La Bendición De La Misericordia

Si quieres complacerme, no olvides que la única manera de lograrlo es complaciendo a la gente.

                                                                                                                                                                    RumiEl primer fruto de la verdadera fe es la misericordia. Sin ella un corazón no puede vivir. La Basmala[1] que se pronuncia antes de todas las acciones, y la Fatiha, la primera surah del Qur’an, mencionan los atributos Divinos de Rahman, el Más Misericordioso, y Rahim (el Más Compasivo). Las vidas de los Profetas y de los hombres rectos, están llenas de relatos referentes a la misericordia.

La mejor manera de cultivar esta cualidad hasta el punto de integrarla en un solo carácter, es nutriendo en nuestros corazones el amor universal. Rumi (K.s) comenta en los siguientes versos que la verdad última de los actos de adoración, en particular de la peregrinación, queda desvelada solamente por medio de la misericordia espiritual:

“Baiazid, el sheij de la comunidad, se dirigía apresuradamente a Mekka para hacer el hayy y la umrah.[2]

En cada ciudad por la que pasaba se detenía para visitar a los sabios venerables que hubiera allí.

Rondaba por las calles, diciendo: ¿Quién en esta ciudad se apoya en la visión espiritual?

Se ha dicho: ‘Cuando estés de viaje, busca primero a un hombre sabio.’

Busca a un verdadero tesoro, por que la ganancia o perdida material no tienen tanta importancia –considera que son ramas, no raíces.

El que siembra, busca el trigo. También hay paja, pero es secundaria.

Si siembras paja, no verás el trigo. Busca a un hombre, busca a un hombre, busca a un hombre.

Cuando llegue el tiempo de la peregrinación, ve en búsquela de la Ka’aba; y cuando partas con ese propósito, verás Mekka.

El Miray del Profeta tenía por objeto la visión del Amado; la visión de los ángeles fue secundaria.

Bayazid, en su viaje hacia la Ka’aba, buscaba ardientemente al Jidr[3] de su tiempo.

Vio a un hombre mayor encorvado como la luna creciente; en él se reflejaba la majestuosidad, el discurso elevado de los hombres rectos.

Sus ojos no veían pero su corazón tenía la luz del sol.

Con los ojos cerrados, dormido, contemplaba incontables delicias. Cuando los abría, dejaba de percibirlas. ¡Oh! ¡Qué maravilla!

En el sueño se manifiestan muchas cosas asombrosas. En el sueño, el corazón se convierte en una ventana.

El que está despierto y sueña sueños hermosos conoce a Allah; frota sus ojos con el polvo que lleva.

Bayazid se sentó delante de él y le hizo algunas preguntas. Encontró que era un derviche y un hombre de familia al mismo tiempo.

El anciano le preguntó: ¿A dónde te diriges, oh Bayazid? ¿A qué lugar llevas el equipaje a través de tierras extrañas?

Contestó: Al amanecer empecé el viaje hacia la Ka’aba. El otro exclamó: ¡Oh! ¿Qué provisiones llevas para el camino?

Bayazid le dijo: Tengo doscientos dirham de plata. Mira, están muy bien guardados en la esquina de mi capa.

Le dijo el anciano: ‘Da siete vueltas a mí alrededor, y considera que esto es mejor que circunvalar la Ka’aba en la peregrinación.

Y pon estos dirhams delante de mí, oh generoso. Haz de saber que has realizado la peregrinación y que tu deseo se ha hecho realidad; También has realizado ‘umrah; así, pues, estás puro (saf) y has escalado la colina de la pureza (Safa).

Por la verdad de la Verdad (Allah) que tu nafs ha visto; juro que Él me ha elegido por encima de Su Casa.

Aunque la Ka’aba es la casa de Su adoración, mi forma, en la que he sido creado, es la casa de Su consciencia más recóndita.

Desde que Allah hizo la Ka’aba, nunca entró en ella, pero nadie más que el Viviente (Allah) ha entrado en esta casa mía.

Cuando me hayas visto, habrás visto a Allah. Has dado vueltas alrededor de la Ka’aba de la Sinceridad.

Servirme es obedecer y glorificar a Allah; no pienses que está separado de mí.

Abre tus ojos bien y mírame, para que puedas contemplar la Luz de Allah en un hombre.’

Bayazid hizo caso a sus palabras místicas y las guardo en su oído.

Por medio del anciano, creció espiritualmente; con el tiempo, se convirtió en un adepto que alcanzó el objetivo.

La razón por la que Rumi (K.s) utiliza el ejemplo de la peregrinación en esta historia es porque la peregrinación es una forma muy profunda de adoración. Por ejemplo, muchas cosas que son normalmente permisibles, no están permitidas durante la peregrinación. Además, es un reflejo del Día de la Resurrección. Habladurías vanas, conflictos…, están estrictamente prohibidos durante el hayy. Por ello, uno debe estar preparado espiritualmente antes de embarcarse en este viaje.

Igual que existe la salah y el ayuno supererogatorios, nafila, también existe la peregrinación supererogatoria. Criticar a los que realizan los actos supererogatorios de la adoración puede resultar sumamente peligroso. Puede llevar a observaciones engañosas, que pueden acabar en incredulidad. Tales comentarios tienen su origen en la ignorancia que puede acompañar a un puro placer de adoración.

La salah supererogatoria y otras formas de adoración se han practicado desde los tiempos del Profeta (s.a.s) como la expresión de la alegría de la fe. La salah voluntaria, realizada con pasión y dedicación, acerca al creyente a su Creador, purifica su nafs y cultiva en él la misericordia y la generosidad. Conforme se profundiza la transformación espiritual, la vista y el oído del creyente quedan completamente bajo el control de Allah. En otras palabras, uno ve y oye la presencia Divina reflejada en cada experiencia.

Esta estación espiritual solamente se puede alcanzar con los actos voluntarios de adoración y el continúo esfuerzo por servir a toda la creación. Como ejemplo, mencionemos aquí que Abu Hanifa realizó el hayy cincuenta y cinco veces.

La historia que viene a continuación sobre el lugar del hombre ante Allah, es de “Tazkirat al – Awliya”.

Abdullah ibn al-Mubarak era un sabio de la generación de los Sucesores, al – tabi’un, que fue la siguiente generación de Musulmanes después de los Compañeros. Era conocido como muhaddiz. La historia cuenta que fue a Mekka para realizar el hayy. Después de haber terminado los ritos, cuando todavía se encontraba cerca de la Ka’aba, tubo una visión en la que conversaban dos ángeles. Decía uno:

– Este año realizaron el hayy seiscientas mil personas. El hayy les fue aceptado por un zapatero de Damasco llamado Ali ibn Muwaffaq. Puso la intención de ir a Mekka pero no pudo. En recompensa por una buena acción suya, el hayy de todos ha sido aceptado.

Cuando hubo terminado la visión, Abdullah ibn Mubarak se quedó muy sorprendido. Fue a Damasco con una caravana que volvía a esa ciudad. Encontró al zapatero en cuestión, y le preguntó:

– ¿Qué buena acción has realizado, aunque luego no pudiste ir al hayy?

Cuando Ali ibn Muwaffaq se dio cuenta de que el gran sabio Abdullah ibn Mubarak había venido par hacerle esa pregunta, se desmayó. Cuando volvió en sí, contestó:

– He intentado ir al hayy los últimos treinta años. Logré ahorrar trescientos dirham en ese tiempo y, juzgando que era suficiente, puse la intención de partir este año. Un día mi esposa, que está esperando un hijo, me pidió carne. Dijo:

– Me llega el olor a carne de la casa de los vecinos. Tráeme algo de carne.

Fui a la casa del vecino y le expliqué la situación. Se conmovió y dijo:

– Mis hijos llevan hambrientos toda esta semana. Encontré un animal muerto en la calle y corté un trozo. Ahora lo estoy cocinando. Si no puedo tener comida halal, tendré que alimentar a mis hijos con esto. Si quieres, te puedo dar un trozo, pero es haram para ti, aunque no lo es para los niños porque están al borde de la muerte por inanición[4].

Ali ibn Muwaffaq seguía narrando la historia:

– Mi corazón se estremeció al oír aquellas palabras. Le di los trescientos dirham que tenía y luego Le supliqué a Allah: “¡Oh Allah! Acepta mi intención de realizar el hayy.”

Abdullah ibn Mubarak le dijo:

– En una visión que tuve durante el hayy el Señor me mostró la verdad de lo que me acabas de contar.

Este magnífico relato es muy significativo en cuanto al papel de la misericordia en nuestra espiritualidad. Qué tengamos éxito a la hora de aprender de él para que nuestras vidas puedan recibir la bendición de la misericordia sin límite del Señor.

Desde otro punto de vista –el hayy representa una huída de nuestra forma corporal y un esfuerzo por alejarnos de los deseos sensuales. Yunus Emre, que tenía un corazón muy sensible, lo expresó de la siguiente manera:

“Un sabio anciano con la barba blanca,
que no conoce su estado espiritual,
pierde el tiempo y la energía,
si al final destruye el corazón.

El corazón es el trono de Allah,
Es allí donde el Todopoderoso pone la mirada.
El que pierde en ambos mundos,
es el que rompe un corazón o lo daña.”

Relataremos ahora una historia muy conocida sobre Bayazid Bistami que ilustra perfectamente la imposibilidad de alcanzar un alto nivel espiritual solamente por medio de mejoras externas:

Uno de sus discípulos le pregunto a Bayazid:

-¿Me puedes dar un trozo de tu capa para que lo pueda llevar y obtener bendición de ello?

Bayazid respondió:

-¡Oh hijo mío! Si no te esfuerzas por llegar a ser una persona perfecta, no te ayudará en nada incluso si te cubres con mi piel.

Bayazid Bistami, que Allah esté complacido con él, estaba de viaje. Se detuvo un instante para descansar, y se sentó bajo un árbol. Al cabo de un rato se levantó para proseguir su camino. Después de haber andado un buen trecho se dio cuenta de que en la bolsa que llevaba había unas cuantas hormigas. Sintió pena por haberlas separado de su hogar y de sus familias, así que volvió al árbol donde se había sentado para descansar y las dejó cuidadosamente en el mismo lugar.

Yunaid Bagdadi (K.s) se durmió una mañana encima de su yubba antes de ir a la mezquita para la salah del amanecer. Mientras estaba dormido vino un gato y se durmió a su lado. Cuando Yunaid se despertado era ya la hora de ir a la salah; al ver la situación en la que se encontraba, contempló por un momento la posibilidad de hacer la salah sin su yubba, pero vio que era inapropiado. Entonces, recortó el trozo en el que estaba dormido el gato, se puso la yubba, y se dirigió a la mezquita; el gato siguió durmiendo.

Estos comportamientos, resultado del infinito amor por el Creador, muestran una misericordia incondicional por las criaturas de esta tierra, y sirven como excelentes ejemplos de la profundidad del corazón de aquellos creyentes que están cerca de Allah.

El Profeta Muhammad (s.a.s) dijo en una ocasión:

“Una mujer negligente que mató a un gato de hambre, será castigada en el Fuego. Por el contrario, una mujer depravada que dio de beber a un perro que se moría de sed, obtendrá el perdón de Allah.”

En otra transmisión, el Profeta Muhammad (s.a.s) dijo:

“Tratad a los que están en la tierra con misericordia para que Él, que está en los Cielos, os trate con misericordia.”

Bayazid Bistami (K.s) ha transmitido:

“Había en nuestros tiempos miles de creyente veraces. Los dirigía un herrero. Fui a su taller para aprender su secreto. Me di cuenta de que tenía un gran pesar y le pregunte por la razón de ello. Me contestó:

– ¿Existe un problema más grande que el mío? ¿Hay alguien cuyo dolor sea más intenso que el mío? Mi tristeza resulta de la preocupación sobre lo que va a pasar con todos los siervos de Allah el Día del Juicio.

Entonces se echó a llorar, y yo también. Mi curiosidad hizo que le preguntase lo siguiente:

– ¿Por qué te preocupa tanto el castigo de otra gente?

Abu Hafs contestó:

– El tejido de mi naturaleza está hecho enteramente de misericordia y de compasión. Si pudiera tomar para mí el castigo que les corresponde a los que están destinados al Fuego, sería un hombre feliz.

Me di cuenta de que Abu Hafs no era una persona dada a lamentarse por sus propias miserias, sino que su naturaleza le hacía decir a menudo “oh mi comunidad, oh mi comunidad” como lo hacía el Profeta Muhammad (s.a.s). Me quedé con él un tiempo. Le enseñaba la recitación de algunas surat del Qur’an, y él me mostraba cómo ponerlas en práctica. Me desveló muchos puntos sobre los que no había podido encontrar explicación en mis estudios de las ciencias racionales. Por medio de mi relación con él, mi corazón se llenó del conocimiento de inspiración Divina. Entendí que uno no puede ser guía de los creyentes veraces, qutb, por medio solamente de su conocimiento y de la salah; tal capacidad viene a través de poner todo eso en práctica y, finalmente, a través de la bendición del conocimiento interno solamente accesible a los que reciben la ayuda directa de Allah. La razón por la que esta ayuda le había sido concedida a Abu Hafs se debía a que la misericordia y la compasión se habían convertido en su segunda naturaleza.

Después del Profeta (s.a.s), fue Abu Bakr (r.a) quien mejor encarnó la virtud de la misericordia y de la compasión. Solía suplicar regularmente por la salvación de toda la humanidad en el Día del Juicio Final. Su misericordia se manifestó en incontables ocasiones. Una de ellas fue cuando compró a Bilal, siendo éste esclavo de Umeie ibn Jalaf, y le liberó, por lo que fue alabado por el Profeta (s.a.s).

En el Matnawi, Rumi (K.s) relata esta historia en forma de un poema. A continuación citamos un largo extracto de la misma.

“Cuando Mustafa (s.a.s) volvió a la tierra después del Viaje Nocturno, durante el cual oyó los pasos de Bilal en el Paraíso y sus palabras: “¡Qué Allah te bendiga! ¡Qué Allah te bendiga!”

Abu Bakr al – Siddiq le contó a Mustafa la grave situación en la que se encontraba Bilal;

Diciendo: “El ala del espíritu que surca los cielos está enamorado de ti; está en tu red.

Los búhos están atormentando al halcón real; este gran tesoro está enterrado en la mugre.

Los búhos le están violentando; le están desplumando, aunque es inocente.

Le están crucificando –su cara hacia el este, están azotando su cuerpo desnudo con la rama espinosa.

Su cuerpo está sangrando en cien sitios, pero él sólo replica: “¡Uno!” Y baja la cabeza, resignado.”

Mustafa (s.a.s) le dice: ¿Qué remedio hay? Al – Siddiq le contesta: “Este siervo de Allah le va a comprar.

Le compraré al precio que sea; no me importará el dinero.

Porque es un cautivo de Allah en la tierra y está sometido a la ira del enemigo de Allah.”

Le dijo Mustafa (s.a.s): “¡Oh viajero espiritual! Seré tu socio en esta empresa.

Sé mi agente; compra una parte a mi cuenta, yo te pagaré.”

Le contestó: “Haré todo lo que pueda para servirte.” Y fue a la casa del dueño cruel.

Se dijo a sí mismo: “A los niños uno puede comprarles perlas baratas, oh Padre.

De estos niños insensatos el demonio morboso les compra la razón y la fe a cambio del reino de este mundo.

Y llamó a la puerta, y entró cuando se abrió, traspasado de ira.

Se sentó, lleno de fuego y dijo muchas palabras amargas.

¿Por qué estáis torturando a este amigo de Allah? ¿Por qué tanto odio, oh enemigo de la Luz?

Si sigues tu religión, ¿por qué permites que se maltrate a alguien que sigue la suya?

Tú que eres tan afeminado en tu religión, ¿por qué atribuyes lo mismo a un príncipe de la espiritualidad?

No mires a la realidad con el distorsionado espejo de tu nafs, tú que estás maldecido por la maldición eterna.

El dueño le contestó: Si sientes tanta pena por él, dame el oro y llévatelo, hombre de disposición tan generosa.

Si tu corazón arde de simpatía, rescátale de mis manos, pero tu dificultad no se puede resolver sin gastos.

Le ofreció doscientos dirhams de plata, para aplacar su sed.

El dueño se mofaba y burlaba, malicioso y rencoroso.

¿Por qué? Preguntó al – Siddiq. En respuesta se reía aún más ruidosamente.

Si no fuera por tu desaforadas ansias de comprar a este esclavo negro, no hubiese regateado ni un ápice; le habría vendido por la décima parte de este precio.

En mi opinión no vale nada. Pero subiste el precio con tu clamor.

Dijo al – Siddiq: ¡Oh simplón! Has dado una perla a cambio de una nuez, como un niño tonto.

En mi opinión vale dos mundos. Tú miras su color, yo su espíritu.

Es de oro rojo que se ha vuelto hierro negro pulido por la envidia de esta morada de necios.

Te deshaces de él fácilmente porque lo has conseguido fácilmente. No has visto la perla; sólo has abierto la concha.”

Rumi (K.s) nos ofrece en este relato el sabor de la verdadera misericordia y de la verdadera compasión. Más aún, afirma explícitamente que el valor de un ser humano no se puede medir. Todo en este mundo carece de valor, excepto el espíritu que se ha elevado hacia el horizonte sin límite.

Mi maestro Yaman Dede era cristiano ortodoxo hasta que encontró la guía a través de este fruto de Rumi (K.s) que es el Mathnawi. Su corazón rebosaba de amor por el Profeta Muhammad (s.a.s) que le ayudó a interiorizar su conducta y la de sus Compañeros. El siguiente relato basta para ilustrar su estado espiritual:

Un día un discípulo suyo le preguntó: ‘Maestro, si tuviera que elegir entre una acción errónea y la lepra, ¿qué elegiría?’

Yaman Dede contestó:

– Preferiría convertirme en polvo antes que desatender, incluso por un momento, mi lazo con el Profeta (s.a.s) y el mundo espiritual de los creyentes rectos.

¿Puede existir una expresión más clara de la misericordia y amor que encarnaba el Profeta Muhammad (s.a.s)?

¡Oh Allah! Qué Tu misericordia se convierta en nuestros corazones en un tesoro sin límite.

Amin.

[1]       La expresión “Bismillahi-rrahmani-rrahim” –en el nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo. Era la costumbre del Profeta Muhammad (r) decirlo antes de empezar cualquier actividad con el propósito de recordar a Allah. Los Musulmanes han seguido esta costumbre hasta hoy.

[2]       El hayy ‘menor’ que se puede realizar en cualquier momento del año.

[3]       El misterioso compañero que viajó con Profeta Musa (u). representa el tipo del conocimiento conectado con la vida real de cada día y sus paradojas. El Qur’an no menciona su nombre; la tradición le menciona como Jidr (lit. verde). El relato de este viaje lo encontramos en surah al – Kahf, 18:60-82.

[4]       Halal significa ‘lo lícito, lo permitido’; y haram ‘lo ilícito, lo prohibido’. La carne de un animal muerto por causas naturales es haram para un Musulmán, a no ser que está en peligro de muerte.