El guardián de la morada de Layla

                                 No digas nada si no eres Maynun.

                                 Porque para aquél que no ha llegado a amar como él,

                                 Layla no es más que una forma.

                                                                                                                                                        Rumi

Maynun estaba acariciando a un perro que babeaba. Le besó los ojos. Un transeúnte asombrado por tal comportamiento le dijo:

“¡Oh tonto de Maynun! ¿Qué locuras son estas? El morro de un perro está siempre sucio, ¿te has parado a pensar en ello?”

Maynun le respondió:

“No puedes entender lo que estoy haciendo ya que no eres más que una forma, una figura, un cuerpo. Entra en el mundo del espíritu y ve al perro a través de mis ojos. ¿Tienes algún remoto conocimiento de las virtudes de este perro? En él está un maestro Divino que no puedes comprender. Allah ha guardado en su corazón el tesoro de amor y lealtad que siente por su dueño. Entre tantos pueblos, eligió el de Layla para vivir. Es el guardián de la morada de Layla. Considera sus aspiraciones. Observa su corazón, su alma y su conocimiento recibido directamente de Allah. Es el perro del rostro bendito, el Kitmir de mi cueva. Ay, es el que comparte mi felicidad y mi aflicción. ¡El perro que guarda su morada! Es imposible que cambie un pelo suyo por un león. Para mi es sagrada la tierra que pisa. No puedo hablar más. Silencio y ve en paz.”

EL MATHNAWI:

“Si traspasáis la frontera de la forma, oh amigos míos, entraréis en el Paraíso y en el rosal dentro del rosal. Cuando hayáis roto y quemado vuestra propia forma, llena de temores infundados, aprehensión y arrogancia; y os hayáis liberado de la adoración de vuestro nafs, la madre de todos los ídolos, sabréis cómo destruir los ídolos. Entonces tendréis la fuerza de romper todas las formas, como Jaidar[1] sacaréis de sus cimientos la puerta de Jaibar o como el Profeta Ibrahim (a.s) podréis convertir el fuego destructor en un rosal.”

Hay en el Mathnawi otra historia sobre Layla y el Califa que la vio. El Califa le dijo:

-¿Eres la mujer que ha vuelto loco a Maynun? Tu belleza no es superior a la de otras mujeres.

Ella contestó:

-No hables, ya que no eres Maynun.

Para los que se fijan en el aspecto exterior, Layla no era muy diferente de otras mujeres. La razón por la que Qais llegó a ser maynun, es decir ‘loco’, es porque había visto su belleza interior. Al ser incapaz de ver a Layla con los ojos de Maynun, el Califa no podía comprender este misterio. Para ver este amor debemos descartar el aspecto exterior de Layla y debemos sumergirnos en el fuego que hay dentro de ella. A aquel que es inconsciente de lo interno, el nafs no le proporciona ni alegría, ni gracia, ni gloria, ni tampoco un camino hacia el cielo. Algunos que ignoraban esta verdad le decían a Maynun compadeciéndose de él:

“¡Oh Maynun! Deja a Layla. Hay muchas mujeres más bellas que ella.”

Maynun contestaba:

“Nuestras formas, cuerpos y aspectos son como botijas. La belleza es como la bebida Divina que está dentro de la botija. Haz de saber que Allah el Más Elevado me ha ofrecido un trago de la botija de Layla. Solamente veis su aspecto, pero desconocéis lo que hay dentro, porque la bebida Divina que está dentro no puede ser visible para los que carecen del conocimiento espiritual. La lealtad de una mujer, invisible a los ojos de los extraños y a quienes nunca mira, refleja su belleza interna.”

Sheij Sadi Shirazi (K.s) dijo al respecto:

“Uno debe contemplar la belleza de Layla a través de la ventana del corazón de Maynun.”

Maynun significa ‘loco’, pero en realidad es un ser inteligente que ha borrado su ego en el amor Divino. Hay mucha gente que limita la inteligencia a la racionalidad, pero utilizando solamente esta facultad se puede fallar a la hora de distinguir entre el bien y el mal, ganándose la miseria en este mundo y en el Otro. Por eso Rumi (K.s) dijo:

“No llaméis a la inteligencia del amor locura. No llaméis al que está inmerso en su nafs mentiroso. No digáis que un océano es una taza. Él conoce mejor su nombre.”

Los versos que citamos a continuación son de Yunus Emre. Ilustran de manera muy bella la locura del amor Divino. Son palabras pronunciadas en su cenit:

“Deambulo entre llamas,
el amor me ha cubierto de sangre.
No estoy ni sano ni loco.
Ven y mira cómo me trata el amor.

A veces soplo como los vientos.
A veces levanto polvo como los caminos.
A veces fluyo como las inundaciones.
Ven y mira cómo me trata el amor.”

Hay que tener en cuenta que las historias del Mathnawi son figuras metafóricas. Layla es a la vez el símbolo y el horizonte del amor Divino. Si la quieres ver, debes ser un amante fiel. De otra manera, solamente percibirás la forma. Para aquéllos que no son amantes verdaderos, Layla es meramente una forma.

Rumi (K.s) lo explicó de la siguiente manera:

“Lo que es bendición y lo que es una carga no siempre es lo mismo para diferentes personas –puede ser un paraíso para unos, y un fuego para otros.

Ya se trate de un ser humano, de un animal, de una planta o de un objeto inanimado –en cada uno hay algo de alimento y algo de veneno. Pero no todos lo ven.

La botija está allí. Es visible. Pero el elixir está dentro y solamente lo conocen los que lo prueban.

La apariencia de Yusuf (a.s) era como una copa. Su padre sentía un inmenso placer cuando bebía en ella. Pero de la misma copa sus hermanos bebían el veneno que aumentaba su ira y su resentimiento.

Zulaiha bebió de la misma copa y llegó a emborracharse con el elixir del amor mundano.

El vino del amor que está dentro de la botija de la forma es del No-Visto. La botija, sin embargo, es de este mundo. Aunque es parte de la creación, lo que está dentro de la botija está oculto y es accesible solamente a los que han luchado largamente por ello.

Cuando Allah tomó al Profeta Ibrahim (a.s) su amigo íntimo, los ángeles dijeron:

“¡Oh Señor! ¿Cómo puede Ibrahim (a.s) ser Tu amigo? Tiene nafs, riquezas e hijos. Su corazón se inclina hacia esas cosas…”

Como resultado, Ibrahim (a.s) tuvo que superar difíciles pruebas. Cuando estaban a punto de echarle al fuego, los ángeles se inquietaron. Algunos pidieron a Allah permiso para ayudarle. Cuando lo recibieron, se acercaron a Ibrahim (a.s) y le preguntaron si necesitaba ayuda, éste contestó:

“No os interpongáis entre dos amigos.”

Después, llegó Yibril (a.s) y preguntó:

“¿Puedo ayudarte en algo?”

Ibrahim (a.s) contestó:

“No tengo necesidad de ti. Él me basta. Es el mejor de los Protectores.”

Debido a su total confianza en Allah, Ibrahim (a.s) fue salvado por medio de la orden directa de Allah:

“¡Fuego! Sé frió e inofensivo para Ibrahim.” (Anbiya, 21:69)

Esta orden hizo que la hoguera en la que había sido arrojado se convirtiese en un rosal, con una fuente de agua dulce. Es solamente uno de los ejemplos que muestran por qué Ibrahim (a.s) se llama Jalilullah –el Amigo Intimo de Allah.

En otra ocasión, cuando Ibrahim (a.s) estaba a punto de sacrificar a su hijo Ismail (a.s), los ángeles, nerviosos, dijeron a su Señor:

“Un profeta está a punto de sacrificar a otro profeta.”

Pero Ismail (a.s) le dijo a su padre:

“¡Padre! Haz lo que Allah te ha ordenado. Si Él quiere, me verás paciente.”

Ambos estaban en el estado de absoluta sumisión; por ello, en el último momento Allah intervino y paró la mano de Ibrahim (a.s), trayéndole un magnífico cordero para que lo sacrificase.

En otra prueba, Allah le dio a Ibrahim (a.s) una gran manada de corderos. Vino Yibril (a.s) y le preguntó:

“¿De quién es esta manada? ¿Puedes vender algunos de ellos?”

Ibrahim (a.s) contestó:

“Pertenece a mi Señor, quien me la ha dejado en depósito. Si mencionas Su nombre puedes llevar una tercera parte; y si mencionas Su nombre tres veces, puedes llevarte todos.”

Yibril (a.s) dijo:

“Glorificado sea nuestro Señor por encima de todo lo que Le atribuyen, el señor de los ángeles y de los nafs.”

Ibrahim (a.s) dijo:

“Coge toda la manada.”

“No soy hombre. Soy ángel. No los puedo llevar conmigo.”

“Si eres un ángel, yo soy Jalil, así que no puedo coger lo que he dado por Él.”

Finalmente, Ibrahim (a.s) se quedó con la manada y gastó toda la ganancia que procedía de ella en buenas obras.

Había pasado por pruebas difíciles en las que estaba involucrada su vida, su propiedad y sus hijos. En cada caso mostró lealtad y sumisión a su Señor, elevándose de esta manera a la más alta cima en el camino de Allah. Abandonó la forma y subió hasta el nivel de Jalilullah –Amigo Íntimo de Allah.

Una vez se declaró un gran incendio en Bagdad, y los dos hijos de un maestro quedaron atrapados. No se podía hacer nada por salvarles; las llamas cubrían el edificio por dentro y por fuera. Sólo cabía lamentarse. Nuri estaba allí, y al ver lo que pasaba entró en el fuego como si entrase en un jardín. Sacó a los dos niños con permiso de Allah mientras que los demás transeúntes miraban atónitos la escena. El padre de los niños estaba tan feliz que puso delante del gran Nuri un saquito con oro. Entonces éste se disgustó y le dijo:

“Si lo hubiese hecho por dinero, no habría logrado salvar a tus hijos.”

Entrar en el fuego es solamente posible unificándose con la consciencia de Ibrahim (a.s) e intentando emularle. La razón por la que el fuego más que un peligro fue para Ibrahim (a.s) una bendición, se debió a que era el regalo de un amor sin límites por Allah, y a su perfecta sumisión al Divino Creador. Inspirado por ese regalo excepcional otorgado al Profeta Ibrahim (a.s), Yunaid al – Bagdadi dijo: “Si entre mí y mi Señor hubiera un mar de fuego, me echaría en él con amor y añoranza para poder alcanzarle.” Pero al mismo tiempo debemos ser cautelosos. Intentar emular a Ibrahim (a.s) sin estar plenamente conscientes de nuestra estación espiritual y de nuestros límites sería una insensatez. Rumi (K.s) lo explicó de la siguiente manera:

“Es posible que entres en el fuego en el camino de Allah. Pero antes de hacerlo debes buscar en ti mismo las cualidades de Ibrahim (a.s) y experimentar la unión, ya que el fuego no te reconocerá; sólo reconocerá las cualidades de Ibrahim (a.s) y no permitirá que ardan.”

También dice Rumi (K.s):

“El Qur’an habla de los estados y cualidades de los profetas. Si lo lees con gran atención, podrás considerar que estás con ellos. Después de haber leído las historias de los profetas, la jaula del cuerpo se hace pequeña para este pájaro que es el nafs.

La única manera que tenemos de liberarnos de la jaula del cuerpo es a través del tawhid, o creencia en la Unicidad de Allah.”

El propósito de trascender la forma está explicitado en el hadiz: “Muere antes de morir.”

Los que practican este hadiz y mueren antes de la muerte física ganan una vida nueva en la realidad última y abandonan su forma. Ganan una vida nueva en la verdad del Profeta Muhammad (s.a.s). Lo afirma el Qur’an:

“Y no te hemos enviado sino como misericordia para todos los mundos.” (Anbiya, 21:107)

El Profeta Muhammad (s.a.s) es la razón metafísica de la creación del universo. Debemos beneficiarnos de esta manifestación de la misericordia Divina mientras intentamos desintegrarnos en ella.

Por esa razón, el imam Malik no cabalgaba en Medina, donde el Profeta Muhammad (s.a.s) había ido descalzo. Ni siquiera se ponía zapatos. Cuando venía alguien a preguntarle sobre un hadiz, hacía wudú,[2] se ponía el turbante, se perfumaba, y se sentaba en un sitio elevado. Solamente entonces contestaba a la pregunta. Al realizar estas acciones se preparaba espiritualmente para la presencia del Profeta Muhammad (s.a.s). De la misma manera, mostraba un comportamiento ejemplar cuando transmitía cualquier hadiz del Profeta (s.a.s).

Durante la época otomana se enviaba cada año de Estambul a Medina una caravana con regalos y dinero para los habitantes de esa tierra y para sufragar los gastos de los lugares de adoración. Se llamaba esta caravana Surre Alayi. Cuando estaba cerca de Medina, Surre Alayi solía parar en las afueras de la ciudad para permitir que todos se preparasen espiritualmente para la entrada y para pedir el permiso del Profeta (s.a.s) para esta visita. Continuaba después de haber recibido la señal de aceptación. Cuando volvían a casa llevaban consigo tierra de Medina como una bendición y también como una cura.

Cuando los generales otomanos encargados de la protección de Medina visitaban la tumba del Profeta (s.a.s) solían bajar de sus monturas en lugares muy alejados para hacer la visita a pie, de la manera más respetuosa posible.

Cuando el Sultán otomano Abdulaziz estaba en su lecho de muerte se enteró de que había llegado una petición de los residentes de Medina. Pidió a los que estaban presentes:

“¡Ayudadme! Debo escucharla de pie. No puedo escuchar la lectura de la carta de los vecinos del Profeta (s.a.s) tumbado en la cama.”

Sin duda alguna estos acontecimientos muestran el amor y respeto de los sultanes otomanos por el Profeta Muhammad (s.a.s) y por la ciudad de Medina y sus habitantes.

La madre del Sultán Abdul Mayid Bazm Alem Valide patrocinaba el transporte por tierra de agua dulce de Damasco a Meca y Medina para los peregrinos con el único objetivo de obtener una recompensa espiritual.

En 1678 el poeta Nabi emprendió el viaje a Arabia con algunos oficiales otomanos para cumplir la peregrinación a Mekka (hayy). Mientras se acercaban a Medina vio como un general, sin darse cuenta, estiraba las piernas en dirección a la bendita ciudad del Profeta (s.a.s). El poeta se sintió conmovido y herido por este acontecimiento que le influyó de tal manera que fue entonces cuando escribió su famoso poema sobre el Profeta (s.a.s). Este tipo de poemas constituyen un género aparte en la literatura otomana, una continuación de la más temprana tradición en la poesía árabe, conocido como na’t. Mientras la caravana se acercaba a Medina a la hora de la salah del amanecer, Nabi oyó cómo recitaban su poema desde los minaretes de la Mezquita del Profeta (s.a.s):

“Cuida tu conducta porque ésta es la ciudad del Amado de Allah.
Siempre está bajo la vista de Allah –es la morada del Profeta elegido y alabado.
Con la mejor conducta, oh Nabi, entra en este Sagrado Santuario.
Seres sublimes vienen a circunvalarlo –
es la tierra de los Profetas que vienes a visitar y a besar.”

Al oír el poema que acababa de escribir, Nabi corrió hacia el muecín que acaba de llamar a la salah. Le preguntó:

-¿Cómo llegaste a conocer este poema?

-Vi al Profeta Muhammad (s.a.s) en un sueño. Me habló de ti y de tu poema y me pidió que lo recitase desde el minarete. Me dijo: ‘Vendrá un poeta llamado Nabi de mi ummah.’ Simplemente le he obedecido.

Nabi se echó a llorar, y dijo entre lágrimas:

-El Mensajero de Allah (s.a.s) dijo que yo era de su ummah. El sol de los dos mundos me ha aceptado como a uno de sus seguidores.

Hay en la poesía islámica un género conocido como Mawlid. Se refiere al nacimiento y la vida del Profeta (s.a.s). En un Mawlid compuesto por Suleyman Celebi leemos lo siguiente:

“Fue Allah quien creó a Adam.
Adornó el mundo con él.”

Estos versos recalcan la relación entre el ser humano y el mundo, e iluminan el propósito de la creación. El mismo poeta describió al Profeta Muhammad (s.a.s) de esta manera:

“Una luz para la que el sol es como una mariposa nocturna.”

El sol, que ilumina el mundo entero, estaba enamorado del Profeta Muhammad (s.a.s), girando alrededor suyo como una mariposa que da vueltas alrededor de una luz que brilla en la noche. Es un ejemplo del amor de los objetos inanimados por el Profeta (s.a.s).

Los creyentes puros y refinados siempre han considerado la búsqueda de la unión con el Profeta Muhammad (s.a.s) como una gran bendición. En este proceso espiritual de auto-sacrificio han hecho grandes esfuerzos para desaparecer en su luz. Atraídos por el placer espiritual de la proximidad con el Profeta (s.a.s), su camino puede compararse con el de una mariposa que gira por la noche alrededor de una luz.

Otro ejemplo del amor por el Profeta Muhammad (s.a.s) nos viene de un relato sobre uno de sus primos –Ya’far Tayyar.

Ya’far (r.a) fue uno de los que en los primeros años del Islam emigraron a Abisinia huyendo de la persecución de los politeístas de Mekka. Cuando el grupo volvió a Medina, se enteraron de que el Profeta (s.a.s) había ido a Jaibar, así que en vez de esperarle siguieron el camino para encontrarse allí con él. Cuando el Profeta (s.a.s) vio a su primo, le dijo:

-Te pareces mucho a mí, tanto física como espiritualmente.

Esta alabanza sobrecogió a Ya’far. Entró en éxtasis. Empezó a dar vueltas, bailando, como un niño inocente que ha enloquecido de alegría.

El Profeta (s.a.s) se levantó y dijo:

-¿No sé de qué me alegro más si de la conquista de Jaibar o de la vuelta de Ya’far?

En la batalla de Mu’ta, tal como lo ordenó el Profeta (s.a.s), Ya’far fue el segundo en tomar el mando después de Zaid. Cuando cayó mártir Zaid, Ya’far tomó el estandarte. Durante la batalla perdió las dos manos de sendos tajos de espadas enemigas. Entonces intentó sostener el estandarte apretándolo con los dos antebrazos contra el pecho. El Profeta Muhammad (s.a.s), que se encontraba en Medina, tuvo la revelación de este acontecimiento. Tenía lágrimas en los ojos cuando les dijo a los Compañeros lo que había pasado en el campo de batalla –finalmente Ya’far cayó martirizado. El Profeta (s.a.s) dijo:

– Allah le ha concedido en el Paraíso dos alas a Ya’far por haber sacrificado sus manos en el camino de Allah.

A partir de ese día, cuando alguien se cruzaba con los hijos de Ya’far les saludaba acariciándoles la cabeza y llamándoles “los hijos del que tiene dos alas”.

Ya’far (r.a) rebosaba de amor por el Profeta (s.a.s) y de esta manera mereció su alabanza y el gran regalo de Allah en el Paraíso. Consiguió la bendición de una gran profundidad espiritual y alcanzó la estación de mártir.

Uno tiene la impresión, al leer las siguientes líneas de Rumi (K.s) que está describiendo el amor de Ya’far (r.a):

“Los ojos de los Profetas y de los siervos veraces están tan abiertos que se parecen a los mares. Por eso, este mundo y el universo entran en ellos como si fueran un pelito.

Incluso si fueran a entrar allí mil cielos, serían como una fuente en comparación con un océano.

El ojo que ha abandonado enteramente el mundo de los sentidos, ve el mundo del No-Visto, y recibe las emanaciones y favores Divinos.

Si estos ojos derramasen lágrimas, Yibril vendría a recogerlas.

Con el permiso del Profeta, oh siervo recto, colocaría las lágrimas en su ala.”

Sheij Attar comentó en su libro “Maqalat Arwah”:

“Un día Yunaid Bagdadi (K.s) presenció cómo los ángeles descendían a la Tierra intentando recoger algo. Les preguntó qué querían coger. Contestaron:

‘Un siervo sincero de Allah ha suspirado y llorado aquí. Sus lágrimas cayeron al suelo y estamos intentando recoger algo para poder recibir también la bendición de Allah.’”

Durante la batalla de Tabuk siete compañeros vinieron a hablar con el Profeta (s.a.s), pidiendo monturas para poder participar en la expedición. Dado que ya no quedaban monturas para ellos, volvieron a casa llorando. Estas lágrimas fueron aceptadas y recompensadas por Allah, tal como lo ilustran las ayah del Qur’an:

“… aquéllos que acuden a ti para que los lleves contigo, y les dices: No tengo medio de llevaros y se alejan con los ojos inundados de lágrimas por la tristeza de no tener nada que dar.” (Tawbah, 9:92)

Después de esta revelación los grandes Compañeros, Umar, Uzman y Abbas, que Allah esté satisfecho con todos ellos, donaron camellos y comida para que los necesitados pudieran participar en la expedición. Recordemos que los ángeles se admiraban de las lágrimas de los Compañeros que temían quedarse atrás, no solamente por no poder participar en la batalla, sino también por la larga separación con el Profeta (s.a.s), con la esperanza de beneficiarse de ellas.

El Qur’an nos dice que el que está engañado por este mundo es como aquél que está engañado por un espejismo en el desierto:

“Sabed que la vida de este mundo es, en realidad, juego y distracción, así como apariencia, jactancia entre vosotros y rivalidad en riqueza e hijos.” (Al – Hadid, 57:20)

El siguiente hadiz expresa la misma idea:

“Para los que se dedican al Otro Mundo, éste es como una condena. Y para los que aman este mundo, el Otro les parece una condena.”

Fátima (r.ha), la hija del Profeta Muhammad (s.a.s), le pidió una vez un sirviente. Le dijo:

– Hasan y Husein son tan movidos, y yo soy tan débil…

El Profeta (s.a.s) le respondió:

– ¡Hija! Si quieres, te puedo dar más de uno, pero has de saber que no puedes estar cómoda en los dos mundos. Si tienes paciencia con las pruebas de éste, estarás a gusto en el Otro.

Según otra narración, Fátima (r.ha) vino a hablar con el Profeta (s.a.s) y le mostró sus manos hinchadas de moler harina para el pan y de traer agua desde el pozo. Pidió una sirvienta. El Profeta (s.a.s) le contestó:

– ¿Cómo puedes buscar sirvientes cuando la gente de suffah[3] y los huérfanos de los que cayeron en la batalla de Badr viven en la más estricta pobreza?

Hoy, cuando nuestros hermanos sufren opresión, desahucio, frío, hambre y sed, nos debemos preguntar cada día ¿cuál es nuestro entendimiento de la hermandad, de compartir, del auto-sacrificio y de la caridad? ¿Con cuántos pobres y cuántas veces hemos compartido la comida? ¿A cuántos enfermos hemos ayudado a curar? ¿Cuántos problemas se han solucionado con nuestra ayuda y apoyo? ¿Cuánta gente descarriada ha recibido guía de nosotros, porque les hemos abierto nuestros corazones y nos hemos esforzado en ayudarles? ¿Nos paramos alguna vez a pensar por qué estamos en este mundo? ¿Contemplamos alguna vez el misterio de nuestro nacimiento y la aventura que nos espera después de nuestra muerte? ¿Qué destino nos espera entonces? ¿Cuántas horas de la veinticuatro que tiene el día dedicamos al recuerdo de lo sagrado? ¿Estamos ocupados con lo espiritual o con lo mundano?

¡Oh Señor! Concédenos una parte de Tu amor verdadero y elévanos al rango de Tus siervos veraces cuyos corazones rebosan de amor por Ti. Concédenos la bendición de la misericordia y la caridad del Profeta Muhammad (s.a.s).

Amin.

[1]       Jaidar significa león o héroe, y es un sobrenombre que tenía el cuarto Califa rectamente guiado, Ali (r.a), quien lo recibió en reconocimiento de sus muchos actos de valor.

[2]       Es decir, se lavaba de la misma manera que antes de la salah.

[3]    Literalmente ‘galería’. La mezquita del Profeta (s.a.s) en Medina tenía una galería donde solían dormir los Musulmanes pobres. La mayoría de ellos se dedicaba al estudio y memorización del Qur’an.