LA ARROGANCIA, KIBR, EN EL MATHNAWI

El Mathnawi: “La tierra ha sucumbido a los cielos y dice: Soy tu esclava, acepto que llegue lo que quieras.” (v.3:452)

“Si le llega el fuego desde el sol, vuelve su cara hacia el fuego. En vez de escapar de él, se somete tranquilamente, dejando la cara bajo el fuego.” (v.3:450)

“¡Hombres! Sois de esta tierra. Vivís en ella. No debéis ir contra Su mandato, Su voluntad o Su destino.

Habéis oído y escuchado la ayah ‘os hemos creado de la tierra’. Significa que Allah quiere que seáis como ella. No desafiéis la orden Divina.

Allah dice: ¡Hombre! Mira cuidadosamente y ve que he plantado la semilla de Mi conocimiento en tu cuerpo hecho de tierra. Te he elevado. Cuando no eras más que polvo en esta tierra, Yo he hecho de ti una criatura distinguida. Te he dado la inteligencia; te he dado el deseo.

Da un paso más y haz de las cualidades de la tierra y de la humildad tu atributo para que te ponga por encima de toda Mi creación.” (v.3:453-456)

En estas estrofas, Mawlana dice que la humildad es una característica  intrínseca del ser humano, que es su disposición natural. Dado que el cuerpo humano está formado por los alimentos que provienen de la tierra, su origen es la tierra. El ser humano es superior a toda la creación en virtud del ruh que procede del soplo de Allah y es exhortado a ser tan humilde como la tierra –el origen y la esencia de nuestros cuerpos. Debido a nuestra naturaleza innata es natural que hayamos sido provistos de los atributos de la tierra. Cuando las dos capacidades –la de la inteligencia y la de la voluntad, se utilizan incorrectamente, las cualidades innatas se debilitan y quedan dañadas, y como consecuencia el ser humano se aleja de la humildad y se vuelve arrogante, siendo la arrogancia el atributo del Shaytán. Finalmente, los hombres se desvían de su naturaleza original y actúan en contra del honor Divino que llevan dentro.

Lo que cae del cielo es aceptado por la tierra sin ninguna objeción. De hecho, no hay voluntad en la tierra. Para alcanzar el zenit del Plan de Allah el hombre debe vivir en sumisión parecida a la de la tierra. Debemos someternos al destino –qadar, igual que la tierra se somete a los cielos, y aceptar todo lo que viene de Allah. De esta manera el hombre puede alcanzar la perfección –kamal, y merecer el título de Califa de Allah, la posición que le ha sido prescrita en este mundo.

El Mathnawi: “Al principio las semillas de toda fruta se quedan encima de la tierra. Entran en ella y luego reaparecen, brotando.

Las bendiciones llueven sobre la tierra de los cielos y penetran en la tierra. Luego dan vida al alma pura.” (v.3:459-469)

La tierra es la esencia y origen de todas las formas de la creación, tanto animada como inanimada. Sus transformaciones causan las innumerables formas de vida. El Señor Todopoderoso ha cubierto dos terceras partes de la tierra con agua y ha dejado que solamente una tercera parte sea tierra. Posiblemente solamente una tercera parte de ésta tiene la superficie adecuada para el crecimiento de la vegetación. Esto significa, teniendo en cuenta la superficie total del planeta tierra, que solamente su decimosexta parte es adecuada para el crecimiento de las plantas, la vida de los animales y de los seres humanos. Allah Todopoderoso ha sometido a la tierra a las interminables metamorfosis e hizo que fuese la única provisión para aquellos incontables cuerpos. Si los seres humanos hubiesen venido a la tierra de una vez, no encontrarían suficiente comida ni sitio para vivir. Pero Allah Todopoderoso envía a toda Su creación, no solamente al hombre, dentro del sistema de “rotación”, con la tierra como provisión. De esta manera hay suficiente sitio y comida para cada ser humano en su tiempo y lugar previsto. Después de haber completado su existencia vuelven a la tierra, de donde provienen. La vida empieza con la tierra y termina en ella.

Dado que los seres humanos han sido creados de la tierra, llevan sus características. De vez en cuando la tierra se seca, se queda abrasada, añorando el agua. Aguanta las durezas del invierno. Luego llega la época de su resurgimiento por medio de abundantes lluvias de la primavera. El flujo del poder Divino se muestra en la avalancha de belleza, color, fragancia y armonía. Lo mismo pasa con los seres humanos. Se agitan como las tormentas del desierto entre las pasiones de la vida, se destruyen bajo la supremacía de sus nafs, y la única manera de alcanzar la perfección es salvando los obstáculos que provienen de esos nafs. Igual que la tierra revive con la lluvia de la primavera, el hombre llega al punto en el que pone a los demás antes que a sí mismo gracias a las manifestaciones de faiz –conocimiento, sabiduría, abundancia, y de rahmah –misericordia. Distribuye las bendiciones que le llegan en un estado que se parece a la belleza y la abundancia de la primavera, y lo hace por Allah.

Volviendo al ejemplo de la semilla de Mawlana Rumi, la planta que crece de ella vuelve luego a la tierra, o bien directamente o después de haber pasado varias etapas de crecimiento. Toda la creación sigue la misma regla, es uno de los numerosos ejemplos de la magnificencia Divina. Es un gran favor para los que meditan. Leemos en el Qur’an: “Que se fije el hombre en lo que come: es cierto que hacemos que caiga agua en forma de precipitaciones y seguidamente hendimos la tierra en surcos y hacemos que en ella broten granos, viñedos y hierbas comestibles, olivos y palmeras, frondosos vergeles, fruta y pasto. Como disfrute para vosotros y vuestros rebaños.” (Abasa, 80:24-32)

El Mathnawi: “Los afortunados saben que la intelectualidad es el camino del Sheytán, mientras que ‘ashq y sumisión son los caminos de Adam.

Los que pretenden ser listos son como Shaytán –intentan cruzar el océano nadando. Es raro que alguien sobreviva cruzando el océano de esta forma. Terminará ahogándose.

Deja el nadar y abandona la vanidad. El agua en la que nadas no es un río o un riachuelo. ¡Es un océano! Es, de hecho, un océano de qaza y qadar.” (v.4:1402-1404)

Mawlana describe el intelecto como un atributo del Shaytán, pero éste deja de serlo en el momento en el que por medio de la Revelación recibe tarbiya –es decir disciplina y educación, convirtiéndose en un medio de primera importancia, pero no el único, para alcanzar a Allah y hacer el bien. El hecho de que no pueda ser suficiente para este fin por sí mismo está reflejado en el nombre que se le da en Islam –aqil naqis, el intelecto deficiente. Su perfección viene por medio de la aceptación de su propia insuficiencia y de la necesidad de adherirse a la Revelación. Esto solamente es posible a través de tasimiyyah –total apoyo en Allah. El intelecto es una bendición de Allah que solamente adquiere su valor por medio del Qur’an y de la sunnah.[1] En caso contrario no podrá evitar que su dueño sea esclavo del nafs y que se dirija hacia la destrucción.

Mawlana compara el universo de los acontecimientos, ‘alam al-wuqu, a un océano, y describe a la humanidad como un débil nadador condenado a ahogarse. Es una total insensatez desafiar al qadar y confiar en el intelecto y la voluntad –irada, ya que el intelecto y la voluntad que no se someten al qadar, es decir a la voluntad de Allah, no llevan a nada bueno.

El significado preciso de qadar está fuera de nuestro alcance, así que el único camino a la salvación es por medio de la sumisión a él después de haber ejercido irada, según la capacidad de cada uno.

Esperar a que crezcan las plantas sin haber sembrado las semillas es inútil, pero pensar que el mero hecho de haber esparcido estas semillas es suficiente, es una esperanza igualmente vana. Echar las semillas es un trabajo del hombre, pero el que la planta llegue a crecer depende del decreto y poder de Allah. Por esa razón el hombre “propone” al sembrar, y después “muestra total sumisión” al Señor del Universo, el Controlador de qadar y de todas las cosas que pasan y que están fuera de nuestra esfera de acción –como el viento, la lluvia, el tiempo, etc.

El Mathnawi: “El amor Divino es como un barco para los creyentes distinguidos. Los que suben a bordo de este barco no se enfrentan a grandes calamidades ni catástrofes, y en la mayoría de los casos se salvan.

¡Oh los que viajáis hacia al-Haqq! Cambiad el intelecto por la adoración. El intelecto es tener una idea y dejarse llevar por la especulación, mientras que la adoración es ver la belleza, el poder y el arte de Allah.

Sacrificad el intelecto en la presencia de Mustafa (s.a.s),[2] y decid: ‘Allah me basta.’” (v. 4:1406-1408)

“El intelecto y la inteligencia te traerán la vanidad y la arrogancia.” (v.4:1421)

“Sacrifica el intelecto por el amor del verdadero Amigo, porque todo intelecto verdadero está con el verdadero Amigo, y todos los seres y el intelecto provienen de Allah. Por ello –sacrifica el intelecto por el amor de Allah.

Los que tienen intelecto lo han mandado al verdaderamente Amado, al otro lado. El intelecto que se ha quedado en este mundo ignora el amor, no ama y no es amado, es un insensato.” (v.4:1424-1425)

Tal como lo hemos apuntado anteriormente el uso correcto del intelecto es solamente posible si uno puede entender su compatibilidad con la sabiduría Divina y su beneficio, maslaha, es decir el intelecto debe moverse dentro de las fronteras del Qur’an y de la sunnah. Pensar que el intelecto tiene el poder ilimitado de comprender todo es tan insensato como comparar la fuerza de la hormiga con la del caballo.

Al decir “sacrifica ‘aql ante la presencia de Mustafa (s.a.s)”, Mawlana establece la importancia de la sumisión al mandato Divino que había llegado por medio del Profeta (s.a.s). Si ‘aql no está dominado –como si fuera un caballo salvaje– con las riendas de la Revelación, arrastrará a su dueño a las ilimitadas y extravagantes exigencias y, finalmente, a la destrucción.

Si el hombre utiliza su intelecto y al ver las maravillas de la creación de Allah siente la necesidad de “adoración”, que es el resultado de la consciencia del arte Divino y de Su poder en el Universo, llegará a tener la fe perfecta –iman al-kamil. Al mismo tiempo se dará cuenta de la insuficiencia de su intelecto.

No obstante, aquéllos que se dejan encantar por esta adoración pueden llegar a ser mayzub –los que pierden su capacidad de razonamiento y de control debido al amor que sienten por Allah. A pesar de que el asombro y la adoración son estados positivos, ese estado queda invalidado por su debilidad cara a las necesidades básicas de la vida humana. Es mejor alcanzar el estado de yazib –el que ha completado el camino y ha llegado a interiorizar “Allah basta a su siervo”, y al mismo tiempo es capaz de proteger su vivencia. Sin duda alguna el tipo de amor que Mawlana considera adecuado es el que mantiene el control de la mente.

El Mathnawi: “¡Qué felicidad espera a los que ven su nafs con humildad. ¡Ay de los que se ven superiores como montañas!

Haz de saber lo siguiente: La arrogancia y el sentirse superior a los demás son venenos mortales. Los necios quedan intoxicados bebiendo este vino envenenado.” (v.4:2746-2747)

Un creyente debe asumir la corona de la humildad y recordar la insuficiencia de su nafs, incluso si posee numerosas virtudes. Los que consideran que son perfectos no intentan eliminar sus fallos ni aceptan sus defectos. El verdadero creyente es aquel que se han dado cuenta de sus deficiencias y se han protegido de la jactancia. Consideremos el siguiente hadiz:

“El que muestre un grado de humildad por Allah, Allah le elevará un grado. El que muestre arrogancia en contra de Allah, Allah le rebajará un grado y, finalmente, le juntará con los más bajos de los bajos.” (Ibn Mayah, Zuhd, 16)

En la siguiente ayah el Qur’an describe a los humildes:

“Los siervos del Misericordioso son aquéllos que caminan por la tierra humildemente y que cuando los ignorantes les dirigen la palabra, dicen: Paz.” (Al-Furqan, 25:63)

En otros sitios el Qur’an exhorta al hombre a evitar la arrogancia y la jactancia:

“Y no camines por la tierra con arrogancia porque no podrás traspasar la tierra ni alcanzar la altura de las montañas.” (Al-Isra, 17:37)

“Y no pongas mala cara a la gente ni andes por la tierra con insolencia pues es verdad que Allah no ama al que es presumido y jactancioso.” (Luqman, 31:18)

Hay que recordar que aunque la humildad sea una virtud, no puede ser la razón de descartar las bendiciones de Allah. El punto importante de este asunto es percibir la bendición en sí misma, y atribuirla a Allah. Se conoce por tahadduz al-ni’mah, es decir percibir la existencia de las bendiciones por medio de atribuírselas a Allah y de ser agradecido por ellas. No es arrogancia. Arrogancia es presumir de que una bendición viene del nafs; considerar, pues, que viene de uno mismo. Es la actitud que le llevó a Qarún,[3] dominado por sus caprichos, a la destrucción. Así pues, todo lo que menciona Mawlana acerca del intelecto, voluntad, humildad y arrogancia debe considerarse desde el punto de vista de estas bases racionales.

El Mathnawi: “Jidr[4] hizo un agujero en el barco y lo inutilizó para protegerlo de la gente injusta.

Teniendo en cuenta que los desahuciados, arruinados y pobres se salvan, tú también deberías estar entre los desahuciados, arruinados y pobres. La liberación y la seguridad provienen de la no-existencia. ¡Ven, sálvate del nafs y de la existencia! Dirígete hacia la no-existencia.

Una montaña que tenga algo de oro o plata dentro se romperá en pedazos bajo los golpes de un hacha.

La espada cortará el cuello de la persona que tenga cuello.

Pero la sombra se extiende tranquilamente sobre el suelo. No la puedes cortar y romper porque no tiene cuello ni cuerpo.” (v.4:2756-2759)

En estos versículos Mawlana explica la misma realidad desde diferentes perspectivas. Los arrogantes estimulan el apetito de los demás y provocan su animosidad porque se jactan constantemente de sus méritos y se atribuyen virtudes que no poseen. Dice el conocido refrán: “Todo lo que sufre el ruiseñor es por culpa de su voz.” Significa que si el ruiseñor no cantara tan bien, no estaría en una jaula. Nadie enjaula a un cuervo.

Así pues, se puede decir que es la regla de este mundo que alguien con méritos tenga enemigos, incluso si es como los Profetas –quienes solamente tienen los atributos de la perfección.

El Mathnawi: “¡Oh los descuidados que solamente os preocupáis por los bienes de este mundo y lo adoráis! Tenéis la malvada inmoralidad del Faraón. Sois arrogantes, estáis llenos de vosotros mismos, y corréis tras las riquezas de este mundo. Pero el dragón, que es vuestro nafs, ha caído en el pozo de la debilidad y de la pobreza. Se siente débil, y no puede atacar como el Faraón. No puede hacer nada.

¡Avergonzaos! Todo lo que se acaba de mencionar son vuestras características, temperamentos malvados. ¿Cómo os atrevéis a atribuirselos al Faraón?

Cuando se habla de vuestros hábitos corruptos y de vuestra naturaleza escandalosa, estáis molestos, no os gusta. Cuando se habla de otras cosas, os suena a cuentos de hadas.” (v. 3:971-973)

Todo el hombre tiene inclinaciones hacia nafsaniyyah, egoísmo, y hacia ruhaniyyah, espiritualidad. Allah Todopoderoso dice en el Qur’an:

“¡Por el nafs y Quien lo modeló! ¡Y le insufló su rebeldía y su obediencia! Qué habrá triunfado el que lo purifique.” (Al-Shams, 91:7-8)

Tanto la transgresión como la obediencia son los estados que están siempre allí, y le susurran e inspiran al hombre. Es la razón por la que el hombre es como un campo de batalla, donde constantemente se libra el conflicto entre las inclinaciones egoístas, que le llevan hacia el mal, y las inclinaciones espirituales, que le llevan hacia el bien.

Todos están de acuerdo en que cuando el ser humano conquista su nafs incondicionalmente, es superior a los ángeles. Pero si se somete a su nafs, será más bajo que los animales –kal an’am bal hum adul.[5] La posibilidad de llegar a ser superiores a los ángeles se debe al hecho de que éstos no tienen que enfrentarse a ningún obstáculo, el nafs por ejemplo, cuando se vuelven hacia Allah en adoración, al contrario que los hombres que tienen que superar muchos obstáculos. En sí mismo, todo hombre tiende a ser un “faraón”. Dado que las circunstancias y medios de cada uno difieren, esta inclinación en algunos es pequeña como un capullo, mientras que en otros, con oportunidades que se les presentan en su camino, llega a ser dominante y se desarrolla hasta proporciones monstruosas.

Señalando este hecho Mawlana Rumi intenta que los que critican y condenan al Faraón no olviden que tienen un pequeño ‘faraón’ dentro. Este ‘faraón’ menor se ha quedado en su concha sin haber vivido la vida del Faraón histórico, por lo tanto no ha alcanzado su talla. Si encontrara circunstancias “favorables”, sin duda llegaría al nivel del Faraón real, tanto en lo referente a la opresión como en lo referente al nafs.

Rumi recalca que los que critican a los demás muy a manudo se engañan pensando que su propio nafs está por encima de toda crítica, y añade que esto es el resultado de la arrogancia. En otro lugar, y hablando del mismo tema, Rumi dice:

“La arrogancia es verse a uno mismo por encima de los demás, en constante búsqueda de una posición, de un rango, de riquezas; y los ricos son aquéllos que llevan leña para el horno en el que arderán.

Estas dos niñeras, rango y riqueza, engordan el pellejo, y lo llenan de grasa, arrogancia y orgullo.”

El Mathnawi: “Shaytán es el guía en el camino de la arrogancia, porque fue el primero en entrar en él y quedar atrapado en la posición mundana.

Esta maldición es la maldición del Shaytán, quien llevado por su propio nafs dijo: “Yo soy mejor que él.”[6] En verdad, esta enfermedad está en el nafs de todo hombre.” (v.1:3216)

“¡Oh tú que escondes los defectos del nafs bajo la cubierta de la humildad y modestia. Si alguien te enfadase, te revolviese y agitase, como el agua que tiene dentro suciedad, el color de la suciedad saldría a la vista.” (v.1:3218)

En toda la creación solamente los seres humanos y los yin tienen nafs. Según una conocida teoría, antes de rebelarse contra Allah, Sheytán fue maestro de los ángeles, pero era yin por linaje y por lo tanto tenía nafs. Por esa razón, mientras los ángeles obedecieron sin vacilar el mandato de Allah de postrarse ante Adam (a.s), Shaytán aducía que al haber sido creado del fuego era superior a Adam (a.s) –creado de la tierra. Se negó a postrarse y por lo tanto se rebeló contra Allah. Allah no le preguntó en ningún momento quién de los dos era superior, simplemente le mandó postrarse. Shaytán ignoró esa orden y utilizó el silogismo.

Si buscamos maneras de descartar los decretos de Allah Todopoderoso, si para este fin hacemos uso de los débiles recursos de nuestro intelecto, caeremos en la misma desgracia que Shaytán. Un ejemplo de esta actitud la encontramos en aquellas personas que se enriquecen con riba, interés, justificándolo con la intención de hacer el bien con el dinero ganado.

Como acabamos de mencionar, dado que Sheytán era el primero en sucumbir ante su nafs, el primero en oponerse a Allah a causa de su arrogancia, un comportamiento parecido se lo atribuimos a Sheytán, recibiendo este acto el nombre de “acción de Sheytán”. Rumi considera a los que Le dan la espalda a Allah, debido a su arrogancia, aliados del Shaytán. Los que caen en el mismo error que causó su caída no pueden evitar la maldición de Allah.

[1]       (NT) Literalmente ‘forma’, la práctica de una persona o grupo. Normalmente se refiere a la práctica del Mensajero de Allah (s.a.s), pero se puede referir también a la de la primera generación de los Musulmanes en Medina.

[2]       (NT) Uno de los nombres del Profeta Muhammad (s.a.s).

[3]       (NT) Un hombre sabio y rico de la comunidad de Musa (a.s), que se desvió del camino recto a causa de su arrogancia.

[4]       (NT) El Qur’an no menciona su nombre, pero la tradición ha transmitido que se llamaba Jidr. Es un ser misterioso, al que hay que buscar. Tiene el secreto de algunas paradojas de la vida, que la gente corriente no entiende, o malentiende. La historia de su viaje con Musa (a.s) la encontramos en la surah Al-Kahf, 18:60-82.

[5]       Referencia a la ayah: “Son como animales de rebaño o peor aún en su extravío.” (Al-A’raf, 7:179)

[6]       (NT) Mejor que Adam (a.s) porque él está hecho del barro y yo del fuego, y el fuego es mejor que el barro. El Qur’an relata este acontecimiento en varios sitios, por ejemplo surah Al-Baqarah, 2:35-39 y Al-A’raf, 7:19-25.