LA HISTORIA DEL NEY EN EL MATHNAWI

Ney que se menciona en las historias de Rumi representa, de hecho, a insan’i kamil –el hombre perfecto. Las etapas por las que pasa, desde un lecho de juncos hasta ney, representan la maduración del ser humano, los pasos que da en la purificación del nafs[1] y en el refinamiento del corazón.

De la misma manera que el ney siente dolor al quedar separado del lecho de juncos, el hombre perfecto añora su origen del reino de los nafs del que se aleja tanto al entrar en un cuerpo hecho de arcilla –una jaula carnosa. Debido a esta añoranza, el ser humano pasa por la disciplina ascética (riyadah), la revisión (muraqabah), la reflexión (tafakkur), el amor Divino y las tribulaciones –hasta alcanzar la madurez y encontrar la perfección.

El artesano elige un junco, lo corta cuidadosamente de su lecho, lo vacía por dentro y deja que se seque. Más tarde hace los agujeros con fuego y coloca los anillos en los dos extremos. Después de un tiempo, el neyzin, flautista, empieza a tocarlo, y el ney emite sus bellos sonidos y su sabiduría –según el nivel espiritual del oyente.

El ser humano pasa por estados parecidos en su camino hacia la perfección. Los hombres perfectos son elegidos entre los demás hombres según ciertos criterios. El atributo más importante de los Profetas es que son “elegidos”. Se purifican de las ataduras y preocupaciones mundanas de varias maneras. En el proceso del entrenamiento espiritual, llamado sair u suluk, se enfrentan a muchas dificultades, pruebas y aflicciones, todo ello necesario para adquirir la paciencia, y madurar siguiendo el camino de la Revelación. Finalmente, se convierten en los instrumentos con los que Allah Todopoderoso muestra su arte,  su sabiduría y su poder. Los demás empiezan a someterse al poder espiritual que emana de ellos y dirigirse hacia la unión con el Amado.

En las fuentes Mawlawi[2] se narra la historia sobre la primera aparición del ney, el instrumento que comparte su destino con los seres humanos, y su uso:

El Profeta (s.a.s)[3] le confío a Ali (r.a), conocido como la Puerta del Conocimiento, una gota del océano de secretos y sabiduría que Allah Todopoderoso le había concedido, avisándole claramente que no revelase ninguno de estos secretos. Ali (r.a) no podía sobrellevar el peso de lo que se le había revelado, así que fue al desierto y le contó lo que tenía dentro a un pozo negro. Un tiempo después el pozo rebosó de agua y alrededor suyo crecieron juncos. Un pastor se dio cuenta de que cuando soplaba el viento aquellos juncos emitían sonidos extraordinarios. Entonces cortó uno e hizo un ney. Su sonido era tan atractivo que llegaba directamente al corazón de la gente que lloraba o bien reía al oírlo. Muy pronto el renombre del pastor llegó a ser tan conocido que las tribus árabes solían reunirse alrededor suyo para escucharle. (Ahmed  Eflaki, Ariflerin Merikibeleri, II, 440)

El Mathnawi de Mawlana es la forma escrita de estas bellas melodías y de su misterio. Conforme nos adentramos en su lectura vemos que sus significados se hacen más profundos, y que contienen más y más misterio y conocimiento. Mawlana, quien observó el profundo océano contenido en una pequeña gota, nos la exhibe según nuestras capacidades, y aunque sus versos rebosan de sabiduría, se lamenta de no poder explicar sus significados tal y como quisiera. Dice al contemplar el primer destinatario del Mathnawi: “Escribí este Mathnawi para Husameddin.”

En otro momento, hablando de la infinidad del conocimiento y la sabiduría de Allah dice: “El Mathnawi es un abstracto. Si tuviera que escribir con más profundidad sobre el conocimiento y la sabiduría, 40 camellos no bastarían para llevar los escritos.”

Un sabio que le tenía mucho cariño dijo al respecto de la incapacidad de la mayoría de los seres humanos de hacerse con los significados espirituales de esta obra:

“Hemos oído los gritos de éxtasis de Rumi. Es imposible ver las profundidades del mar de pasión en el que se sumergió. Solamente podemos ver lo que llegó desde el fondo a la superficie. Solamente percibimos los gritos de su amor, pero no el amor en sí. Es lo único que intentamos explicar mientras buceamos. Rumi logró penetrar en el océano de paz. A nosotros nos queda el sonido que nos llega a través de la tormenta de su éxtasis. ¡Ay! ¡Pensamos que él es Mawlana!”

[1]       (NT) Esta palabra indica el interior, el espíritu, o la esencia del individuo.

[2]       La orden sufi a la que sigue Mawlana Yalalddin Rumi.

[3]       (NT) Es una expresión de respeto, sallalahu aleihi wa sallam, qué Allah le bendiga y le de paz, que se utiliza al mencionar el nombre del Profeta Muhammad (s.a.s). Al mencionar a sus Compañeros se dice radiallahu anhu (anha –en caso de una mujer), que significa qué Allah esté satisfecho con él/ella. Esta historia no está en ninguna de las colecciones de ahadiz. Se cita aquí a modo de cuento ilustrativo.