Beatificación de la muerte

“Beatificación de la muerte” denota un nivel de madurez capaz de controlar y neutralizar los aspectos negativos del bajo ego (nafs), elevando a una persona ordinaria hasta la estación del hombre perfecto, como está recomendado en el dicho “muere antes de morir”. Con esa madurez podemos aproximarnos a Allah de forma que todos los deseos mundanos se disuelvan y desaparezcan. El creyente puede encontrar la felicidad y el goce en la adoración, en la amabilidad en el trato con los demás, en la virtud y en el buen comportamiento. El alma comienza a disfrutar del placer de aproximarse al Creador. Por eso mismo, Rūmī dijo sobre el tiempo antes de experimentar el estado de proximidad con Allah:

“Era inmaduro,”

y con respecto al periodo en el que obtuvo abundante placer divino:

“Maduré,”

y con respecto al periodo en el que los misterios del universo se desvelaron para él como un libro:

“Ardí.”

Estas expresiones son la manifestación de los esfuerzos en el camino de Allah. Si bien los caminos que llevan a Allah son “tan numerosos como las respiraciones de las criaturas”, el más efectivo es el de faqr-u fanā’. Faqr-u fanā’ significa quitar el ego y mā siwā –todo menos Allah- del corazón y del espíritu como resultado del amor divino. Esta experiencia acaba en la beatificación de la muerte, que nos permite realizar la unión eterna con Allah como manifestación del dicho arriba mencionado, y la aniquilación (fanā’) en Allah.
Para alcanzar este gran regalo, debemos observar las siguientes condiciones válidas para todo el mundo:

a) Tawbah (arrepentimiento) Las faltas se cometen por ignorancia, deseo sexual, arrogancia, furia, odio, ambición ciega, envidia y exageración. Estas tendencias son obstáculos que alejan al hombre de su Creador. Si el ser humano se hace plenamente consciente de sí mismo, sentirá el gran peso de su vicio. Las ocultas emociones de la virtud se despertarán en su corazón, y éste hallará paz en Allah derramando abundantes lágrimas de lamento y pesar.

Ese lamento y ese pesar es tawbah (arrepentimiento), que literalmente significa volverse a Allah voluntariamente antes de que llegue la muerte involuntaria. En otras palabras, tawbah significa apartar los obstáculos entre el hombre y Allah con la emoción del pesar. Tawbah es el primer paso necesario para volver a Allah, ya que las faltas y las transgresiones son obstáculos que disminuyen la sensibilidad del corazón y lo relantizan. Este estado es como imágenes borrosas en un espejo sucio.

Para poder ver esas imágenes nítidamente, lo primero que deberemos hacer es limpiar el espejo con un trapo limpio. De la misma manera, volverse a Allah exige limpiar nuestro corazón con tawbah de toda falta y transgresión que hayan ensuciado nuestro corazón. Por ello, en todas las ramas del tasawwuf, lo primero que se debe hacer es pedir perdón a Allah (istighfār). Esto se parece al sutil punto “la” en la declaración de Unicidad (kalimat al-tawhīd), lā ilāha illā Allāh, que significa: “No hay dios sino Allah.” Así, pues, lo primero es retirar todo lo negativo y preparar una base adecuada para el verdadero objetivo. Por ello, pedir perdón a Allah es una condición imprescindible para lograr sinceros salawat. Rūmī dijo:

“Busca el perdón de Allah con un corazón lleno de arrepentimiento y ojos llorosos, pues las flores crecen en suelos húmedos.”

b) Zuhd (ascetismo) Zuhd significa liberar el corazón de las cadenas de los placeres mundanos, de los goces, de las propiedades y de la posición social. De hecho, la muerte acaba con todo eso en un instante. La esencia de zuhd es ser capaz de desprenderse de la vida y de los bienes voluntariamente, antes de que llegue la muerte involuntaria. La comprensión humana entre estas dos realidades –nacimiento y muerte- no puede escapar del mundo de las sombras y pasar al mundo de las realidades a menos que haya alcanzado una comprensión real de este mundo y del otro, modificando el comportamiento y adecuándolo a esta comprensión.

El hombre sabio describe este mundo –que ejemplifica la sabiduría divina- como sayr-i bedāyī (aprender una lección sobre los últimos secretos de Allah) para aquellos que han despertado su consciencia a la realidad, y como “comer y pasiones” para los insensatos. Si una persona no puede poner un límite a sus deseos mundanos en su corazón, la consecuencia es una profunda frustración que llevará en última instancia a una total autodestrucción.

c) Tawakkul (confianza en Allah) Tawakkul significa que el siervo busca refugio en su Señor y se somete a Él antes de que le llegue la muerte. Confianza y sumisión a la voluntad de Allah no significa que uno rechace las causas, sino que entienda que si esas causas no están en acuerdo con la voluntad de Allah, todo esfuerzo por eludirlas resultará inútil. La muerte es la verdadera comprensión de la relación entre causa y destino. Allah ha dicho.

 “Si alguien pone su confianza en Allah, es suficiente (Allah) para él.” (Talāq, 65:3)

En otras palabras, para aquel cuyo corazón está lleno de amor por Allah, tawakkul significa confiar y someterse sólo a Allah. Allah preguntó a Musa (sobre él la paz) por el objeto que llevaba en la mano y le dijo: “¡Arrójalo!” -ya que su bastón le impedía sentir una verdadera y absoluta confianza en Allah, dándole una sensación de seguridad. De nuevo Allah nos recuerda:

“Poned vuestra confianza en Allah si sois de los creyentes.” (Mā’idah, 5:23)

Tawakkul es no ignorar las precauciones que debemos tomar contra el olvido, ni los esfuerzos; por el contrario, es sumisión al poder de Allah una vez que el creyente ha realizado estos pasos. Como resultado del tawakkul del profeta Ibrahim y su completa sumisión a Allah, el fuego no le quemó. Cuando mostró su verdadero tawakkul, Allah le ordenó al fuego “¡se frío y seguro para Ibrahim!” Ya que, como hemos dicho, tawakkul significa la elección de someter todo al poder de Allah voluntariamente antes de que nos llegue la muerte. Rūmī, comprobando nuestro tawakkul cotidiano y nuestra sumisión, dijo:

“Compruébate a ti mismo para ver si posees la cualidad de Ibrahim o no. El fuego la reconoce y no quemará a aquellos que se hayan sometido debidamente a Allah como lo hizo Ibrahim.”

d) Qanā’ah (contento) Qanā’ah significa no desear más de lo que es necesario. La obligatoria aceptación vendrá con la muerte. La sola cura para la envidia y la ambición ciega –los rasgos más peligrosos de un carácter- es adquirir el contento espiritual, pues los tesoros divinos dan al corazón contento eterno. Se ha narrado que el Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo: “El contento es un tesoro que nunca se acaba.” (Bayhaqi, al-Zuhd al-Kabir)

Es un principio en nuestra creencia que la provisión está predeterminada por la divina providencia. Cuando tomamos este presupuesto en consideración, es obvio que la ciega ambición y la codicia no sólo son rasgos indeseables, sino también ilógicos. Y sin embargo, mucha gente no puede quitarse de encima estas cualidades tan negativas y curar su corazón. Sufren de un egoísmo terminal. Para ellos, riqueza significa poder, para sí mismos o para otros.

A veces, la admiración y la atención que derivan de la gente celosa, les proporciona un inmenso placer. El contento es la única medicina divina que puede curar esas enfermedades. Solamente con el poder del contento es posible liberarse de las calamidades a las que los poseedores de grandes fortunas tienen que enfrentarse diariamente. El contento no sólo concierne a la riqueza, sino también a la admiración y atención que se derivan de esa misma riqueza.

En resumen, es necesario que la persona entienda que la riqueza pertenece a Allah y que el hombre es un simple cajero. El califa ‘Alī (que Allah esté satisfecho de él) dijo de aquellos que no recuerdan la muerte: “La mayoría de la gente intenta acumular grandes riquezas para que sus herederos se peleen entre sí.”

f) ‘Uzlah (aislamiento o reclusión) ‘Uzlah es una condición en el camino sufi para poder alcanzar la más alta estación. Sin embargo, reclusión no significa cancelar todas las relaciones sociales. Para la gente común, la reclusión se puede lograr recluyéndose internamente en medio de las multitudes. Consiste tal proceso en aislar el corazón del los asuntos mundanos, dirigiendo la atención hacia Allah.

Es cierto que algunos ascetas practican ‘uzlah como un aislamiento absoluto; pero este aislamiento no daña la vida social debido al escaso número de estos ascetas. Esta situación se da en casos muy especiales. En términos generales, ‘uzlah en la práctica espiritual no significa abandonar la vida social. Por el contrario, significa aislamiento cuando estamos entre la gente; en otras palabras, estar a solas con Allah incluso cuando nos encontramos en medio de una multitud. Es estar con Allah en las divinas manifestaciones alejados de las relaciones mundanas, antes de retirarnos del mundo en la tumba, En resumen, es estar con Allah voluntariamente; mientras que la muerte es un uzlah involuntario.

g) Dhikr (recuerdo) Manifestaciones de efusión divina (fayd) están basadas en mahabbah (amor divino). Se puede alcanzar mahabbah según el lugar que ocupe el dhikr en el corazón y en la mente, ya que el amor se enraíza en el corazón y en la mente sólo con el recuerdo del amado; cuanto más recordemos a Allah, más Le amaremos. Como una fuente de efusión divina, Lafza-i Yalāl (“Allah”) es el más efectivo de los nombres de Allah.

Debido a su fuerza, se recomienda a los devotos (sālik) repetir Lafza-i Yalāl después de un periodo de istighfār (arrepentimiento). El recuerdo de Allah lleva a un avance en el amor de Allah (mahabbat Allāh) en proporción a su cantidad y cualidad. En otras palabras, cuanto más y más sincero dhikr se haga, mayor serán las manifestaciones que se alcancen. Con el enraízamiento del recuerdo de Allah en el corazón, la sumisión del creyente se manifiesta con mayor perfección.
Leemos en el Qur’an:

“En el recuerdo de Allah encuentran satisfacción los corazones.” (Ra’d, 13:28)

Si el Lafza-i Yalāl no puede asentarse en el corazón, el hombre queda atrapado en las riquezas materiales y los deseos carnales. En otra ayah del Qur’an se dice:

«¿Qué opinión te merece quien hace de su deseo su dios? ¿Vas a ser tú su guardián?» (Furqān, 25:43) La moralidad, las buenas obras y el comportamiento correcto se instalan en los corazones que están rebosantes de espiritualidad. El hombre obtiene así la cualidad de ser la más bella de las criaturas. Por otra parte, el kufr (encubrir), el shirk (asociar algo o alguien con Allah), las malas acciones, las pasiones y el escepticismo se instalan en los corazones plagados de sensualidad, la cual poco a poco irá controlando los corazones y cegándolos al objetivo de la creación hasta el punto de que quien posee un corazón así plagado, desciende por debajo de otras especies. El poeta Nizāmī describe el final de los que están controlados por su nafs de la siguiente manera:

“Los placeres de este mundo son como el rascarse en la palma de la mano que nos pica. Al principio, ese rascarnos nos hace sentir bien, pero al final, nos hace daño.”

Para expresar la importancia de la vida espiritual, al Yunayd al-Baghdādī describe la manifestación de la “beatificación de la muerte” y la orden de “morir antes de morir”, como “el proceso en el que Allah toma tu ser de ti, y te resucita después con Él.”

h) Tawajjuh (orientación, inclinación) Tawajjuh significa ignorar todas las llamadas atractivas excepto la llamada de Allah. La muerte es la consecución de este estado. En realidad, un verdadero creyente no puede tener otro deseo, amigo u objetivo que Allah. Ni siquiera por un instante deberíamos estar descuidados (ghāfil) de Su presencia.

Cuando llegue la muerte, quien haya estado viviendo en esta despreocupación, será –muy contrariamente a su voluntad- alejado de todo aquello por lo que sentía inclinación fuera de Allah. La verdadera felicidad es someterse a la voluntad de Allah y volverse a Él para satisfacerle mientras estamos vivos.

i) Sabr (paciencia) Sabr es someterse a la voluntad de Allah y esforzarse serenamente cuando nos encontramos en medio de acontecimientos indeseables y dolorosos, sin variar el equilibrio entre las cualidades internas y externas. La tumba será un lugar de obligatoria paciencia, lejos ya de las preocupaciones terrenales. Cuando nos enfrentamos a acontecimientos que requieren paciencia, necesitamos de virtudes tales como el perdón, la amabilidad, la humildad, la castidad, la compasión, la misericordia, la dulzura y la tolerancia.

Es muy importante que seamos pacientes con todo lo que aleja al creyente de la gracia de Allah. El Qur’an nos ordena:

“Sigue lo que se te ha inspirado y ten paciencia hasta que Allah juzgue. Él es el mejor de los jueces.” (Yūnus, 10:109)

La paciencia es una robusta armadura contra las dificultades. La muerte es el final de los más acérrimos apegos a los deseos carnales, al tiempo que la tumba es el lugar donde la paciencia se hace inevitable hasta el día de la Resurrección.

j) Murāqaba (contemplación) Murāqaba significa dejar nuestro poder y nuestra fuerza a un lado. La muerte es la más clara manifestación de este estado. Más precisamente, murāqaba es alejarse de las transgresiones, sintiendo que se está constantemente bajo la observación divina. Nada de la creación está fuera de Su alcance. Nada puede escapar a la muerte y a la resurrección. La existencia y la no existencia; la muerte y la vida; la moralidad y la inmoralidad, todo está siempre interrelacionado. En cada momento, miles de células mueren en el cuerpo humano y miles de ellas son creadas al instante.

En cada momento, miles de bebés nacen, y miles de adultos mueren. En esos mismos instantes, cuando miles de personas despreocupadas viven inmersos en sus deseos, miles de creyentes se encuentran suplicando a Allah y buscando en Él refugio. La tumba –última destinación en este mundo- nos está esperando a todos. En el mundo entero no hay otra soberanía que la Suya, ni otro orden que el Suyo. Si queremos embellecer y perfeccionar nuestra sumisión, debemos ser conscientes de esta divina observación antes de morir. A través de la observación y de la reflexión, el hombre puede dirigirse hacia Allah como lo asevera el sabio dicho: “Quien se conoce a sí mismo, conoce a Allah.”

k) Ridā (aceptación) Ridā significa vivir con plena aceptación de la voluntad de Allah, dejando nuestra propia aprobación de lado. La muerte significa la consumación de este estado. Ridā es la maduración y la comprensión logradas a través de un proceso de purificación del corazón y del nafs. El hombre se somete a Allah escapando del cautiverio de lo transitorio e ilusorio. Con intensa beatitud, el creyente realiza la plena aceptación que se describe en los siguientes versos:
Todo lo que venga de Ti, lo acepto con satisfacción Ya sea una rosa abierta o una espina Ya sea un vestido de honor o un sudario Tu misericordia y Tu ira; ambas me convienen.

l) Tafakkur-i mawt (reflexionar sobre la muerte) El mundo es una escuela de fe por el hecho de que la muerte es una ley de obligada transición. Rūmī dijo este respecto:

“Muere para que puedas resucitar.”

Sólo podemos revivir nuestro corazón abandonando la sensualidad. El Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo:

“Recuerda a menudo al destructor de los placeres, la muerte.” (Nasa’i, Tirmidhi, Ibn Mayah)

Taffakur-i mawt es recordar la muerte voluntariamente antes de que venga a ti en contra de tu voluntad. De esta forma nos preparamos para estar en presencia de Allah, abandonando la sensualidad. Esto nos lleva a la contemplación y a un despertar de la consciencia basados en la fe (īmān). Deseos mundanos, esperanzas efímeras y consolación son como hojas de un árbol cayendo encima de las tumbas. Cada lápida es un fiero advertidor que habla con elocuente silencio de la muerte.

La razón de construir cementerios dentro de las ciudades, cerca de las carreteras, en los alrededores de las mezquitas es, de alguna forma, un medio para facilitar la contemplación de la muerte. Las palabras no pueden capturar convenientemente el horroroso peso de la muerte. Todo el poder de un hombre acaba cuando llega la muerte. En presencia de la muerte, la sola respuesta por parte del mundo son lágrimas e inconsolable tristeza. Si el creyente se deshace de los atributos de sensualidad voluntariamente, Allah, sin duda, le rescatará con Su gracia y Su ternura. De hecho, Allah el Altísimo ha dicho:

¿Acaso quien está muerto y lo devolvemos a la vida dándole una luz con la que camina entre la gente, es como quien está en oscuridad y sin salida? Así es como hacemos que a los encubridores e incrédulos les parezca hermoso lo que hacen.” (An’ām, 6:122)

El verdadero creyente se junta con aquellos cuyos corazones han sido recreados, pues los placeres mundanos han perdido todo interés para él. El Profeta (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo:

“Tened cuidado con el discernimiento (firāsah) del creyente, pues ve con la luz (nūr) de Allah.” (Tirmidhi)

Todas las definiciones que hemos dado anteriormente, son condiciones que deben ser practicadas en nuestra vida espiritual para poder llevar a cabo el consejo “muere antes de morir”. Los creyentes que intentan seguir estos pasos, progresan en proporción a la seriedad de sus esfuerzos y su firmeza en el camino de Allah. El esfuerzo sincero nos trae felicidad con la ayuda divina.

Este mundo es un espejismo engañoso, y el más allá es eterno. Con la muerte empieza, en realidad, nuestro juicio que continuará en el Día del Levantamiento. Despertemos, pues, antes que se nos pidan cuentas y tengamos mucho que lamentar. Es algo inexorable el hecho de que toda criatura se encontrará con el Ángel de la muerte en un sitio y a una hora desconocidos.

No hay ningún lugar en el que podamos huir de la muerte. Lo que tiene que hacer el ser humano es aceptar la gracia y la misericordia de Allah como único refugio para beneficiarse del sentido de la ayah:

“Así, pues, refugiaos en Allah [de todo lo que es falso y negativo]” (Dhāriyāt, 51:50).

Si el hombre vive bajo las órdenes de una mente carnal como si sólo creyese en este mundo, la tumba es para él un oscuro pasillo. El terror de la muerte le hace sentir tal dolor que no hay nada que se le pueda comparar. Sin embargo, si aplica los principios que hemos mencionado, alejándose de este nafs mundano y encaminándose hacia su lado angelical escondido en su interior, entonces la muerte será vista como una condición necesaria para alcanzar la comunión con Allah.

Así, la muerte –que produce escalofríos a la mayor parte de la gente- se transforma en un deseo ardiente de unión con el “más elevado de los Amigos” (al-rafīq al-a’lā). Este tipo de muerte es como “Shab-i ‘Arūs,” la noche de bodas tal y como lo expresó Rūmī, uno de los grandes sufis. La muerte se ha transformado de una terrible realidad en algo extremadamente bello y apetecible. El único camino para alcanzar “la beatificación de la muerte” es incrementar nuestra espiritualidad siguiendo los principios antes citados. La mejor forma está expresada en la ayah:

“Y adora a tu Señor hasta que te llegue la certeza [la hora que es segura].” (Hijr, 15:99)

Es decir, se un buen siervo para Él hasta el último aliento. ¡Que afortunados son aquellos que pueden volver a su Señor antes de que les llegue la muerte! ¡Oh Señor nuestro! Permítenos despertar al verdadero mundo por medio de comprender la verdadera esencia de “muere antes de morir,” y contemplar el universo con nuestra consciencia.
¡Amin!