Desde El Espejo Del Corazón

          Los que tienen corazones puros son libres de colores y olores.

          Perciben fácilmente la belleza en cada respiración.

          Dejaron tras de sí la decoración en la concha del conocimiento.

          La sustituyeron por la bandera de la certeza de un testigo.

          Rumi

Los chinos dijeron: “Somos los mejores artistas.” Los turcos dijeron: “Nosotros tenemos la superioridad en poder y excelencia.” El Sultán dijo: “Os pondré a prueba para ver quién tiene la razón.” Empezó el debate entre los dos partidos, los turcos se retiraron de él.

Después los chinos dijeron: “Danos por favor una habitación, y aposentaos vosotros en otra.” Había dos habitaciones a dos lados de un pasillo, con las puertas una en frente de la otra. Los chinos estaban en una, y los turcos en la otra. Los chinos pidieron al Sultán que les concediera cien colores, y el Sultán mandó abrir el tesoro (para darles lo que habían pedido). Cada mañana, por su generosidad, los colores les llegaban a los chinos. Los turcos dijeron: “Nosotros no necesitamos colores para nuestro trabajo. No necesitamos nada más que eliminar la herrumbre.” Cerraron la puerta y se pusieron a limpiar –la habitación se volvió clara y pura como el cielo. Hay conexión entre lo multi – color y lo incoloro. El color es como una nube. Lo incoloro como la luna. Aunque veas luz y esplendor en las nubes, haz de saber que viene de las estrellas, del sol y de la luna.

Cuando los chinos hubieron acabado su trabajo, se sintieron exultantes de alegría. Entró el Sultán y admiró el cuadro. Lo que encontró era de una belleza insuperable que casi le cegó. Luego fue a los turcos. Éstos levantaron la cortina y se vieron reflejados los dibujos chinos y otras obras de arte en las paredes puras y libres de cualquier mancha. Todo lo que había en la habitación china, aquí aparecía aún más bello; su magnificencia dañaba a la vista. Los turcos, o padre, son los creyentes sinceros. Carecían de estudio (independiente), libros y erudición. No obstante lograron bruñir sus pechos, los purificaron de los deseos, del odio, de la arrogancia, de la avaricia, del orgullo y todas los demás imperfecciones de este mundo. La pureza del espejo está, fuera de toda duda, en el corazón capaz de recibir imágenes sin fin.

Allah el Elevado le ordenó a Musa (a.s):[1]

“¡Oh Musa! Pon la mano en el pecho. Saldrá de un blanco puro y perfecto.”

Musa (a.s) obedeció la orden y todos vieron que su mano estaba blanca como “el sol de este mundo”, radiante de luz. Musa (a.s) llevaba en el pecho el reflejo del infinito informe del No-Visto. Las esencias y atributos de lo ilimitado solamente se pueden reflejar en un corazón que ha sido purificado y pulido, librado de todo tipo de impurezas mundanas. Sabed que la morada del reflejo del corazón contiene los atributos de lo ilimitado igual que la belleza del misterio Divino que puede reflejarse en él. El espejo del corazón lleno de las manifestaciones de su Señor es un lugar donde se refleja lo infinito. Los que han purificado sus corazones han evitado el olor y el color: contemplan la Belleza en cada momento y en cada instante. Han renunciado a la forma y a la cáscara del conocimiento, y han alzado la bandera del “ojo de la certeza” –aine’l yakin.

El Profeta Muhammad (s.a.s) dijo en una ocasión:

“Me preocupan tres cosas que le puedan ocurrir a mi ummah después de que yo muera:

– las desviaciones causadas por los deseos y las pasiones,

– la obediencia a los deseos del estómago y a las mujeres,

– el estado de negligencia después de haber recibido el conocimiento.

El conocimiento, ilm, depende de los libros, pero la sabiduría y el conocimiento Divino, ‘irfan, consiste en su interiorización y perfección. Por esa razón los que no elevan su conocimiento hasta el nivel de ma’rifah, conocimiento Divino, están en peligro de caer en la superficialidad y en la aridez. Visto con el ojo del corazón, el universo está lleno de objetivos sutiles y delicada sabiduría, y este mundo, en todas sus manifestaciones, es como un aula escolar donde aprender la fe, rebosante de exámenes para verificar nuestro dominio de esta materia. Solamente cuando logramos salir airosos y conseguir que se abra el ojo de nuestro corazón, se nos puede revelar el objetivo latente de nuestra creación con todo su brillo.

Los que fallan y pierden la decencia en las turbulencias y extravagancias de este mundo, a pesar de la existencia de la guía divina, se convierten en grandes perdedores. Pierden el patrimonio Divino, su innata disposición esencial, y se privan de la verdadera vida y felicidad. Pierden talla, caen en la depresión, y finalmente se consumen en los remolinos de los deseos.

Allah el Más Elevado anunció la realidad incontestable del Más Allá:

“¡Pero no! Ya sabrán, sabrán de verdad.” (Naba, 78:4-5)

Es la manifestación de la Divina generosidad y providencia el hecho de que Allah haya enviado a la humanidad a los profetas para enseñar y ayudar por medio de su ejemplo, conocimiento, guía y conducta. Cada ser humano capaz de mirar atentamente por un segundo alrededor suyo comprenderá inmediatamente que su propia existencia es la confrontación con un poder visible y claramente inmenso. Dado que cada una de sus respiraciones está bajo Su dominio, es absurdo e inútil negar el Más Allá. Cualquiera que tenga razón y se proponga contemplar el final de su vida, se dará cuenta de que es necesario, dada la naturaleza de la creación, que limitemos nuestros deseos y pasiones, y dirijamos nuestro amor hacia el propósito Divino que está detrás de nuestra existencia.

Las expresiones que encontramos caligrafiadas en las paredes de las mezquitas y hospedajes, tekke, sirven como señales de la verdad y como advertencias. Citemos algunas de ellas: “Muestra tolerancia por Allah.” “También esto pasará.” “Ten cuidado con tu conducta.” Cada una de ellas termina con “Ya Hu”, es decir “Oh Allah”. Sus significados exactos los comentaremos a continuación.

“Muestra tolerancia por Allah” es una exhortación a no herir a ninguna criatura y a intentar no ser herido por ninguna de ellas. Es la consecuencia natural de la pureza del corazón. Lo expresan los siguientes versos:

“Es el objetivo de los seres humanos y de los yin en el jardín del mundo, ni herir a nadie, ni ser por nadie herido.”

Desde otra perspectiva significa: “Abandona el mundo de la causalidad y conténtate con el placer de la voluntad Divina.” No obstante, hay que recalcar que la tolerancia de la que hablamos aquí es por los errores que se merecen el perdón del Señor. Aquellas transgresiones y actos de corrupción deliberados, cometidos abiertamente contra la sociedad, no pueden tolerarse. El comportamiento trasgresor es el resultado de la falta de apreciación de los regalos de Allah, lo cual provoca la ira del Señor.

La expresión “también esto pasará” nos guía al siguiente significado: ¡Oh hombre! Las tristezas y alegrías que llegan hasta ti son como los invitados. ¡No pienses que durarán! Qué no te molesten las tristezas de la vida, porque se desvanecerán. Qué no te embriaguen las alegrías, porque también ellas tienen su límite. Eres como una casa de hospedaje y tus huéspedes, tus aflicciones y alegrías, vienen y van. Éstos no te pertenecen solamente a ti. También les pertenecen a los que vendrán después de ti. Son propiedad transferible. Por lo tanto, no se merecen tu atención, ya que ésta puede hacer que te ahogues en el mar del dolor.”

Rumi (K.s) dijo:

“¡Oh tú, que buscas la verdad! ¡Tus aflicciones deberían hacerte feliz! Son las herramientas que el Amado te manda para que te reúnas con Él, ya que uno recuerda a Allah y busca refugio en Él cuando experimenta aflicciones.”

“La tristeza es un tesoro. Tus enfermedades y otros problemas que tienes son todos tesoros.”

“La aflicción es una brisa bendita que sopla sobre el espejo del corazón para quitar de él el polvo. No la compares nunca con los vientos dañinos.”

“En este camino del amor solamente se acuerda de mí la tristeza. Le doy mil gracias.”

Otro poeta que entendió este secreto intentó explicarlo en las estrofas que citamos a continuación. Este poema nos dice que todo lo que viene del Amado es una bendición. Incluso la aflicción existe por miles de buenas razones. Las ha preparado el Amado para distinguir entre los falsos amantes, cuyo único capital consiste en pretender y hablar, y los amantes verdaderos que se pierden en Él:

“La descortesía del Amado es meramente la expresión de lealtad, no de crueldad.

El que tacha al Amado de descortés no es amante verdadero.”

Es así porque las tristezas y el dolor que la gente común percibe como castigos son de hecho dones Divinos a los ojos del amante de Allah. Los corazones tristes se acuerdan más de Allah y se nutren de la fuente de sumisión. Y Allah bendice sus corazones con la felicidad duradera, concediéndoles excepcionales regalos a causa de su dependencia e intimidad espiritual.

Basándose en esta verdad esencial, Rumi (K.s) advierte a los buscadores de la verdad:

“¡Oh ruiseñor! ¿Cuánto tiempo más te vas a lamentar porque es invierno? ¡Oh ruiseñor! ¿Crees que es correcto llorar tanto por nada? Si tu corazón pertenece realmente al Amado, abre los ojos y agradece. Recuerda la lealtad. Habla de la rosa, no del rosal. Olvida las raíces y el cuerpo de la rosa, concéntrate en su personalidad. ¿Por qué te preocupa tanto el mundo transitorio? ¿Acaso no es tu destino final el más allá del más allá?”

La expresión “¡Adab Ya Hu!” significa “¡Compórtate bien por Allah!” y estimula a la persona a seguir las normas de la conducta espiritual en su comportamiento. Éste es uno de los objetivos del tasawwuf. La primera norma de esta conducta se refiere a Allah. Enseñando al individuo cómo comportarse con respecto a Allah, transforma una persona inmadura en un ser humano perfecto. La segunda norma tiene relación con el Profeta Muhammad (s.a.s). En la surah Huyurat y en otras más, Allah exhorta a los creyentes a tenerlo muy en cuenta.

Los principios de la conducta espiritual se expanden, mientras aumenta nuestro entendimiento y se vuelve más perfecto, para incluir a los maestros, parientes, y otros creyentes hasta que llegan a englobar a todas las criaturas. Sufian Thawri dijo: “El buen comportamiento extingue el enfado de Allah.”

Ibn Abbas (r.a) dijo: “El primer principio del comportamiento es seguir las ordenes de Allah y alejarse de lo que ha prohibido tanto en la dificultad como en la facilidad.”

También se dice que “hay tres cualidades que, cultivadas, nos ayudan a recibir la bendición Divina:

  1. tener buen comportamiento,
  2. estar con los que lo tienen,
  3. no herir a los demás.”

El poeta habla de la buena conducta de esta manera:

“El buen comportamiento es la corona de luz de Allah.

Ponla y estarás protegido de todos los males.”

Yunus Emre lo expresó de la siguiente manera:

“Buscaba el conocimiento entre la gente de buen corazón, y aprendí que, allí donde hay buena conducta, cualquier profesión es aceptable.”

Basándose en este principio algunos creyentes sinceros han definido el tasawwuf como “puro comportamiento”.

Jatam al-Asamm ha utilizado el siguiente ejemplo para ilustrarlo:

“Un día se encontró un sheij con una mujer. La mujer era débil físicamente, tenía aspecto pobre y parecía tener muchos problemas. Nerviosamente, intentaba explicárselos cuando ventoseó. Estaba tan incómoda que no sabía que hacer; no podía seguir de ninguna de las maneras. El sheij se volvió hacia ella, la miró y dijo tranquilamente:

– No le oigo bien porque tengo problemas de oído, por favor hable más alto. Soy casi sordo.

La mujer se pudo relajar y terminar lo que estaba diciendo. Este incidente fue la causa de que el sheij recibiera el sobrenombre de ‘asamm’, el sordo. Después, y hasta la muerte de aquella mujer, el sheij Khatam seguía comportándose como si fuera sordo para que la mujer no descubriera lo que realmente había pasado y no volviera a sentirse avergonzada. Cuando la mujer murió, les dijo a todos los que estaban a su alrededor:

– Ahora ya puedo oír. Podéis dejar de gritarme.

Los ejemplos de exquisita conducta, derivados del ejemplo del Profeta Muhammad (s.a.s), son innumerables en la vida de los amigos de Allah. Ibn Ata (r.a) dijo al respecto:

“El que adopta el comportamiento de la gente de corazón puro, anda sobre la alfombra de las bendiciones. El que adopta el comportamiento de los amigos de Allah tiene una alfombra que refleja los estados espirituales de su amistad con Allah. El que adopta el comportamiento de los Profetas, su alfombra es la alfombra de la intimidad con Allah. Y el que carece de buena conducta, carece de todo lo que es bueno.”

El gran maestro Rumi (K.s) dijo:

“El que no asume una conducta adecuada no es un ser humano. Es así porque la diferencia entre un ser humano y un animal está en el comportamiento. Abre los ojos y lee el Qur’an, el Libro de Allah, con más cuidado. Verás que sus versículos hablan de la buena conducta.”

La palabra “nada” indica liberación del nafs. Es el primer paso hacia la toma de consciencia de los secretos Divinos consistente en elevarse por encima del comportamiento egoísta y de los deseos mundanos. Por lo tanto, un punto preliminar en el proceso del crecimiento espiritual es el de alcanzar el grado de ser “nada”.

Uno de los propósitos del Islam es el de preparar al creyente para ser testigo de su “nada” ante la gloria y la omnipotencia Divinas. De vez en cuando Allah recuerda a sus siervos esta verdad por medio de varias pruebas. Por ejemplo, hizo que uno de sus grandes profetas, Suleyman (a.s), permaneciese muerto sobre su trono durante un tiempo para recordarle su impotencia. Allah les dice a los seres humanos:

“¿Acaso no hubo un tiempo para el hombre en el que no fue nada, ni siquiera un recuerdo?” (Insan, 76:1)

“Los dones que tenéis vienen de Allah. Sin embargo, cuando os toca algún mal, es cuando Le imploráis. Y después, una vez que se os ha librado del mal, hay una parte de vosotros que asocian a su Señor.” (Nahl, 16:53)

La “nada” incluye contemplación de estas ayah. De lo contrario, se está en peligro de no poder protegerse de la negligente reivindicación de ser dios, como fue el caso de Faraón y Nemrod.

Bayazid Bastami (K.s) ilustró el estado de la “nada” con la siguiente súplica:

“¡Oh Señor! Aparta mi nafs de nosotros para que se pueda perder en Ti y para que pueda ser nada. Ya que si estoy contigo, estoy con todo. Y si me rebelo y pierdo en todo, no puedo estar contigo. Sería para alguien que está en Tu camino la mayor vergüenza.”

Por su parte, Muhammad Untada empezó el entrenamiento de Aziz Mahmud destinándole a limpiar baños y a vender hígado en el mercado de Bursa. El propósito de tales obligaciones era sumergirle en el sentimiento de la “nada”, ya que hasta entonces se dedicaba a la muy respetada profesión de qadi (juez). Con el tiempo, Aziz Mahmud alcanzó tal nivel de perfección que llegó a aconsejar a los sultanes otomanos. Por esa razón su maestro le solía llamar Hudai, es decir hombre guiado.

Abdulqadir al – Gilani vivía aislado en las ruinas de Bagdad con el propósito de alcanzar la “nada”.

En el curso de su búsqueda de la “nada”, Shah Naqshiband (K.s) cuidó de los animales enfermos durante siete años; cuidó de los hombres enfermos durante otros siete años, y después pasó otros siete años limpiado las calles. Shah Naqshiband ha contado sus estados y su lucha por la purificación del nafs de la siguiente manera:

“En los comienzos de mi búsqueda, cuando mi ansiedad era muy grande, conocí al gran maestro Amir Qulai, quien me dijo: ‘Intenta reparar los corazones. Sirve a los pobres. Protege a los corazones rotos. Son gente abandonada por los demás. No obstante viven en el estado de perfecta tranquilidad, humildad, y desinterés. Ve y encuéntralos.’”

Seguí la orden de este gran maestro y trabajé en el camino que había trazado durante mucho tiempo. Después, me ordenó servir a los animales, curándolos. Me ordenó limpiar y vendar sus heridas, sin ninguna ayuda y con sinceridad. Cumplí también con esta tarea, siguiendo sus instrucciones al pie de la letra. Por aquel entonces mi nafs estaba en tal estado que cuando me encontraba con un perro, paraba para dejarle pasar. No podía ir por delante de él. Este estado continuó durante siete años. Luego me pidió que sirviera a sus perros con lealtad y respeto, sin pedirle ayuda a nadie. Dijo: ‘Alcanzarás gran felicidad de esta manera.’ Recibí esta orden como un gran regalo. Me esforzaba lo más que podía. Entendí el significado de lo que dijo y esperaba la buena nueva. Un día fui a atender a uno de los perros. Sentí algo en mi pecho. No pude contener las lágrimas, mientras el perro levantó la cabeza para mirarme. Era como si fuera Kitmir, de los Siete Durmientes. Mientras lloraba, el perro se tumbó en el suelo, con las patas hacia el cielo. También lloraba y emitía ruidos tristes. Abrí las manos y dije ‘Amin’. Se tranquilizó y volvió a su posición normal.

En uno de esos días, salí de casa y comencé a andar. Por el camino vi a un camaleón cuyo color se estaba cambiando según el color de la luz del sol. Su quietud y serenidad me impresionaron profundamente. Parecía estar bajo los efectos de la comprensión espiritual. Me dije: ‘Le pediré intercesión a este animal en el Día del Juicio. Este animal bendito debe de estar en el nivel de poder interceder por los demás.’ Seguí contemplándole unos instantes más con sincero respeto. Elevé mis brazos. El animal se puso de espaldas y miró al cielo. Entonces dije: ‘Amin.’

Luego mi maestro me pidió que limpiase los caminos y las calles de todo que pudiera molestar a los transeúntes. Me dediqué a esta tarea durante siete años; mi ropa siempre estaba cubierta del polvo de las piedras y de las calles que limpiaba.

Resumiendo, hice exactamente lo que me decía mi maestro Amir Qulal, y lo hacía con absoluta sinceridad y lealtad. Mi nafs alcanzó gran placer espiritual y mi estado cambió radicalmente.” (Al-Hadiqatu’l Wardiyya, p. 545-547)

Otro ejemplo lo tenemos en el imam Ghazzali quien decidió vivir en el estado de la “nada” durante un tiempo para poder acercarse al Señor, ya que en cuanto al conocimiento, había alcanzado el cenit.

Después de conceder el triunfo en la batalla de Badr, al Profeta Muhammad (s.a.s) y a sus Compañeros, Allah les recordó su “nada” en la siguiente ayah:

“Y no los matasteis vosotros, Allah los mató. Ni tirabas tu cuando tirabas sino que era Allah quien tiraba.” (Anfal, 8:17)

El poder que cada uno detenta depende de como esté predestinado en el Plan Divino. Por esa razón se dice: La hawla wa la quwwata illa billah al-aliyy al-azim (No hay fuerza ni poder a parte de Allah el Glorioso).

Es así porque todo cuanto existe ha llegado a manifestarse solamente a causa de la generosidad de Allah. Así mismo, todo lo que las criaturas poseen proviene también de su Creador. La universal voluntad Divina controla todos los acontecimientos y a todas las criaturas. Incluso el origen de la voluntad de las criaturas proviene del Creador. Al llegar a este mundo, los seres humanos disfrutan de una voluntad propia limitada y de la capacidad de hacer tanto el bien como el mal. El poder de controlar esta voluntad limitada también les ha sido concedido por su Creador.

Rumi (K.s) dijo:

“¿Qué es esa reivindicación de la superioridad de unos sobre otros? Al analizarlo en profundidad, ¿no estamos acaso todos a las puertas del mismo palacio? ¿No dice Allah: ¡Oh gente! Sois todos pobres, y solamente Yo soy rico?”

Yunus Emre explicó de esta excelente manera la base de esta misma verdad:

El conocimiento es el conocimiento de lo que es el conocimiento.
El conocimiento es conocerse a sí mismo.
Si no te conoces, ¿cuál es el propósito de estudiar?

El Mensajero de Allah (s.a.s) dijo en una ocasión:

“Si lográis mostrarle a Allah el respeto que se merece, llegaréis a saber cosas con el conocimiento verdadero. Si conocéis a Allah de verdad, moveréis las montañas con vuestras súplicas.”

Imam Ghazzali, quien en su tiempo estaba en la cima de las ciencias islámicas, relató su propia experiencia de la siguiente manera:

“Me interesaba tanto por las ciencias religiosas como por las racionales. Tenía muchos discípulos. Contemplando mi condición, me di cuenta de que tenía muchos problemas. Examiné mi intención de buscar el conocimiento y comprendí que mi intención no era pura, sino que estaba mezclada con el deseo de alcanzar un alto estatus social y una grabn fama. Llegué a pensar que aquello me destruiría a nivel espiritual. Estaba en el borde del abismo. Me dije a mi mismo: Actúa rápidamente porque no te queda mucho tiempo. El conocimiento que has acumulado es falso si no lo pones en práctica. Si no eliminas las ataduras innecesarias y limpias tu camino de obstáculos, ¿cómo vas a terminar tu vida? Mi estado espiritual cambió. Sentía asombro, estaba lleno de tristeza y lloré durante seis meses. Mi corazón estaba apenado y me di cuenta de mis debilidades. Vi cómo se derrumbaba mi voluntad. Busqué refugio en Allah y Le supliqué ardientemente como alguien que tiene una enfermedad incurable. Al final Allah aceptó mi súplica y despertó mi corazón, tal como lo menciona la siguiente ayah del Qur’an:

“Quién responde al que se ve en necesidad llevándose el mal y os ha hecho representantes (Suyos) en la tierra?…” (Naml, 27:62)

Desaparecieron de mi corazón todos los deseos de alcanzar riquezas y fama. Les di la espalda. Dediqué mi tiempo al recuerdo de Allah, al retiro, a la soledad, a la lucha contra el nafs, a su purificación y a perfeccionar mi comportamiento. Llegué a saber con absoluta certeza que aquellos que alcanzan la unión con Allah siguiendo el camino correcto son los creyentes sinceros. Se caracterizan por su conducta ejemplar, cuya forma externa e interna toman de la luz del Profeta (s.a.s). No hay luz por encima de la luz de la Profecía.” (Ghazzali, al – Munqid min al – Dalal)

Por esa razón, Rumi (K.s) afirma que las buenas palabras de los que no actúan son como las ropas prestadas.

El Profeta Muhammad (s.a.s) dijo:

– Cuando la luz entra en el corazón, éste se expande.

Le preguntaron:

– ¿Cuál es el signo de tal situación?

Contestó:

– El abandono de este mundo transitorio; añoranza por el mundo eterno del Más Allá; preparación para la muerte antes de que llegue.

El Compañero Zaid ibn Hariza dijo:

“Cuando abandoné los deseos mundanos mis días se hicieron sedientos y mis noches insomnes. Llegué a sentir algo como la presencia del Trono de mi Señor, y la de la gente del Paraíso que alegremente se visitan unos a otros, y la de la gente del Fuego que se odian unos a otros”.

A continuación presentamos unas cuantas reflexiones del imam Ghazzali:

“Gastar los dones de Allah en la causa que Le complace equivale a agradecerle, mientras que gastar lo que Allah te ha dado en lo que Le disgusta equivale a ser desagradecido.”

“Las verdaderas dificultades están en las acciones erróneas y en la incredulidad. Los otros problemas no son tan sustanciales. Conllevan bendiciones que puede que no veamos en un primer momento.”

“Cuando quieras decir algo –haz una pausa y piensa. Si consideras que vas a tener que dar cuentas a Allah en caso de no decirlo, entonces dilo. Si no, mantente en silencio.”

“La persona inteligente debería decirle a su nafs:

– Mi único capital es mi vida. El aliento que sale del cuerpo nunca vuelve. El número de respiraciones es limitado y está en continua disminución. Por ello, ¿puede haber algo peor que no seguir el camino correcto?”

“Protege tus órganos de los actos haram (ilícitos) como si fueras a morir mañana.”

“¡Mantente despierto! Si dices que te arrepentirás y harás buenas acciones más tarde, piensa que la muerte puede venir antes. Te puedes arrepentir de tu elección. Si piensas que es más fácil arrepentirse mañana que hoy, estás equivocado.”

“Si las acciones en este mundo impiden a alguien trabajar por el Más Allá, está en una profunda dificultad. Su vida será mísera. Es como alguien que acepta un cuenco de barro a cambio de una copa de oro.”

Imam Ghazzali explica en el siguiente pasaje la imposibilidad espiritual de que alguien pueda supervisar adecuadamente su propio nafs:

“La palabras jalq, creación, y julq, derivan de la misa raíz. Una se refiere al mundo externo y la otra al mundo interno. Jalq es la forma que podemos conocer a través de los sentidos. Julq está oculto y no se puede conocer a través de nuestra percepción externa. La verdadera identidad de la persona está en su carácter, en su modo de vida, y en su naturaleza. Al margen de lo que cada uno de nosotros pueda esconder bajo las apariencias, un día u otro su verdadera identidad saldrá a la luz.”

De la misma forma que necesitamos un espejo para ver nuestro aspecto exterior, así también necesitamos un espejo para nuestro corazón –la compañía de los creyentes veraces actúa como una diagnosis continua, y es cura para nuestro mundo interior, nuestro carácter, y nuestras inclinaciones.

Si uno desea saber si es amado por Allah o, por el contrario, Allah lo mantiene alejado de Sí, debería examinar minuciosamente su mundo interior –la cercanía con Él depende del grado con el que Le sintamos en el corazón y seamos testigos maravillados de Su poder. Por esa razón, uno debería estar siempre atento a la purificación de su nafs para que puedan aparecer en su corazón las manifestaciones de la luz Divina que destruyan las pasiones y los deseos.

El Todopoderoso ha dicho:

“Qué habrá triunfado el que lo purifique (al nafs).” (Shams, 91:9)

Dijo el Profeta Muhammad (s.a.s) al respecto:

“El creyente es un espejo para el creyente.”

Según este hadiz los creyentes veraces cumplen con respecto a nuestro nafs la función de espejos claros, sin ninguna mancha. Dicho de otra manera, los que buscan pueden observar la realidad de su condición y su esencia en el rostro de estas personas. No es una observación material ya que el espejo del corazón va más allá de la dimensión material. En él se pueden ver los misterios de los mundos interiores en los que no hay otras formas que los reflejos de la Luz de Allah. Por lo tanto, los buscadores de la verdad y el conocimiento reciben la recompensa de este espejo y llevan la belleza y la alegría en sus corazones. Son capaces de auto-sacrificarse. Se despiden de su nafs y, en consecuencia, absorben las bendiciones de Allah, hasta que llegan a estar completamente inmersos en Él. Por esta razón, es imprescindible la compañía de los siervos veraces de Allah, e interiorizar su conducta. Yunus Emre dijo al respecto:

“La shari’ah, la ley de Islam, y el dhikr, son los caminos de los creyentes sinceros y, sin embrago, la Verdad y el conocimiento Divino están fuera de ellos.”

El gran maestro Rumi (K.s) también se dio cuenta de que era necesario estar siempre en compañía de los siervos sinceros de Allah, wali, aquellos que han conformado su vida según el modelo del Profeta Muhammad (s.a.s), para poder superar los obstáculos del nafs, alcanzar el conocimiento Divino y completar la inmersión en la Verdad. Lo ha ilustrado con el siguiente ejemplo:

“¿Cómo puede una navaja formar y esculpir su mango sin la ayuda de otra navaja? Muestra tus heridas a un verdadero cirujano del corazón. No puedes curarlas tú solo.

Consulta un médico en lo referente a tu salud física, a tus sentimientos mundanos y a tus pensamientos, pero en cuanto a la salud de tu nafs y los sentimientos que te pueden elevar hasta la eternidad, consulta a los siervos veraces de Allah.

Pon dos dedos tuyos sobre tus ojos. ¿Podrás ver algo de este mundo? El hecho de que no puedas verlo no significa que este mundo no exista. La falta de visión en este caso es una desgracia que se debe a los dos dedos de tu nafs.

Primero, quita los dedos de tus ojos. Entonces podrás ves todo lo que desees. Un ser humano es como un ojo. El resto es el carruaje. Cuando decimos un ojo nos estamos refiriendo a la visión del Amado.

Antes de leer el Qur’an y los dichos del Profeta (s.a.s), enderézate. Si una bella fragancia no te llega desde el rosal, no culpes al rosal sino a tu corazón y a tu nariz.

Solamente aquellos que han quemado su nafs y sus deseos mundanos -y de esto modo se han sacrificado por el Qur’an- pueden entender sus significados.”

Rumi (K.s) ha explicado que el secreto de alcanzar la estación en la que el nafs ya no domina nuestra existencia –fana, es la completa sumisión:

“El agua del mar lleva sobre su espalda un cadáver que le está totalmente sometido. ¿Cómo puede salvarse de los brazos del mar alguien que está vivo y abriga la más mínima vacilación? Si te purificas de los deseos egoístas siguiendo la guía espiritual de ‘morir antes de que te llegue la muerte’, el mar de secretos te llevará sobre su espalda.”

El objetivo de cada ser humano que está en este mundo es conocer a su Creador y adorarle. El camino hacia el fondo de estas realidades comienza con la experiencia incluso de la más pasajera fragancia del jardín del conocimiento Divino. Para progresar hacia la adoración pura uno se debe mantener al margen de las atracciones y pasiones efímeras de este mundo. Por ejemplo, una advertencia al respecto estimuló a Ibrahim Adam a entrar en el camino de la rectitud.

Era medianoche e Ibrahim Adham dormía en su trono. De repente, le despertó un fuerte ruido que llegaba desde el tejado. El Sultán se levantó y gritó:

– ¿Quién está allí? ¿Qué haces allí, en el tejado, a estas horas de la noche?

Le llegó una voz que decía:

– ¡Estamos buscando a un camello perdido!

Ibrahim Adham volvió a gritar, esta vez muy enfadado:

– ¡Idiotas! ¿Cómo es que estáis buscando un camello en el tejado?

A lo que oyó la siguiente respuesta:

– ¡O Ibrahim Adham! Sabes que es imposible buscar un camello en el tejado, pero ¿acaso sabes también que es igualmente imposible buscar a Allah mientras estás sentado en tu trono, vestido de seda, adornado con la corona y con el látigo en la mano?

Este incidente conmovió a Ibrahim Adham, dejándole perplejo, pero indeciso. Aún así, no abandonó su vida anterior totalmente. El segundo aviso le llegó mientras estaba cazando. Aquello que le sobrevino le puso definitivamente en el camino de la Verdad. Ocurrió de la siguiente manera:

Estaba persiguiendo a una gacela. Se adelantó tanto que se vio completamente separado de su escolta. No obstante, estaba empeñado en cazar a la gacela y siguió persiguiéndola. Cuando la alcanzó, este bello y frágil animal le empezó a hablar con un lenguaje espiritual:

– ¡Oh Ibrahim! No has sido creado para ello. ¿Acaso Allah te creó de la nada para que te dediques a cazarme? Incluso si lo consigues, ¿qué es lo que ganarás? ¿Qué otra cosa, sino acabar con una vida?

Cuando oyó estas palabras, Ibrahim sintió como si una lanza ardiendo le hubiese atravesado el corazón. Le fallaron las fuerzas y se cayó del caballo. Se echó a correr hacia el desierto. Después de un rato miró a su alrededor y vio a un pastor; no había nadie más. Fue hacia él y le dijo:

– Por favor, coge mis joyas, mis ropas reales, y mis armas, y dame a cambio el abrigo de lana que llevas. Y no se lo digas a nadie.

Mientras el pastar miraba asombrado a aquel distinguido caballero, Ibrahim Adham desapareció para quitarse su traje. El pastor pensó: ‘El Sultán ha debido volverse loco.’ Pero no fue así. Al contrario, recobró el sentido. Se propuso cazar gacelas, pero en realidad Allah le cazó a él como a una gacela.

Qué Allah nos ayude a todos a incorporar en nuestras vidas el consejo de Rumi (K.s) tomando los ejemplos que solía poner mientras trabajamos para interiorizar la condición de su corazón. Amin.

Este gran amigo de Allah dijo en otra ocasión:

“La gente del conocimiento Divino son como guías –ayudan a los que emprenden el camino. Pero, aquéllos que no han emprendido el camino no aprecian el valor del guía, ni tampoco pueden beneficiarse de él. El medico cura las enfermedades. Los enfermos que le hablan de sus dolencias le aprecian. Pero, ¿cómo puede un muerto entender el valor del médico?

La vida pasa mientras nos ocupamos pensando en el futuro y nos dedicamos a luchar por lo mundano. Recapacita y piensa por un momento que tu vida consiste solamente en el día que estás viviendo. Reflexiona sobre los caprichos que te ocupan. Esta corta pero valiosa vida se acabará rápidamente mientras llenas tu cartera de dinero y tu estómago de comida. La muerte se nos lleva constantemente de este mundo. ¿Pueden nuestras mentes aprehender lo transitorio de esta condición?

La muerte se planta en nuestro camino mientras estamos ocupados con ir de un sitio a otro. Está cerca. Está más cerca de lo que podemos imaginar. No entiendo la mente de los negligentes.”

En los versos que siguen, el sheij Ghalib habla de los seres humanos como de manifestaciones de los nombres Divinos. Cada uno es un pequeño universo y a la vez su esencia. Más aún, los seres humanos tienen la habilidad de limpiar el espejo de su corazón para de esta forma atraer los secretos del universo como un imán.

“Mírate con alegría porque eres la esencia del firmamento,

eres Adam, la pupila del ojo del universo.”

A pesar de ello, el hombre que sigue sus deseos puede caer en lo más bajo. Rumi (K.s) lo explica de la siguiente manera:

“¡Oh ruiseñor del jardín del corazón! Si actuases como un búho, cometerías un gran error. ¡Oh rosa del rosal! Si actuases como el rosal, te harías un inmenso daño.”

¡Señor! Concede luz a nuestros ojos y a nuestros corazones para que podamos ser testigos de las chispas de la verdad en el espejo del corazón, y llegar a ser de los honrados con la visión de Tu Belleza en el Más Allá.

Amin.

[1]       s la abreviación de la expresión árabe alaihi salam que significa ‘paz sobre él’, y se utiliza cuando mencionamos el nombre de un profeta.