El DESCONCIERTO DEL ORGULLO

Un pequeño ratón había cogido la brida de un enorme camello, y ahora caminaba orgulloso delante de éste. Debido a su carácter pacífico el camello seguía caminando como de costumbre, y el ratón, inconsciente de su propia insignificancia, pensaba: “¡Qué fuerte y qué grande soy! ¡Incluso soy capaz de llevar a los camellos!”

Así llegaron a un río. El ratón se quedó helado de miedo. Al ver lo que pasaba, el camello dijo:

“¡Oh tú que me has hecho compañía en los valles y en las montañas! ¿Por qué has parado? ¿Por qué estás tan asombrado? ¡Anda, salta al río! ¿Acaso no eres un valiente guía? ¿O es que nos vamos a quedar aquí, en medio del camino?”

El ratón tartamudeó:

“¡Amigo mío! El río es grande y profundo, y temo ahogarme.”

El camello entró en el agua y dijo:

“¡Oh ratón ciego! El agua solamente llega hasta la rodilla. ¿De qué tienes miedo?”

El ratón, al no tener otra alternativa, confesó:

“¡Oh camello! El río puede ser para ti como una hormiga, pero para mí es un monstruo. Las rodillas están a diferentes alturas en diferentes criaturas. Si pusiéremos cien piernas como las mías, una encima de la otra, apenas llegarían a tu rodilla.”

Después de haberle escuchado, el camello le dio al ratón un consejo:

“En este caso, no te dejes llevar por tu orgullo y arrogancia. Qué no te engañe la amabilidad que te he mostrado, porque a Allah no Le gustan los orgullosos. Vete con los ratones de tu tamaño.”

 El ratón se sintió avergonzado. Dijo:

“Lamento haberlo hecho. No lo volveré a hacer, pero, por favor, ayúdame a cruzar este río mortal.”

“¡Adelante! Sube a mi joroba. Será un placer para mi ayudarte y llevarte al otro lado.”

En esta historia de Mawlana Rumi, el ratón representa a los que intentan hacer cosas que les sobrepasan. El ratón es orgulloso y piensa que es mejor que todos los demás, mientras que el camello simboliza a alguien paciente, maduro e inteligente. El propósito del cuento es transmitir sabiduría y ejemplos para reflexionar. Nos lo pueden mostrar las siguientes líneas:

“Al principio el Shaytán era considerado un gran personaje entre los ángeles. Se acostumbró a esa situación y pensó que era mejor que todos los demás. Se trastornó y no se daba cuenta de ningún modo de la grandeza inherente en el mandato de Allah Todopoderoso. Vio al Profeta Adam (a.s) como un ser inferior y despreciable. Así originó su nefasto destino.”

“El cobre no sabe que es cobre hasta que llega a ser oro. El corazón no se da cuenta de sus errores y de su inferioridad hasta que alcanza cierta consistencia espiritual. ¡Hombre! Salva a tu nafs de las mazmorras de la arrogancia y del orgullo para que puedas convertirte en oro.”

Esto nos muestra que cuando la pretensión y el egoísmo entran en el corazón, se pone en marcha la idolatría del rango y la posición. Tal corazón no puede sentir compasión porque la pretensión y el egoísmo actúan como el cáncer en la vida espiritual, cuya causa es el engreimiento de la persona ante el poder Divino. Aunque no somos más que un grano de arena en un enorme desierto, olvidamos nuestras limitaciones, nos dejamos engañar con un poco de alabanza o unas cuantas oportunidades favorables, y nos vemos por encima de los demás. No es otra cosa que presunción.

Sin duda alguna el orgullo hace que la persona se vea con más poder, talento y habilidad de las que realmente posee. Pero, ¿no es algo que le ha concedido Allah? ¡Qué vergüenza que haya gente inconsciente de esta realidad! El orgullo del Faraón y Nimrud les llevó a revindicar la divinidad, por lo que recibieron el castigo Divino.

El Profeta Muhammad (s.a.s) siempre les advertía a sus Compañeros, y sobre todo después de las grandes victorias que habían conseguido, contra la vanidad; les exhortaba a ser humildes y a no presumir nunca. Después de la batalla de Badr, un gran triunfo en la lucha por Islam, primero mil, luego tres mil, y finalmente cinco mil ángeles, según el nivel de la fe de los creyentes, fueron enviados en su ayuda. Allah declara en el Qur’an:

“Ni tirabas tu cuando tirabas sino que era Allah quien tiraba.” (Al-Anfal, 8:17)

Debido a su comportamiento, el Profeta (s.a.s) y sus Compañeros son el eterno ejemplo para toda la humanidad. El Profeta Muhammad (s.a.s) más que conquistar la ciudad de Mekka, conquistó los corazones al entrar en ella, ya que no mostró la más mínima arrogancia ante aquella fulgurante victoria. De hecho se inclinó montado en su camello, sobrecogido por el sentimiento de gratitud hacia su Señor. Todas estas situaciones contienen principios. Por eso se dice: “El que conoce a su nafs, conoce a su Señor.”

Mawlana Rumi nos advierte:

“¡Oh hombre olvidadizo! Como no eres un Mensajero no puedes tener la consciencia de lo que hay más allá, y nadie te seguirá. Averigua tu sitio en ese camino y sigue tu propia línea. No vayas más allá de eso. Camina detrás de un gran guía en el camino de la verdad que sigues para que un día salgas del pozo del egoísmo y seas un sultán del discernimiento, como el Profeta Yusuf (a.s).”

“El origen del orgullo y resentimiento lo encontramos en el extremo amor por todos los deseos egoístas, por las riquezas y el brillo de este mundo que se incrustan en el nafs y se convierten en hábito. Cuando se hacen más fuertes en ti, abusas de los que intentan que los abandones y estás resentido con ellos. Incluso los idólatras convierten la idolatría en un hábito –se convierten en enemigos de los que intentan que cambien.”

¡Qué Allah nos proteja de la vanidad, y de la confusión que causan el orgullo y la arrogancia, y qué nos ponga entre los que se conocen a sí mismos, y tienen consciencia de sí mismos –los veraces que pasan la vida adorando al Creador!

¡Amin!