Excelencia (Ihsān) y Vigilancia (Murāqabah)

Tasawwuf, o el misticismo islámico, significa plena consciencia de estar en presencia de Allah en todo momento. Sólo aquellos siervos de Allah que poseen esta consciencia pueden cumplir con sus obligaciones hacia el Creador y hacia Sus criaturas. Todas las almas viven en la sombra de la realidad de que Allah está tan cerca de nosotros como lo que dice el Qur’an: “Estamos más cerca de él que su vena jugular.” (Qāf, 50:16) Este estado de consciencia se llama Ihsān. Para lograr mantener esta consciencia despierta, debemos estar siempre muy vigilantes. Cuando vivimos en este despertar constante, ya no podemos olvidarnos de que en todo momento Allah nos observa, y de que Él conoce nuestras acciones y nuestros más recónditos pensamientos. Vivir con este estado de consciencia es como tener una coraza que nos protege de los pecados, ya que nadie puede cometer un pecado mientras está invocando:

“¡Oh mi Señor!”

Normalmente, no osamos cometer una falta cuando sabemos que alguien nos está observando, incluso si esa persona no tiene el poder de castigarnos. ¿Podríamos, entonces, cometer esa falta sabiendo que el Creador nos está observando? ¡En absoluto!

Aquí tenemos un buen ejemplo que nos llega del tiempo de los Compañeros del Profeta: Una noche, el Califa ‘Umar hacía la ronda nocturna por las calles de Medina como de costumbre. De repente se paró al escuchar una discusión entre una madre y su hija. La madre le decía a la hija:

“¡Vamos, hija! ¡Echa más agua a la leche que vamos a vender mañana!

La hija le contestó:

¡Oh madre! ¿Acaso no nos ha prohibido el Califa que añadamos agua a la leche?

La madre le gritó:

“¡Cómo va a saber el Califa que le hemos echado agua a la leche!

Pero la hija, que tenía un gran temor de Allah, no aceptó la explicación de su madre y le dijo:

“¡Oh madre! Quizás el Califa no pueda saberlo, pero ¿y Allah? ¿Acaso piensas que no nos ve?

Es fácil estafar a la gente, pero es imposible estafar a Allah el Omnipresente, que es el Creador y el Sostenedor de todas las criaturas.” ‘Umar quedó conmovido por aquellas palabras que salían de aquella joven llena de temor por Allah. Hasta tal punto se sintió atraído por aquella sincera actitud, que la tomó para esposa de su hijo.

‘Umar b. ‘Abd al-‘Azīz, considerado por muchos como el quinto Califa rectamente guiado en la historia del Islam, fue el fruto de tan acertado matrimonio. El punto fundamental aquí es darse cuenta de que tenemos que vivir en continua vigilancia, en plena consciencia de la presencia de Allah. Está escrito en el Qur’an:

“Y Él está con vosotros donde quiera que vayáis. Y Allah ve perfectamente todo lo que hacéis.” (Hadīd, 57:4).

Allah Todopoderoso está siempre con todas Sus criaturas, en todo lugar y en todo momento. Conoce todo lo que ocurre en Su creación. Lo observa todo. Pensar que no es consciente de Su creación es presumirle debilidad, a Él que está más allá de cualquier debilidad. Si el hombre supiera esta realidad como debería saberla, podría fácilmente viajar por el camino espiritual. Se olvidaría de las preocupaciones mundanas y se concentraría únicamente en su progreso espiritual.

El sentimiento de estar siempre junto a Allah, mantendría al hombre en un estado de consciencia en el que le sería fácil purificarse de la escoria terrenal. Un amigo de Allah dijo:

“Ningún viajero se echa a dormir en la sala de espera de la estación sin perder el tren. Este mundo es como una estación para el otro mundo. Uno debe mantenerse despierto para coger el tren correcto.”

El sentimiento de estar junto a Allah inspira al creyente el temor de la proximidad, al tiempo que le conforta. La siguiente ayah del Qur’an explica esta proximidad:
¿Es que no ves que Allah conoce lo que hay en los cielos y lo que hay en la tierra? No hay confidencia de tres en la que Él no sea el cuarto, o de cinco en la que Él no sea el sexto, ni de menos o más que eso sin que Él no esté con ellos donde quiera que estén. Luego, el Día del Levantamiento les hará saber lo que hicieron. Es cierto que Allah es conocedor de todas las cosas. (Muyadilah, 58:7)

De nuevo, ‘Umar (que Allah esté satisfecho de él) durante su califato, envió a Mu’ādh en una misión a la tribu de Banū Kilāb. El objeto de aquella misión eran el de realizar algunos pagos, entregar las mercancías acordadas, y distribuir las limosnas que habían sido recolectadas de los ricos para ser distribuidas entre los pobres.

Mu’ādh solía cumplir con las misiones que se le encomendaban con gran esmero, y volvía con agradables historias de cómo había logrado ganarse el corazón de la gente. Cuando volvió esta vez, sólo tenía un trozo de tela para protegerse la nuca del sol y del polvo. Su mujer le recriminó:

“Los que como tú van en tales misiones, se supone que reciben un pago a cambio y regalos para su casa. ¿Dónde están nuestros regalos?”

Mu’ādh le contestó:

“Había conmigo un inspector que no me dejaba un instante y que calculaba con precisión lo que daba y lo que cogía.”

Su esposa se enfureció todavía más y le dijo:

“El Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) confió en ti, y lo mismo hizo Abū Bakr. Ahora es el tiempo de ‘Umar y resulta que envía un inspector contigo. ¿Es que no confía en ti?

Sus palabras llegaron a oídos de la esposa de ‘Umar y después a ‘Umar mismo, quien llamó a Mu’ādh y le preguntó con reproche:

“¿Qué es todo esto? ¿Por qué has dicho que te envié con un inspector? ¿Acaso piensas que no confío en ti?”

La respuesta de Mu’ādh fue realmente ejemplar:

“¡Oh Emir al Mu’minin! Era una parábola para mi mujer. En realidad, no me refería a que le inspector fuese alguien que tú hubieras enviado conmigo, sino a Allah. No quiero coger para mí nada a cambio de mi servicio…”

‘Umar comprendió de inmediato lo que Mu’ādh estaba diciendo, pues su estado espiritual le había llevado a no desear los bienes terrenales. ‘Umar, conmovido por aquella actitud, le hizo un regalo con su propio dinero y le dijo:

“Llévale esto a tu esposa para ver si logras tranquilizarla.”

La lección que se deriva de este relato es que debemos estar siempre vigilantes. Debemos ser conscientes todo el tiempo de que nuestro Señor nos está observando constantemente. Es natural que alguien que trabaja en una organización de caridad reciba un salario por su trabajo; no obstante, la actitud de Mu’ādh fue realmente encomiable. Los que trabajan en este tipo de organizaciones deberían observar su nafs y recordar la advertencia de ‘Umar (que Allah esté satisfecho de él):

“Examinaos a vosotros mismos antes de que seáis examinados en el Día del Levantamiento.”

El siguiente dicho del Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) nos recuerda la importancia de mantener despierta nuestra consciencia de Allah, y de estar vigilantes constantemente:

“No perdáis el tiempo en conversaciones fútiles, olvidándoos de Allah, ya que ese tipo de charlas embota los corazones y nos aleja de nuestro Señor.” (Tirmidhī).

Así, pues, se supone que debemos estar vigilantes todo el día, ya sea antes del crepúsculo (sahar), cuando nos despertamos para la salah de madrugada (fayr), o durante el día. La persona que atraviesa su tiempo vital manteniéndose en el recuerdo constante de Allah, desde la madrugada hasta la noche, conoce el goce divino (mardāt al-Rabb). Quien alcanza esta estación, elimina todas las inclinaciones negativas de su corazón. Es como si los dispersos rayos del sol hubiesen sido reunidos con una lente y las quemasen.

Ahora, en lugar de esa naturaleza enfermiza, aparece una naturaleza sana y robusta adornada con los atributos divinos. Esto es así hasta el punto de que somos capaces de compartir las expresiones de amor, gracia, misericordia, amabilidad, y perdón con toda la creación, con la deferencia debida al Creador. Una persona que se mantiene en este estado, controla su yo inferior de la mejor manera. Contempla las razones de su existencia con cada respiración, y toma las medidas necesarias para no caer en las trampas del shaitan. Su corazón está siempre con su Señor. Dice el Qur’an:

“Sabe que Allah viene entre el hombre y su corazón.” (Anfāl, 8:24).

El siervo de Allah que cae dentro de esta categoría, goza del verdadero sabor de confiar en Allah. Su Señor le ha otorgado el conocimiento directo; ya no hay ningún intermediario. A través de este conocimiento, será capaz de empezar a leer las páginas del universo y a atrapar los misterios y la sabiduría de la existencia. Dice el Qur’an a este respecto:

“Así, pues, temed a Allah –y es Allah quien os enseña.” (Baqarah, 2:282).

Fue esta constante vigilancia la que salvó al profeta Yusuf de caer en las redes de una bella mujer que deseaba seducirle. Se salvó de esta trampa con el ihsān y la vigilancia. Por ello, el sentimiento de benevolencia debería fijarse en el corazón y dirigir nuestros actos, capacitándonos para alcanzar la posición de estar en unión con nuestro Señor. De otra forma, la mera pronunciación de palabras como “benevolencia” y “vigilancia” no tendrían ningún valor.

El sentimiento de amor debe pasar de estar focalizado en los seres transitorios, a dirigirse al Ser Eterno. Una vez que este sentimiento de amor se dirige únicamente a Allah, el siervo es capaz de tomar la posición adecuada en su camino espiritual. Allí situado, el creyente ya no se deja engañar por los bienes terrenales; su valor está en poderlos repartir entre los necesitados (infāq). El corazón alimenta su amor por Allah con un buen puñado de buenas acciones. Tales acciones proporcionan gozo al Amado (el Señor).

El río que desemboca en el mar pierde su corriente y su color; está ahora bajo el control del mar; ha dejado de ser un río. Así también ocurre con el ihsān: es la aniquilación personal en Allah, y la manifestación en su ser de los atributos del Señor.

Así, podemos decir que la benevolencia es el núcleo de la creencia. Cualidades tales como la sinceridad, la piedad, y la reverencia en todas las salah e invocaciones, sólo pueden ser obtenidas a través de la benevolencia, ya que todo acto de adoración envía destellos a través de las ramas de la sinceridad y flores a través de la piedad, para finalmente conseguir su fruto con el temeroso respeto. Estar en el camino recto significa ser conscientes de la Omnipresencia del Creador y actuar en consecuencia, no sólo cuando estamos en compañía de otros, sino también cuando estamos a solas, sintiendo que el Señor nos observa.

Por lo tanto, tasawwuf, con todas sus formas y prácticas, tiene como objetivo reforzar el corazón para que pueda alcanzar esta posición. Los amigos de Allah son estudiantes en este camino durante toda su vida. Un día, la madre de Uways al-Qarānī le preguntó:

«¡Oh hijo!¿Cómo consigues estar en oración toda la noche?”

Qarānī le respondió:

“¡Oh madre! Adoro a Allah con gran esmero. Mi corazón se ensancha con la piedad de tal manera que no siento fatiga, ni soy consciente de lo que siente mi cuerpo. No me parece que la noche sea tan larga.”

Su madre le preguntó de nuevo:

“¡Qués es eso que llaman khushū’ (temor reverencial) en la adoración?”

Le contestó Qarānī:

“No sentir dolor cuando nos atraviesan con una lanza.”

Aquí tenemos otro famoso relato de la historia del Islam. Durante una batalla, ‘Alī fue herido en el pie con una flecha que se le quedó incrustada. La gente que estaba a su alrededor intentó sacársela, pero sin éxito pues era demasiado doloroso. Entonces ‘Alī dijo:

“Cuando esté en la salah, sacádmela.”

Hicieron como les había dicho y pudieron sacársela sin dificultad. Cuando terminó la salah les preguntó:

“¿Qué habéis hecho?”

Respondieron:

“Te la hemos sacado.”

Como indica el relato, el cuerpo de ‘Alī no sentía nada de este mundo; más bien, su atención se dirigía completamente hacia el gozo espiritual que emanaba de su respetuoso temor durante la salah. Este un vívido ejemplo de la significación práctica de mantener despierta la consciencia y de mantenerse en constante vigilancia. Gozar en la salah y no sentir cansancio sólo es posible en un estado permanente de consciencia y vigilancia. Quien no ha despertado su consciencia a la presencia constante de Allah, enseguida se cansa de hacer salawat. Si esa persona es rica, evitará dar limosnas porque no conoce la alegría de la fe.

Así, podemos concluir que las salawat hechas con sinceridad, el dinero dado con todo el corazón, el ayuno gozoso y el peregrinaje amoroso son todos ellos resultados del ihsān.

Mantenerse en el estado de ihsān y vigilancia sólo es posible con el recuerdo de Allah. Es este recuerdo el que hace que mente y corazón se conecten con Allah, al mismo tiempo que refuerza nuestra sabiduría. Debido a ello, Allah le dijo a Musa y a Harún cuando fueron enviados en una misión al Faraón:

“Ve, tú y tu hermano, con Mis signos, y no flaqueéis en recordarme.” (Ta-Ha, 20:42).

Muchas ayaat del Qur’an hablan del recuerdo de Allah. La siguiente ayah es suficiente para entender la importancia de recordar a Allah. El recuerdo es el brillo del corazón, y la receta para alcanzar la serenidad mental, tal y como lo afirma el Qur’an:

“Los que creen y tranquilizan sus corazones por medio del recuerdo de Allah. ¿Pues no es acaso con el recuerdo de Allah con lo que se tranquilizan los corazones?” (Ra’d, 13:28).

Un corazón que ha alcanzado la tranquilidad con el recuerdo de Allah, mora donde los atributos divinos moran. Un tal corazón es consciente del secreto expresado en la siguiente ayah:

“El día en el que ni la riqueza ni los hijos servirán de nada. Sólo quien venga a Allah con un corazón limpio.” (Shu’arā’, 26:88-89).

Para alcanzar esta posición, debemos sobrepasar la barrera del nafs y madurar a través del recuerdo de Allah, del arrepentimiento, de la resignación, de la paciencia y de la vigilancia. Podemos decir que el Din consiste en dos grandes aspectos: los aspectos legales que son los pilares del edificio, y el temor reverencial que es el adorno de esos pilares. El tasawwuf, que reúne estos dos aspectos, explica la existencia con sabiduría. Abre las ventanas espirituales al milagroso acontecimiento del Mi’ray (ascensión a los cielos) del Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz).

Tasawwuf significa vivir Islam observando los valores de sinceridad, devoción, reverencia, sumisión, y amor. En otras palabras, es participar de una parte de la vida del Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz), un tiempo que duró 23 años. Como ya se ha dicho anteriormente, tasawwuf significa actuar según lo que Allah ha ordenado al creyente, a través de la persona del Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) como se anuncia en la ayah:

“Así, pues, mantente firme (en el camino recto) como se te ha ordenado.” (Hūd, 11:112).

Como ya hemos mencionado, esta ayah hizo que los cabellos del Profeta blanqueciesen. Es importante notar que el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz), durante los 23 años en los que el Qur’an fue descendiendo gradualmente, participó en numerosas batallas y sufrió el hambre en muchas ocasiones.

Perdió a Jadhiya, su esposa y a Hamza, su tío y protector contra los idólatras, así como cinco de sus seis hijos murieron antes que él. Aceptó todo este sufrimiento con humilde sumisión. Sin embargo, el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo que fue la ayah:

“Así, pues, mantente firme (en el camino recto) como se te ha ordenado,” de la surah Hūd, la que le hizo envejecer repentinamente. (Tirmidhī)

El camino que lleva a Allah es largo y estrecho, con innumerables pruebas y distracciones acechándonos, como por ejemplo nuestras pasiones. Este camino conlleva enormes responsabilidades, tan enormes que incluso hicieron que el cabello del Profeta se tornase blanquecino. Los amigos de Allah se refieren a su incapacidad para ser Sus perfectos siervos frente a las infinitas manifestaciones divinas, de la siguiente manera:

“¡Oh Señor! Hemos sido incapaces de conocerte como Te mereces…”

A la luz de este hecho, deberíamos, en lo que se refiere al ihsān y a la vigilancia, ser conscientes de la observación constante de nuestro Señor, antes de dirigir nuestras vidas al camino de nuestro Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz), que vivió como el símbolo de la consciencia y la vigilancia.

¿Cómo fue él de paciente, y cómo lo somos nosotros?

¿Cómo fue él de generoso y leal, y cómo lo somos nosotros?

¿Cómo fue él de devoto en las salawat, en el ayuno, en la caridad y en la declaración de fe, y cómo somos nosotros de devotos?

¿Cómo fue él de firme manteniéndose en el camino recto, y cómo somos firmes nosotros?

Estas son las preguntas que debemos contestarnos con sinceridad. En resumen, deberíamos organizar nuestras vidas comparando nuestro comportamiento con el del Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz), que es el mejor modelo de rectitud para la humanidad hasta el Día del Levantamiento y nuestro mejor testigo e intercesor en ambos mundos.

Para alcanzar estos estados de ihsān y murāqaba, deberíamos preparar nuestros corazones purificando nuestro nafs, sometiéndolo con facilidad. Deberíamos estar entre aquellos a los que hace referencia esta ayah:

“En verdad, tiene éxito quien se purifica.” (Shams, 91:9)

Estas son las cosas que deberíamos observar con esmero:

– Tener cuidado con la forma de obtener nuestro sustento.

– Respetar los derechos de los seres humanos y de las otras criaturas de Allah.

– Pasar las horas anteriores al alba (sahar) adorando a Allah.

– Hacer lo que Allah ha ordenado, y alejarnos de aquello que ha prohibido.

– Tomar responsabilidades en el servicio a los demás.

– Ayudar a los necesitados por Allah únicamente.

– Estar siempre en compañía de la gente recta y sincera.

– Sentir conmoción con las palabras del Qur’an y ponernos a Su servicio.

– Realizar nuestras plegarias desde lo más profundo del corazón.

– Evitar los actos inmorales tales como la difamación, el egoísmo, los caprichos, el mentir, la envidia, la ambición, la hipocresía, y otros actos parecidos.

– Recordar la muerte y mantenernos conscientes de Allah hasta que nos llegue el último suspiro.

Sin duda que el Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) es nuestro mejor modelo de cómo se puede vivir el ihsān y murāqaba. Después de él vienen los califas rectamente guiados y los Compañeros en general, que también deben ser imitados.

Mahmud Sami Ramazanoğlu, a quien perdimos hace unos veinte años, es uno de los ejemplos a seguir hoy en día. Su vida estuvo adornada con ihsān y murāqaba, e iluminó a sus estudiantes con estas virtudes. Le recordamos ahora y pedimos a Allah Su misericordia y Su gracia. ¡Que Allah nos ayude a conducir nuestras vidas en plena consciencia y vigilancia!
¡Amín!