Desprendimiento (īthār)

Durante un viaje, ‘Abd Allāh b. Ya’far (que Allah esté satisfecho de él) se detuvo en un huerto de palmeras. El encargado del huerto era un esclavo negro. Acababan de traerle tres rodajas de pan cuando un perro se acercó a donde estaba el esclavo dispuesto a comer su provisión del día. Al verlo hambriento, le dio una de las rodajas que de inmediato se comió. Al ver lo hambriento que estaba, el esclavo le dio una segunda rodaja que se comió con la misma ansiedad, y después le dio la tercera y última rodaja. ‘Abd Allāh, que había presenciado la escena, preguntó al esclavo: “¿Qué es lo que te dan de comer al día?” El esclavo respondió: “Mi ración diaria son las tres rodajas de pan que has visto.”

‘Abd Allāh entonces le preguntó:

“¿Por qué se las has dado al perro?”

El esclavo respondió:

“Normalmente no suelen venir perros por aquí. Este ha debido venir de muy lejos. No podía dejarlo marcharse con hambre.”

‘Abd Allāl le preguntó de nuevo:

“¿Pero qué vas a comer tú ahora?”

El esclavo respondió:

“Tendré paciencia. Le he dado mi ración a esta hambrienta criatura de Allah.”

‘Abd Allāl pensó: “¡Subhān Allāh! La gente dice que soy muy generoso, pero este esclavo lo es mucho más que yo.”

Después de aquella reflexión, compró al esclavo y el huerto de palmeras; lo libero y le dio el huerto. (Esta historia está narrada en Kimyā-i Sa’ādah de Imam al-Ghazālī).

El Islam, de donde estas personas llenas de compasión y generosidad han surgido, ha hecho el zakāh (impuesto) obligatorio para combatir la enemistad y la envidia, y mantener un justo equilibrio y amor entre los ricos y los pobres. Aparte de eso, anima constantemente a dar de nuestra riqueza aunque no estemos obligados a ello, ya que es la única forma de establecer una verdadera hermandad islámica al más alto nivel.

Así, Islam permite al creyente desarrollar un rico corazón y alcanzar el cenit del desprendimiento. Tras haber testificado que no hay más dios que Allah, el objetivo del Islam es establecer una sociedad basada en la fraternidad y la inteligencia. Esta sociedad sólo puede establecerse con el desarrollo de las cualidades positivas que anidan en el corazón humano. Son esas cualidades positivas las que nos habilitan para compartir nuestra riqueza con los demás a pesar de nuestras necesidades. Ir más allá de eso significa alimentar el deseo de compartir todo lo que poseemos. Esto es lo que se llama īthār (desprendimiento) en árabe.

La misericordia es un fuego que nunca se extingue en el corazón del Musulmán. En este mundo es uno de los rasgos más excelsos del ser humano a través del cual llegamos a la unión con nuestro Señor. Un Musulmán compasivo es generoso, humilde y servicial. Al mismo tiempo, es un médico del corazón que inyecta vida en las almas de sus semejantes.

Un Musulmán compasivo es una persona siempre dispuesta a servir a los demás y es fuente de fe y esperanza para la gente que se mueve a su alrededor. El creyente está siempre luchando en primera línea para conseguir que la paz reine en los corazones de sus hermanos. Ya sea con palabras o hechos, los creyentes toman un papel constructivo contra todo tipo de miseria, daño o sufrimiento. Están siempre del lado del que sufre, del que tiene problemas, de los desamparados, ya que el primer fruto de la fe es la misericordia y la compasión. Los valores morales del ser humano están perfeccionados en el Qur’an. Por eso, cuando lo abrimos, lo primero que leemos es:

“En el nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo.”

Nuestro Señor nos ha dado la buena nueva de que Él es el más misericordioso y el más compasivo, y ordena a Sus criaturas imitarle en esos valores. A su vez, el creyente, por amor a su Señor, debe proyectar la misericordia y la compasión en todas las criaturas de Allah. La consecuencia de amar a Allah es volvernos hacia Sus criaturas con amor y compasión.

El amante de Allah ve el sacrificio como un placer y como una forma de medir el grado de amor por el Amado. Por ello, repartir nuestra riqueza con las criaturas de Allah, es una expresión de nuestro amor por Él. En verdad que hay muchos tipos de sadaqa (lo que se da por amor a Allah). El más elevado es el que ya hemos mencionado arriba, īthār (desprendimiento). Significa poner las necesidades de los otros por encima de las nuestras. Desprenderse de lo propio en favor de las necesidades de los otros, es el más elevado grado de sensibilidad al que todo creyente está obligado en su conducta social. Penetrar en el cálido clima del desprendimiento es sólo posible hacerlo si se posee un corazón compasivo, ya que desprenderse de lo propio significa dar sin temer la pobreza. Este es el estado en el que, de forma perfecta, vivían los profetas y sus Compañeros. No todos pueden llevar a cabo esta tarea de escalar altas cimas y alcanzar las más elevadas estrellas.

No obstante, teniendo en mente que cuanto más nos acerquemos a esos horizontes, más bendiciones obtendremos, incluso el más pequeño paso es una ganancia eterna que no se puede perder. Según una narración de Abū Hurayra (que Allah esté satisfecho de él), un hombre vino a donde estaba el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) y dijo:

“¡Oh Profeta de Allah! Estoy hambriento.”

El Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) envió a alguien a que fuera a una de sus esposas y le pidiera algo de comida. Pero la madre de los creyentes dijo:

“Juro por Allah que te ha enviado como Profeta que no hay en casa nada más que agua.”

Después de haber oído lo mismo de todas sus esposas, el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) se volvió a sus Compañeros y les dijo:

“¿Quién quiere tener a este hombre como su huésped esta noche?”

Uno de los Ansār contestó:

“Será mi huésped esta noche, oh Mensajero de Allah.”

Y se llevó al que estaba hambriento a su casa. Cuando llegaron, le preguntó a su esposa:

“¿Hay algo para comer?”

La mujer contestó:

“No, no hay nada, sólo un poco que había pensado dar a tus hijos.”

El Compañero dijo:

“Entonces entretenlos con algo, y si tienen hambre ponlos a dormir. Cuando entre el huésped, apaga algunas velas y le haremos creer que también nosotros estamos comiendo.”

Cuando entró el huésped, todos se sentaron a la mesa. El huésped comió hasta saciar su hambre, mientras el Compañero y su esposa pretendían estar comiendo. Toda la familia se echó a la cama con hambre. Por la mañana, el Compañero fue a donde estaba el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz). Cuando éste le vio, le dijo:

“Por lo que hiciste anoche con el huésped, Allah está satisfecho contigo.” (Bujārī, Muslim).

A pesar de que Sheij Mahmud Sami Ramazanoğlu era licenciado en derecho, nunca practicó su carrera por temor a violar los derechos de alguien. Prefirió ser librero en una librería en Tahtakale, Estambul. Cruzaba el Bósforo hasta Karakoy en barco, y de Karakoy a Tahtakale solía andar en vez de coger el autobús. De esa forma, a pesar de su precaria situación económica, podía dar el coste del billete a un pobre.

El estado de consciencia de las grandes personalidades, son bellísimos ejemplos para nosotros. Incluso haciendo pequeños sacrificios que atañen a nuestra comodidad personal, como redecorar nuestras casas y otros aspectos de nuestra vida cotidiana, podemos imitar su ejemplo y elevar nuestro nivel moral. El desprendimiento (īthār) va más allá de la generosidad (sajāwa), ya que la generosidad consiste en sacrificar una parte de nuestra riqueza que no necesitamos.

El desprendimiento, sin embargo, es dar de lo que necesitamos. La recompensa espiritual del desprendimiento está en proporción al sacrificio del creyente. Allah alabó la actitud de los Ansār que favorecieron a los Muhāyirūn (aquellos que emigraron de Mekka por Allah) y se ocuparon de sus necesidades antes que de las suyas, como ha sido expresado en la siguiente ayah:

“Y los que antes que ellos se habían asentado en la morada y en la creencia, aman a quienes emigraron a ellos y los prefieren a sí mismos, aún estando en extrema necesidad. El que está libre de su propia avaricia… Esos son los que tendrán éxito.” (Hashr, 59:9)

Una vez en la que ‘Umar ibn al-Jattāb (que Allah esté satisfecho de él) iba de camino a Jerusalén, y era el turno de su sirviente de montar el camello, insistió en que siguiera montado en él a pesar de que estaban ya muy cerca de la ciudad. Y así entraron en ella, el siervo montado en el camello y ‘Umar caminando. A través de este ejemplo vemos que el īthār no siempre es monetario, pues lo que hizo ‘Umar también es sadaqah. El desprendimiento es el más alto nivel de sadaqah; es en esencia arrancarse algo de sí mismo y dárselo a otro; es compartirlo todo con nuestros hermanos en el din. Es un tipo de sadaqah que pertenece a los Profetas, a sus Compañeros y a los creyentes nobles y sinceros. (sālihūn)

El siguiente incidente protagonizado por ‘Alī b. Abī Tālib (que Allah esté satisfecho de él) y su noble esposa Fātima (que Allah esté satisfecho de ella), es un perfecto ejemplo de lo que realmente significa el desprendimiento: Ibn ‘Abbās (que Allah esté satisfecho de él) narró que ‘Alī y Fātima ayunaron tres días como cumplimiento de la promesa hecha Allah si sus hijos Hasan y Huseyn sanaban de una enfermedad que habían contraído.

El primer día cocieron unos panes de avena para romper el ayuno. Justo cuando estaban a punto de comérselo, alguien llamó a la puerta. Era una persona hambrienta. Así, pues, le dieron los panes que habían cocido por amor a Allah y rompieron el ayuno sólo con agua.

El segundo día, también cocieron unos panes de avena y cuando estaban a punto de comérselos, llamó un huérfano a la puerta. También esta vez le dieron los panes y volvieron a romper el ayuno con agua.

El tercer día llamó a su puerta un esclavo que se encontraba hambriento y les pidió ayuda. Armándose de paciencia, le dieron los panes y de nuevo rompieron el ayuno con agua.

Este ejemplo de generosidad y desprendimiento fue confirmado y alabado en las siguientes ayaat:

“Y daban de comer, a pesar de su propia necesidad y apego a ello, al pobre, al huérfano y al cautivo: No os alimentamos sino por la faz de Allah, no buscamos en vosotros recompensa ni agradecimiento. Realmente tememos de nuestro Señor un día largo, penoso. Allah los habrá librado del mal de ese día y les dará resplandor y alegría.” (Insān, 76:8-11)

Nadie en la creación de Allah se puede comparar al Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) en generosidad y desprendimiento. Su generosidad iba más allá de lo que entiende la gente ordinaria. Era generoso con su conocimiento, su riqueza y su corazón, sacrificándolo todo en el camino de Allah, explicando el din, guiando a la gente al camino recto, alimentando al hambriento, aconsejando al ignorante y ayudando al necesitado aligerándole de su carga. (Altinoluk Sohbetleri, VIII, p. 56)

Safwān b. Umayya, uno de los más conocidos paganos entre los Quraysh, estuvo con el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) durante las batallas de Hunayn y Tā’if, a pesar de que no era Musulmán. Mientras caminaban en Yīrāna, el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) vio que Safwan miraba sorprendido el botín que se había obtenido. Le preguntó:

“¿Te gusta?”

Cuando contestó

“Sí”

el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) le dijo:

“¡Cógelo! Es todo tuyo.” Ante tal actitud, Safwān tomó la shahāda y se convirtió al Islam diciendo:

“Ningún corazón, a excepción del de un Profeta, puede ser tan generoso.” (Islam Tarihi, p. 474)

El desprendimiento representa el más alto nivel de generosidad que se puede alcanzar. Tenemos que recordar que, a través de tales actos de generosidad por parte del Profeta, sus Compañeros, y las generaciones que les siguieron (que Allah esté satisfecho de todos ellos), mucha gente aferrada a la incredulidad se convirtió al Islam; muchos de los que eran enemigos, se hicieron hermanos.

El desprendimiento refuerza el amor de los creyentes por los creyentes. El Profeta de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) nunca rechazó una petición si estaba en su mano el poder concederla. Una vez tenía noventa mil dirhams. Los puso en una esterilla y los fue distribuyendo entre la gente necesitada que acudía a él.

La Cualidad de Dar Libremente (birr)

La cualidad de ser capaz de dar libremente, llamada birr en el Qur’an, es también una noble forma de compartir lo que se tiene con otros como el īthār.

El Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz), que es el ejemplo ideal de todas las cualidades morales, fue también una incomparable personalidad en esta virtud. La siguiente historia nos muestra su enorme sensibilidad y preferencia por sus hermanos Musulmanes antes que por él.

Un día, el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) preparó dos cepillos de dientes de un miswāq (palito para limpiarse los dientes). Uno de ellos era muy recto y de aspecto agradable, mientras que el otro estaba muy retorcido. El Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) le dio el mejor a uno de sus Compañeros, y él se quedo con el peor. El Compañero al ver eso le dijo:

“Este es mejor para ti, oh Mensajero de Allah.”

El Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) le respondió:

“Todos seremos preguntados si respetamos los derechos de amistad del otro aunque sólo hubiéramos andado juntos una hora.”

De esta forma, nos mostró que esos derechos sólo pueden ser respetados si se comprende debidamente el īthār y el birr y se elige la necesidad de un hermano Musulmán por encima de la nuestra (Ihyā’ ‘Ulūm al-Dīn, V.II, p.435).

La siguiente historia es otro ejemplo de este tipo de sadaqah. Un día, los Compañeros estaban reunidos con el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) en la mezquita, y le escuchaban atentamente. El Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) recitó la siguiente ayah:

“No alcanzaréis la virtud hasta que no deis de lo que amáis. Y cualquier cosa que deis, Allah la conoce.” (Al ‘Imrān, 3:92)

Los Compañeros que estaban oyendo las palabras del Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) sintieron esas palabras caer en lo más profundo del corazón. Querían ver si eran capaces de dar de aquello que amaban. De repente, uno de los Compañeros se levantó. Era Abū Talha (que Allah esté satisfecho de él), y su rostro brillaba con la luz de la fe. Tenía un campo con seiscientas palmeras datileras que estaba muy cerca de la mezquita del Profeta. Abū Talha amaba mucho ese huerto. Solía invitar al Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) al jardín que allí había y recibir así sus bendiciones. Abū Talha dijo:

“¡Mensajero de Allah! De todas mis propiedades la que más amo es ese campo que tú conoces a la perfección. Pues bien, lo dono al Mensajero de Allah para que él disponga del campo de la forma más conveniente.”

Después de haber pronunciado esas palabras se fue al campo para formalizar su decisión. Cuando llegó, se encontró a su esposa sentada a la sombra de uno de los árboles. Abū Talha no entró. Su esposa le inquirió:

“¡Oh Abū Talha! ¿Por qué te quedas fuera?”

Abū Talha le contestó:

“No puedo entrar; y tú deberías coger tus pertenencias y salir también de aquí.”

Tras escuchar tan insólita respuesta, su esposa le preguntó:

“¿Acaso no es nuestro este campo?”

Abū Talha le contestó:

“No, desde ahora este campo pertenece a los pobres de Medina.”

Después le recitó la ayah que el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) les había recitado, y le explicó que por ello había donado el campo que más amaba. Al escuchar aquellas palabras de su esposo le preguntó:

“’Oh Abū Talha! Has dado este campo en tu nombre o en el de los dos?”

Abū Talha contestó:

“En el de los dos.”

Su esposa sintió una gran alegría y le dijo:

“¡Que Allah acepte tu donación, Abū Talha! Muchas veces, cuando veía a la gente pobre merodear por este lugar, pensaba que debeíamos ofrecer este campo para que ellos pudieran beneficiarse de él, pero no encontraba el valor para proponértelo. Ahora mismo salgo de aquí.”

Es difícil imaginar el clima de felicidad que reinaría en el mundo si este tipo de actitudes se generalizase y se enraizase en los corazones de la gente. Imagínate la belleza que se desprendería de esta generosidad constante. Abū Talha entendió el mensaje que el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) les había dado, por eso no dudó en llevar a cabo aquel sacrificio.

El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) animaba a dar sadaqah incluso a los que poseían muy pocos bienes. Por ejemplo, solía decirle a Abū Dharr –a pesar de ser uno de los Compañeros más pobres-

“cuando hagas sopa echa mucha agua y compártela con tus vecinos.” (Muslim, Birr, 142)

El creyente debe iluminar como ilumina la luna en la oscuridad con su generosidad, su desprendimiento, su amabilidad, su compasión, su entusiasmo, dando sin cesar y compartiendo sus bienes con sus hermanos Musulmanes. Hay una clara necesidad de ser generosos y desprendidos en estos tiempos de crisis que vivimos y que ha dejado a muchos hogares en la miseria.

No deberíamos olvidar que podríamos ser nosotros uno de esos que ahora se encuentra en la pobreza y la necesidad más imperiosa. Por ello, deberíamos dar gracias a Allah por poder dar a los que sufren algún tipo de dificultad, a los que están solos, enfermos, incapacitados para poder valerse por sí mismos. Debemos compartir lo que Allah nos ha dado con los necesitados, para que la felicidad que propiciamos en sus corazones sea un medio para nosotros de progresar espiritualmente en este mundo, y una fuente de dicha en la otra vida.

¡Oh Señor nuestro! Permite que todas las clases de misericordia sean nuestro interminable tesoro espiritual.

¡Oh Señor! Guíanos hacia esa vida de continuo desprendimiento que fue la de nuestro Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz), la de sus Compañeros y la de los nobles y sinceros creyentes que les han seguido.
¡Amín!