Afinidad

Si eres agua de rosas tu tarea es impregnar los rostros luminosos.

Si eres mugre, allí donde estés, causarás angustia.

¡Mira los escaparates de las perfumerías!

Aumentan la elegancia de una variedad mezclándola con otra parecida.

Cuando las almas gemelas se encuentran,

la belleza de esta unión tiene una sonrisa especial.

Para separar a los veraces de la mugre,

Allah ha enviado a los Profetas y a los Libros.

Si tus pensamientos surgen de un corazón puro,

Tus raíces se expanden por un jardín de rosas.

Rumi

Entre los atributos más dominantes del mundo creado por el juego cósmico de la complementariedad de los opuestos, está la afinidad y el equilibrio. Si esta armonía se interrumpe a pequeña escala, sobreviene la anarquía. Si se interrumpe a nivel del universo entero, es el Día del Juicio Final o lo que podemos llamar: el Último Día.

El mundo creado se divide en el reino de los seres animados y el de los inanimados. Todas las entidades creadas tienen cualidades que comparten con otras formas, y otras que las diferencian. La razón última de tal estado de cosas está en el Plan de Allah. En cuanto a las formas inanimadas –los opuestos se atraen. Un ejemplo de ello es la atracción entre los polos eléctricos positivos y negativos. En cambio, entre las formas animadas esta misma ley funciona en sentido contrario. Los seres vivos tienen tendencia a atraer formas parecidas; generalmente no existe entre ellos la atracción por los opuestos. Aunque podemos observar una clara diferencia entre los modos de atracción en el mundo animado e inanimado, ambos manifiestan una muy arraigada tendencia a la unidad. Esta tendencia proviene de la propia fuente de la existencia y es la manifestación del fluido del poder Divino hacia la Unicidad, mientras que la tendencia de los seres vivos de atraer las formas con atributos parecidos es, en última instancia, causada por la predisposición del nafs. De hecho, la inclinación más fuerte de todas las criaturas con  nafs es la del egoísmo, condición ésta que alcanza su más alta cima en los seres humanos. Por esta razón, el deseo de liderazgo, de control y de poder político es el último que queda por extirpar del corazón purificado de todos los demás deseos mundanos.

El egoísmo llega a su punto más alto en los seres humano, y cuando uno examina desde este punto de vista las subsiguientes manifestaciones de amor y odio, verá que el amor crece según el grado de similitud, y el odio según el grado de divergencia. Este hecho demuestra que, en realidad, sólo nos amamos a nosotros mismos, sólo nos sentimos a gusto con la gente que es como nosotros. Por ejemplo, Yaqub (a.s) veía en Yusuf (a.s) sus propias características y, en consecuencia, se sentía atraído hacia él. El parecido, por lo tanto, es una de las razones fundamentales del amor metafórico, mientras que con el amor Divino ocurre lo contrario.

Este fenómeno es una característica tan fuerte entre los seres con nafs, que incluso se ve en el mundo animal. Lo ilustra una historia conocida de un ruiseñor y un grupo de personas que le decían:

– ¡Canta!

Pero éste no cantaba. Insistían:

– ¡Canta!

Pero seguía sin cantar. Entonces le amenazaron:

– ¡Te vamos a meter en una jaula dorada junto con un cuervo!

Entonces el ruiseñor empezó a cantar por miedo a tal predicamento.

Es una explicación común y comprehensiva de lo que acabamos de decir.

Rumi (K.s) en el Mathnawi, nos ofrece un ejemplo quizás aún mejor:

“Un cazador que había capturado a una gacela la puso en un establo con algunas vacas y asnos. La gacela, asustada y nerviosa, se puso a correr alrededor del establo. Por la noche las vacas y los asnos comieron hasta saciarse el heno que les había traído el cazador, pero la gacela ni lo probó. Seguía asustada y sus ojos estaban irritados a causa del polvo que contenía el heno. Viendo que la estancia en el establo le resultaba muy desagradable a la gacela, uno de los asnos se dirigió a los otros para burlarse de ella:

– ¡Quietos! Este animal tiene las características de los reyes y de la gente noble.

Entonces uno de ellos respondió:

– Si es así, debería subirse al trono real y sentarse allí.

Uno de los asnos, que observaba la situación de cerca, invitó a la gacela a comer. Ésta dijo:

– No, no tengo apetito.

El asno respondió:

– Sé que estás fingiendo.

Entonces la gacela le dijo:

– Solía correr por los verdes pastos, entre los ríos de agua clara y de belleza sin igual, admirando la obra del Creador. Me ha ocurrido esta desgracia, y no pienses que pueda cambiar de actitud tan bruscamente. Incluso las mejores hierbas como la albahaca las solía comer después de haberlas olido con cuidado. Solía observar con temor la exquisita armonía en el flujo del poder Divino y fue a causa de aquel deslumbramiento por lo que el cazador me pudo atrapar.

El asno le dijo entonces:

– Puedes decir lo que quieras. Es fácil mentir cuando uno está lejos de casa.

La gacela respondió:

– El olor del almizcle que llevo en mis entrañas es la prueba de lo que digo. En cuanto a tu situación –está clara. Mis palabras pueden parecerte una mentira, pero estoy entre vosotros sola y desamparada.”

Rumi (K.s) ilustra los hechos abstractos, difíciles para la comprensión de la mente humana, por medio de historias concretas y sencillas. En ésta utiliza a los animales con características opuestas para representar la dificultad de armonizar las naturalezas contrarias.

La gacela es uno de los animales más “elegantes” en cuanto a sus hábitos de comer, de beber, de respirar; en cuanto a su belleza y amabilidad. Cuando los cazadores tienen a alguien que toca la flauta en un pasto cerca de un río, las gacelas vienen para escuchar. Cuando se quedan ensimismadas oyendo la música, los cazadores las atrapan y matan para coger el almizcle, aprovecharse de su bella piel, y también de su tierna carne.

En cambio, los asnos y las vacas son conocidos por su voz y disposición desagradables; en consecuencia sus vidas son egoístas.

Rumi (K.s) sigue hablando así de las dificultades de la situación en la que se está forzado a compartir la existencia con los seres de cualidades opuestas:

“Si uno está junto a su opuesto, es una tortura mortal para él.

Por eso, el que está cerca de Allah, sufre físicamente, porque su espíritu está atado a un nafs que es de diferente tipo.

El espíritu se parece al ruiseñor. El nafs, que representa la naturaleza, es como el cuervo. El ruiseñor está herido con la cercanía de los cuervos y búhos.

El espíritu del ruiseñor se lamenta amargamente entre los nafs egoístas y malintencionados de los cuervos y de los búhos.”

Dice el Qur’an:

“Y cuando lo haya completado y le haya insuflado parte de Mi ruh…” (Hiyr, 15:29)

El ruh entró en la jaula de este cuerpo en virtud del acto del Señor y el proceso está fuera de la comprensión humana. En la profundidad de la consciencia de los seres humanos está la añoranza por el mundo del que provienen. En este mundo, el ruh no está libre; está aprisionado dentro del cuerpo. El proceso de maduración por el que pasa durante su vida en este mundo está reforzado por esta añoranza de su hogar natural –el mundo espiritual. Este inexplicable sentido de separación y el sufrimiento que trae, continúa hasta que se reúne con Allah. Mientras dura la estancia en este mundo, el nafs siempre se enfrenta a ello como un obstáculo a la reunificación espiritual y el crecimiento verdadero. Los hijos, la propiedad, el estatus, la posición social y el control sobre todo ello, según los deseos del nafs, son los juguetes engañosos de este mundo que el nafs utiliza constantemente con el propósito de distraernos. El ser humano termina por construir un mundo de sombras, imaginario, basado en los deseos egoístas. Esta miríada de deseos, de caprichos y preocupaciones que resultan de este mundo fantasmagórico, consume la totalidad de nuestro tiempo y energía, y nos hace malgastar nuestras vidas en correr detrás de fines transitorios y vacíos.

La situación general del ruh, dentro del cuerpo, se parece a la de la gacela en el establo lleno de asnos y vacas. Igual que la gacela se siente ajena a lo que está a su alrededor, el ruh se siente afligido con el sentimiento de extrañeza que siente mientras está unido al cuerpo y el mundo físico más allá de él. El altruismo intrínseco del ruh está molesto con el egoísmo del nafs; y la vida de todos los seres humanos, mientras dure, estará impregnada de una lucha continua entre estas dos fuerzas opuestas.

La misma historia se desarrolla de manera diferente en la vida de los individuos con elevada y refinada espiritualidad. Viéndolo a través de la ventana del corazón, sus sufrimientos, más amargos que la muerte, son el resultado de las aflicciones y pruebas del mundo lleno de gente cuya característica principal es la ignorancia y la insolencia. Tal experiencia, en la historia de la humanidad, pertenece sobre todo a los Profetas y a aquéllos que les siguieron. Las vidas de esas personas son normalmente solitarias y poco comunes, inmersas entre la gente que carece de buena conducta. Ibrahim (a.s) fue echado a la hoguera solamente porque proclamaba la fe en la Unicidad de Allah. Yusuf (a.s) estaba totalmente solo, incluso entre los muchos hermanos que tenía. Viviendo entre los extraños a causa de las maquinaciones de sus hermanos, fue calumniado y pasó varios años encarcelado. Los Hijos de Israel le dejaron a Musa (a.s) solo frente al enemigo, diciéndole: “¡Oh Musa! Ve tú y tu Señor a luchar. Nosotros nos quedamos aquí.” Más tarde, en el colmo de la rebeldía, cortaron al Profeta Zakariya (a.s) en dos con una sierra. Su hijo, el Profeta Yahia (a.s), fue también cruelmente martirizado. Isa (a.s) fue juzgado junto con los ladrones. El Profeta Muhammad (s.a.s) fue apedreado por los habitantes de Taif. Los ejemplos son incontables.

Sin ninguna excepción, todos ellos pasaron por sus respectivas pruebas mostrando un grado excepcional de paciencia concedida por su Creador y, de esta manera, fueron elevados al rango espiritual más alto. A veces, Allah el Altísimo tomó a sus siervos de corazón puro bajo Su protección. Los Compañeros de la Cueva, que vivían en una sociedad perversa, fueron conducidos a una cueva donde cayeron en un profundo sueño, quedando de esta forma a salvo de cualquier daño, ya que es mejor estar dormido que codearse con la gente transgresora. Por ello, se despertaron solamente cuando surgió una sociedad recta.

Rumi (K.s) compara a los creyentes veraces con el ruiseñor y explica que es imposible que tengan afinidad con la gente viciosa:

“El hogar del ruiseñor está entre la vegetación lujosa, en verdes pastos y jardines de rosas. En cambio el hogar del escarabajo pelotero está entre la basura en estado de putrefacción.”

Existe una relación esencial entre las formas de vida de este mundo y los ambientes que los atraen. El ruiseñor se encuentra en casa entre la bella vegetación, entre verdes pastos y en los alrededor de las fuentes, mientras que el escarabajo pelotero, y los que se le parecen, disfrutan con lo sucio, la inmoralidad, la corrupción y la hipocresía. La rosa se lo explicó, en lenguaje espiritual, al escarabajo de la siguiente manera:

“¡Oh escarabajo! Te escapas del jardín de rosas, pero este odio tuyo solamente es la indicación de la perfección del jardín.”

Estas distinciones son la consecuencia del equilibrio Divino establecido entre el bien y el mal. Los amigos de Allah ven el equilibrio de atracción que observamos entre las diferentes formas como el reflejo de la afinidad arraigada en el amor eterno que impregna a toda la creación. Estos individuos superiores ayudan a la gente destinada al rango más alto y que había caído en el más bajo, por medio de una reorganización catalizada por el poder del amor Divino que fluye en ellos.

En este mundo, lleno de pruebas, aflicciones, dolores y tristezas, la única manera de lograr el éxito espiritual es la de estar en compañía de la gente de buen corazón, bendecida con el conocimiento y un carácter superior. El ruh, que pertenece al mundo eterno, sólo puede de esta manera realizar su potencial y salvarse de los inevitables ataques del nafs. Por eso es tan necesario proteger el corazón del debilitamiento espiritual que supone estar con los negligentes.

Rumi (K.s) explica este principio de la siguiente manera:

“Los pájaros vuelan con sus semejantes. Rodearse de la gente que tiene diferente carácter es como entrar en la tumba.

Los parecidos se atraen. Entonces, ¿cómo puede la gacela elegante vivir entre las vacas y los asnos?”

Todas las uniones tienen lugar dentro del marco de las ideas compartidas y de las esferas de vida comunes. Los que por su elección viven en los mundos contrarios sufrirían amargamente si tuvieran que relacionarse con el mundo opuesto.

El Qur’an afirma:

“Las impuras para los impuros, y los impuros para las impuras; y las puras para los puros, y los puros para las puras…” (Nur, 24:26)

El gran sabio, Imam Ghazzali, explicando este principio, señalaba que se refiere no solamente a las impurezas físicas o enfermedades, sino también a los estados espirituales, a la conducta y al carácter –que también son contagiosos. El buen carácter lo tendrán los que guarden la compañía de los buenos, y el mal carácter será de los que se asocien con la gente de mal comportamiento.

El siguiente hadiz apoya esta afirmación:

“La diferencia entre un buen amigo y un mal amigo se parece a la diferencia entre el vendedor de almizcle y un herrero que trabaja en el horno. El primero te vende el almizcle, o te lo puede regalar, mientras que el herrero o bien te puede quemar la ropa o bien puedes adquirir en su taller malos olores.”

La gente común utiliza el siguiente dicho para expresar la misma verdad: “El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.”

¡Oh Señor! Permítenos estar en este mundo con aquellos de Tus siervos que son tesoros de sabiduría y de los secretos Divinos. Resucítanos, Tus siervos débiles, junto a ellos.

Amin.