Del Cautiverio A La Libertad

La añoranza de los amantes es un acto bendito.

Sobre todo si la que añora es Layla,

y el añorado es Maynun.

Rumi

Un comerciante tenía un bello loro guardado en una jaula, al que adoraba. Ocurrió que un día partió a la India en viaje de negocios. Dado que era un hombre amable y generoso, preguntó a sus sirvientes si querían algo de aquel país lejano. Cada uno pidió algo y, mientras tanto, el comerciante le preguntó a su amado loro:

– ¿Quieres que te traiga algo a ti de la India?

El loro contestó:

– Lleva mis saludos a los loros de la India, y trasmíteles mi situación.

El loro enjaulado intentaba transmitir el siguiente mensaje a los loros de la India: “El loro que tanto os admira ha sido capturado y enjaulado para el resto de su vida. Os envía sus saludos y os solicita vuestra guía y ayuda. ¿Es justo que él esté en una jaula mientras que vosotros disfrutáis de la libertad en los verdes bosques? Está en una prisión, mientras que vosotros estáis en bellos jardines. ¿Acaso no existe la lealtad y la amistad? ¿Tengo que sufrir en solitario en un país lejano y morir también en solitario? Por favor, no olvidéis a este miserable mientras disfrutáis de la libertad. La añoranza de amigos es un acto bendito de mucho valor. Es especialmente real si la que añora es Layla y el añorado es Maynun. ¡Oh comunidad de loros! Mientras vosotros voláis libremente, mi corazón llora sangre. Si me deseáis algo de felicidad, tomad en mi nombre unos tragos de las aguas vivificantes y derramad algunas gotas en la tierra en recuerdo de vuestro hermano olvidado.”

El comerciante aceptó la petición del loro. Al llegar a la India, vio algunos loros que volaban entre los árboles. Les transmitió el mensaje de su loro. El efecto de este mensaje lleno de lágrimas y súplicas afectó los corazones de los loros de la India hasta tal punto que uno de ellos se puso a temblar, cayó al suelo, perdió la respiración y murió.

El comerciante no salía de su asombro. Se arrepintió de lo que había hecho. “He causado la muerte de un ser vivo. He cometido una grave falta. Muy probablemente, este loro era pariente lejano de mi loro. ¿Por qué lo habré hecho? ¿Por qué le habré herido con mis palabras?” Cuando volvió a casa, le contó al loro lo que había pasado, añadiendo:

– ¡Oh loro! Todavía me estoy arrepintiendo de eso. Pero, ¡qué sentido tiene tener remordimientos después del hecho!

El loro enjaulado no se perdía ni una palabra de lo que le estaba contando el comerciante. Igual que el loro muerto en la India, tembló y cayó inmóvil al suelo de su jaula. El comerciante se quitó el sombrero y, agitado sobremanera, lo lanzó al suelo, gritando:

– ¡Oh mi loro tan bello! ¡Mi pájaro de voz excepcional! ¿Qué te ha pasado? ¿Qué ocurre? Si Suleyman hubiese tenido un pájaro como tú, se habría olvidado de todos los demás.

Así gritaba el comerciante porque se dio cuenta de que el loro era la fuente de alegría para él. Solía hablar con él y compartir sus pensamientos. Ahora se estaba diciendo a sí mismo:

– Allah da, y Allah quita.

Su corazón sufría porque había sido separado de su loro. Buscaba desesperadamente una solución… Empezó a culpar de todo a su lengua:

– Has causado dos muertes. Me has hecho mucho daño. ¡Oh lengua! Eres a la vez fuente de destrucción y de alegría. Has roto mi corazón. Aunque te obedece, también sufre por ti. A veces traes tesoros como si fueras la lengua de un sabio, y a veces traes un dolor constante como la venenosa lengua de la corrupción. Eres capaz de sacar a una culebra de su guarida y hacer que un hombre abandone su din. ¿No vas a mostrarme misericordia? ¿Has decidido matarme a mí también?

Después de haberse lamentado de esta manera durante un buen rato, el comerciante cogió el cuerpo sin vida de su loro y se puso a pensar dónde enterrarlo. En ese mismo instante el loro, que solamente se hacía el muerto, revivió. Se echó a volar y se sentó en la rama del árbol más cercano. El comerciante se asombró profundamente. Totalmente perplejo, preguntó:

– ¡Oh pájaro! Por Allah, explícate. ¿Cuál es el secreto detrás de todo esto? A lo mejor puedo sacar de ello algún provecho para mí.

El loro le contestó:

– El loro del que me hablaste me ha guiado, me ha enviado un mensaje por medio de sus actos. Me ha aconsejado, y su consejo fue como el elixir de la vida para mi corazón sufriente. Me transmitió lo siguiente: ‘La causa de tu cautiverio es tu voz tan bella. Cantas y haces felices a los jóvenes y a los ancianos. Provocas el éxtasis a los sabios y también a los que carecen de educación. A todos entretienes con tus alegres canciones. Detente ahora, concéntrate, y contempla tu situación. Deja de cantar. Muere como yo, y escapa de tu cautiverio.’ Seguí su consejo sin perder un instante; me maté, y conseguí la salvación. ¡Señor! Ahora voy a volver a mi tierra. Si sigues mi camino, te librarás de tu cuerpo; serás libre, y volverás a tu tierra natal, el Paraíso del que llegó tu padre Adam. Abandonarás tu cuerpo, que no es sino polvo, y te elevarás hacia los cielos.

El comerciante fue conmovido por aquellas palabras. Se dijo a sí mismo: ‘Es suficiente para mí. Le seguiré porque he visto que su camino contiene la fuente de la que mana agua vivificadora que da la vida eterna, y nos conduce a la iluminación y al descubrimiento de la verdad última.’

El loro del relato simboliza el nafs –presa del cuerpo y de sus deseos. Los loros de la India simbolizan a los siervos justos de Allah que habían abandonado el mundo transitorio y sus placeres y se habían liberado de la esclavitud del mundo material. El mensaje de los loros de la India al loro de la jaula se puede entender como “muere antes de morir”. Es una orden del Profeta Muhammad (s.a.s) que debemos obedecer ya que solamente de esta manera podemos alcanzar la salvación. Rumi (K.s) afirmó: “Muere, para que puedas despertar en la mañana de la verdad.”

Es como si los loros de la India le dijeran al loro de la jaula:

“¡Muere! En otras palabras, libérate de las ataduras de tus deseos mundanos antes de que llegue el momento de tu muerte física. Hazte morir por medio de tu voluntad, por medio de poner freno a tus deseos. Lucha por la vida de lo Real mientras vuelas hacia nuevos horizontes.”

¿Acaso no es la vida del mundo un aprisionamiento físico para alguien inconsciente de su origen, de su verdadera naturaleza y del tesoro escondido en su interior? La verdadera vida empieza solamente cuando los deseos carnales han sido firmemente subyugados. Esto implica la muerte del nafs y lleva al descubrimiento del verdadero significado de la existencia.

Rumi (K.s) lo explica de esta manera:

“La historia del loro de la vida se parece a la historia del loro del comerciante.

¡Oh negligente! ¡Haz lo que hizo el pájaro y sálvate! Si haces lo que hace el grano de trigo, los pájaros te descubrirán y te comerán. Si te conviertes en una rosa, te cogerán los niños atraídos por tu fragancia y belleza.

Cubre el grano y escóndete en un lugar lejano. Esconde la rosa y aparenta una hierba insignificante que crece debajo de un muro.

Es decir, evita la fama, el pavoneo, la demostración. Preserva tu modestia y codicia la nada. De esta manera te protegerás tanto del mal de ojo como de la invasión de tu libertad.

El que muestra su belleza en los mercados busca problemas ya que atrae la atención de los ojos malintencionados. Tanto los amigos como los enemigos trabajarán para destruirle, aunque sea de diferentes maneras. Los primeros emplearán la alabanza excesiva, los segundos actuarán por envidia. La única manera de evitar ambos peligros es a través de la liberación de la cadena de la existencia.”

Para salvarse de las cadenas de la vida mundana, uno tiene que morir, o hacerse el muerto; es decir, se debe someter de buena gana a la voluntad de Allah. Por eso Yunaid al – Bagdadi definió el camino recto de esta manera: “Allah te mata interiormente y te revivifica dentro de Sí Mismo. Esto es el tasawwuf.”

Cuando el ser humano se purifica de los aspectos mundanos, y es absorbido en la luz Divina, sus dificultades quedan superadas, pero no al contrario. Por ejemplo, la inundación mató a los enemigos de Allah, pero fue amistosa con Musa (a.s) y con Nuh (a.s). De la misma manera, el fuego que iba a consumir a Ibrahim (a.s) se convirtió para él en un fresco jardín de rosas. Estos acontecimientos no eran casuales sino milagros de Allah para mostrar el apoyo y generosidad que Allah tiene con sus siervos veraces. No son más que el principio, ya que su historia en rica en enseñanza y sabiduría.

Por otro lado, muestran la posibilidad de la ayuda Divina que puede llegarles a aquéllos que la necesitan y se la merecen. Lo que un siervo de Allah debe hacer es purificar su corazón de su nafs, expulsando de él al shaytan y alejándose de todo lo que no sea Allah. De esta manera, el creyente se vuelve hacia Él y llena su corazón con Su recuerdo.

Hay que tener presente, no obstante, que el recuerdo de Allah viene no solamente por medio de la repetición de Sus Nombres, sino también por medio del verdadero conocimiento que tengamos de Él. Es este conocimiento el que hace que Sus manifestaciones se desparramen por toda nuestra existencia. El continuo recuerdo de Allah nos eleva a tal grado que nos damos cuenta de que esa es la verdadera función del corazón y, en el último instante, el único propósito de su creación. El corazón, entonces, llega a ser el espejo del recuerdo de Allah.

El recuerdo verdadero está por encima de las letras, de las palabras y de los sonidos. Es así porque la esencia o el núcleo del corazón son Divinos. Es una entidad espiritual que no se puede reducir a lo material. Los dos –el corazón y el recuerdo– quedan sustraídos de la base material, se unifican, se convierten en uno. En este momento el recuerdo contiene al corazón y lo protege de todo lo que no es Allah. El corazón, de esta manera, alcanza la nada durante el recuerdo de Allah. Todo lo demás desaparece. Ésta es la base de fana. Es un estado en el que todo lo transitorio entre el que recuerda y Allah queda suprimido y solamente permanece el Eterno. Es la realización del corazón y la unión del amante con el Amado.

Dice el Qur’an:

“Los que creen y tranquilizan sus corazones por medio del recuerdo de Allah; ¿Pues acaso no es con en el recuerdo de Allah con lo que se tranquilizan los corazones.” (Ra’d, 13:28)

Y también:

“Los creyentes son aquéllos que cuando se recuerda a Allah, se les estremece el corazón y que cuando se les recitan Sus signos les aumenta la creencia y en Su Señor se confían.” (Anfal, 8:2)

La siguiente ayah ilustra la situación de los siervos veraces de Allah en el Más Allá:

“Es cierto que los amigos de Allah no tendrán que temer ni se entristecerán.” (Yunus, 10:62)

El pájaro de la jaula alcanzó la libertad por haber entendido la simbología del mensaje y su aplicación. De hecho, el nafs está preso en la jaula del cuerpo. Miles de pájaros, no solamente uno, entran y salen de esa jaula. Los pájaros que entran son las pasiones, los deseos carnales y las falsas preocupaciones. Son estos parásitos los que nos adulan y halagan por el bien de sus propios intereses. Nos hablan de muchas cosas. Algunos nos dicen:

– ¡Soy tu amigo verdadero!

Otros dicen:

– ¡No! Nosotros somos tus verdaderos amigos y compañeros!

Mientras que otros afirman dulcemente:

– Ambos mundos se han creado para ti. No somos más que siervos a tu servicio.

Algunos comentan, cuando acabas de decir algo:

– ¡Tienes mucha razón!

Los ejemplos son incontables. Desgraciadamente, los seres humanos inmaduros, enamorados de su físico que hace las veces de una jaula, se dejan engañar por estos susurros, dándoles una gran importancia, sin darse cuenta de lo peligroso que son, como elaborados trucos del shaytan. Estos comentarios aduladores, que inflan nuestros nafs, son para él una música gloriosa. En realidad, llevan al Fuego aunque puedan aparentar ser fuente de alegría. Los que no son capaces de descifrar su verdadera naturaleza en este mundo la entenderán en medio de las llamas del Más Allá. Cuando llegue el momento de la muerte será demasiado tarde y sus últimos gritos, producto del entendimiento verdadero, solamente servirán como una indicación de su miserable final.

El Califa Ali (r.a) dijo: “Dos cosas destruyen al hombre: seguir los deseos de su nafs y disfrutar cuando le alaban.”

La verdadera felicidad en el Otro Mundo se la concederá Allah solamente a los que no actúen con arrogancia, a los que no corrompan, y a los que desarrollen en sus corazones el amor por Allah. Los que no sean humildes terminarán como el Faraón, por eso hace falta que cultivemos la humildad para evitar tan vergonzoso final.

La bendición de la humildad tiene muchas facetas. Una persona humilde es generosa. Una persona generosa es misericordiosa. Una persona misericordiosa es alegre a causa del servicio que ofrece a las demás criaturas, ya que esto trae las bendiciones de Allah. Y la persona que se aleja de la humildad, se aleja de estas admirables cualidades.

El entendimiento crece en nosotros por medio de la humildad, un hecho éste que a la vez nos ayuda a distinguir fácilmente al amigo del enemigo. Debido a la humildad uno consigue llegar a entender que puede espiritualmente perder lo que está basado en el nafs –la autoridad, el liderazgo, el estatus, y que en ese mismo instante los aduladores se convertirán en sus enemigos, le empezarán a detestar y se irán corriendo como si hubieran visto a un león.

Por lo tanto, un siervo de Allah debería esforzarse por estar cerca de los amigos de Allah que son como espejos para el corazón que reflejan su verdadera naturaleza. Con su guía deberíamos intentar mirar hacia nuestro interior y hacia los trucos de nuestro nafs; deberíamos observar su conducta con el ojo del corazón, haciendo todo lo posible por aprender de ellos el conocimiento y alejarnos así de los susurros del nafs y de sus errores.

De esta forma veremos que el discurso y la conducta de los amigos de Allah rebosan de conocimiento; nos transmiten los secretos por medio de símbolos y signos porque no quieren que los que no están preparados para esta enseñanza se sientan avergonzados, pero al mismo tiempo no quieren privar de esta enseñanza a los que ya están maduros. El significado detrás de sus palabras las pueden entender solamente los que tienen el corazón puro. Los que todavía no han madurado, oirán solamente los fonemas.

Abu Huraira (r.a) dijo: “He recibido del Profeta (s.a.s) dos tipos de conocimiento. Uno he divulgado y el otro lo guardé para mí. Si hubiese divulgado este otro conocimiento también, su significado sería demasiado grande para ser asimilado y perdería el juicio.”

El Profeta Muhammad (s.a.s) fue la encarnación de todos los atributos proféticos. Todas las buenas características de cada uno de los ciento veinticuatro mil profetas que llegaron a este mundo desde los tiempos de Adam (a.s) se encontraban en su personalidad. Los Profetas y los amigos de Allah son personas excepcionales en cuanto a la perfección de los atributos de su carácter, y el Profeta Muhammad (s.a.s) fue excepcional entre los excepcionales dado que su carácter era la integración y la manifestación final de todos los atributos positivos que se han mostrado en las vidas de los Profetas y los amigos de Allah que le precedieron. Así pues, su carácter llevaba el sello de la perfección profética.

En el curso de la historia, la personalidad de cada profeta fue la expresión de una calidad particular suya que brillaba a través de su ser. Proponemos unos cuantos ejemplos para ilustrarlo:

El Profeta Ibrahim (a.s) recibió el sobrenombre de Jalilullah, amigo íntimo de Allah, porque en su corazón había lugar solamente para Allah. El Profeta Musa (a.s) recibió el sobrenombre de Kalimullah –el que habló directamente con Allah. El Profeta Isa (a.s) recibió el sobrenombre de Ruhullah debido a la pureza de su personalidad y la perfección de su conducta.

También los amigos de Allah se conocen por sus características espirituales particulares y son sendos reflejos de los diferentes atributos Divinos. Por ejemplo, Abudlqadir al – Gilani tenía una excepcional capacidad de influir en la gente; Muhiddin ibn ‘Arabi representa un nivel extraordinario de conocimiento espiritual y del descubrimiento del ojo del corazón, mientras que Rumi representa un nivel muy especial en cuanto a la profundidad de su amor y de su éxtasis, así como su expresión de la Unicidad.

Rumi (K.s) explicaba esa condición espiritual de la siguiente manera:

“He comentado estos secretos de manera indirecta y breve, por la razón de que si lo hubiese hecho abiertamente y detalladamente, tanto la lengua del que explica como la inteligencia del que escucha habrían ardido.”

En otra estrofa dice:

“Mis versos no son simples –son un mar de significados. Mis jocosas estrofas no son simplemente graciosas –son más bien lecciones. Mis historias no son colecciones de palabras comunes –son enseñanzas. Todos ellos ayudan al lector a comprender los secretos.”

El Mathnawi es un libro escrito con el objetivo de educar e iluminar espiritualmente. Su otra característica es que, teniendo en cuenta que los niveles de entendimiento y potencial espiritual del lector varían, adoptó el estilo literario que se aprovecha del uso de simples historias. Es decir, por medio de las historias aparentemente simples y por medio de un estilo velado está explicando profundos secretos de lo Divino.

Las estrofas que describen nuestra partida de este mundo ilustran claramente esta calidad. Se refiere a su muerte como “shab’i arus”, es decir “la noche de bodas”. En la elección de esta conocida expresión articuló su unión espiritual con la Realidad Absoluta. Dijo:

“Qué aquéllos que me aman en lo profundo de su corazón participen de mis felicidad.”

También dijo:

“Cuando muera y esté envuelto en la mortaja no digáis “separación, separación”. Cuando me depositen en mi tumba no digáis “adiós, adiós”. Para mí, no es una ocasión para lamentarse, sino más bien para alegrarse.”

Le preguntaron a Rumi (K.s):

– ¿Qué es el mundo?

Contestó:

– La prisión de los nafs.

El poeta Yunus Emre, bendecido con un corazón extremadamente sensible, describió sus sentimientos ante la separación de este mundo en forma de conversación con un ruiseñor:

“¿Eres un forastero?
¿Por qué lloras, o ruiseñor?
¿Estás exhausto? ¿Te has perdido?
¿Por qué lloras, o ruiseñor?

¿Has sobrevolado los picos nevados de las montañas?
¿Has sobrevolado los ríos profundos?
¿Has abandonado tu casa?
¿Por qué lloras, o ruiseñor?”

Rumi (K.s) escribió:

“Estoy en la prisión que es este mundo porque se me ha asignado la tarea de guiar a los perdidos. Si no fuera así, ¿cuál sería mi ser y cuál el propósito de mi aprisionamiento? ¿Por qué debería estar preso? No he robado nada.”

En este mundo cada paso nos lleva más cerca de nuestro destino. De la misma manera, cada exhalación nos trae más cerca de la hora de la partida. Desde otra perspectiva, el hogar original de los nafs es el mundo de los nafs. Cada respiración lleva al nafs más cerca de su origen. Igual que la evaporación del agua de un charco ocurre sin que podamos seguir el proceso, nuestras vidas se evaporan en una cadena de respiraciones silenciosas.

Todos los cuerpos se desintegran en la tierra, sean humanos o animales, porque el origen de todos es el polvo. Todos desaparecen y se convierten en polvo. Cada cosa orgánica regresa a su origen. Así también lo hará cada ser espiritual. Algunos seres irán al Paraíso porque es adecuado a su naturaleza, y otros irán al Infierno porque se lo merecen.

Rumi (K.s) explicó las tres etapas de la vida de la siguiente manera:

“Estaba inmaduro. Me he cocido y me he quemado.”

El hecho de quemarse, es decir quemar el cuerpo, indica simbólicamente el alimento espiritual y el desprendimiento de lo mundano. La mariposa nocturna que avista una luz o el fuego pierde la voluntad propia, se acerca, entra en ella, y se quema. Rumi (K.s) lo ilustra de la siguiente manera: “Sin quemar el cuerpo no es posible alcanzar el placer del amor Divino.”

Hallay al – Mansur añoraba la muerte a causa de las aflicciones espirituales que había sufrido. Dijo: “Mi vida está en mi muerte.”

Rumi (K.s) nos avisa de las trampas del nafs de la siguiente manera:

“No comáis cenizas. No compréis cenizas. No busquéis cenizas. Porque el rostro del que come las cenizas palidece. Para el propósito de perfeccionar los dones de vuestro corazón, comed corazón. Es decir, alimentad vuestro corazón con la llegada del conocimiento Divino para que seáis jóvenes y para que vuestro rostro sea como una flor gracias a las manifestaciones Divinas que asimila.”

El rey de Babilonia Nimrod mandó echar al Profeta Ibrahim (a.s) a la hoguera. Allah le ordenó al fuego:

“Fuego, sé frío e inofensivo para Ibrahim.” (Anbiya, 21:69)

El fuego no le quemó; se convirtió para él en un jardín de rosas. Si Nimrod y sus secuaces hubiesen entrado en ese fuego, habrían ardido porque no tenían las cualidades de Ibrahim (a.s), sino las de Nimrod.

Cuando los dos ejércitos se encontraron en Badr, el Profeta Muhammad (s.a.s) lanzó hacia el enemigo un puñado de tierra. La tierra les cegó los ojos; tenían que frotarlos para poder ver. Ese fue el principio de su derrota. Lo explica la siguiente ayah:

“No tirabas tú cuando tirabas sino que era Allah quien tiraba.” (Anfal, 8:17)

En ese momento, el Profeta Muhammad (s.a.s) actuaba como un medio para la acción realizada por Allah. De manera parecida, los amigos de Allah también se convierten en medios de actuaciones Divinas. De vez en cuando el poder de Allah se manifiesta a través de ellos; se convierten en los espejos del Actor Absoluto o de la Voluntad Divina. Sus actuaciones llevan el sello de Allah.

Es imprescindible que aquéllos que llevan en sus corazones las calidades de Nimrod se sometan al entrenamiento bajo un maestro autorizado para que se salven de la trampa del shaytan. Sus circunstancias se parecen a las del pájaro enjaulado que salvó la vida siguiendo estrictamente las instrucciones que recibió de manera simbólica de los pájaros de la India, ganando, de esa manera, la libertad. Rumi (K.s) dijo:

“Feliz aquél que logra morir antes de la muerta física: recibe la fragancia del jardín de la verdad.”

En un hadiz qudsi, Allah el Altísimo ha dicho:

“Yo causo la muerte de alguien a quien amo, y a quienquiera que le doy la muerte, pago la indemnización, y para aquél por quien pago la indemnización, Yo me convierto en la indemnización.”

Rumi (K.s) dijo:

“Mi indemnización es ver al Señor el Altísimo en el Paraíso.”

Y continuó con la súplica que citamos a continuación:

“¡Oh Tú que eres el Rey de toda la existencia, pero sin trono ni corona! ¿Hay otros que Tú, capaces de liberarnos, los indefensos, de las garras de nuestro nafs?

Sálvanos de la maldad del nafs; su cuchillo ha penetrado hasta nuestros huesos.

¡Oh Allah! Toma nuestras manos, y cómpranos. Retira la cortina de la negligencia de nuestros corazones. Pero no rasgues la cortina de la nada y protégenos de la vergüenza.”

Amin.