía. A veces lloraba como un huérfano por temor al Todopoderoso, temblando como si tuviera fiebre. Dedicaba mucho tiempo a la adoración y realizaba regularmente buenas obras. Comía poco, pero gastaba mucho en el camino del bien. Valorando el Islam más que ninguna otra cosa, solía decir:

El bien está en cuatro cosas: el discurso, el silencio, la mirada y el comportamiento. El discurso que no sea el recuerdo de Allah es vano. El silencio vacío de contemplación es un error. La mirada sin percepción es ignorancia. El comportamiento que no conduce a la adoración de Allah es insensatez. Que Allah tenga en Su Misericordia a aquél cuyo discurso contiene el recuerdo Divino y el bien, cuyo silencio es la contemplación y cuyo comportamiento es rectitud. La gente estará siempre a salvo de las palabras y acciones de tales personas.

Describiendo a la verdadera gente del Qur’an, Ibn Masud, que Allah esté satisfecho de él, dijo:

Cuando la gente habla, un hafiz (alguien que ha memorizado todo el Qur’an), es reconocido por su silencio. Las lágrimas de un hafiz tienen otra belleza. Un hafiz está lleno de dignidad, muestra un carácter excelente con su silencio y su contemplación. (Abu Nuaim, Hilyah, I, 130)

Cuando le preguntaron a Umm Darda, que Allah esté satisfecho de ella, qué actos consideraba Abu Darda, que Allah esté satisfecho de él, más importantes, contestó:

La absorción en la contemplación auto-correctiva. (Waqi bin Jarrah, Zuhd, p. 474)

Amr ibn Abdiqais, un notable tabi’un (miembro de la generación que conoció a los Compañeros pero no al Profeta), ha dicho:

Lo oí de uno o dos Compañeros, pero lo solían decir muchos: El brillo de la luz de la fe y su intensidad vienen con la contemplación. (Ibn Kathir, I, 448, Suyuti, ad- Durr’ulMansur, II, 409, ‘Ali Imran, 190’)

Le pidieron a Rabi ibn Haizam, que Allah esté satisfecho de él, que describiese a una persona más virtuosa que él mismo, a lo que contestó:

Aquel cuyo discurso es dhikr, cuyo silencio es contemplación y cuya mirada es la mirada del conocimiento. (Ibn Hanbal, Zuhd, p. 334; Abu Nuaim, Hiliah, II, 106)

Abu Sulayman Darani ha dicho:

Acostumbrad a vuestros ojos a llorar y a vuestro corazón a contemplar. El apego a este mundo es un velo entre la persona y el Más Allá, y una tremenda pérdida a largo plazo. Pensar en el Más Allá, por otro lado, hace que nazca en la persona la luz de la sabiduría y se revitalice el corazón. (Imam Ghazzali, Ihia, VI, 45)

Yusuf Hamadani dijo en una ocasión:

Una vez que arraiga en alguien la fe contemplativa, le seguirán buenas obras. Hace falta juntar, como sea, estas dos cosas –la contemplación y las buenas obras.

Fudail ibn Iyad ha dicho:

La contemplación es como el espejo de la Majestad y de la Soberanía Divinas –manifiesta lo bueno y lo malo. (Imam Ghazzali, Ihia, VI, 44)

Muhammad ibn Abdullah, ha dicho:

Hay cinco tipos de contemplación:

La contemplación de las ayaat de Allah de la que proviene el marifah.

La contemplación de las bendiciones de Allah; de ella proviene el amor.

La contemplación de las promesas y recompensas de Allah, de la que proviene el deseo.

La contemplación de las advertencias y del castigo de Allah, de la que proviene el temor.

La contemplación de la ingratitud del hombre, de la que proviene la vergüenza y el arrepentimiento.

Concuerdan con lo antes expuesto las siguientes palabras de sabiduría:

Una larga contemplación es lo que combina todo lo bueno y lo correcto. El silencio es paz. Dejarse llevar por lo vano es tristeza y agudo remordimiento. El que sucumba a los deseos de su ego y descuide el Más Allá se expondrá a la vergüenza el Día del Juicio, deseando su propia aniquilación. (Bayhaki, Shuab, VII, 417/10812; IV, 272/5070)

El Río de la Contemplación fluye hacia la tierra fértil

Allah, glorificado sea, le ha otorgado a cada ser humano la capacidad de contemplar. En las profundidades de cada persona está escondido el rugiente río de la contemplación, siempre en movimiento, incesante en su curso. Sin directrices hacia dónde fluir, queda abandonado a sí mismo, sin conocer su curso, fluyendo hacia cualquier lugar –bueno o malo.

A veces se pierde en los áridos desiertos, mientras que en otras ocasiones lo arrastra el destino desconocido, un futuro incierto, yendo a la deriva. La fineza espiritual consiste en dirigir el río de la contemplación hacia la tierra fértil para sembrar en ella abundantes cosechas. El Todopoderoso advierte a los que no utilizan el don de la contemplación tal y como Él nos ha enseñado:

“Es cierto que las peores bestias ante Allah son los mudos y los sordos que no tienen discernimiento.” (al-Anfal, 8:22)

“Hemos creado para Yahannam muchos genios y hombres. Tienen corazones con los que no comprenden, ojos con los que no ven y oídos con los que no oyen. Son como animales de rebaño o peor aún en su extravío. Esos son los indiferentes.” (al-Araf, 8:179)

El corazón es como un espejo manchado de ignorancia e incredulidad. Su adorno consiste en, primero, creer en Allah, glorificado sea, y luego volverse a Él con amor. A un nivel más básico, la persona debe pensar en cómo contestar a estas preguntas:

¿Por qué estamos aquí?

¿Quién es el dueño del lugar en el que vivimos?

¿Quién nos envía nuestro alimento?

¿A dónde nos dirigimos?

Una vida perdida en los deseos del ego, sin ninguna preocupación por estas preguntas vitales y un corazón altivo, alejado del reconocimiento del Real –están destinados a un lamentable final. Este tipo de personas no ven las cosas que muestran la Verdad de manera clara y comprensible, y nunca se ponen a reflexionar, y por esa razón se les compara con las bestias –ignorantes y perdidas. Su único deseo es comer, beber y satisfacer los placeres carnales. Allah, glorificado sea, ha dicho:

“¿Qué opinión te merece quien hace de su deseo su dios? ¿Vas a ser tú su guardián? ¿O acaso cuentas con que la mayoría de ellos va a escuchar o a entender cuando no son sino como animales de rebaño o aún más extraviados del camino?” (al-Furqan, 25:43-44)

Un hombre rectamente guiado, ha dicho:

La vida para el hombre sabio es una continua exhibición del Arte Divino, y un simple consumo y lujuria para el necio.”

Desde otro punto de vista, la contemplación es como una espada de doble filo –puede ser buena o mala. Puede convertirse en una herramienta para los más bajos deseos del ego, al igual que servir a los más sublimes propósitos del espíritu. El Todopoderoso advierte a los que utilizan esta capacidad para fines erróneos:

“Ningún alma puede creer si no es con permiso de Allah y Él impondrá el vil castigo a quienes no razonen.” (Yunus, 10:100)

La incredulidad es la peor suciedad que puede manchar al ser humano. Quien no ocupa a la mente y al corazón con la reflexión sobre las ayaat del Qur’an, nunca se purificará de esta suciedad. Las mentes alimentadas con la luz de la fe y guiadas por la revelación encuentran la manera de conocer al Todopoderoso, mientras que las que son incapaces de hacerlo se pierden en el camino de la Verdad. No hay mayor fracaso que el de los filósofos que creen haber encontrado la verdad sin haber tomado la Revelación Divina como base.

La optimización de la capacidad de contemplar, por otro lado, requiere alejar la mente y el corazón de las actividades vanas que solamente suponen pérdida de tiempo. Así lo declara el Noble Qur’an:

“Los que de la frivolidad se apartan.” (al-Muminun, 23:3)

“Los que no prestan atención a la mentira y cuando pasan junto a la frivolidad lo hacen noblemente.” (al-Furqan, 25:72)

El Profeta, que Allah le bendiga y le de la paz, ha dicho:

“El abandono de las actividades inútiles es el signo de un buen Musulmán.” (Tirmidhi, Zuhd, 11; Ibn Mayah, Fitan, 12)

La medicina más efectiva para las enfermedades del ego es centrar todo el pensamiento en cosas beneficiosas y alejarse de todo lo que no sea de nuestra incumbencia. El entretenimiento con las cosas vanas, abre la puerta del mal y de la depravación; y los que ocupan sus mentes con pensamientos inútiles se alejan del bien, y perecen espiritualmente. Ibn’ul-Yawi ha dicho:

Si el pensar constantemente en lo lícito (mubah) deja el corazón en la oscuridad, imaginaos el daño que causará el pensar en lo ilícito (haram). Si incluso el musgo puede cambiar el agua, quitándole su carácter purificador, imaginaos el agua lamida por un perro. De ahí que digan los mayores: ‘El que tiene el hábito de hacer cosas ilícitas pierde el sabor de la unión con el Señor’. (Bursawi, Ruh’ul-Bayan, ‘al-Muminun, 51’)

Si no dirigimos nuestras fuerzas hacia la contemplación, y hacemos e imaginamos el bien, Shaytan nos dirigirá hacia el mal. En consecuencia, seremos incapaces de contemplar de manera digna lo Divino, y en vez de beneficiarnos de los regalos del corazón y de la razón que nos ha otorgado el Todopoderoso, nos haremos un profundo daño a nosotros mismos. Por eso el creyente debe estar siempre ocupado pensando en el bien, dirigiendo su pensamiento hacia lo que nos indica el Qur’an y la sunnah.

La contemplación acompañada del dhikr

Yusuf Hamadani comenta:

El corazón y el dhikr son como el árbol y el agua. En cambio, el corazón y la contemplación son como el árbol y sus frutos. Sería un error esperar que el árbol florezca antes de regarlo, así como esperar que los frutos salgan antes de que le crezcan las hojas y se ponga en flor. Nunca dará frutos, no importa lo mucho que lo  deseemos. Hay un tiempo de alimentar el árbol y de cuidarlo.

Hace falta regarlo, quitar las hiedras que lo envuelven, las malas hierbas, y luego esperar la luz del sol. Solamente cuando se han dado todas esas circunstancias, el árbol toma vida y se adorna con lujosas hojas verdes, y entonces tiene sentido esperar que sus ramas den frutos, porque significa que ha llegado el tiempo. (Rutbat’ul-Hayat, p. 71)

Hasan Basri ha dicho:

Los dotados de inteligencia se acostumbran a contemplar por medio del dhikr, y al dhikr por medio de la contemplación. Finalmente, hablan sus corazones, y cuando sus corazones empiezan a hablar, solamente pronuncian palabras de sabiduría. (Imam Ghazzali, Ihia, VI, 46)

El dhikr y la contemplación nunca se deben separar. Lo más importante en cuanto al dhikr es hacerlo de manera contemplativa y consciente. Según comenta el gran sabio Muhammad Parsa, que Allah le tenga en Su Misericordia, un gran sabio,

“cuando decimos la ilaha (no hay dios), uno debería pensar en la muerte de toda la Creación como algo insignificante, eliminando de la mente todo lo que no sea Allah, glorificado sea, y purificando los pensamientos. El corazón debe estar lleno de la consciencia de ser un siervo solamente de Allah y de nadie más. Cuando decimos ill-Allah (más que Allah), debemos pensar que la existencia primordial de Allah, glorificado sea, es a la vez eterna y que Él es el Único al que podemos volvernos con amor. Con esto,los atributos de belleza del Todopoderoso (yamali) se empiezan a manifestar en el corazón.”

Bahauddin Naqshband, que Allah le tenga en Su Misericordia, ha dicho:

El objetivo del dhikr no es solamente repetir ‘Allah’ y ‘La ilaha ill-Allah’. Es ir desde las causas a la Causa, y darse cuenta de que todas las bendiciones provienen de Él.

La verdad del dhikr, en otras palabras, es elevarnos por encima de la ignorancia hacia los horizontes de quien atestigua la verdad. Mawlana Rumi, que Allah le tenga en Su Misericordia, ha dicho:

Allah, el Uno y el Único, nos ha dado permiso para recordarle (dhikr), diciendo: َ’Allahu Akbar’ Recordad a Allah! El Dhikr hecho solamente con la lengua, sin sentirlo y sin contemplar, es deficiente. El Dhikr que procede del fondo de un corazón que admira, está destilado –sin frases ni palabras. (Mathnawi, v. 2, pareado: 1709, 1712)

Con el tiempo, crece el amor Divino en la persona que recuerda los Nombres y los Atributos de Allah, glorificado sea, de manera contemplativa. El asunto está en que no solamente repetimos la palabra ‘Allah’,sino que colocamos el amor a ‘la Palabra’ en el corazón, el centro del entendimiento.

Por medio del dhikr y de la contemplación, se alcanza primero muhabbatullah, el amor Divino, y por medio de muhabbatullah uno empieza a tener el conocimiento de Allah; es decir, una mejor comprensión de los Nombres y Atributos Divinos. En consecuencia, Allah, alabado sea, a Su vez ama a la persona y le ofrece Su amistad. Se ha transmitido en un hadiz al-qudsi:

Los rectos de entre mis siervos y los que amo de entre mi Creación son aquellos que Me recuerdan; Yo los menciono a cambio de que Me recuerden. (Ahmad, III, 430)

El dhikr está conformado por tres aspectos fundamentales: la lengua, el cuerpo y el corazón. El dhikr de la lengua consiste en recordar a Allah, glorificado sea, por medio de Sus Nombres y Atributos, glorificándole, leyendo Su Palabra y suplicándole. El dhikr del cuerpo consiste en ocupar cada uno de nuestros miembros con lo que se le había ordenado, alejándolos de las malas acciones. En cuanto al dhikr del corazón, Elmalılı Hamdi Yazır ha comentado:

“El dhikr del corazón consiste en recordar a Allah de manera sincera, de corazón, y éste llega de tres formas:

1) Pensar en las pruebas que atestiguan la Esencia y los Atributos de Allah, glorificado sea, y buscar las respuestas a las dudas que puedan entrar en el corazón en cuanto a Su Soberanía.

2) Contemplar los derechos que Allah, glorificado sea, tiene sobre nosotros y en nuestras obligaciones en cuanto que siervos; pensar en Su Mandato y en Sus prohibiciones, las pruebas que las confirman y la sabiduría que subyace en ellas.

3) Contemplar la Creación, tanto interna como externa, y la sabiduría que subyace en su existencia de manera que le permita a uno darse cuenta que cada partícula constituye un espejo del reino Divino. A los ojos que miran correctamente en este espejo, las luces de este reino brillan, y solamente un destello de esta luz de una milésima de segundo, adquirido conscientemente, vale el mundo entero.

El dhikr a este nivel no tiene fin. A este nivel uno pierde la consciencia de sí mismo y de lo que tiene a su alrededor –toda su consciencia se pierde en el Real, hasta el punto en el que no queda nada ni de las palabras de dhikr ni de la persona que hace dhikr. Solamente percibimos el objeto del dhikr, es decir el Real. Aunque hay muchos que hablan de este nivel, los que lo han alcanzado no tienen interés en hablar de él.” (Hak Dîni Kur’an Dili, [al-Bakara, 152])

Todos los seres son espejos en los que se reflejan las Manifestaciones Divinas, que les ofrece la Mano Todopoderosa al entendimiento y a la consciencia del hombre. La percepción de la sabiduría y del misterio reflejada en el espejo depende, por otro lado, de la pureza y nitidez del espejo del corazón.

El amanecer: El tiempo más adecuado para el dhikr y la contemplación

Un amante habla a menudo del amado. Alguien que habla con frecuencia de algo empieza a sentir cada vez un mayor afecto hacia ello. El amor se mide por el grado de sacrificio mostrado por el amado. El abandonar la cómoda cama y el agradable sueño al amanecer para buscar refugio en Allah, glorificado sea, es una de las más supremas indicaciones de tal amor. Merece la pena notar que la Misericordia Divina y el perdón se desbordan al rayar el alba.

Los ruiseñores, inspirados por esta abundancia Divina, entonan sus trinos más dulces, y las flores se abren exhibiendo incontables matices de color, emitiendo las más dulces fragancias.

¡Qué pena de seres humanos, éstos que cada día se pierden el gran festín de la Misericordia Divina! El tiempo más preciado del día es el amanecer –corresponde a la tercera parte de la noche. El amanecer marca un momento en el que la mente está más alejada de las pequeñas preocupaciones; cuando el corazón se inclina hacia la pureza, el interés por las  cosas mundanas se debilita y todo queda envuelto en un apacible silencio. Es el momento en el que desciende la Misericordia Divina y el Señor del Universo está más cerca de Su siervo. Separado de las vanas preocupaciones, el corazón se vuelve hacia el Todopoderoso en el sentido más auténtico de la palabra. Allah, glorificado sea, ha dicho:

“¡Oh tú que te envuelves en el manto! ¡Permanece rezando por la noche a excepción de un poco! La mitad o algo menos o algo más. Y recita el Qur’an pausadamente. Realmente vamos a depositar en ti palabras de peso. Y en el seno de la noche hay mayor quietud y es más certera la dicción. Durante el día llevas a cabo una larga actividad.” (al-Muzzammil, 73:1-7)

En oposición a la serenidad del amanecer, el día es un periodo de bullicio durante el cual se tiende a perder la concentración. Alguien que no aprovecha al máximo las horas de la noche no podrá, probablemente, disfrutar de la espiritualidad de volverse hacia el Todopoderoso durante el día, cuando esté distraído por las actividades del momento. El amanecer es un tiempo ideal para la adoración mientras que el día es una maravillosa bendición para servir al bien y ganarse la vida.

Al amanecer, el creyente debe estar con el Real, mientras que durante el día debe ocupar su tiempo con lo público; pero incluso entonces, no debe perder la consciencia de estar junto al Todopoderoso. El Bendito Profeta, que Allah le bendiga y le de la paz, dedicaba siempre este precioso tiempo del amanecer, este periodo tan rico e inspirador, al salah, a la recitación del Qur’an, a la súplica y a la contemplación, incluso cuando estaba muy enfermo, sin poder sostenerse de pie con sus propias fuerzas. Nuestro amado Profeta, que Allah le bendiga y le de la paz, valoraba especialmente el amanecer como el mejor tiempo para la contemplación. Permanecía de pie, llorando, hasta el punto que sus pies se hinchaban, y se quedaba postrado durante horas. Imam Hasan ibn Rushaiq ha dicho:

No existe mejor llave para abrir las esclusas del océano de la contemplación y las puertas del Real que despertarse al amanecer y dedicarse a las actividades que conllevan un progreso espiritual. En ese tiempo el hombre se aleja de los intereses mundanos, de las preocupaciones y ambiciones. Es el tiempo más apropiado para la intimidad con el Señor.

El cuerpo ha descansado y se ha refrescado, ha vuelto a estar en forma. Es un periodo especial entre la noche y el día. La temperatura es agradable, la brisa suave. La luz cubre la oscuridad al amanecer. Por la noche ocurre a la inversa –la oscuridad se come la luz. (Ver Abu Ghuddah, Zamanın Kıymeti p. 86)

El Noble Qur’an dice:

“Levantan su costado de los lechos para invocar a su Señor con temor y anhelo y dan de la provisión que les damos.” (as-Sayda, 32:16)

Entre los actos más apreciados por Allah, glorificado sea, se encuentra el arrepentimiento durante el amanecer, pensar en el castigo Divino, recordar la muerte, planificar buenas obras en los días venideros y contemplar el Qur’an. A los que pasan sus amaneceres de esta manera y son generosos, el Todopoderoso les ha prometido excepcionales recompensas:

“Nadie sabe la frescura de ojos que les espera como recompensa por lo que hicieron.” (as-Sayda, 32:17)

El Profeta, que Allah le bendiga y le de la paz, ha interpretado esta ayah de la siguiente manera:

Allah el Todopoderoso, ha dicho: Para mis siervos justos he preparado regalos que nunca ojo humano ha visto, ni oído ha escuchado, ni mente jamás ha podido imaginar. (Bujari, Bad’ul-Khalq, 8; Tafsir. 32/1; Tawhid, 35; Muslim, Yannah, 2-5)

Esto indica que los obsequios que nos esperan en el Paraíso que todavía permanecen velados son mucho más grandes que los que conocemos. Según algunas transmisiones, ni siquiera los ángeles ni los profetas tienen pleno conocimiento de ellos.