EL ZAKAT Y EL INFAQ

El ser humano es lo más elevado de la creación y la diversidad de individuos que componen una comunidad –los fuertes y los débiles, los sanos y los enfermos, los sabios y los ignorantes, los ricos y los pobres, es algo que garantiza la armonía y continuidad de la sociedad. 

A – ZAKAT

El ser humano es lo más elevado de la creación y la diversidad de individuos que componen una comunidad –los fuertes y los débiles, los sanos y los enfermos, los sabios y los ignorantes, los ricos y los pobres, es algo que garantiza la armonía y continuidad de la sociedad. La riqueza y la pobreza representan dos categorías económicas opuestas y, de hecho, forman parte de las pruebas de este mundo. La riqueza en sí no implica superioridad, de la misma forma que la pobreza no debe ser considerada como una desgracia. Los estados que causan se juzgan según la voluntad y la conducta de los implicados; todo depende de la Voluntad y la Sabiduria Divinas.

Allah dice:

“¿Acaso son ellos los que reparten la misericordia de Allah? Nosotros repartimos entre ellos sus medios de vida en este mundo y hemos elevado en grados a unos sobre otros, para que unos tomaran a su servicio a otros. Pero la misericordia de tu Señor es mejor que lo que reúnen.” (Az-Zukhruf, 43:32)

Como dice esta ayah la Divina distribución de la riqueza se manifiesta de manera individual. Por otro lado, la responsabilidad de cada individuo estará en proporción a las bendiciones que haya recibido. De esta manera, el equilibrio social y la Justicia Divina se establecen de forma perfecta. El zakat, que evita el probable despilfarro de los ricos y el odio y envidia de los pobres, es una obligación de todo Musulmán.

Aporta innumerables beneficios. Garantiza la paz y la seguridad en la sociedad, y refuerza los lazos entre sus miembros. Reduce la diferencia económica entre ricos y pobres. El equilibrio social y económico que genera evita que esta diferencia llegue a ser fuente de conflicto. De ahí la gran importancia del zakat y de la generosidad en el Islam. Los ricos serán preguntados por Allah Todopoderoso cómo han ganado y gastado su riqueza –si ha sido de manera lícita o ilícita, y si han pagado el zakat y dado generosamente.

Es decir, si han pasado la prueba de la riqueza. Solamente si logran pasarla, podrán alcanzar la complacencia Divina y el Paraíso. Los pobres serán preguntados acerca de su impaciencia, su quejosa actitud, el haber sido un peso para los demás, su envidia, su rebeldía y si han mantenido una conducta digna, a pesar de su pobreza. Si se merecen la complacencia de Allah, sus dificultades y sufrimientos en este mundo se convertirán en eternas bendiciones en el Más Allá.

El Qur’an menciona el zakat veintisiete veces, junto con la salah –suficiente para aclarar su importancia. En la surah Mu’minun, ayah 2 y 4, en las que el salah se menciona por separado, se dice que los Musulmanes que cumplen con su salah son los que pagan el zakat que les corresponde. Esto se debe al hecho de que tanto el salah como el zakat son los actos principales de adoración, y no serán juzgados por separado, ya que el hecho de no realizar uno, afectará al otro. El Profeta (s.a.s) ha dicho:

“No hay beneficio en el salah de los que no pagan su zakat.”

Sin duda alguna este hadiz anima a los Musulmanes a pagar el zakat y muestra su importancia. Debido a ello, el Comandante de los creyentes, Abu Bakr (r.a), equiparó el hecho de negarse a pagarlo, a la incredulidad, aunque se cumpliese con el salah, y declaró la guerra a los que mantuviesen esta posición, porque el zakat es la deuda que tienen los ricos con los necesitados, como establece Allah Todopoderoso en el Qur’an:

“Y de sus bienes había una parte que era derecho del que pide y del marginado.” (Ad-Dhariyat, 51:19)

El Mensajero de Allah (s.a.s) ha dicho: “Cuando pagáis el zakat, cumplís con vuestra parte (o derecho de los pobres sobre vosotros).”

Así pues, el zakat implica dar parte de nuestra riqueza a unos destinatarios específicos, según lo establece la shari’a, en caso de que la riqueza de la que disponemos exceda de la cantidad estipulada. El pago del zakat hace que el resto de nuestra riqueza sea lícito. El dinero recogido como zakat se distribuye entre los necesitados de la sociedad según su nivel de necesidad, estableciendo de esta manera la igualdad, la justicia y la armonía social por medio de la purificación de la riqueza de los que la detentan.

Si la riqueza ha sido adquirida por medios lícitos, entonces es lícita para su dueño. Sin embargo, si el zakat, que es el derecho de los pobres, no se paga, entonces esta riqueza no es totalmente lícita. Por otro lado, si la riqueza ha sido adquirida de manera ilícita, entonces el pago del zakat no la hace lícita. Por ejemplo, el dinero ganado en juegos de azar, o de cualquier otra manera ilícita, nunca es lícito.

La sabiduría del zakat para el individuo y para la sociedad

Los beneficios que conlleva el zakat para los que lo pagan son mucho mayores que aquellos que derivan de él para los necesitados. De hecho, el zakat, palabra que significa “limpieza” o “pureza”, cura y purifica los aspectos negativos del corazón. Cuando analizamos el significado de los términos zakat e infaq, entendemos que la sabiduría subyacente en estos actos de adoración es la de prevalecer sobre el mundo material y evitar llegar a ser su esclavo.

Es también el medio de reforzar los lazos de amor y sinceridad entre el que da y el que recibe, y de perfeccionar la fe a través de la generosidad, el infaq y el altruismo. El conflicto entre ricos y pobres es un hecho histórico que abarca todas las épocas, con los pobres odiando y envidiando a los ricos, y los ricos detestando a los pobres a causa de su miseria. Pero tal situación no se da cuando el altruismo, la misericordia, la compasión y la hermandad, encuentran un medio de plasmarse en la sociedad por medio de la generosidad.

Desde la perspectiva del Islam los pobres no son considerados como una clase social despreciable, sino como la que necesita y se merece amor y respeto. Son fuente de bendición y prosperidad. Allah Todopoderoso le ordena al Profeta (s.a.s) estar con los Compañeros pobres y cuidar de ellos:

“Y sé constante en la compañía de aquellos que invocan a su Señor mañana y tarde anhelando Su Faz, no apartes tus ojos de ellos por deseo de la vida de este mundo ni obedezcas a aquel del que hemos hecho que su corazón esté descuidado de Nuestro recuerdo y sigue su pasión y su asunto está desbocado.” (Al-Kahf, 18:28)

También el siguiente hadiz los menciona como fuente de prosperidad y bendición:

Abu ad-Darda (r.a) ha transmitido que el Profeta (s.a.s) ha dicho:

“Porque seréis sostenidos y ayudados por (la súplica y bendición de) los débiles de entre vosotros.”

También ha dicho el Profeta (s.a.s):

“Allah ayuda a esta nación gracias a las súplicas y la sinceridad de sus miembros más débiles.”

Según la transmisión de Umayya bint Jalid (r.a), el Profeta (s.a.s) solía pedirle a Allah Todopoderoso la victoria para los Musulmanes por el bien de los débiles. Está fuera de toda duda que si todos pagasen el zakat como es debido, el número de pobres e indigentes en la sociedad disminuiría drásticamente.

De hecho, durante el Califato de Umar ibn Abd al-Aziz, los gobernadores le informaban repetidamente que “no encontraban a nadie a quien darle el zakat”, y pedían que les dijera qué deberían hacer con él. Se debía a que todos los ricos pagaban su zakat –la manifestación de una sociedad que da posesiones y vidas por Allah Todopoderoso. Fue también Omar ibn Abd al-Aziz quien mandó a que los pregoneros públicos anunciasen:

“¿Dónde están los deudores? ¿Dónde están los necesitados, los huérfanos, los pobres que desean casarse? ¿Dónde los indigentes? ¡Oh los que tenéis los derechos! ¡Venid a recibirlos!”

Si analizamos los logros del gobierno de Umar ibn Abd al-Aziz, veremos claramente que su causa estaba en la gran fuerza espiritual que tenía. Su esposa Fátima ha transmitido:

“Un día fui a la mezquita donde estaba Umar bin Abd al-Aziz. Estaba sentado, llorando, las lágrimas corrían por sus mejillas. Le pregunté qué pasaba y me contestó:

‘¡Oh Fátima! El peso de la nación está sobre mis espaldas. Los hambrientos, los pobres, los enfermos que necesitan medicamento, los necesitados que no tienen ropa que llevar, los huérfanos, las viudas que viven solas, los indigentes que carecen de derechos, los cautivos y los Musulmanes que viven en las tierras de los incrédulos, los ancianos que no tienen fuerza para trabajar, los que tienen familias numerosas a su cargo y no tienen medios suficientes… estoy abrumado cuando pienso en los hermanos y las hermanas que viven cerca y en las tierras lejanas. ¿Y si mañana mi Señor me pregunta por ellos? Si el Mensajero de Allah (s.a.s) me reprende por ellos, ¿qué voy a decir?’ ”

Las palabras de Umar bin Abd al-Aziz transmitidas por su esposa deberían estar en los corazones y mentes de todos los Musulmanes. La manera de adornar el corazón del creyente con misericordia, simpatía, ternura y compasión es dando la vida y la riqueza por Allah. El Profeta (s.a.s) aconsejaba a los Compañeros que se quejaban de la dureza de sus corazones:

“Si queréis ablandar los corazones, alimentad a los pobres y acariciad las cabezas de los huérfanos.”

Mawlana comenta así los beneficios espirituales que resultan de la generosidad con los pobres y los necesitados:

“Los agobiados por la pobreza y necesidad son como una casa llena de humo. Abre la ventana para oír sus necesidades y encontrar remedio para ellas, de esta manera el humo desaparecerá y tu corazón se ablandará.”

Mientras el Islam ha mostrado el camino de reconciliación entre pobres y ricos de manera tan delicada, los otros sistemas no han logrado alcanzar esta meta, exagerando hacia un lado o hacia el otro. De hecho, algunos prohíben tajantemente pedir a los demás, mientras que otros lo aceptan totalmente.

Islam, en cambio, trata este problema social sabiamente y ofrece el remedio más apropiado –el del zakat y el infaq. Zakat es uno de los valores más importantes que Islam ha dado a la humanidad. Con su ayuda se cubren las necesidades de los pobres, los viajeros, los huérfanos y los enviudados. Islam ha quitado las cadenas de la esclavitud de los cuellos de la humanidad. La solución que ofreció consistió en la emancipación de los esclavos por un lado y por el otro el mandato de asegurar que tengan el mismo nivel de vida que sus dueños.

En consecuencia, en vez de traer beneficios, la propiedad de un esclavo se convierte en un peso para el dueño. Islam exhorta a los que tienen esclavos a que los emancipen para recibir la barakah que ello conlleva, sobro todo la expiación de sus faltas.

Islam nos exhorta a que ayudemos a la gente necesitada sin esperar nada a cambio. Prohíbe la usura que, vista desde la superficie, parece una gran comodidad, pero en realidad es una tiránica forma de abusar de los que sufren penuria. Más aún, el usurero desea que haya gente en dificultad para beneficiarse de su desesperación.

El permiso de dar el zakat a los endeudados es una forma de proteger a los que tienen deudas de caer en las garras de la usura. Los que pagan el zakat comparten los problemas de los indigentes y su único deseo es ayudarles para ganarse la complacencia de Allah Todopoderoso. Aún teniendo grandes riquezas, el hombre, tan avaro y ambicioso, quiere tener más.

Pero los Musulmanes que están acostumbrados a pagar el zakat tienen corazones generosos. Se contentan con poco, mientras que el usurero se esfuerza por aumentar su riqueza a costa de los demás. Los grandes centros financieros de hoy son ejemplos de esta usura que carcome individuos y sociedades por igual. Dice el Qur’an ََُْ

“Allah hace inútil la usura pero da incremento a lo que se da con generosidad.” (Al-Baqarah, 2:276)

En otras palabras, Allah Todopoderoso le quita al usurero la bendición de la riqueza, lo cual se convierte en su desgracia en el Más Allá. Esta desgracia a veces se manifiesta ya en este mundo, cuando grandes cantidades de dinero adquirido de esta manera se pierden a causa de una enfermedad o calamidad, o cuando caen en manos de un heredero despilfarrador.

Otro secreto detrás del zakat y del infaq es el de evitar la acumulación de riqueza en manos de unos pocos, protegiendo a los pobres de la explotación, y, por lo tanto, del rencor hacia los pudientes. Si la riqueza se convierte en un medio de desarrollar el orgullo y la arrogancia, el destino de los ricos puede llegar a ser terrible. No olvidemos que todos los miembros de la sociedad, tanto los ricos como los pobres, se necesitan unos a otros tanto espiritual como materialmente.

Este orden Divino contiene una profunda enseñanza y sabiduría. Según el Islam toda la riqueza Le pertenece a Allah Todopoderoso. La propiedad en este mundo es, de hecho, multipropiedad. En un momento determinado de la vida, antes de partir de este mundo, cada ser humano debe pasar sus propiedades a otros. Lo declara la siguiente ayah: ِ

“¡Hombres! Vosotros sois los que necesitáis de Allah mientras que Allah es Rico, alabado en Sí mismo.” (Al-Fatir, 35:15)

“De Allah es la soberanía de los cielos y la tierra, y Allah tiene poder sobre todas las cosas.” (AlImran, 3:189)

Se desprende de estas ayaat que la riqueza no pertenece ni al individuo ni a la sociedad sino que Le pertenece a Allah Todopoderoso. Los seres humanos viven bajo la soberanía de Allah el Altísimo y se alimentan de Su sustento. La única cosa que tienen es el derecho de utilizar la propiedad durante un periodo de tiempo fijado.

Un poeta lo ha expresado de la siguiente manera:

Todos los hombres son viajeros, el mundo es una posada.

No hay residentes –un lugar asombroso.

La riqueza final es la mortaja para el shah y para el pobre.

Los que están orgullosos de ello, ¿acaso no están locos?

Las posesiones y el estatus social son las pruebas más difíciles par el ser humano. Hubo un tiempo en el que el legendario reino de Suleyman (a.s) le fue quitado, y lo recuperó solamente después de haberse arrepentido. Uno de los amigos de Allah, viendo en ello y en otros casos parecidos una gran enseñanza, dijo:

“No corras detrás del sustento. Corre detrás del Sustentador.”

El trágico final de los que son negligentes con la obligación de pagar el zakat

Tal y como lo hemos especificado anteriormente, Allah Todopoderoso les ha dado la riqueza a los siervos en depósito. Si es utilizada de manera contraria al mandato Divino, puede fácilmente corromper al hombre, llevándole a ser orgulloso, tirano e injusto, asentándose estos defectos firmemente en su corazón.

Allah Todopoderoso denomina a las propiedades y a la descendencia con el término fitnah, es decir “sedición”, “conflicto”, debido al peligro que suponen cuando penetran en los corazones, hasta el punto de convertirse en ídolos. De ahí la advertencia del Qur’an:

“¡Vosotros que creéis! Es cierto que muchos de los doctores y sacerdotes se comen la riqueza de los hombres por medio de las falsedades, y apartan del Camino de Allah. A los que atesoran el oro y la plata y no los gastan en el Camino de Allah, anúnciales un castigo doloroso.

El día en que, en el fuego Yahannam, sean puestos al rojo y con ellos se les queme la frente, los costados y la espalda: “Eso es lo que habíais atesorado en beneficio de vuestras almas, gustad lo que atesorabais.” (At-Tawbah, 9:43-45)

El Mensajero de Allah (s.a.s) ha dicho:

“No hay día en el que el siervo de Allah, al despertarse, no sea visitado por dos ángeles. Uno de ellos dice:

‘¡Oh Allah! Dale más al que gasta (por Allah).’ Y el otro dice:

‘¡Oh Allah! Destruye al que retiene.’”

En otro hadiz el Profeta (s.a.s) alaba a los que pagan el zakat y dan generosamente, y advierte a los que son negligentes y tacaños:

“La generosidad es un árbol del cielo, con las raíces en el Paraíso y las ramas en este mundo. Los que sois generosos os agarraréis a una de estas ramas, y ella os llevará al Paraíso. Y la tacañería es un árbol con las raíces en el Infierno y las ramas en este mundo. El que se agarre a una de estas ramas por su tacañería, ella le llevará al Infierno.”

En otras palabras, el Qur’an y el hadiz del Profeta (s.a.s) declaran que cuando el amor por la propiedad invade el corazón y los derechos de los necesitados son olvidados, el final será doloroso. Los creyentes deben reflexionar sobre esta advertencia Divina y beneficiarse de cualquier ocasión que se les presente para ser generosos, aparte de cumplir con el pago del 2,5 % de su riqueza en forma de zakat. Allah Todopoderoso guía a Sus siervos, en este aspecto, de la siguiente manera: ََْ

“Y te preguntan qué deben gastar. Di: Lo que queda después de haber cubierto vuestras necesidades.” (Al-Baqarah, 2:219)

Los Compañeros, que Allah esté complacido con todos ellos, mostraron siempre una gran generosidad. Umar (r.a) donó la mitad de sus propiedades para la batalla de Tabuk, mientras que Abu Bakr (r.a) donó todo lo que tenía. Cuando el Profeta (s.a.s) le preguntó qué había dejado para su familia y sus hijos, contestó que a Allah y a Su Mensajero.

Es muy ilustrativo el diálogo que citamos a continuación entre Sheij Shibli y un juez que le preguntó, para ponerle a prueba, cuánta riqueza se debería dar a los demás. Sheij Shibli dijo:

“¿Quieres que te conteste según los juristas o según los amigos de Allah?”

“Según los dos.”

“Según los juristas, uno debe dar 5 dirhams por cada 200 dirhams que haya tenido en su posesión por el periodo de un año. Según los amigos de Allah, uno debe dar los 200 dirhams, y agradecerle a Allah por haberle salvado.”

El juez contestó:

“Nosotros hemos aprendido de nuestros sabios la regla del 2,5 %.”

Shibli respondió:

“Nosotros hemos aprendido de Abu Bakr, el Veraz. Dio todo lo que tenía al Mensajero de Allah (s.a.s).”

El Mensajero de Allah (s.a.s), quien tanto exhortaba a los Compañeros a ser generosos por Allah Todopoderoso, fue el mejor ejemplo de generosidad. En una ocasión la familia del Profeta mató a un cordero y distribuyó la carne. El Profeta (s.a.s) preguntó:

“¿Queda algo de carne?”

Aisha (r.a) contestó:

“Solamente nos queda una paletilla.”

“Entonces tenemos la bendición por todo, excepto por esta paletilla.”

El Profeta (s.a.s) nunca se sentía cómodo cuando tenía dinero en casa, así que inmediatamente lo daba. No obstante, no esperaba que todo el mundo hiciera lo mismo; más bien aconseja y guiaba a sus Compañeros hacia lo que era mejor para ellos.

Por ejemplo, aceptó la gran donación de Abu Bakr (r.a), pero le dijo a otro de sus Compañeros:

“Guarda parte de tu propiedad para ti mismo, ya que eso será mejor para ti.”

Es decir, Islam establece que la cantidad de donación voluntaria sea a discreción del donante. Según este principio, Abu Dhar (r.a) no guardaba lo que le sobraba hasta el día siguiente, mientras que Aburrahman bin Awf (r.a) consideraba apropiado ahorrar un poco para las necesidades que se pudieran presentar.

Por un lado, trabajaba duramente por ganar más, y por otro hacía todo lo posible para aliviar los problemas de los demás Musulmanes. A menudo, mientras él mismo estaba hambriento, alimentaba a los demás. Tanto él como los demás Compañeros tenían plena consciencia de ser depositarios de lo que poseían. Los ricos que esperan la salvación deben vivir con la misma consciencia y recordar siempre que serán preguntados por el verdadero dueño de la riqueza. Dice el Qur’an:

“Y ese día, se os preguntará por los momentos de dicha (que hayáis tenido).” (At-Takazur, 102:8)

Los siervos de Allah que poseen sabiduría nunca olvidan que tendrán que dar cuenta por lo lícito, y que habrá castigo por lo ilícito. Por ello, aquellos de entre los pudientes que son esclavos de sus interminables deseos y los que no dan, son como los que trasportan la leña que encenderá su propio fuego en el Infierno. Trabajar para adquirir riqueza por medios lícitos es algo que Islam promociona y a lo que exhorta, a condición de que la riqueza no tome en los corazones la forma de idolatría, y que sea gastada por Allah.

De lo contrario se convierte en un peso en este mundo y la causa de un grave castigo en el Más Allá. El verdadero objetivo de la riqueza es darse cuenta del significado de las palabras del hadiz:

“Los mejores de entre vosotros son los que son más útiles a los demás”.

El lugar para el dinero es la cartera, no el corazón. Los siguientes versos del sabio poeta expresan con gran elocuencia la negligencia del hombre:

Este bajo mundo es una posada.

En ella, los palacios y las ruinas tienen el mismo valor.

Estoy desesperadamente enamorado de él.

He construido una casa en la posada.

Hay que recalcar que las súplicas de los débiles y los pobres son fuente de paz y una gran ayuda espiritual para los fuertes y los acomodados. También hay que recalcar que la pobreza y la indigencia no suponen degradación –puede que sean la razón de una gran bendición y sabiduría en el Más Allá.

Los ricos agradecidos y los pobres pacientes, con amor propio, son iguales en cuanto a la dignidad humana y complacencia Divina. Islam condena tanto a los ricos arrogantes y tacaños como a los pobres engreídos. El Profeta (s.a.s) suplicaba:

“¡Oh Señor! Busco en Ti refugio de la prueba de la riqueza y de la prueba de la pobreza.”

El que tiene verdadera riqueza es aquel que tiene las mejores cualidades, como la confianza en Allah y la sumisión a Él. Por ello, cada siervo que aspira a alcanzar la gracia Divina debe compartir las bendiciones que se le han concedido con los necesitados. Nuestro objetivo es merecer la complacencia de Allah siendo Musulmanes útiles a los demás, y que los demás puedan estar a salvo del daño de nuestra mano y de nuestra lengua.

El zakat es la manifestación práctica de la gratitud por la propiedad y la riqueza. Allah Todopoderoso ha prometido aumento de bendiciones al que sea agradecido:

“… Si sois agradecido, os daré aún más, pero si sois desagradecidos… Es cierto que Mi castigo es intenso.” (Ibrahim, 14:7)

Nuestro amado Profeta (s.a.s) amaba la generosidad y exhortaba a los Compañeros a ser generosos.

En un hadiz qudsi, en el que el Profeta (s.a.s) cita directamente las palabras de Allah, dice:

“Gastad generosamente que Yo os recompensaré (generosamente).” (Bujari, Tawhid, 35.)

Si no se arrepienten, si son negligentes con el pago del zakat y dicen “lo tengo, porque me lo he ganado”, despreciando de esta forma a los pobres, tendrán ciertamente el mismo final que Qarún.

Fue un hombre recto, de escasos recursos económicos, que se enriqueció con el conocimiento que aprendió de Musa (a.s); pero no pudo proteger su corazón de lo mundano y perdió sus buenas cualidades, convirtiéndose, a causa de su riqueza, en un hombre sumamente arrogante. Dice el Qur’an de él:

“Qarún era uno de la gente de Musa que abusó contra ellos. Le habíamos dado tesoros cuyas llaves habrían hecho tambalearse a un grupo de hombres fuertes; entonces le dijo su gente: No te regocijes pues realmente Allah no ama a los que se vanaglorian.” (Al-Qasas, 28:76)

Pero Qarún ignoró las advertencias de su pueblo y las de Musa (a.s). Cuando Musa (a.s) le recordó la obligación de pagar el zakat, le dijo, aun sabiendo que su riqueza se la debía a él:

“¿Te interesan mis propiedades? ¡Las he ganado yo!”

El Qur’an lo relata de la siguiente manera:

“Busca en lo que Allah te ha dado la morada de la Última Vida sin olvidar tu parte en ésta; y haz bien igual que Allah hace contigo, y no busques corromper la tierra; es cierto que Allah no ama a los corruptores.

Dijo: Lo que se me ha dado es gracias a un conocimiento que tengo. ¿Acaso no sabía que Allah había destruido a generaciones dentro de las cuales había gente con mayor poderío y más acumulación de riquezas que él? Y no se esperará que los malhechores expliquen sus faltas.

Y apareció ante su pueblo con sus adornos; entonces dijeron los que querían la vida de este mundo: ¡Ojala tuviéramos lo mismo que se le he dado a Qarún, realmente tiene una suerte inmensa!

Y dijeron aquéllos que habían recibido conocimiento: ¡Ay de vosotros! La recompensa de Allah es mejor para el que cree y actúa con rectitud, pero no la consiguen sino los pacientes.

Entonces hicimos que la tierra se lo tragara junto con su casa y no hubo ninguna guardia que pudiera socorrerle fuera de Allah ni pudo defenderse a sí mismo.

Los que el día anterior habían ansiado su posición amanecieron diciendo: ¿Cómo acrecienta Allah la provisión a quien quiere de Sus siervos o la restringe! De no haber sido porque Allah nos agració, nos habría tragado la tierra. ¡Qué cierto es que los incrédulos no cosechan éxito!” (Al-Qasas, 28:77-82)

Es un gran ejemplo del destino de aquellos cuyos corazones se inclinan hacia la riqueza y olvidan el Más Allá. Qarún, despojado de la riqueza Divina y de Sus bendiciones, es ahora un mendigo en el Otro Mundo, cuyas moradas de felicidad eterna pertenecen a los siervos rectos y sinceros. Dice el Qur’an:

“Esa es la Morada de la Última vida que concedemos a quienes no quieren ser altivos en la tierra ni corromper. Y el buen fin es para los que tienen temor (de Allah).” (Al-Qasas, 28: 83)

Mawlana Yalal al-Din Rumi habla así de los que aman lo mundano, ganándose la miseria en el Más Allá:

“¿Qué le pasa al hombre que fácilmente se convierte en el esclavo del oro y de las riquezas?

¿Qué vale la riqueza que no se gasta en el Camino de Allah?

¿Qué representa?

¿Qué es ser esclavo del mundo, arrastrándose como una culebra ante sus puertas, si no la razón de la miseria de ir al Más Allá con las manos vacías?”

También la historia de Sa’labah anima a reflexionar. Sa’labah, un Musulmán de Medina, tenía la ambición de ser rico y le pidió al Profeta (s.a.s) que suplicase por él para que se hiciera realidad su sueño. El Profeta (s.a.s) le advirtió:

“Un poco de riqueza por la que puedas agradecer es mejor que mucha por la que no agradezcas.”

Al oír estas palabras, Sa’labah desistió por un tiempo, pero después volvió a pedirle al Mensajero de Allah (s.a.s) que suplicase por él para que Allah le hiciera rico. Entonces el Profeta (s.a.s) le dijo:

“¿Acaso no soy un buen ejemplo para ti? Por Allah, si lo pidiese, esas montañas se transformarían en oro y plata, y me seguirían, pero no lo pido.”

Sa’labah desistió otra vez, pero su deseo no se extinguió. Se repetía a sí mismo:

“Si fuera rico, ayudaría a los pobres, y podría recibir más recompensa de Allah.”

Entonces habló con el Profeta (s.a.s) por tercera vez:

“Juro por el nombre del que te envió como Su Mensajero, que si llego a ser un hombre rico, protegeré a los pobres y a los necesitados, y les daré sus derechos a todos.”

En respuesta, el Profeta (s.a.s) suplicó:

“¡Señor nuestro! Concédele a Sa’labah la riqueza de este mundo que pide.”

No mucho tiempo después, Allah Todopoderoso le concedió a Sa’labah grandes riquezas –sus rebaños llenaban todos los campos. Pero Sa’labah, a quien hasta entonces le llamaban “el pájaro de la mezquita” empezó a aflojar en sus salah en comunidad, atendiendo solamente a la del viernes. Un tiempo después, abandonó también este salah. Cuando el Profeta (s.a.s) se enteró de ello, dijo:

“¡Qué pena lo que le ha pasado a Sa’labah!”

No terminó allí su negligencia e ignorancia. A los oficiales que vinieron a recoger el zakat les dijo:

“Lo que estáis haciendo es simplemente una extorsión.”

No solamente no daba sadaqah, sino que se negaba a pagar los derechos obligatorios de los pobres, convirtiéndose así en un hipócrita. El Qur’an habla así de este tipo de comportamiento:

“Los hay que pactaron con Allah: Si nos da de Su favor, daremos con generosidad y seremos rectos. Pero cuando les dio de Su favor, se aferraron a él con avaricia y dieron la espalda desentendiéndose.” (At-Tawbah, 9:75-76)

Debido a su propia ignorancia, deslumbrado por los placeres del mundo transitorio, Sa’labah desoyó la advertencia del Profeta (s.a.s), perdiendo la bendición eterna del Más Allá. En su lecho de muerte resonaban en sus oídos las palabras del Profeta (s.a.s) “un poco de riqueza por la que puedas agradecer es mejor que mucha por la que no agradezcas”.

Como podemos ver, el hombre, por su naturaleza, tiene una fuerte inclinación hacia lo material, y los que están deslumbrados por su brillo nunca estarán satisfechos. El Mensajero de Allah (s.a.s) expresa esta realidad de la siguiente manera:

“Si el hijo de Adam (el hombre) tuviera dos valles llenos de oro, desearía un tercero, porque nada puede llenar la tripa del hijo de Adam, excepto la tierra. Y Allah perdona al que se arrepiente.”

Los hombres son las únicas criaturas dotadas de libre voluntad, al contrario que los animales y las plantas, cuya naturaleza es sometimiento total a la voluntad de Allah. El hombre puede elegir entre el bien y el mal, puede tomar decisiones, puede negar a Allah y abandonar Su adoración.

Esta es la naturaleza del hombre en su forma mundana –los apetitos carnales y el nafs. Islam anima a que todo se haga con moderación, ya que los extremos pueden llevar al desastre. Mientras uno aumenta su riqueza se desarrolla en él la tendencia a la avaricia, y los que la tienen pierden su capacidad de compasión y misericordia hacia los demás. Llegan a engañarse a sí mismos con promesas vacías de ayudar a los pobres cuando tengan suficiente riqueza. En realidad, están enfermos, ellos y sus corazones. Se encuentran entre los miserables que menciona el dicho:

“Aquéllos que dicen ‘lo haré mañana’ están perdidos”.

La historia de Sa’labah que acabamos de narrar es un buen ejemplo para ilustrar el penoso final no solamente de los que están engañados con los bienes de este mundo, sino también de los que fuerzan el destino y suplican su propia perdición.

Debemos pedirle a Allah que acepte nuestra súplica si es bueno para nosotros lo que pedimos, sin insistir y sin hacer demasiado hincapié en nuestro intelecto, pidiendo cosas que puedan sernos dañinas. No obstante, nuestra mente no puede comprender como funciona la súplica, que es el permiso que nos da Allah, Su bendición e incluso Su orden. Es un hecho del din que la súplica ahuyenta los problemas, aunque no sepamos lo que es bueno y lo que es malo para nosotros; por ello no debemos insistir en la súplica como si supiéramos que algo nos es bueno. Debemos pedir:

“¡Señor! Concédenos esto y aquello, si es bueno para nosotros.”

Así pues, para transformar nuestra riqueza en beneficio debemos utilizarla conforme al mandato Divino. Es absolutamente esencial para obtener el bien y la salvación del individuo y de la sociedad, tanto en este mundo como en el Más Allá.

Islam no censura la riqueza. Por el contrario, la considera como algo digno de alabanza si se siguen ciertas pautas al respecto. Nuestro amado Profeta (s.a.s) anima a conseguir riqueza en el siguiente hadiz:

“Qué cosa tan bella puede llegar a ser la riqueza lícita y útil en manos de los siervos rectos.”

Por otro lado, pedir ayuda a los demás mientras uno tiene fuerzas para trabajar es algo que Islam condena. Según ha relatado Anas bin Malik (r.a), un Ansari vino a ver al Profeta (s.a.s) y le pidió ayuda. El Profeta (s.a.s) le preguntó:

“¿Tienes algo en casa?”

“Sí. Tengo un trozo de tela, parte de ella utilizamos para vestimenta y parte para dormir, y un cuenco de madera para beber agua.”

“Tráelos aquí.”

Cuando los hubo traído, el Profeta (s.a.s) los mostró a los allí presentes y preguntó:

“¿Quién los quiere comprar?”

Un hombre dijo:

“Yo los compro por un dirham.”

Entonces el Profeta (s.a.s) dijo dos o tres veces:

“¿Quién ofrece más de un dirham?”

Otro hombre dijo:

“Yo los compro por dos dirhams.”

Entonces el Profeta (s.a.s) se los vendió por dos dirhams, y se los dio al Ansari diciendo:

“Compra comida para tu familia por un dirham, y con el otro compra un hacha y tráela aquí.”

Cuando el Ansari vino con el hacha, el Profeta (s.a.s) le colocó el mango con sus propias manos, y le dijo:

“Recoge leña y véndela, y ven a verme dentro de dos semanas.”

El hombre así lo hizo. Pronto ganó diez dirhams, y entonces compró algo de ropa y comida. Cuando vino a ver al Profeta (s.a.s), éste le dijo:

“Esto es mejor para ti que mendigar, pues se te mostraría como una mancha en tu cara el Día del Juicio. Sólo deberían mendigar tres tipos de personas: el que se encuentra en una miseria absoluta; el que está endeudado; y el que tiene que pagar una indemnización a la que no puede hacer frente.”

Por lo tanto, aunque Islam no prohíbe mendigar tajantemente, lo considera desaconsejable. El Profeta (s.a.s) le dijo a un hombre que solía mendigar:

“Allah Todopoderoso no ha dejado la distribución del dinero del zakat a discreción de nadie, ni siquiera a la de Sus Mensajeros. Ha nombrado a ocho grupos que se pueden beneficiar de este dinero. Si perteneces a uno de ellos, entonces te podemos dar algo de este dinero.”

La siguiente ayah del Qur’an habla de estos grupos:

“Las sadaqah son para los necesitados, los mendigos, los que trabajan en recogerlas y repartirlas, para aquéllos cuyos corazones se han (recientemente) reconciliado (con la Verdad), para el rescate de los esclavos, para los indigentes, para la causa en el Camino de Allah y para el hijo del camino. Esto es una prescripción de Allah y Allah es Conocedor y Sabio.” (At-Tawbah, 9:60)

El Profeta (s.a.s) no daba el dinero del zakat a los que no pertenecían a uno de estos ocho grupos. Las donaciones para los que no están en alguno de estos ocho grupos se pueden realizar fuera de lo que es zakat, por medio de jairat, y en estos casos el Profeta (s.a.s) actuaba según la ayah:

“No ahuyentes al mendigo.” (Ad-Duha, 93:10)

Dijo:

“Es signo de vuestra buena conducta no dejar que un mendigo se vaya con las manos vacías. Dadle algo, aunque sea un dátil. ¡Oh Aisha! No dejes que un pobre se vaya con las manos vacías, aunque lo único que le puedas dar sea medio dátil.”

Siguiendo este hadiz, Musa Topbaş, qué Allah esté satisfecho con él, solía darles a los mendigos, diciendo:

“Para que no nos acostumbremos a no dar a los necesitados, debemos darles aunque sea un poquito.”

Cabe recalcar que Islam admite la mendicidad solamente en circunstancias extremas, ya que es un acto humillante y degradante. Por esa razón, el Profeta (s.a.s) pedía, a los que hacían el pacto con él, de no pedir nada a nadie. De esta manera hacía la distinción entre los que piden a todo el mundo y los necesitados que tienen demasiado recato para hablar de sus problemas. Ha dicho:

“Miskin, el pobre, no es aquél que va a la gente y se contenta con un bocado o dos, o un dátil o dos.”

Le preguntaron (los Compañeros):

“¡Oh Mensajero de Allah! Entonces, ¿quién es miskin?”

Dijo:

‘El que no tiene suficiente para satisfacer sus necesidades y no llama la atención de la gente para que le den, y no pide nada a nadie.”

Lo que quiere decir este hadiz es que los que piden constantemente a todo el mundo, finalmente reciben lo que necesitan. Los verdaderos necesitados son aquéllos que esconden su estado, son pacientes y aguantan las dificultades de la pobreza. La importancia de ayudar a este tipo de pobres queda claramente de manifiesto en el Qur’an:

“Y que sean (sadaqah) para los necesitados que se encuentran impedidos en el camino de Allah sin poder desplazarse por la tierra. El ignorante los toma por ricos a causa de su continencia. Los conocerás por sus señas, ellos no piden a la gente importunándoles. El bien que gastéis… Allah lo conoce.” (Al-Baqarah, 2:273)

Zakat sobre la cosecha: ‘ushr

Se tiende a olvidar este acto de adoración –un tipo de zakat pagado con la cosecha. Los que no pagan ‘ushr cometen un acto de usurpación, negando el derecho del pobre, del necesitado y del que lucha en el Camino de Allah el Altísimo.

Según una transmisión, había un hombre generoso en el Yemen, cerca de Sana’a, dueño de viñedos, palmerales y campos de cereales. Durante la época de la cosecha apartaba una generosa parte de ella para los pobres y necesitados. Cuando falleció, sus hijos, vencidos por la avaricia, dijeron:

“Tenemos grandes familias, y nuestra propiedad no es grande. Vamos a cosechar antes de que vengan los pobres para pedírnosla.”

Poco tiempo después Allah Todopoderoso convirtió sus jardines en campos de deshecho, haciéndolos totalmente irreconocibles. Cuando estos avaros llegaron hasta donde estaban sus propiedades, pensaron que se habían equivocado de lugar. Debido a las súplicas y a la gratitud de los pobres, los campos de su padre prosperaban, beneficiando a mucha gente. Pero a sus hijos el ‘ushr les parecía demasiado y les dolía seguir pagándolo. No se daban cuenta de la proveniencia de sus ganancias porque la avaricia les había cegado. Por eso Allah Todopoderoso dice:

“Y no seas de los negligentes.” (Al-Araf, 7:205)

Esta historia, conocida como el relato de los Compañeros de Darwan, está mencionada en le Qur’an de la siguiente manera:

“Les hemos puesto a prueba como hicimos con los dueños del vergel cuando juraron que recogerían sus frutos de amanecida.

Pero no manifestaron ninguna excepción.

Y de noche, mientras dormían, un visitante de tu Señor cayó sobre él.

Y amaneció como la noche oscura.

Y cuando amanecieron se avisaron unos a otros: Id temprano a vuestro sembrado si habéis de recoger la cosecha.

Y partieron diciendo en voz baja: Hoy no entrará a costa nuestra ningún mendigo en él.

Y salieron de mañana sintiéndose seguros en su propósito, pero al verlo dijeron: Nos hemos perdido. Pero no, lo hemos perdido todo. (Al-Qalam, 68:17-27)

Qué bella manifestación del estado lastimero de los que olvidan a Allah Todopoderoso y los derechos de los pobres sobre lo que Él les ha dado. No olvidemos que Allah conoce nuestra verdadera intención y que Su grandeza sobrepasa todas las cosas. Mawlana Yalal al-Din Rumi ha dicho:

“La vida de este mundo es simplemente un sueño. Ser rico en este mundo es como encontrar un tesoro en un sueño. Las propiedades de este mundo pasan de generación en generación y se quedan aquí. El Ángel de la Muerte despierta al negligente que gime pensando en todo lo que había sufrido para tener lo que de hecho nunca fue suyo. Siente remordimientos, pero es demasiado tarde. Todo se ha acabado.”

Y qué bella forma le dio a este asunto Ali (r.a):

“El hombre está dormido, y cuando muere, se despierta.”

Allah Todopoderoso habla mucho del desastroso estado de esta persona en el momento de despertar y de su queja inevitable: ٍَِ

“¡Señor mío! ¿Por qué no me has dado un poco más de plazo? Habría sido generoso, y habría hecho el bien.” (Al-Munafiqun, 63:10)

Pero será tarde y su súplica no será aceptada, ya que hemos de dar a los demás de lo que Allah nos ha dado antes de que llegue este triste final. Así pues, cada creyente debe tener sumo cuidado de no desatender las obligaciones de estos actos de adoración. De lo contrario, estará entre los negligentes que no saben de quién es la riqueza y se la niegan a sus legítimos dueños.

¡Oh Señor! Bendícenos haciéndonos de los que cuidadosamente realizan los actos de adoración de dar, y de satisfacer los derechos de los pobres que no hablan de sus problemas por modestia, y bendícenos con Tu complacencia.

Amin.

B – INFAQ

a. Su naturaleza

El Qur’an menciona palabras como infaq, que hacen referencia al hecho de dar nuestros bienes y nuestra vida en el Camino de Allah Todopoderoso, más de doscientas veces. El hecho de esta reiteración debería ser suficiente para comprender la envergadura y la importancia del infaq. En el segundo pacto de Aqabah, bai’ah aqabah, Abd Allah bin Rawaha (r.a) dijo:

“¡Oh Mensajero de Allah! Por tu Señor y por ti mismo, puedes exigirnos las condiciones que quieras.”

El Mensajero de Allah (s.a.s) dijo:

“Mi condición por mi Señor es que Le adoréis sin atribuirle nadie ni nada. Y mi condición por mí mismo es que me protejáis como os protegéis a vosotros mismos y a vuestra riqueza.”

Los Compañeros preguntaron:

“¿Qué habrá para nosotros si hacemos lo que dices?”

“Tendréis el Paraíso.”

“Un buen negocio. Ni romperemos nuestra promesa, ni querremos que sea rota.”

 Después de esta conversación fue revelada la siguiente ayah: َُُْ

“Es cierto que Allah les ha comprado a los creyentes sus personas y bienes, y a cambio de tener el Jardín…” (At-Tawbah, 9:111)

La perfecta manifestación de lo que implica esta ayah es el martirio. El primer martirio de la historia del Islam fue el de Sumayya, quien compró el Paraíso con su vida, y está esperando el momento en el que recibirá la eterna recompensa. Es un ejemplo a seguir para todos nosotros.

El ejército turco, sin apenas munición, venció en la guerra de las Dardánelos, ya que sus hombres no dudaron ni por un momento en dar la vida y la propiedad por Allah. Hay muchos ejemplos de este tipo. Venderle los bienes a Allah es una metáfora que tiene el significado de gastar en el Camino de Allah. Allah Todopoderoso menciona lo siguiente cuando habla de los atributos de los siervos veraces:

“Esos que creen en el No-Visto, establecen el salah y de la provisión que les hemos asignado, dan.” (Al-Baqarah, 2:3)

La sadaqah y el infaq, las dos formas más habituales de repartir la riqueza en el Islam, pueden ser de varios tipos. Uno de ellos es dar de lo que se tiene en el momento. Según esta apreciación, incluso medio dátil es aceptado como infaq y salva al que lo da del Fuego del Infierno. El Profeta (s.a.s) consideraba que cada Musulmán es rico porque, como se desprende de sus ahadiz, los actos de un Musulmán, como exhortar al bien y prohibir el mal, ayudar a los oprimidos, confortar a los creyentes, consolar a los que tienen dificultades, limpiar los caminos de obstáculos, visitar a los enfermos, y muchos otros actos parecidos, se pueden considerar actos de infaq.

Ninguno de ellos depende del poder financiero que pueda tener uno, lo cual implica que incluso los necesitados cuentan con varias maneras de realizar infaq y sadaqah. De hecho, la generosidad no es algo que se da porque hay riqueza de por medio. Muchos actos cotidianos, como indicar direcciones, consolar a quien sufre, aconsejar y sonreír, contribuyen a fortalecer el sentido de hermandad y solidaridad en la sociedad, y son, así mismo, actos de generosidad.

Dado que la generosidad mantiene el orden y el equilibrio de la sociedad por la ayuda que supone para los pobres y afligidos, se convierte en una fuente de grandes bendiciones en este mundo y en el Más Allá. El siguiente relato es la manifestación de esta realidad:

“En una ocasión, un mendigo le pidió a Ali (r.a), a quien le acompañaban sus hijos Hasan y Husein, que le diese algo. Ali les pidió a sus hijos que fuesen a casa y trajesen 6 dirhams. Los niños trajeron el dinero y Ali se lo dio al mendigo. De hecho era el único dinero que tenían. Fátima pensaba comprar harina con él para hacer pan. Más tarde, ya de camino a casa, Ali se encontró con un hombre que vendía su camello por 140 dirhams, con pago aplazado.

Ali compró aquel camello y antes de llegar a casa se encontró con otro hombre que estaba dispuesto a comprarle el camello por 200 dirhams, pagados en el acto. Ali vendió el camello, pagó la deuda de 140 dirhams y le dio a Fátima las 60 dirhams que quedaban. Luego dijo:

Es la promesa de Allah, cuando dice: “Quien se presente con buenas acciones tendrá diez como ellas…” (Al-An’am, 6:160)

Dimos nuestros 6 dirhams y Allah Todopoderoso nos recompensó diez veces por ello.”

Más aún, según la ayah “¿No es el bien la recompensa del bien?” (Ar-Rahman, 55:60) el zakat y el infaq abren las puertas de la misericordia y cierran las del mal, como lo refleja la siguiente historia:

Un grupo de bandidos armados entraron en una tienda y le ordenaron al dueño que les entregase todo el dinero que había en la caja. Justo cuando estaba a punto de hacerlo, uno de ellos, que estaba vigilando la puerta, le miró fijamente, y después se acercó a él, diciendo:

“No vamos a coger nada de aquí.”

Sus secuaces estaban obviamente sorprendidos, así que le preguntaron:

“¿Qué te pasa? Hemos robado un montón de tiendas sin que tú hayas dicho esta boca es mía, y de repente… ¿qué es lo que te ha pasado?”

“No vamos a hacerlo. No insistáis. A no ser que decidáis pasar por encima de mi cadáver. Este hombre ayudaba a mi familia cuando yo me dedicaba a beber y a jugar. Es un persona excepcional, gracias a él mis hijos recibieron una buena educación.”

Los ladrones, entonces, se excusaron ante el dueño y desaparecieron. Es un buen ejemplo de las palabras del hadiz:

“Un poco de generosidad evita muchos problemas”.

El mejor ejemplo de esta actitud es la vida de nuestro amado Profeta (s.a.s). Su intención era conseguir que la generosidad fuese un hábito natural de los Musulmanes. Decía:

“La mano que da es mejor que la mano que coge.”

“No envidiéis a los demás, salvo en dos casos: alguien a quien Allah le ha concedido riqueza y la gasta correctamente; y alguien a quien Allah le ha dado la sabiduría (el Noble Qur’an) y él actúa acorde a ella y la enseña a los demás.”

Y por otro lado, suplicaba:

“¡Oh Señor! Concédeme vivir como los pobres, morir como los pobres; y el Día del Juicio resucítame con los pobres.”

Parte de su mezquita estaba destinada como albergue para los Compañeros necesitados, los pobres o los que carecían de hogar –los llamados ‘gente del banco’. Mostraba un gran interés por ellos, y su propio ejemplo les fue de mucha ayuda y consuelo. Ha dicho:

“El pobre, que en el Más Allá no tendrá que dar cuentas de su riqueza, entrará en el Paraíso medio día (que equivale a 500 años de este mundo) antes que el rico.”

En otro hadiz recalca que la verdadera dignidad no se mide por la riqueza de cada uno sino por la rectitud y el taqwah. Ha dicho:

“Los que aumentan sus riquezas (siendo tacaños) disminuyen su recompensa en el Más Allá.”

A los pobres de su comunidad les aconsejaba que dieran para mostrarles que el infaq es siempre posible:

“Protegeros del Fuego, aunque sea con medio dátil, y quien no lo tenga que pronuncie una buena palabra y sonría.”

Por eso, los que no tienen nada que dar a los demás pero tratan bien a la gente y les hablan con buenas palabras, realizan actos de generosidad. El Qur’an lo considera mejor incluso que dar y luego reprochar:

“Una palabra conveniente y perdón es mejor que una sadaqah acompañada de agravio. Allah es Rico e Indulgente.” (Al-Baqarah, 2:263)

Los dichos del Profeta (s.a.s) que acabamos de citar no exhortan ni a ser pobre ni a ser acaudalado. Por el contrario, muestran que los dos estados tienen sus propias ventajas y que cada uno debe contentarse con lo que tiene y actuar según su condición financiera. Lo importante es que el siervo, sea rico o pobre, viva para merecer la complacencia Divina. Así pues, el Profeta (s.a.s) exhortaba a ser generoso. Aunque Abu Dhar (r.a), uno de los Compañeros, era muy pobre, el Profeta (s.a.s) le solía decir:

“¡Oh Abu Dhar! Cuando hagas sopa, añade más agua para de este modo poder compartirla (como regalo) con tu vecino.”

Ser pobre económicamente hablando no es una desgracia para quien es rico de corazón. Si en alguien se dan los dos casos, esto debería aumentar su generosidad. Por otro lado, a los que son pobres de corazón, la riqueza no les aporta ningún beneficio; más bien aumenta su pobreza de corazón. Y los que tienen tanto la cartera como el corazón pobre, esos son los perdedores en ambos mundos.

El Profeta (s.a.s) recalcaba que la verdadera riqueza no es tener propiedades sino tener un corazón generoso.Por lo tanto, somos ricos en la medida en la que nuestro corazón es generoso. Estar contento, por otro lado, es un tesoro infinito –según los ahadiz del Profeta (s.a.s)– que tienen los verdaderos creyentes y del que dan generosamente. El infaq es la manifestación más elevada de la inteligencia y la responsabilidad del creyente.

Cuando Umar (r.a) se dirigía a Damasco, montaba su camello haciendo turnos con el esclavo que le acompañaba. Cuando llegaron a las puertas de la ciudad, era el turno del esclavo, y aunque insistió en que fuera Umar quien entrase montado en su camello, éste no consintió. Y de esta forma entraron en la ciudad –Umar andando y su esclavo montado en el camello. Es otra notable manifestación de infaq e ithar en la historia de Islam. Ithar significa dar lo que es nuestro a alguien, preferir a los demás antes que a nosotros mismos, ceder nuestros derechos a nuestros semejantes –algo impensable en nuestras sociedades modernas.

Debemos esforzarnos por ofrecer a los demás algo más que el pago del zakat. La recogida y distribución de la sadaqah debería estar organizada por instituciones adecuadas, que tuvieran a su disposición un personal competente. También hacen falta en las sociedades de hoy, hospitales y albergues para los necesitados. La inclinación al infaq debería ser algo natural en un Musulmán. Allah Todopoderoso dice:
“Esos que dan en los momentos de desahogo y en los de estrechez, refrenan la ira y perdonan a los hombres. Allah ama a los que hacen el bien.” (Al-Baqarah, 2:134)

Según una transmisión, Ya’far al-Sadiq (r.a) tenía un esclavo que le ayudaba en los trabajos de casa. Un día, por descuido, el esclavo le tiró a Ya’far un plato de sopa encima. Viendo el gran enfado de Ya’far, el esclavo le reprendió con palabras del Qur’an:

“Señor, el Qur’an alaba a los que refrenan su ira.”

Y recitó la ayah. Ya’far le dijo que había controlado su ira. Entonces el esclavo le dijo:

“En la misma ayah el Qur’an alaba a los que perdonan las faltas.”

Y recitó la parte de la ayah a la que se refería. Ya’far le dijo que le perdonaba. Entonces el esclavo añadió:

“En la última parte de la ayah Allah dice que ama a los que hacen el bien.”

Y recitó el final de la ayah. Entonces Ya’far le dijo:

“Puedes irte. Eres libre. Te libero por Allah.”

Según el hadiz del Profeta (s.a.s), una mujer depravada recibió el perdón porque había dado de beber a un perro sediento. Por otro lado, una mujer que había dejado que su gato se muriese de hambre recibió el castigo del Fuego. Estas situaciones muestran el verdadero estado del corazón del creyente –un Musulmán debe ser sensible, altruista, generoso y misericordioso con toda la creación.

La generosidad más aceptada por Allah Todopoderoso es la de dar la mejor parte de lo que uno tiene, y es lo que hace que el que da sea digno de la complacencia Divina. Ashab al-suffa, la gente del banco, dedicaba todo su tiempo a la adoración de Allah el Altísimo, y a adquirir conocimiento. Ello les impedía buscar los medios de ganarse la vida. Los Musulmanes les solían traer dátiles y, en una ocasión, algunos les dieron dátiles podridos que la gente del banco no tuvo otro remedio que comer debido al hambre que tenían. Fue la razón de que se revelara la siguiente ayah del Qur’an:

“¡Vosotros que creéis! Dad de las cosas buenas que habéis obtenido y de lo que hemos hecho salir para vosotros de la tierra y no escojáis intencionadamente lo que, de ellos, sea despreciable para darlo, cuando vosotros mismos no lo aceptaríais a no ser con los ojos cerrados. Y sabed que Allah es Rico, en Sí mismo alabado.” (Al-Baqarah, 2:267)

En otra ayah Allah Todopoderoso nos exhorta a dar de lo que nos gusta para poder acercarnos a Él:

“No alcanzaréis la virtud hasta que deis de lo que amáis. Y cualquier cosa que deis, Allah la conoce.” (Al-Imran, 3:92)

El término birr se ha interpretado en el sentido de perfección y rectitud, misericordia de Allah, Su complacencia y el Paraíso. En otra ayah Allah Todopoderoso lo aclara de la siguiente manera:

“La virtud no consiste en volver el rostro hacia Oriente u Occidente; el que tiene virtud es el que cree en Allah, en el Último Día, en los ángeles, en los libros y en los Profetas, el que da de su riqueza, a pesar del apego que siente por ella, a los parientes, huérfanos, necesitados, hijos del camino, mendigos y para liberar esclavos, el que establece el salah y entrega el zakat; el que es fiel a los compromisos cuando los contrae, el paciente en la adversidad y en la desgracia y en los momentos más duros de la lucha. Esos son los veraces y ésos son los temerosos.” (Al-Baqarah, 2:177)

La ayah, pues, menciona otras cualidades loables que un Musulmán debería tener aparte de birr. Hace falta una seria campaña, tanto para nosotros mismos como para nuestros hijos, que reanime el infaq en nuestra sociedad, en la que los sentimientos de hermandad y solidaridad se están debilitando; la paz social y la tranquilidad están desapareciendo, y el odio y la hostilidad están aumentando.

Nuestros hijos deben crecer sabiendo que el verdadero dueño de la riqueza es Allah Todopoderoso, y de la misma manera que tenemos la obligación de enseñarles las bases del din, tenemos la responsabilidad de inculcarles la belleza del infaq y de acostumbrarles a cumplir con la obligación que tiene el creyente de ayudar a los que están en dificultad. Si no lo logramos en su juventud, su futuro puede quedar dañado para siempre.

Los creyentes avanzados deben ayudar, apoyar y suplicar por los necesitados tanto como puedan. Compartir sus dificultades es también un acto de infaq. Como podemos ver en la súplica de Musa (a.s), el hecho de consolar a los corazones rotos nos lleva al acercamiento con Allah Todopoderoso. Según las transmisiones, un día Musa (a.s) suplicó:

“¡Oh Señor! ¿Dónde debo buscarte?”

Le respondió Allah Todopoderoso:

“Búscame entre los corazones rotos.”

Uno de los mejores servicios que podemos realizar en estos tiempos que corren, es el de contribuir a dar un nuevo ímpetu a las instituciones formadoras de líderes. Lo ha expresado acertadamente un pensador turco diciendo que lo que verdaderamente diferencia a las naciones que dominan de las que están bajo su dominio es un puñado de hombres bien preparados.

Lo que necesita la humanidad es este puñado de hombres nobles y veraces. El mundo musulmán moderno está anulado socialmente debido a la opresión que no ha sido capaz de erradicar. Habría que decir que para cambiar este desafortunado estado de cosas, los Musulmanes deberían trabajar mucho más que cuando eran fuertes, adoptando la afirmación Divina: “en verdad que junto a la dificultad está la facilidad” como el principio de sus vidas y el medio de encontrar el camino de salvación.

Es una responsabilidad tan grande que algunos actos que normalmente se consideran lícitos, se transforman en actos legalmente dudosos. Se parece ésta a la situación de una madre que, mientras está amamantando, se da cuenta de que se ha declarado un incendio. Si sigue amamantando a su hijo, poniendo en peligro su vida y la del bebé, tendrá que responder por ello. Es un concepto muy importante, definido en las ciencias islámicas con el nombre de maslahah –el interés público, que implica que los Musulmanes deberían examinar meticulosamente los intereses de la sociedad moderna musulmana para después actuar según los requerimientos del maslahah, sin ir más allá de lo que sea necesario según este concepto.

Puede que entonces encuentren la salida a la crisis en la que se encuentran. Como hemos mencionado anteriormente, los waqf, la característica inconfundible de la civilización otomana, son los mejores ejemplos prácticos que muestran la perfección con la que se habían determinado y establecido las necesidades y exigencias del momento. La fuerza principal que desvía el corazón del Camino de Allah y lo atrae a sí misma es la de la riqueza e hijos. Por eso Allah declara en el Noble Qur’an:

“Realmente vuestras riquezas e hijos no son sino una prueba, pero Allah tiene a Su lado una enorme recompensa.” (At-Taghabun, 64:15)

“¡Vosotros que creéis! Que ni vuestras riquezas ni vuestros hijos os distraigan del Recuerdo de Allah. Y quien lo haga… Esos son los perdedores.” (Al-Munafiqun, 3:9)

La mejor manera de canalizar el infaq es a través de estas instituciones. Es la manera más segura de que los ricos puedan hacer llegar parte de su riqueza a los necesitados. Son, de alguna manera, puentes entre los pobres y los ricos, y los que practican la generosidad, sirviéndose de ellos, disfrutan de la posibilidad de alcanzar a los necesitados incluso después de su fallecimiento.

b. El comportamiento a seguir a la hora de establecer el infaq

El comportamiento es algo sumamente importante a la hora de realizar actos como el de dar zakat y sadaqah. Ante todo, el que da no debe esperar agradecimiento del que recibe, ya que éste le salva a aquél de tener una deuda y le ayuda a recibir la recompensa Divina.

La generosidad, a la vez, le protege al que la practica de varios tipos de males y calamidades. Los pobres, los necesitados y los afligidos son de hecho una bendición para los acaudalados porque sus súplicas abren las puertas del cielo. El Qur’an declara lo siguiente en cuanto al comportamiento a seguir a la hora de establecer el infaq:

“¡Vosotros que creéis! No hagáis que vuestras limosnas pierdan su valor porque las echéis en cara o causéis un perjuicio por ellas; como aquél que da de su riqueza por el qué dirán pero no cree en Allah ni en el Último Día. Es como una roca sobre la que hay tierra y le cae un aguacero dejándola desnuda. No pueden beneficiarse de nada de lo que obtuvieron. Y Allah no guía a la gente incrédula.” (Al-Baqarah, 2:264)

Aunque la ayah exhorta a ser generoso, menciona claramente el comportamiento que debe caracterizar al infaq, ya que no tendrá valor ante Allah si se lleva a cabo rompiendo los corazones, menospreciando a los pobres, echándoles en cara su miseria o insultándoles. El Profeta (s.a.s) ha dicho:

“Hay tres tipos (de personas) con los que Allah no hablará el Día de la Resurrección ni les mirará ni les perdonará, y tendrán un doloroso castigo.”

El Mensajero de Allah (s.a.s) repitió estas palabras tres veces, y entonces Abu Dharr (r.a) dijo:

“Fallaron y perdieron. ¿Quiénes son, oh Mensajero de Allah?”

“Son –el que arrastra la parte inferior de su vestimenta, el que echa en cara su generosidad y el que vende bienes bajo juramento falso.”

Es la prueba de que este tipo de generosidad es, en realidad, una gran falta que tiene como consecuencia un castigo. Se debe al hecho de que en los corazones se manifiesta la visión Divina. Dice Rumi:

“Da de tu riqueza, y hazlo de forma apropiada, para que la súplica del que ayudaste sea luz en tu camino durante la noche oscura, y en la tumba.”

En sus sabios versos Rumi recalca que los pobres son la bendición para los acaudalados ya que son el medio de agradecer a Allah Todopoderoso. También dice que la abundancia solamente se puede manifestar porque hay pobres, y que, por lo tanto, los ricos deben tener cuidado de no herir sus sentimientos:

“Los pobres son el espejo de la abundancia. ¡Ten cuidado! No empañes el espejo con tu aliento al hablarle de manera que le hiera. Los pobres son una de las manifestaciones de la abundancia de Allah. El Todopoderoso hace que pidan, preparando de esta manera el camino hacia la felicidad para los generosos.

Y otra de Sus manifestaciones es la de inspirar sentimientos de amor y misericordia en los corazones de los ricos. Al igual que los pobres necesitan la generosidad y la bondad, así mismo la generosidad y la bondad necesitan a los pobres. De la misma forma que la gente bella busca un espejo limpio y claro donde admirar su belleza, los generosos buscan a los pobres y a los necesitados.

Así pues, los mendigos son los espejos de la generosidad de Allah en los que los pudientes contemplan su belleza. Los ricos honrados, unidos a la Generosidad Absoluta, reconocen que su riqueza es solamente un depósito y son conscientes de su debilidad ante la Presencia de Allah Todopoderoso, convirtiéndose de esta manera en el espejo de la Generosidad Divina. Después de haber recibido parte de la Generosidad de Allah, han quedado aniquilados en su propia generosidad.

Los que llevan su riqueza en el corazón son los miserables del Más Allá. No los encontrarás ante la puerta Divina. Su existencia es relativa, no son más que figuras al otro lado de la puerta. Son realmente miserables y pobres de espíritu, alejados de Allah Todopoderoso. Su existencia es como un adorno sin vida o un dibujo desteñido de su miseria. Carecen de espíritu, no tienen consciencia de la realidad.

¡Aléjate de ellos! ¡No des un hueso al dibujo de un perro! Ten cuidado de no poner platos con comida ante esos cuadros sin vida. No les muestres favores ni amistad. Serán los mendigos en el Día del Juicio. Piensan que su miseria es la felicidad. Consideran que comen bien y beben dulces jugos pero en realidad no tienen parte en el bocado de la comida Divina. ¡Oh los que no queréis sufrir la misma decepción! Rodead la creación con vuestra generosidad para que podáis estar entre los sabios.”

Otro aspecto del comportamiento a la hora de dar zakat o sadaqah es el de mantenerlo en secreto. Dar sadaqah abiertamente puede anular la vergüenza del necesitado, acostumbrándole a pedir e induciéndole a que deje de trabajar por completo. Puede también hacer que los ricos se vuelvan arrogantes. Por otro lado, es posible que, a veces, la generosidad pública comporte beneficios. En el Noble Qur’an Allah Todopoderoso dice:

“Si dais sadaqah públicamente es bueno, pero si la ocultáis y se la dais a los necesitados, será mejor para vosotros; y os cubriremos parte de vuestras malas acciones. Allah está perfectamente informado de lo que hacéis.” (Al-Baqarah, 2:271)

Los comentaristas interpretan esta ayah en el sentido de que el zakat se debe dar abiertamente, pero todos los demás actos de generosidad se deben realizar en secreto. El mejor comportamiento a la hora de dar es hacerlo de manera secreta para que “la mano izquierda no sepa lo que ha dado la derecha”.

Los que lo siguen han recibido la buena nueva de que Allah les pondrá en la sombra el Día en el que no habrá otra sombra que la Suya. En la historia de nuestros antepasados encontramos muchos ejemplos de esta conducta. Por ejemplo Mehmed II el Conquistador estipuló varias condiciones en el acto de donación en cuanto a la manera de ayudar a los necesitados. Los vasallos de tan considerado Sultán solían poner sus donaciones en sobres y dejarlas bajo las ‘piedras de sadaqah’ en las mezquitas.

La gente cogía lo que necesitaba sin encontrarse jamás con el donante. Aunque el secreto tiene una importancia central a la hora de dar, a veces también se exhorta a la donación abierta para proteger el corazón de la hipocresía. Un creyente puede dar de día y de noche, siempre cuando haga falta. Lo menciona la siguiente ayah:

“Aquéllos que dan de sus bienes día y noche, en secreto y en público, tendrán su recompensa junto a su Señor y no tendrán que temer ni se entristecerán.” (Al-Baqarah, 2:274)

Abu Bakr (r.a) dio diez dinares de cuarenta durante el día, diez durante la noche, diez en secreto y los restantes diez abiertamente. Se dice que su generosidad fue la razón de que se revelara el ayah que acabamos de citar. Por otro lado Ali (r.a) dio un dirham de cuatro durante el día, otro dirham durante la noche, un dirham secretamente y uno abiertamente, aunque era todo el dinero que tenía. Cuando el Profeta (s.a.s) le preguntó por qué lo había hecho, dijo:

“Para merecer lo que mi Señor nos ha prometido.”

Entonces el Profeta (s.a.s) le dijo:

“Has conseguido lo que te habías propuesto.”

El altruismo es la señal segura del amor. El amante se sacrifica por su amado, lo que considera un placer, en proporción al amor que siente. El sacrificio por el amado puede llegar incluso a ser la vida misma del amante. La generosidad con la creación de Allah Todopoderoso es la manifestación más grande del amor. Ya que el zakat y la sadaqah se dan por Allah, el Qur’an declara que “Allah recibe la generosidad”:

“¿Es que no saben que Allah acepta el arrepentimiento de Sus siervos y que recibe lo que se da con generosidad y que Allah es Quien se vuelve con Su favor y es el Compasivo?” (At-Tawbah, 9:104)

Para aclarar este sutil aspecto de la generosidad, el Profeta (s.a.s) ha dicho:

“Allah acepta la generosidad de lo que se ha ganado lícitamente, y lo recibe con Su Mano Derecha.”

Los requisitos más importantes para los actos de generosidad son, por lo tanto, la honestidad y la sinceridad, y hacerlo únicamente por Allah. Es inaceptable sentirse orgulloso o esperar agradecimiento y gratitud. Todo esto borra la recompensa Divina. Por el contrario, el que da debería sentir agradecimiento por los pobres y no esperar nada más que la complacencia de Allah.

En la siguiente ayah Allah Todopoderoso alaba la generosidad de Ali y Fátima (r.a) y exhorta a todos los creyentes a tener esa misma actitud ante la necesidad ajena:

“Y daban de comer, a pesar de su propia necesidad y apego a ello, al pobre, al huérfano y al cautivo. No os alimentamos sino por la faz de Allah, no buscamos en vosotros recompensa ni agradecimiento. Realmente tememos de nuestro Señor un día largo, penoso. Allah les habrá librado del mal de ese día y les dará resplandor y alegría.” (Al-Insan, 76:8-11)

Hay en esta ayah varios puntos fundamentales referentes a la generosidad:

1. se recalca que el altruismo y el preferir al hermano o hermana Musulmán antes que a uno mismo es una noble cualidad;

2. la generosidad debe ser por Allah el Todopoderoso y no por ninguna otra razón;

3. la importancia que tiene la generosidad por Allah a la hora de salvarse del terrible tormento del Día del Juicio;

4. la generosidad sincera será aceptada por Allah e iluminará la cara del dadivoso en el Día del Juicio;

5. Allah Todopoderoso exhorta a Sus siervos a ser generosos y a dar generosamente. Si el que da sigue las pautas de esta ayah, la rectitud y sinceridad encontrarán su reflejo también en el que recibe, e incluso si no puede permitirse ser generoso, aprenderá de ello. Si alguien da con intención sincera, tendrá su recompensa incluso si el que recibe no se lo merece.

Lo declara el siguiente hadiz del Profeta (s.a.s):

“Un hombre decidió dar sadaqah. Salió de casa con este objetivo y, sin saberlo, se la dio a un ladrón. Al día siguiente la gente no paraba de comentar que un ladrón había recibido sadaqah. Oyéndolo, el hombre dijo:

‘¡Oh Allah! Toda la alabanza es para Ti. Daré sadaqah otra vez.’

Salió de nuevo y se la dio a una adúltera. Al día siguiente la gente no paraba de comentar que una adúltera había recibido sadaqah. Oyéndolo, el hombre dijo:

‘¡Oh Allah! Toda la alabanza es para Ti. He dado la sadaqah a una adúltera. Daré sadaqah otra vez.’ Salió de nuevo y se la dio a un hombre rico. Al día siguiente la gente no paraba de comentar que un rico había recibido sadaqah. El hombre dijo:

‘¡Oh Allah! La alabanza es Tuya. He dado la sadaqah a un ladrón, a una adúltera y a un rico.’ Entonces vino alguien y le dijo:

‘La sadaqah que le has dado al ladrón le podría hacer desistir de robar. Y la que has dado a la adúltera podría hacer que enmendara su comportamiento. Y la que le has dado al rico podría hacer que te imite y gaste de la riqueza que Allah le ha dado en Su Camino.’”

Algo parecido le pasó a Mahmud Sâmî Ramazanoglu. Estando de viaje por Anatolia, alguien paró el coche en el que viajaba y le pidió dinero para comprar cigarrillos. Dijo:

“Ya que nos lo ha pedido, le vamos a dar el dinero.”

Y le dio el dinero aunque sabía que los amigos que le acompañaban no estaban de acuerdo. De repente, el hombre que había recibido el dinero dijo:

“Ahora iré a comprar comida con este dinero.”

Y se marchó muy contento. Es un ejemplo de cómo la generosidad sincera puede tener un efecto positivo en el que la necesita. Qué felices seríamos si, antes de los nuestros, tuviésemos en cuenta los sentimientos de los pobres.

¡Oh Señor! Haz que las manifestaciones de la misericordia sean el gran tesoro de nuestros corazones.

Amin.