LA BENDICIÓN DE UN CORAZÓN PURO IJLAS Y TAQWAH – II

El nafs abierto al descubrimiento de las verdades del infinito es en sí mismo un universo de realidades y secretos. Debido a su naturaleza inestable y cambiante, la dificultad del din está en mantener firmemente la creencia en Allah y en lo Divino. El Profeta r dijo: “El corazón es como una pluma que el viento se lleva por el desierto.”

EL SECRETO DE LA SALVACIÓN

Algunos versos del Noble Qur’an empiezan con un juramento para llamar de forma más poderosa nuestra atención sobre lo que se va a impartir. A veces, el juramento introduce un asunto relacionado con los siervos de Allah. En ocasiones, los juramentos se repiten según aumenta la importancia de lo que abarcan. Por ejemplo, Allah, Exaltado sea, empieza la surah noventa y uno, As-Shams, con siete juramentos, cada uno de ellos introduce una de las maravillas de la Creación –el sol, la luna, la alternancia del día y de la noche, los cielos, la sumisión y el nafs– hasta que finalmente menciona la lucha interna del hombre, y muestra el camino hacia la salvación: “¡Por el nafs, con su estructura y proporción! Y su inclinación a la rebeldía y a la obediencia. Que habrá triunfado el que la purifique y habrá perdido quien la corrompa.” (As-Shams, 91-7-10)

El Qur’an afirma aquí que el nafs del ser humano tiene la capacidad de seguir los deseos carnales y dirigirse hacia lo incorrecto, y, por otro lado, tiene la capacidad de sentir taqwah. Lo primero, si domina, lleva a la degeneración, mientras que lo segundo llega a ser la característica de un nafs dirigido por el deseo de desplegar las alas y volar hacia los cielos. Con respecto a lo que acabamos decir Rumi comenta:

“¡Oh viajero de la verdad! Si quieres experimentar esta realidad, has de saber que ni Musa y el Faraón están muertos. Ambos viven dentro de ti, escondidos en tu existencia; continúan su batalla dentro de tu corazón. Así pues, es en ti mismo donde debes buscar a estos dos enemigos.

Podemos ver entonces que el taqwah es esencial a la hora de protegerse de este enemigo del hombre con el que nos enfrentamos cada día. Los creyentes tenemos un ejemplo en la siguiente súplica del Profeta Muhammad (s.a.w): “¡Oh Allah! Concédele taqwah a mi nafs, y pureza a mi consciencia. Tu eres el Dueño de mi nafs y el Guardián de mi consciencia.” (Muslim, Dhikr, 73) El éxito puede venir solamente cuando el creyente lucha con el nafs en todos los aspectos de la vida y en todos ellos se mantiene dentro de los límites del taqwah. Así pues, una de las condiciones necesarias del din es:

EL TAQWAH EN LA CREENCIA

Si la creencia no se alimenta de taqwah muchos defectos de la conducta quedarán intactos, dando lugar al debilitamiento de la creencia, pudiendo llegar ésta incluso a desaparecer. En tal caso la persona cae en la ignorancia y la superstición. De ahí la gran importancia del taqwah.

Éste empieza con la protección del tawhid, Unicidad de Allah. El Profeta Muhammad (s.a.w) dijo: El que diga ‘la ilaha illallah’ en los últimos momentos de su vida en este mundo, entrará en el Paraíso.(Hakim, Mustadrak, I, 503)

Pero, ¿cómo proteger el tawhid? El primer paso está en la verdadera comprensión de la Unicidad de Allah. Al decir ‘la ilaha’ todos los ídolos quedan relegados fuera del corazón para que puedan manifestarse en él los atributos de Belleza. Estos atributos no pueden florecer cuando el corazón está confuso, bajo la influencia de ideas sórdidas, de mentiras servidas por pensamientos vacíos y cegadores. Allah el Elevado ha dicho en el Qur’an: “¿Qué opinión te merece quien hace de su deseo su dios?” (Al-Furqan, 25:43)

Este versículo habla del peligro de seguir los sentimientos y los deseos negativos del corazón. La purificación y el perfeccionamiento del nafs son de suma importancia, ya que el corazón es la sede de la creencia. Las raíces de la creencia y su esencia misma se desarrollan cuando el corazón recibe alimento, de ahí que la creencia en Allah sea la responsabilidad del corazón y no de la mente. Los misterios y los secretos del Cosmos quedan desenmarañados según la fuerza del corazón, capaz de descubrir las más recónditas realidades sin necesidad de la inteligencia. Dice Rumi: “Es imposible entender la profundidad sin fondo del din; solamente un nafs iluminado puede hacerlo.”

El nafs abierto al descubrimiento de las verdades del infinito es en sí mismo un universo de realidades y secretos. Debido a su naturaleza inestable y cambiante, la dificultad del din está en mantener firmemente la creencia en Allah y en lo Divino. El Profeta r dijo: “El corazón es como una pluma que el viento se lleva por el desierto.” (Ibn Mayah, Muqaddimah, 10; Ahmad, IV:408, 419) Los cambios en el corazón pueden llevar a la desviación en la creencia y la única manera de evitar que esto ocurra es la protección que da el taqwah. No hay que olvidar, por lo tanto, que nunca debemos:

CEDER NI INCLINARNOS HACIA LO INCORRECTO

No puede haber compromisos en lo referente a la creencia –uno no debe jamás inclinarse hacia los incrédulos o trasgresores. Una de las características del corazón es el dejarse influenciar por aquellos por los que siente afecto. Allah Todopoderoso nos advierte, así, contra el peligro de sentir afecto por los tiranos y los incrédulos: “Y no os inclinéis del lado de los que son injustos pues en ese caso el Fuego os alcanzaría…” (Hud, 11:113) Debemos tener en cuenta que Allah quiere que nuestros corazones Le pertenezcan solamente a Él. La Unicidad de Allah implica que no debería entrar en el corazón nada más que Él, y que por lo tanto cualquier tipo de afecto o inclinación hacia lo incorrecto debe quedar erradicado. ¡Qué Allah nos proteja de seguir los caminos erróneos, y de tener cualquier tipo de afecto por aquellos que están en contra del Islam, ya que esto daña los corazones! Imam Ghazali dijo en una ocasión: “La afinidad con las ideas de los incrédulos con el tiempo se convierte en la afinidad de los corazones. Tal situación lleva a la destrucción de la persona.”

Las siguientes advertencias del Profeta Muhammad (s.a.w) son de máxima importancia con respecto a lo que acabamos de decir: “Cuando un malhechor es alabado, Allah se aíra y la tierra tiembla.” (Baihaqi, Shu’ab, IV:230)

“No llames ‘maestro’ a un hipócrita porque esto le haría superior a ti y atraería la ira de tu Creador.” (Abu Dawud, Adab, 83; Ahmad, V:346)

“Cualquiera que imita a un grupo, es considerado como uno de ellos.” (Abu Dawud, Libas, 4:4031)

Tal es la importancia del taqwah en la protección del corazón, que el Profeta Muhammad (s.a.w) ordenó a sus Compañeros hacer el ayuno del día 10 del mes de Muharram añadiendo el día de antes y el día de después para diferenciarlo de la práctica del ayuno de los judíos (que solamente ayunan ese día). De este modo, el Profeta r estableció una práctica específica que siguió en muchos otros casos –la de evitar parecidos, que nos debe servir de guía. Para confirmarla hace falta la creencia adornada con taqwah. El distanciamiento, o enfriamiento, del corazón se puede comparar con un accidental corte de cuchillo en la arteria principal –uno se desangraría en cuestión de segundos. Llevar a la gente inadecuada al corazón causaría la pérdida de su pureza y lo hundiría en la más absoluta oscuridad. El corazón es el órgano más independiente del cuerpo que sigue latiendo incluso después de que el cerebro, ‘el centro de mando’, ha cesado de funcionar. Siendo así, cobra importancia la advertencia contra las actuaciones desenfrenadas, ya que Allah Todopoderoso dice: “¡Vosotros que creéis! Temed a Allah …” (At-Tawba, 9:119) Para protegernos de las influencias que nos puedan desviar del camino recto se nos ordena permanecer

EN COMPAÑÍA DE LOS VERACES

De manera natural aquellos que nos son familiares ejercen sobre nosotros una gran influencia. Más aún, el ser humano puede inclinarse tanto por los veraces como por los opresores. Por lo tanto, debemos ser conscientes de los aspectos positivos y negativos del ambiente en el que nos desenvolvemos. Si perdemos esta perspectiva, nuestro taqwah se debilitará, e incluso desaparecerá, ya que su protección  consiste en guardar el corazón de la energía negativa de la gente, llenándolo constantemente con la positiva. Entre dos corazones fluyen corrientes y una simple mirada puede llevar una carga de energía capaz de efectuar en nosotros un cambio. La protección de la sinceridad se consigue estando con los que son veraces, no con los que son crueles u opresores.

Una virtud muy especial de los Compañeros era la de que siempre se mantenían en el círculo, o sohbet, del Profeta r, participando de este modo de su espiritualidad y enseñanza. Las palabras sohbet y sahabah (compañeros) tienen la misma raíz y participan, por lo tanto, del mismo significado. Así pues, la gran consolidación espiritual de los Compañeros fue el resultado de la proximidad física con el Profeta r. Sadi Shirazi, explicando los beneficios de mantenerse en compañía de los veraces, dijo: “El perro de los Compañeros de la Cueva (ashabi kehf) ostentó un gran honor por el hecho de haber estado con los veraces –ha sido mencionado en el Qur’an y en los libros de historia.”

Rumi comenta de manera muy parecida: “El perro eligió estar con los Compañeros de la Cueva. Debido al placer que sentía en su compañía permanecerá a la entrada de la cueva hasta el Día del Juicio Final. No tendrá plato del que comer, pero beberá el agua de la compasión y comerá el alimento que mana de la misericordia.” El que abandonando la compañía de los veraces se aproxima a los corruptores y se olvida de Allah, está perdido. No podrá nunca surgir de tal entorno nadie que tenga inteligencia, entendimiento o percepción. El Profeta Lut u[1] tuvo que enfrentarse a la energía negativa de su gente, entre la que no hubo nadie capaz de entender la revelación que recibían, y Lut u exclamó: “¿Es que no hay entre vosotros ni un solo hombre rectamente guiado?” (Hud, 11:78)

En otro lugar del Qur’an, en At-Tahrim, 66:10, el Qur’an menciona a las esposas de Nuh (a.s) y Lut u, que se condenaron a sí mismas al Infierno al haber elegido la compañía de los malhechores. Así pues, por un lado el Qur’an menciona en un lugar relevante a un simple perro, y por otro a las esposas de dos Profetas que por su rebelión se merecieron la ira de Allah y el castigo eterno.

Tomando esto en cuenta, y dado que vivimos en un mundo desprovisto de lealtad, al final de los tiempos, el taqwah adquiere una mayor importancia, ya que mantenerse hoy firme en la creencia es:

COMO COGER UN ASCUA

El Profeta Muhammad (s.a.w) dijo:

“¡Ay de los árabes! ¡Qué gran aflicción les espera! Serán como trozos de una noche oscura. Un hombre se levantará por la mañana siendo creyente, y será incrédulo antes de que anochezca. La gente venderá su din por un mísero precio. El que en esos días se aferre a su din, será como el que se aferre a un ascua.” (Ahmad, II:390; Muslim, Iman, 186; Tirmidhi, Fitan, 30:2196)

En muchos versos del Qur’an las buenas acciones se mencionan a la vez que la creencia, porque la adoración y las buenas acciones son como la antorcha que ilumina la creencia. Por ello, el segundo grado en importancia del taqwah es:

TAQWAH EN LA ADORACIÓN,
ESPECIALMENTE EN LA SALAH

Contra más cuidado pongamos en nuestros actos de adoración como siervos de Allah, más cerca del taqwah estaremos. Solamente serán perfectos aquellos actos de adoración que realicemos con sumo cuidado y con la intención de obtener la complacencia de Allah. Por ejemplo, conocemos los aspectos prácticos de la salah, pero su objetivo final y su sabiduría última está en acercarnos a Allah. La salah es como una reunión en la que tenemos la posibilidad de satisfacer nuestras necesidades espirituales y materiales. ¿En qué grado se acerca nuestra salah a la que describe y espera de nosotros Allah Todopoderoso? Tal como lo dice el Qur’an: “… es cierto que la salah impide la indecencia y lo reprobable.” (Al-Ankabut, 29-45) ¿Es así nuestra salah? El Qur’an requiere también que el corazón del creyente se una a Allah durante las postraciones: “… póstrate y busca proximidad (con Allah)…” (Al-Ankabut, 96:19)

Nuestra relación familiar, nuestra búsqueda de la provisión, y nuestras obligaciones como miembros de una sociedad –todo ello será el reflejo de cómo ofrezcamos nuestra salah. Si lo hacemos adecuadamente tendremos una vida familiar adecuada, encontraremos nuestro sustento de forma honesta y nos relacionaremos con los demás de la mejor manera. En cuanto a los que no lo hacen así Allah reveló: “Pero ¡ay de los que adoran! siendo negligentes con su salah.” (Al-Ma’un, 107:4-5) El Qur’an nos advierte sobre la protección que supone la salah, su continuidad y la sumisión que manifestamos durante ese acto. Igual que antes de la salah es necesaria la purificación física, durante su realización es necesaria la sumisión y plena consciencia del corazón, sensible al hecho de estar delante de Allah. El Profeta Muhammad (s.a.w) dijo: “Allah, el Elevado, ama a todos los corazones que están llenos de reverencia (hacia Él), de tristeza (porque sienten que no cumplen con las obligaciones de manera perfecta), y de misericordia. Ama a los que enseñan el bien a la gente y les llaman a la obediencia.” (Daylami, I:158)

Un día el Profeta r vio a un hombre que estaba jugando con su barba durante la salah, y dijo: “Mirad y considerad, pues si el corazón de este hombre estuviera sometido, sus miembros también lo estarían.” (‘Ali Al-Muttaqi, VIII, 197:22530)

Otro ejemplo de taqwah en la adoración es:

TAQWAH EN EL AYUNO

El ayuno es la práctica del ascetismo entendido como el uso mínimo de lo permitido –comida, y algunos otros actos– durante el día, desde el amanecer hasta el anochecer. Su perfeccionamiento y taqwah reside en extender las condiciones del ayuno a nuestra vida cotidiana en general –viviendo sin avaricia, evitando el despilfarro, y absteniéndonos de lo que es dudoso. El ayuno nos muestra hasta qué punto dependemos de un vaso de agua y de un trozo de pan, y de esta manera hasta qué punto dependemos de Él. Los que adquieren taqwah en la adoración obtienen el mismo beneficio que en el ayuno. Pueden contemplar el valor de las bendiciones con las que Allah les ha favorecido y sentir afecto por los que han sido menos afortunados, una actitud de misericordia y compasión que se desarrolla durante el mes del ayuno y, en consecuencia, da como resultado el aumento de sadaqah.

TAQWAH EN EL ACTO DE DAR SADAQAH

Cuando damos sadaqah debemos estar bien conscientes de a quién pertenece realmente esta riqueza. Los creyentes deben alcanzar el nivel donde ven la Creación con los ojos del Creador, es decir con compasión y amor. Es lo que llamamos adquirir taqwah al dar sadaqah.

Los comunistas dicen que la riqueza pertenece a la comunidad; los capitalistas dicen que pertenece al individuo. Islam declara que el hombre ha recibido la riqueza como un depósito que su verdadero dueño –Allah, le ha dejado en custodia, y por lo tanto es solamente una provisión temporal. El merito está en hacer que vuelva a su verdadero dueño. Dentro de estos límites, el que tenga este depósito no tiene derecho a ser ni tacaño ni derrochador.

“¿Es que no saben que Allah acepta el arrepentimiento de Sus siervos y que recibe su sadaqah y que Allah es Quien se vuelve con Su favor y es el Compasivo?” (At-Tawba, 9:104) Es un verso que debe estar siempre presente en nuestras mentes como la característica del taqwah en cuanto a la ayuda en general y a la sadaqah en particular –siendo esa característica la de dar sin esperar honores o cumplidos ni tampoco mostrar orgullo alguno. Uno más bien debería decir “Lillah”: ‘oh Señor, es solamente por Ti’. Allah, el Misericordioso expresa el grado de taqwah que uno debe tener de este modo: “No hagáis que vuestras limosnas pierdan su valor porque las echéis en cara o causéis un perjuicio por ellas…” (Al-Baqarah, 2:264)

Abu’l Laiz Samarkandi dijo: “La verdad de la sadaqah es que la persona que la da debe mostrar gratitud hacia el que la recibe, ya que éste, al aceptarla, ayuda al que da a deshacerse de muchos apegos egoístas, y sobre todo le ayuda a ganarse la complacencia de Allah.”

Mi querido padre, Musa Efendi, mostraba gran sensibilidad a la hora de dar, intentando siempre evitar cualquier dolor y vergüenza por parte del que recibía. Solía por lo tanto escribir en el sobre ‘Querido Fulano, te damos gracias por aceptarlo’, ya que sentía gratitud y albergaba la esperanza de recibir la aprobación de Allah. ¡Qué Allah nos conceda este nivel de taqwah a la hora de dar sadaqah!

Como hemos dicho anteriormente el taqwah es algo que debe estar en la base de cualquier acto relacionado con el din y por lo tanto el primer estado que deberíamos conseguir en nuestros actos de adoración. Entre ellos se encuentra el hayy, que necesita de las mismas condiciones que la sadaqah. La ‘riqueza’ que precisa el peregrino es la de poder enfrentarse a las dificultades mientras está en el estado de ihram con el corazón tranquilo y refinado, y ganarse de este modo la bendición de Allah.

TAQWAH EN EL HAYY

La peregrinación es una obligación exigente, tanto económica como físicamente. Además, el hayy de alguien que tiene taqwah requiere que esté presente espiritualmente en este lugar sagrado y se enriquezca con este estado. Poder luego recordar los días en los que hemos llevado dos telas que recuerdan a la mortaja, y por lo tanto a la muerte, y mantener ese sensación de espiritualidad –son elementos esenciales de hayy.

Cuando apedreamos a Shaytan, debemos contemplar el nivel de devoción que tenía Ibrahim u.

Durante todo el hayy no puede haber conversaciones vanas, malas acciones ni ningún tipo de conflicto, ya que tenemos la obligación de evitar todas las situaciones que nos puedan distanciar de Allah, alejándonos de este modo de la agresividad y la discusión, poniendo en práctica después, en nuestra vida cotidiana, el resultado del taqwah adquirido durante el hayy.

Mientras dura el hayy nos está prohibido cazar o arrancar la hoja de un árbol. Está incluso prohibido tentar a un cazador mostrándole el lugar de una potencial pieza de caza, todo esto para enseñarnos la bondad, gentileza, gracia, compasión y sensibilidad que luego se deberán plasmar en nuestras vidas cotidianas.

Así pues, la totalidad de las obligaciones del din, incluyendo salah, ayuno, sadaqah y hayy se deben realizar con sinceridad y autenticidad, y estas cualidades deben tomar raíz en nuestros corazones. Un creyente debe analizar su nafs e intentar reconocer los obstáculos que le impiden alcanzar este objetivo.

TRES IMPEDIMIENTOS PARA EL TAQWAH

El primero de ellos es el orgullo, es decir el egocentrismo, lo cual significa que nos atribuimos a nosotros mismos nuestras habilidades y aptitudes, aunque en realidad nos fueron concedidas por Allah. Actuando así, nos comportamos como Shaytan, o el Faraón, o Qarun, que estaban convencidos de que sus cualidades eran fruto de su esfuerzo y grandeza personal. Hayy Bayrami Wali dijo que el orgullo es como una piedra atada a la cintura –con ella no puedes nadar ni volar.

El segundo es la tacañería, es decir actuar de manera parca, negarse a dedicar tiempo y energía a las obligaciones y actos cotidianos relacionados con el din. No olvidemos que “el Paraíso es para los generosos y el Infierno para los tacaños”. (Hadrat Ali)

El tercero es la estupidez. Alguien que abandona el Más Allá y vive totalmente despreocupado en este mundo transitorio, prefiriendo lo efímero a lo eterno –no puede ser más que un estúpido.

Al respecto de lo que puede dañar el taqwah el Profeta Muhammad (s.a.w) dijo lo siguiente: “Vendrán tiempos en los que no habrá nada más deseable que estas tres cosas: ganancia lícita, hermandad verdadera, y mi sunnah.”(Haizami, I.172) Obtener ganancias que sean lícitas, disfrutar de una hermandad basada en la sinceridad, y vivir acorde con la sunnah del Profeta Muhammad (s.a.w) es solamente posible siguiendo la guía de la verdad y haciendo el bien. Así, el otro aspecto del taqwah es:

TAQWAH EN LA CONDUCTA

El taqwah en la conducta y la sensibilidad en toda circunstancia son elementos necesarios para que tanto el individuo como su entorno alcancen la felicidad y la satisfacción. Por ejemplo, el taqwah en la compasión implica dar de lo que uno tiene a los menos afortunados, es decir ayudar a aquellos miembros de la comunidad que lo necesiten. La compasión consiste en ser conscientes de este mundo y está en el origen del bienestar en el Más Allá. El hecho de tener misericordia es, por lo tanto, una gran bendición de Allah. Los que compadecen a los demás son generosos, humildes y conscientes de sus obligaciones hacia ellos. Así, cuando disfrutamos de buena salud, debemos contemplar la situación de los incapacitados, los huérfanos y los necesitados. Debemos tener plena consciencia de que, según nos lo enseña Islam, Allah el Elevado nos los ha encomendado a nosotros, nos los ha enviado como una prueba, ya que un creyente es responsable de su prójimo en cuanto que Musulmán y ser humano. Por esa razón el creyente debe en toda circunstancia evaluar el grado de compasión que posee. La compasión es la dulzura de la fe. Rahman, el Compasivo, y Rahim, el Misericordioso, son los dos nombres-atributos de Allah más mencionados en el Qur’an, lo cual indica que Allah desea que los creyentes perfeccionen estas cualidades.

Inspirado por un hadiz, Rumi aconseja a los creyentes el ejercicio de la compasión:

“Sé compasivo con los que son menos afortunados que tú, para que los que son más afortunados que tú sean compasivos contigo.” El Profeta Muhammad (s.a.w) dijo: “Por Él que sostiene mi alma en Su mano, no entraréis en el Paraíso hasta que no creáis, y no creeréis hasta que no tengáis compasión unos de otros.” Los Compañeros dijeron: “Oh Mensajero de Allah, pero si nosotros somos compasivos”, pensando en sus hijos y familias. El Profeta r respondió: “El afecto del que estoy hablando no es solamente para el prójimo, sino que abarca toda la Creación. Sí, toda ella.”(Hakim, IV, 185:7310)

Se nos ha transmitido que mientras el Profeta r se dirigía hacia Meca con su ejército de diez mil, se encontraron con una perra que amamantaba a sus cachorros en la cuneta. El Profeta r ordenó que el ejército pasase al otro lado del camino para no molestarlos. En otra ocasión, al ver un hormiguero que había sido quemado, exclamó: “No procede a nadie más que a Allah castigar con el fuego.” (Abu Dawud, Yihad, 112) Si la compasión ha de entrar profundamente en el corazón hace falta:

ALCANZAR EL ESTADO DE ALTRUISMO (ISAR)

El siguiente nivel de compasión, el más alto, es el altruismo, es decir pensar en los demás antes que en nosotros mismos. Es el estado que Allah desea para los creyentes. En el Qur’an Allah alaba a los Ansar por haber puesto a los Muhayirin[2] por encima de ellos mismos. “Y aquellos que anteriormente tenían sus casas (en Madina) y adoptaron la creencia, muestran su afecto por los que se refugiaron con ellos y los ponen por encima de sí mismos aún estando en extrema necesidad. El que está libre de su propia avaricia… Esos son los que tendrán éxito.” (Al-Hashr, 59:9)

Es un gran tributo a aquellos que alcanzaron el taqwah en la compasión y el altruismo. Es ésta una de las características más significativas de los amigos de Allah, y a la vez la protección que da el taqwah al nafs de las trampas de este mundo.

Ubaydullah Ahrar relató: “Vino un hombre una vez y dijo: ‘Tengo hambre. ¿Me puedes dar algo de comer?’ Yo también tenía hambre, y no tenía ni dinero ni medios para alimentarme ni a mí ni a él. Así que llevé a aquel pobre a una cocina y le dije al cocinero: ‘No tengo dinero, pero el turbante que llevo está limpio. Puedes utilizarlo para secar los platos y a cambio de esto dale a este hombre hambriento algo de pan.’ El cocinero le dio de comer, y yo me senté con él para acompañarle, aunque no comí nada. Luego me quité el turbante y se lo di al cocinero. No quiso cogerlo, así que le dije: ‘Te lo prometí, así que cógelo’. ” Un tiempo después Allah me bendijo con mucha riqueza. Tuve dos mil trabajadores en mi granja. Dos hombres enfermaron y me dediqué a cuidarlos. Estaban tan enfermos que no podían valerse por sí mismos. Traía agua para limpiarles y, finalmente, yo también enfermé de lo mismo, pero seguía cuidándoles.”

¡Qué nivel de altruismo y compasión mostró Abaydullah Ahrar! Sin duda alguna, pertenece a los que obedecen la orden de: “Y gastad en el camino de Allah.” (Al-Baqarah, 2:195)

Son los que están en el camino del taqwah por sus acciones perfectamente bondadosas que abarcan a toda la Creación de Allah. Así pues, la esencia del taqwah en cuanto a los actos es:

TAQWAH EN IHSAN (BONDAD)

En el Qur’an la palabra ihsan aparece más de ciento noventa veces. Según su significado primario, ‘mostrar amabilidad’, el creyente manifiesta esta afabilidad en todos los aspectos de la vida, ya sea en su corazón, en su entorno, en sus transacciones o en su casa. Otro significado implica tener siempre la consciencia de estar bajo observación, y aquí se entrelaza su significado con el taqwah en la amabilidad y la generosidad, formando una condición que debemos observar en cada paso que damos en la vida.

Finalmente, el estado del creyente debe reflejar en cada momento la belleza, excelencia y perfección, lo que se alcanza a través de la creencia y el taqwah en la sumisión, que significa que el creyente compara continuamente su sumisión a Allah con su sumisión a los seres humanos. El estado del corazón del creyente está descrito en la siguiente ayah: “Los creyentes son aquéllos que cuando se recuerda a Allah, se les estremece el corazón y que cuando se les recitan Sus signos les aumenta la creencia y en Su Señor se confían.” (Al-Anfal, 8:2)

¡Oh Allah! ¡Refuerza nuestra creencia y nuestras acciones con taqwah y concédenos el grado de taqwah que Te complace! ¡Concédenos un lugar entre aquéllos cuyos corazones se estremecen al oír Tu Nombre, aquéllos cuya creencia aumenta con cada ayah del Qur’an que leen y entre aquéllos que Te adoran solamente a Ti!

Amin.

[1]       NT – Abreviación de la expresión de respeto ‹alaihi salam›, que significa ‹que la paz sea sobre él›, que se pronuncia siempre cuando se menciona a un Profeta.

[2]       NT – Los Muhayirin (lit. Emigrantes) son los Musulmanes que emigraron, a causa de la persecución que sufrían, de Meca a Madina; y los Ansar (lit. Ayudantes) son los habitantes de Madina que los recibieron como si fueran sus hermanos, ayudándoles en todo lo necesario.