El Último aliento Un espejo inmaculado

El último aliento es como un espejo pulido y limpio. El hombre sólo conocerá su verdadera estación al exhalar el último aliento. En ese instante, se le mostrarán sus acciones para que las vean sus ojos y su corazón. Así, pues, podemos decir que no hay mejor preparación para la muerte que la meditación sobre la muerte misma. Como lo menciona el Qur’an, el faraón pasó toda su vida rebelándose contra Allah. Sólo cuando estaba en medio de las aguas a punto de ahogarse, comprendió el verdadero sentido de la existencia. Comprendió que aquel reino que había creado basado en la más absoluta tiranía, había sido la causa de su propia desgracia. Cuando exhaló su último aliento, lo hizo lleno de remordimiento:

“Hicimos que los hijos de Israel cruzaran el mar y el faraón y sus ejércitos los persiguieron con hostilidad e injusticia hasta que al ver que las aguas lo ahogaban, dijo: Creo que no hay otro dios sino Aquel en el que creen los hijos de Israel y soy de los que se someten.” (Yunus, 10:90)

Pero ya era tarde para arrepentirse. Allah Todopoderoso le dijo al faraón, que sólo al verse devorado por las aguas del mar se había decidido a declarar la Unicidad de Allah:

“¿Ahora? ¿Cuándo antes desobedecías y eras de los corruptores?” (Yunus, 10:91)

Por ello, despertarse de un estado de somnolencia e inconsciencia cuando estamos a punto de exhalar el último aliento, no sirve de nada, no tiene otro beneficio que sentir la enorme devastación que se nos avecina. Pero hay gente que cuando se siente en peligro, clama a su Señor, y cuando vuelve a sentirse seguro, se olvida y se vuelve arrogante.

Bien al contrario, debemos estar siempre preparados para las sorpresas y las turbulencias de la vida. Vivir ignorando la muerte es una lamentable ceguera. Todos habremos de pasar un día a través del velo de la muerte. En muchas ayaat del Qur’an, Allah el Misericordioso afirma que este mundo fue creado como una prueba para los seres humanos:

“Toda alma ha de probar la muerte. Os pondremos a prueba con lo bueno y con lo malo y a Nosotros volveréis.” (Anbiya, 21:35)

“Quien creó la muerte y la vida para probaros y ver cuál de vosotros sería mejor en obras. Y es el irresistible, el Perdonador.” (Mulk, 67:2)

Cada inhalación y cada exhalación que realizamos en nuestra práctica de adoración, en nuestras transacciones y en nuestra conducta diaria son una indicación de cómo exhalaremos el último aliento.

Imâm Ghazâlî dijo:

“Aquellos que nunca alcanzaron el placer del conocimiento en este mundo, no alcanzarán el placer de la contemplación de la Divina esencia en el Más Allá. Nadie puede obtener nada en la Otra Vida que no se haya ganado en ésta. Cosecharemos en el Otro Mundo lo que hayamos sembrado en éste; todos moriremos según hayamos vivido, y resucitaremos según hayamos muerto. La magnitud de la recompensa que recibiremos en el Más Allá, depende del conocimiento que hayamos obtenido en este mundo y del nivel de consciencia de la realidad de Allah con la que hayamos actuado en esta vida.”

Así, pues, con cada respiración nos estamos preparando para recibir el premio o el  castigo divinos. Allah Todopoderoso nos advierte en el Qur’an:

“¡Vosotros que creéis! Guardaos a vosotros mismos y a vuestra gente del fuego cuyo combustible serán los hombres y las piedras…” (Tahrim, 66:6)

“Cuando el Yahim sea avivado. Cuando el Jardín sea acercado. Cada uno sabrá lo que presenta.” (Takwir, 81:12-14)

“¿Pero dónde vais?” (Takwir, 81:26)

En este sentido, cada ser humano debe analizar su conducta y atender a su preparación para la muerte antes de que ésta llegue. El beneficio y la pérdida, la ganancia y la disminución, todo tiene su lugar en este mundo. En la tumba sólo habrá ajuste de cuentas. Es cierto que aquellos que se dejaron seducir por los deseos carnales y los placeres efímeros de este mundo y que, consecuentemente, descuidaron su vida espiritual, tendrán aflicción y desprecio en la tumba.

Más aún, no sabemos cuánto más largo será el tiempo que pasemos en la tumba con respecto al que pasamos en el mundo terrenal. Por ello, la obligación de toda persona razonable es la de prepararse para una larga estancia en la tumba y una vida eterna en el Más Allá.

Por otra parte, la cara oscura de la muerte, iluminada con la luz del corazón del creyente, puede pasar de ser un momento terrorífico a ser un momento de esperanza y alegría donde se nos informe de la recompensa obtenida en la Otra Vida.

Un mausoleo lleno de amigos y familiares no es un mundo de tinieblas, sino de guía y buenos consejos. Para un creyente, la vida y la muerte son realidades naturales que van unidas y que son inseparables. El verdadero creyente está sereno ante la muerte porque se ha preparado para recibirla. Su alma está siempre tranquila.

En resumen, hacer de nuestro último momento el instante más bello de nuestra existencia depende de si tenemos un corazón lleno de amor y afección por Allah el Misericordioso. Por el contrario, un corazón lleno de apego por los placeres terrenales, y aterrado con la sola idea de la muerte, terminará inmerso en angustia y desesperación. Podemos describir la preparación ideal para el Más Allá como un adornar el alma con los “atributos de perfección”, tales como la compasión, la amabilidad, la responsabilidad, el perdón, el sacrificio, la benevolencia, la compasión y la paciencia, todos ellos mencionados en el Qur’an.

Abarcar estos atributos del bien y estar siempre con los siervos amados de Allah, es el resultado de una verdadera creencia. La fe y la devoción deberían ser los objetivos principales del Musulmán. Por otra parte, debemos evitar las cualidades propias del mal como la arrogancia, el orgullo, la opresión, el libertinaje, la rebeldía, la difamación, la calumnia y la mentira.

Dado que Allah detesta estas características de la personalidad humana, alejarse de ellas formará parte de nuestra preparación para el Más Allá. Para conseguir exhalar el último aliento con fe, el creyente debe primero purificar y refinar su alma de tendencias viles y adornarla con atributos de perfección, ya que establecer la piedad en el corazón es la más valiosa guía para atravesar esta existencia. El siguiente texto de de Yalâluddîn Rûmî explica este concepto de purificación:

“Una tumba no se construye con piedras, con maderas o con fieltro. Debemos excavarla en un corazón puro y en una morada limpia. Para poder hacerlo, debes liberarte del egoísmo y la autocomplacencia en presencia de Allah Todopoderoso.”

En lo que respecta al refinamiento del alma y el establecimiento en el corazón de los estados requeridos, es necesario alimentar un profundo amor por Allah y Su Mensajero a través de la sumisión, pues no hay mayor signo de amor que la obediencia. Rebelarse contra Allah al tiempo que proclamamos nuestra afección por Él, no es otra cosa que ilusión y autoengaño. Allah Todopoderoso ha dicho:

“Di: Si vuestros padres, hijos, hermanos, esposas, vuestro clan familiar, los bienes que habéis obtenido, el negocio cuya falta de beneficio teméis, las moradas que os satisfacen, os son más queridos que Allah, Su Mensajero y la lucha en Su camino… Esperad hasta que Allah llegue con su orden. Allah no guía a gente descarriada.” (Tawba, 9:24)

Esto quiere decir que debemos preferir el amor de Allah Todopoderoso y Su Mensajero por encima de todo lo demás, y mantener este estado hasta que exhalemos el último aliento. Para alcanzar este amor supremo por Allah, debemos esforzarnos en obedecer Sus órdenes y en realizar de la mejor manera posible la práctica de adoración. Hay una gran diferencia entre la sumisión de un alma atrapada en los deseos mundanos y alejada del amor divino, y la sumisión de un alma llena de devoción y amor divino.

Las nobles acciones, el buen comportamiento, el servicio a los demás, la práctica de adoración y la sumisión de un creyente cuyo corazón está repleto de afección por Allah y Su Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) le acercarán a la más alta estación. Otra de las consideraciones a la que el creyente debe prestar suma atención en su preparación para la muerte, es realizar sus obligaciones y su adoración con absoluto respeto. Allah el Misericordioso ha especificado las cualidades de los creyentes que han alcanzado la salvación:

“Habrán triunfado los creyentes. Aquellos que en su salah están presentes y se humillan.” (Mu’minun, 23:1-2)

Y en cuanto a los que hacen la salah sin estar concentrados, está escrito en el Qur’an:

“Pero ¡ay de aquellos que hacen la salah! Siendo negligentes con su salah.” (Ma’un, 107:4-5)

Allah Todopoderoso quiere que Sus siervos realicen los actos de adoración con el cuerpo y con el corazón en completa armonía, como uno de los pasos necesarios para alcanzar la unión con Allah.

No cabe la menor duda, de que este deseo divino abarca no sólo la salah sino todo lo que conforma la práctica de adoración, como el peregrinaje, el ayuno o el zakat. A este respecto, el ayuno nos enseña a apreciar las bendiciones y favores que se nos han concedido. Nos acerca y nos llena de simpatía por aquellos que han sido menos favorecidos que nosotros.

Al mismo tiempo, al prohibirnos lo que normalmente nos está permitido, el ayuno nos ayuda a no caer en lo ilícito y en lo dudoso cuando no ayunamos. El hayy es una forma de adoración en la que nos representamos la muerte, recordándonos a nosotros mismos lo insignificantes que somos en presencia de la Divina Majestad.

Por otra parte, el creyente que da dinero a la gente necesitada debe saber, ante todo, que el verdadero propietario de ese dinero es Allah el Misericordioso, y que él no es sino un guardián temporal del mismo. Más aún, ¿cómo podría el creyente que da de su riqueza a los más necesitados envidiar la riqueza de otros? Es cierto que el nivel de sumisión, la base de toda adoración, está en proporción directa a la fuerza de la fe y la afección del alma.

Cuando ésta ha sido purificada de toda mancha, los actos de adoración alcanzan su verdadera consistencia y brillan con la luz de la Verdad. Al estudiar la vida del Profeta Muhammad (que Allah el bendiga y le de la paz) y la de sus Compañeros, aprendemos cómo realizar convenientemente los actos de adoración. En ningún momento consideró el Profeta que su vida estaba separada del Más Allá.

Constantemente nos recordó que la mejor forma de realizar un acto de adoración es imaginando que es el último que vamos a poder llevar a cabo en esta vida. Uno de los Compañeros vino a donde estaba el Profeta Muhammad (que Allah el bendiga y le de la paz) y le dijo:

“¡Oh Mensajero de Allah! Dame algún consejo que me haga entender el corazón del asunto.”

El Profeta Muhammad le contestó:

“Cuando hagas la salah, hazla como si fueras a dejar este mundo y ésta fuera a ser tu última salah. No digas nada de lo que luego tengas que arrepentirte. No desees los bienes de los demás.” (Ibn-i Mayah, Zuhd, 15; Ahmad bin Hanbal Musnad, V, 412)

Todo creyente que se esfuerza y se prepara para la muerte, debería embellecer su comportamiento y sus transacciones con los ejemplos que encontramos en la vida del Profeta Muhammad, de la misma forma que hacemos con los actos de adoración.

Es nuestro deber como Musulmanes esforzarnos para que nuestros pensamientos y nuestras acciones puedan beneficiar a la comunidad. Lo que deseamos para nosotros, deberíamos desearlo para nuestros hermanos y hermanas Musulmanes. Nuestro amor por Allah y Su Mensajero debería expandirse y alcanzar a toda la ummah y al resto de las criaturas. Otro de los aspectos importantes a la hora de prepararnos para la muerte, es el de interiorizar el estado de ihsân en nuestros corazones; es decir, recordar a Allah como si nos estuviera observando en todo momento.

El mayor gozo para el creyente es alcanzar la unión con el Amado, pero aquellos cuyas mentes no están sincronizadas con el corazón y son arrastrados por los deseos carnales, son incapaces de comprender este gozo. En otras palabras, no son conscientes de la felicidad última. Los creyentes deben poner su confianza en Allah y ser pacientes. No deben perder nunca la moderación y el equilibrio ante las sacudidas de la vida.

Deberían recordar en todo momento las terribles pruebas a las que tuvo que enfrentarse el Profeta Muhammad (que Allah el bendiga y le de la paz). A pesar de que perdió cinco de sus seis hijos, nunca mostró desesperación o desequilibrio espiritual, sino una total aceptación de su destino. Tampoco podemos olvidar la paciencia y la fortaleza que mostró cuando su tío Hamza (que Allah esté complacido con él) y su amado compañero Mus’ab (que Allah esté complacido con él) cayeron mártires. El ser humano debe aprender a controlar sus actos y a tener paciencia en este mundo mortal.

Los viajeros en el camino de la espiritualidad deberían curar el olvido con el recuerdo, la ingratitud con el agradecimiento, la rebelión con la obediencia, la tacañería con la generosidad, el egoísmo con el altruismo, la duda con el conocimiento, la hipocresía con la sinceridad y la humildad, la transgresión con el arrepentimiento, y el descuido con la consciencia. Días y noches señalados, especialmente el tiempo antes del alba, en los que recordamos la realidad de nuestra existencia, son oportunidades para acercar nuestra espiritualidad al Todopoderoso.

La luz de la felicidad en el Más Allá se esconde en la oscuridad del alba. Todos los amigos de la Verdad en cuyas vidas han combinado el mundo temporal y el Más Allá, buscan el contento de Allah Todopoderoso con afección y temor antes del alba. Aquellos que adoran a Allah el Misericordioso consideran que toda alba que ha pasado sin que haya habido recuerdo, son horas que nos han separado de Él. Otro aspecto importante son las donaciones en el camino de Allah. Así está escrito en la siguiente ayah:

“Gastad en el camino de Allah; que vuestras manos no os echen a perder llevándoos a la perdición, y haced el bien. Es verdad que Allah ama a los que hacen el bien.” (Al-Baqara, 2:195)

Los mufasirun (los que interpretan el Qur’an) entienden que esta ayah nos advierte del siguiente peligro:

“ser negligentes a la hora de servir al Islam y elevar la voz de la Verdad, alejándonos de las donaciones y el sacrificio por miedo a la pobreza y amor por este mundo”.

Por ello, el creyente debe esforzarse y gastar su riqueza y su vida en el camino del Todopoderoso, ya que todo lo que poseemos es de Allah el Misericordioso y nosotros no tenemos otra función que la de custodiarlo.

Así, pues, gastar esa riqueza que se nos ha confiado en causas justas, nos reportará grandes beneficios en el Más Allá, mientras que la avaricia nos conducirá a la más abyecta miseria en la Otra Vida. El creyente debería recordar siempre el siguiente consejo por lo que respecta a las donaciones: cuando el cuerpo del difunto es depositado en la tumba, y antes de que lo toquen los insectos, las condolencias y los pésames de su familia se acaban. Mientras los herederos se reparten sus bienes, la tierra devora su cuerpo. Estos dos acontecimientos comienzan y finalizan al mismo tiempo.

Por una parte, el cuerpo se ha consumido; por otra, los bienes del difunto han sido repartidos entre sus familiares. Al observar este fenómeno con sorpresa, el alma del difunto se arrepiente de muchas de las acciones que realizó en este mundo. Todo en vano. Ahora, sólo la fe y las buenas acciones serán nuestra verdadera riqueza. El Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo en una ocasión:

“(Dependiendo de nuestros actos en esta vida) La tumba será uno de los jardines del Paraíso, o uno de los fosos del Infierno.” (Tirmidhi, Qiyamah, 26)

En pocas palabras, nuestra condición en la tumba –que durará hasta el Día de la Resurrección- vendrá determinada por nuestras acciones y nuestro comportamiento en esta vida. Si el siervo se mantiene firme en  la dirección de la qiblah, sin importar cuál sea su ocupación, Allah Todopoderoso le concederá la gracia de encontrar la qiblah en los últimos momentos que pase en este mundo.

Lo que aquí quiere decir qiblah es una vida acorde con la guía del Qur’an y la sunnah, entendiendo el verdadero significado de kalima-i tawhid, y llevándolo a la práctica en su vida cotidiana, con su familia, en sus relaciones sociales y en su servicio a Allah. Estos son los que gozarán de la serena atmósfera de la qiblah cuando exhalen el último aliento. El punto importante en esta vida es entender el secreto contenido en esta ayah:

“Guíanos al camino recto.” (Fatiha, 1:6)

y vivir en el “camino recto” del Islam. De lo contrario, hay muchas posibilidades de acabar nuestras vidas en la angustia y la desesperación, como un barco que se ha salido de la ruta y se arriesga a chocar contra las rocas de los tenebrosos mares.

¡Que Allah nos proteja a todos de un final así! Aquellos que pasan su vida como si la muerte fuera algo inminente y comprenden el verdadero significado de “muere antes de morir”, son los sabios y los verdaderos Compañeros de Allah. Es una garantía divina que estarán en paz, lejos del temor y las penalidades del Día del Juicio Final. El misterioso velo de la muerte que oculta el universo eterno de la Otra Vida, es una bendición para aquellos que guardan su fe y pasan su vida preparándose para exhalar el último aliento en este mundo.

Cuando nos llegue la muerte será nuestro deber devolver el alma que Allah nos había confiado en el mismo estado de pureza y perfección en el que nos fue entregada. Como dice el poeta: En el momento en el que se abren y se cierran los velos; El mérito está en ser capaces de decir a Azrael

-¡Bienvenido! 

El último aliento es como un espejo inmaculado en el que el hombre contempla lo bello y lo repugnante de su vida. Los ojos, los oídos y los miembros todos testificarán contra sus dueños. Todos los velos caerán y las mentes y las consciencias quedarán en un estado de lamento y pesar.

Mientras tengamos tiempo, debemos hacer del Qur’an y de la vida ejemplar de nuestro amado Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) parte de nuestras vidas. Sólo los sabios saben quiénes son antes de morir. ¡Que Allah haga de nuestro último aliento una ventana a través de la cual podamos contemplar nuestra recompensa en el mundo eternal!

¡Amín!